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Colegio de Guardias Jóvenes Duque de Ahumada

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Fiel compañero de viaje en el recorrido histórico de Valdemoro

Si hay que mencionar alguna institución que haya estado ligada a la historia de nuestra localidad, esa sin duda es la Guardia Civil a través del Colegio de Guardias Jóvenes Duque de Ahumada. Desde mediados del siglo XIX, su presencia en Valdemoro no solo ha supuesto un valor añadido para el municipio, sino que también ha creado y fomentado un estrecho vínculo entre institución y población. De dicho vínculo ha surgido una relación recíproca que ha asentado unos rasgos distintivos que todavía hoy se mantienen en el carácter de Valdemoro.

Como veremos a lo largo del reportaje, el Colegio de Guardias Jóvenes Duque de Ahumada es una institución de más de 150 años de historia que, por su relevancia, ha sido parte de algunas de las señas de identidad más esenciales de la Guardia Civil. Es importante realizar una labor de retrospección en el tiempo para conocer los inicios de esta institución. El Colegio es una de las fuentes de la filosofía y de los valores sobre los que se asienta el funcionamiento y el trabajo de todos los guardias civiles.

Nos remontamos hasta mayo de 1844, año en el que, Francisco Javier Girón y Ezpeleta, duque de Ahumada, crea un cuerpo de ámbito nacional y con una marcada naturaleza militar y profesional: la Guardia Civil. A lo largo del siglo XIX fueron numerosos los intentos de crear un cuerpo policial que luchara contra la inseguridad que se había instaurado en la época como consecuencia de la inestabilidad política y económica que atravesaba España. Todos ellos fracasaron debido a su carácter policial en el que el poder político tenía una importante influencia.

Para enfrentarse a la inestabilidad creada principalmente por el bandolerismo, pasaron a formar parte de las filas de la Guardia Civil hombres que habían participado en conflictos anteriores como la guerra de la Independencia. Tras finalizar los enfrentamimentos armados, los hombres que habían combatido en las guerrillas, encontraron grandes problemas de adaptación a la vida civil y el Cuerpo sería un gran refugio con el que ofrecer la seguridad y el orden público que demandaban los españoles de entonces.

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Aunque los guardias gozaban de una estabilidad salarial, lo cierto es que la escasez en los medios era un hecho. El sueldo medio era de 3000 reales al año, con el que debían adquirir todos aquellos utensilios para desempeñar su trabajo: caballo, vestuario, equipo, etc. La delicada situación económica de los guardias civiles, muchos de ellos al frente de familias numerosas, hizo que pronto el duque de Ahumada comprendiera la necesidad de ofrecer una educación y enseñanza a sus hijos.

El duque pensó entonces especialmente en la situación de desprotección en la que quedarían las familias de los guardias caídos en acto de servicio. En Guadalajara se encontraba el Colegio de Ingenieros Jóvenes, cuyo funcionamiento despertó ciertas alegrías en el duque de Ahumada y decidió tomarlo como referente sobre el que se construiría la Compañía de Guardias Jóvenes. El 26 de enero de 1853, el propio duque hizo llegar al ministro de la Guerra la propuesta de creación de la Compañía, la cual fue autorizada para su conformación a partir del día 1 de abril del mismo año.

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«Para premiar en los hijos las virtudes de los padres»

Una vez aprobada su apertura, comenzaron a llegar los primeros alumnos, un total de doce que ocuparon unas habitaciones en las dependencias del Primer Tercio de la Guardia Civil, conocido como Cuartel de San Martín, ubicado en la Plaza de las Descalzas Reales de Madrid. Allí, acompañados de un subteniente, un cabo y un guardia primero, se instalaron durante tres meses.

Pronto la ubicación resultó escasa y en julio de ese mismo año se produce un traslado de la Compañía a las instalaciones situadas en la localidad de Pinto. En esta nueva localización los guardias se alojaron en la Casa Grande (actualmente Centro Municipal de Cultura), propiedad de la familia Pantoja, llamada así por ser el propietario grande de España.

Para aquel entonces el número de jóvenes ya había pasado a ser de un total de treinta, cifra que en los tres años siguientes ascendería hasta ochenta y dos alumnos. Durante este tiempo se fue construyendo lo que ya se denominaba como Colegio, aunque no se fijó su nombre como Colegio de Guardias Jóvenes hasta 1858. La Compañía comenzó a funcionar como una entidad reglamentada en la que se iba disponiendo según lo marcaban las necesidades. De todo ello estaba al corriente el duque de Ahumada, quien realizaba minuciosas revistas de inspección y fijaba especial atención en la instrucción tanto práctica como teórica de los alumnos.

El apelativo polilla

Cariñoso apelativo con el que se conoce a los alumnos y alumnas del Colegio de Guardia Jóvenes. Cuentan que hace muchísimos años al pasar revista el general inspector del Cuerpo, este observó un diminuto agujero en el pecho de la levita de un jovencísimo alumno. Al serle preguntado por el desperfecto, el chiquillo respondió con desparpajo que debió ser alguna polilla porque la noche anterior no lo tenía. A lo que el general añadió con ternura: «Tú sí que estás hecho un buen polilla…».

La demanda de alumnos que solicitaban entrar a la Compañía de Guardia Jóvenes aumentaba cada año. Para finales de 1855 ya se buscaba una nueva ubicación de mayor amplitud que permitiera la incorporación de más jóvenes. Tras una intensa búsqueda en la localidad de Pinto, decidieron explorar poblaciones cercanas. Fue entonces cuando fijaron su atención en Valdemoro, en concreto en la Real Fábrica de Paños Finos Los Longistas, propiedad de la familia de don Francisco Aguado y Guerra.

El traslado a la nueva sede se produjo el 26 de marzo de 1856 por un total de ciento diez mil reales de vellón que se irían entregando a través de un alquiler anual de diez mil reales, mismo alquiler que el de Pinto. Las instalaciones se encontraban en lo que hoy conocemos como Parque Duque de Ahumada, y fueron denominadas cariñosamente por los polillas como El Corralillo.

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Coincidiendo con el año del traslado a Valdemoro, también se crea el primer Reglamento Orgánico Interno, donde se contemplaban desde las obligaciones de todos los cargos hasta los premios y castigos, entre otros. Dicho Reglamento establecía que eran admitidos aquellos huérfanos cuyos padres hubiesen fallecido en acto de servicio o como consecuencia del fuego enemigo.

Si los niños eran menores de ocho años, su familia debía hacerse cargo del mismo hasta cumplirlos y, durante ese tiempo, recibiría tres reales diarios para su manutención y cuidado. La Compañía también se hacía cargo de los gastos derivados del traslado del joven hasta Valdemoro. Tras cumplir los 16 años, si el joven sentía vocación militar se le afiliaba en el Cuerpo. De manera contraria, causaba baja en el Colegio aunque su futuro estaba casi garantizado gracias a la formación recibida.

Durante su estancia en el Colegio, los jóvenes eran provistos de todo aquello que fuera de necesidad básica. Realizaban tres comidas al día y disponían de una cama propia, dos juegos de sábanas, una manta y un cabezal, así como todo lo necesario para el aseo. Contaban con un horario como el de cualquier otro centro militar de estudios y se les podía visitar solamente los domingos. Cabe destacar la muy extraordinaria ventaja de poder contar con un médico y un cirujano, encargados de las labores de enfermería del Colegio.

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El Corralillo fue el enclave de la agrupación durante 116 años, con la única interrupción de la Guerra Civil española, en la que los guardias fueron desalojados para instalar un hospital de sangre. Una vez terminada la guerra, en 1940, los guardias volvieron a las instalaciones hasta el año 1972. En los últimos años de actividad llegó a albergar a unos 300 alumnos.

Frente al deterioro y obsolescencia de unas instalaciones que habían estado en uso durante más de cien años, en 1972 el Colegio se traslada a las actuales ubicadas en el kilómetro veinticinco de la Carretera de Andalucía. En junio de 1973 se produce la inauguración de estas instalaciones, unas de las más modernas y completas de Europa.

En las primeras décadas de actividad llegaron a formarse hasta 800 alumnos cada año. En la actualidad este complejo de la Guardia Civil es el más grande de toda España y alberga una media de 400 alumnos por curso escolar, a los que se suman las aproximadamente veinte unidades que la Guardia Civil ha instalado en Valdemoro, como es la prestigiosa Unidad Especial de Intervención (UEI).

El complejo cuenta con aproximadamente doscientas viviendas denominadas pabellones, que solo constituyen el 10 % total de todo el personal destinado en el mismo. Muchos de los guardias civiles que aquí trabajan buscan su hogar y desarrollan su vida en el municipio. Además, Valdemoro también es un lugar elegido por muchos de esos guardias que salieron del Colegio destinados a diferentes puntos del país y que, una vez terminada su actividad, deciden asentarse en la localidad para disfrutar de su jubilación.

El perfil del alumno del Colegio es el de un joven, de entre 18 y 23 años, y con una importante tasa de estudiantes (un 20 %) con titulación universitaria. La figura de la mujer ha ido ganando un mayor peso dentro del Colegio desde su llegada en el curso 1990-1991, y para el próximo se estima que la presencia femenina sea superior a un cuarto del alumnado. Una vez finalizados sus estudios, los polillas realizan las oposiciones para la incorporación a la Escala de Cabos y Guardias. 

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Una relación centenaria

Desde que el Colegio de Guardias Jóvenes se asentara en el año 1856, tan solo doce años después de la fundación de la Guardia Civil, la relación que ha unido a este Cuerpo con la localidad ha sido muy estrecha. Podemos decir que institución y pueblo se han retroalimentado y han crecido juntos con el paso de los años.

Y es que a su llegada en el siglo XIX, fueron numerosas las ocasiones en que los jóvenes del Colegio se personaron en la estación de ferrocarriles de Valdemoro para formar y rendir honores a la comitiva real en su paso hacia la localidad de Aranjuez. El día 10 de junio de 1864, el convoy real se detuvo a su paso por Valdemoro, apeándose del mismo el Príncipe de Asturias, quien, con tan solo 12 años, quedó maravillado al ver como jóvenes de su misma edad formaban regiamente. Cuatro días más tarde, S. M. la reina Isabel II nombró al príncipe de Asturias Protector de la Compañía de Guardias Jóvenes; cargo que mantuvo el actual rey Felipe VI hasta su coronación, y que en la actualidad recae sobre S. A. R. la princesa Leonor de Borbón.

El Colegio de Guardias Jóvenes Duque de Ahumada y sus alumnos se han integrado en las dinámicas de la localidad desde sus comienzos, pasando a formar parte del conjunto de vecinos de Valdemoro. Tanto es así que, según una estimación del año 2015, se calcula que entre 20 000 y 30 000 habitantes de nuestro municipio tienen una relación directa con la Guardia Civil.

Los alumnos del Colegio de Guardias Jóvenes tienen un cariz muy especial tanto para la Guardia Civil como para Valdemoro. La formación que se imparte en Valdemoro tiene una duración de dos años, un año más que en la Academia de Baeza, en Jaén. El factor diferenciador entre ambos centros es el especial énfasis que se pone en transmitir a los alumnos y alumnas los valores sobre los que tradicionalmente se ha asentado el cuerpo.

Cuando hablamos del Cuerpo hablamos por consiguiente del Colegio de Guardias Jóvenes, pues su acompañamiento desde los comienzos de la actividad de la Guardia Civil ha hecho que algunas de las señas de identidad de la benemérita provengan de la propia Compañía de Guardias Jóvenes. Es el caso del actual himno, basado en el himno escolar de los colegios de huérfanos de la Guardia Civil de 1915-1916 y que fue compuesto por sor Asunción García Sierra, monja del Colegio de Huérfanas del Cuerpo Marqués de Vallejo, conocido como El Juncarejo. Este himno fue adoptado por la benemérita en 1941, pasando a ocupar su lugar el del Guardia Joven en el año 1944.

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Es también el caso de su patrona, la Virgen del Pilar. El origen de su concepción como la patrona de la Guardia Civil se remonta a la llegada al Colegio de Valdemoro en 1864 del capellán castrense don Miguel Moreno Moreno, quien introdujo la figura de la Virgen del Pilar a los jóvenes alumnos en la devoción y amor a la Virgen. En 1913, S. M. el rey D. Alfonso XIII firmó la Orden por la que se proclamó patrona de la Guardia Civil a la Virgen, en su advocación del Pilar.

En definitiva, una importante parte del Cuerpo de la Guardia Civil que hoy conocemos se ha constituido gracias a la acción que el Colegio de Guardias Jóvenes Duque de Ahumada ha llevado a cabo desde Valdemoro. En la actualidad esa contribución sigue patente en el día a día del Cuerpo, pues año tras año las promociones de jóvenes guardias se suceden y reparten por todo el territorio nacional pasando a formar parte en muchos casos de unidades de gran prestigio tanto a nivel nacional como internacional.

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En todo ello juega un importante papel Valdemoro, lugar y hogar de estos jóvenes durante dos años y motivo en sí mismo por el que muchos de ellos deciden en un futuro conformar sus familias y vida civil.

 

Texto_Sergio García Otero

Fotografía_Ncuadres

 

 

 

 

 

 

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