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Entrevista a Carlos Mazarracin

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«Siempre me ha gustado mi pueblo y relacionarme con mis vecinos»

«No eres de Valdemoro si no has comprado un chándal en Mazarracin». Este podría ser el título de una de las publicaciones que esos grupos de Facebook que refrescan la historia popular. Y es que Carlos Mazarracin es una de esas personas que como segundo apellido lleva el nombre de su pueblo.

Toda una vida en Valdemoro en la que ha conocido desde la historia más humilde hasta los mejores momentos de este municipio. Aquí ha nacido, se ha criado, ha asentado su familia e, incluso, ha participado de la política. Nos acercamos hasta su casa, en la mítica plaza de El Esparto, para conocer un poco más a esta figura local.

Tu madre, la señora Ángeles, llegó a Valdemoro a comienzos del siglo pasado, en 1904. ¿Qué recuerdo tienes de lo que te contaba que era Valdemoro antes de que nacieras?

Así es, mi madre llegó en el año 1904 a Valdemoro con toda su familia para trabajar en la finca de El Espartal. Aquí montó juntó con mi abuelo, que era transportista de carros, una tienda de comestibles en las cuatro esquinas del pozo chico con Nicasio Fraile y la calle Alarcón y conoció a mi padre, Rafael Mazarracin.

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Los recuerdos que me contaban mis padres no eran muy diferentes a lo que yo viví cuando era pequeño. Durante ese tiempo Valdemoro no cambió mucho, era un pueblo muy pequeño que se acababa en la calle grande y tenía muy pocas familias, la familia del tío Nicolás, la de la tía Ángeles… todos los vecinos éramos una familia.

Poco a poco empezaron a venir labradores desde Villaconejos para sembrar melones, eran los meloneros. Por aquel entonces recuerdo que venían todo el verano a la panadería que había abierto mi padre, y luego nos pagaban el pan al final del verano. Todavía algún hijo de esos meloneros me recuerda las anécdotas de los panes y los pepitos que les dábamos.

Te has criado en el Valdemoro de posguerra, ¿cómo era la vida después de haber pasado un periodo tan duro?

La vida era de labor, la gente tenía sus tierras y sus animales y de eso vivían. Había también viñas y bodegas. Era una vida muy tranquila, pero muy sosa también.

Cuando yo tenía unos doce años ya ayudaba a mis padres en la panadería, además de estudiar. En los pocos ratos que tenía libres me dedicaba a montar en una bici de carreras, además de jugar al fútbol en la plaza con el resto de chavales, porque en aquellos años los chavales jugábamos en las calles y en las eras. Recuerdo perfectamente que nos íbamos a lo que se llamaban las eras del sol. Era una era de trillar, y para todos los niños era una ilusión enorme montar en el trillo y trillar.

Prácticamente éramos los niños los que dábamos vida al pueblo. Teníamos nuestras cuadrillas de chicos y chicas que salían a la plaza a jugar, o ya más adelante montábamos fiestas con los radiocasetes. Aunque éramos diferentes cuadrillas, al final todos nos juntábamos. Lo único que hacíamos era subir y bajar la calle grande dando un paseo. A los lados de la calle había unos arroyos que tenían bordillos donde nos sentábamos a pasar el rato.

La plaza del pueblo ha sido el lugar donde has crecido y donde nace tu pasión por el deporte, ¿no?

Era el lugar de encuentro. Tanto los chavales de mi edad como los más mayores que yo nos reuníamos en la plaza para jugar a los juegos de entonces, como la peonza, la taba, el corre que te pillo…

Yo empecé a jugar al fútbol en la plaza en los ratos que tenía libres mientras se hacía el pan. Luego ya entré en un equipo de chavales que se formó en el pueblo. El equipo lo creó don Emilio, un hombre muy querido en el pueblo, que venía de Melilla, donde había sido capitán del Ejército. Se instaló en Valdemoro porque su mujer era de aquí, y montó un negocio, una droguería. Los jóvenes del pueblo nos enteramos de que había sido entrenador del Melilla, así que nos pusimos en contacto con él y conseguimos que montara un equipo de chavales. Y así fue como se formó el primer equipo de fútbol en Valdemoro.

Don Emilio enseñó a muchos chavales a jugar al fútbol, de hecho nos hizo conseguir un nivel bastante aceptable a varios de nosotros. En un campeonato del Frente de Juventudes que se jugó en la Ciudad Universitaria llegamos a quedar campeones de la provincia de Madrid. Como premio nos regalaron una equipación de fútbol completa de la que todavía conservo fotos.

¿Fue entonces el fútbol el primer deporte que se practicó de manera formal en Valdemoro?

El primero. Nosotros jugábamos en un descampado que había cerca del molino del aceite, cerca del antiguo matadero, al comienzo del paseo de la estación y en las varias eras de trillar que había en el pueblo. El primer campo de fútbol que se hizo en Valdemoro se construyó más tarde en el paseo de la Estación, a la altura de la iglesia de Santiago. En ese campo empezamos a jugar todos los jóvenes de Valdemoro.

Igual que los pequeños montamos nuestro equipo, los más mayores también se unieron para crear el Atlético de Valdemoro. Algunos de los fundadores fueron, que me perdonen los que no recuerde, Ángel González, Alfonso Millán, Eduardo Albor, Julián González; el primer presidente, Julio La Mana y Molina, dueño de la sede del club. Ellos animaron a Mauricio Matías (Mauri), exjugador del Atlético de Madrid que vino a vivir a Valdemoro, a que llevara el equipo. Accedió, y el club se fundó en 1957, no en 1966 como se cree. En 1966, el equipo se inscribió en la Federación Madrileña de Fútbol con motivo de su creación, ya que hasta entonces se jugaba en las ligas de Educación y Descanso de la Falange.

Tengo entendido que el fútbol no se te daba nada mal…

Era bastante bueno jugando al fútbol. Estuve en el Atlético de Valdemoro hasta los 19 años. Por mi compromiso con la panadería tuve que rechazar una oportunidad para jugar en el Hércules, lo que me obligó a seguir mi vida deportiva jugando en pueblos de la zona.

El Pistones, que era el equipo de una fábrica que había en Pinto, vino a ficharnos a mí y a un gran amigo mío que falleció el año pasado, Joaquín Alguacil, porque éramos los que destacábamos un poco más en Valdemoro. El año siguiente vino a ficharnos el Club Ciempozuelos, donde hicimos otra buena temporada. Él se quedó en ese equipo, pero a mí me vino a buscar un entrenador, amigo de mi hermano Antonio, que estaba entrenando al CD Toledo.

Por aquel entonces, este equipo jugaba en la tercera división nacional, liga en la que había equipos como el Rayo Vallecano o el Plus Ultra, lo que sería ahora la segunda división, vamos. En ese equipo solo estuve una temporada, porque me di cuenta de todos los intereses económicos que había en el mundo del fútbol. Yo no jugaba por dinero, jugaba por afición, por lo que ese año me desilusioné muchísimo, llegué a pensar en dejar de jugar en equipos de esos niveles.

En la temporada siguiente, que yo estaba libre, vino a buscarme el que era el presidente del CD Toledo para que jugase en el equipo de su pueblo, la Puebla de Almoradiel, de Castilla-La Mancha. Yo entrenaba aquí en Valdemoro, y aún así, siempre me ponían de titular. Al tercer partido con ellos, un defensa me hizo una entrada muy dura que me provocó una lesión muy grave en los ligamentos cruzados de la rodilla. Me obligó a dejar el deporte por una temporada.

Aunque dejaste de practicarlo, tu vinculación con el deporte seguía muy presente por tu trabajo.

El deporte siempre me ha apasionado. Mientras jugaba al fútbol yo seguía trabajando en la panadería, en esa época trabajaba muchísimo y luego me tenía que ir a entrenar, casi no dormía. Cuando conocí a mi mujer y ya nos casamos en el año 1966, decidí dejar de ser panadero para montar la primera tienda de motos, bicicletas y deportes que hubo en Valdemoro, además del primer gimnasio de pesas y aparatos. Tuvieron mucho éxito, tanto que llegamos a crear una gran cadena de tiendas asociadas por toda España.

Tu implicación con Valdemoro no solo ha sido deportiva, también fuiste concejal en una etapa muy importante de la historia de España, la Transición. ¿Cómo viviste este periodo desde un cargo político?

A mí nunca me ha gustado la política, lo que siempre me ha gustado ha sido mi pueblo y relacionarme con mis vecinos. En las primeras elecciones que se celebraron, los candidatos se presentaban por las diferentes entidades que había en el pueblo: los comerciantes, la falange, los labradores… En las segundas elecciones, y en representación a la entidad de los comerciantes, es cuando entramos mi compañero José Luis Blanco Piro y yo.

Era el año 1974 y nuestra legislatura duró hasta 1978. Al año de entrar murió Franco, por lo que fuimos la legislatura de la transición democrática, tanto para lo bueno como para lo malo. Yo entré en la Concejalía de Deportes junto con Eduardo Albor, que había sido también deportista y directivo del Rayo Vallecano.

Durante nuestra legislatura nos marcamos como objetivo principal hacer un polideportivo, porque mucha gente del pueblo empezaba a practicar otros deportes aparte del fútbol. Nos costó mucho conseguir que el polideportivo se construyera porque luchamos contra muchos intereses. Al final conseguimos que antes de que se terminara nuestra legislatura se construyera el polideportivo que se encuentra en la Ronda del Prado.

Recuerdo esa época como un periodo muy bonito. La gente recobró la vitalidad, comenzó a haber una oferta mayor de espectáculos, hicimos las primeras fiestas locales y también empezaron a venir al pueblo cantantes importantes como Sergio y Estíbaliz. El pueblo se llenó de vida y a partir de ese momento todo creció.

¿Qué supuso la llegada del polideportivo para la gente?

Pues imagínate. El único deporte que se podía practicar era el fútbol porque había un campo, pero si querías hacer otro tipo de actividad no podías porque no había ningún sitio habilitado. El polideportivo trajo otros deportes como el tenis, el frontón, la natación o el atletismo.

También dio la oportunidad de que la gente se pudiera bañar, tenía tres piscinas grandes y una infantil. Hasta entonces, si querías bañarte, tenías que irte a algún estanque que hubiera cerca.

Desde la política también asististe entonces a la primera fase importante de crecimiento del municipio.

La primera fase de crecimiento de Valdemoro vino motivada por la creación de industria. Cuando en los años sesenta se crearon las fábricas de yeso y llegan los grandes almacenes de El Corte Inglés, el pueblo comenzó a tener mayor vida porque se convirtió en un foco de atracción para la gente de otras comunidades aledañas como Castilla-La Mancha. Se construyó la desviación de la carreta nacional y fue entonces cuando muchas familias de Andalucía vinieron a vivir a aquí, motivadas por la industria. Hubo también una importante presencia de fábricas de muebles. Dos empresas muy importantes en la zona de la estación, Anguita y La Mana trajeron muchos obreros a Valdemoro y llenaron el pueblo de vida.

A finales de los años 70 Valdemoro disfrutó un boom en el que se construyeron muchísimas viviendas. Había proyectos por todos lados. Recuerdo que en El Espartal se quería hacer un pueblo nuevo con miles de viviendas. El problema era que no había un plan urbanístico, y toda esa gente que iba a venir tenía unas necesidades, y el pueblo no tenía los medios para cubrirlas, por lo que la construcción se frenó. Después vino el segundo boom de la vivienda que todos conocemos.

Recientemente has sido reconocido como uno de los comerciantes más antiguos de Valdemoro con tu tienda de deportes, ¿cómo ha ido cambiando el deporte en Valdemoro a raíz de ese primer crecimiento?

Pues al principio imagínate, no había nada. La gente no tenía ropa de deporte porque no lo practicaban. Cuando ya abrimos el gimnasio de máquinas y la oferta de deporte era mayor gracias al polideportivo, la venta de ropa de deporte creció mucho. Aquí he vendido muchísima ropa de deporte porque no había nada, tenías que irte a Madrid a comprarlo. Pasaba lo mismo con las bicicletas y las motos.

Poco a poco la demanda aumentó y también llegaron nuevos deportes como el baloncesto, por ejemplo. También se crearon las primeras asociaciones deportivas como el Club de Tenis, del que también formé parte en su creación. Ahora la demanda que hay es todavía mayor y se han abierto más gimnasios, escuelas y tiendas de deportes. También la gente practica deportes más diferentes como pádel, spinning, patinaje…

Para ir terminando la entrevista me gustaría saber qué crees que se ha perdido con el crecimiento tan fuerte que ha sufrido Valdemoro en las últimas décadas.

Pues lo que más echo de menos es salir a la calle y reconocer todas las caras con las que me cruzo. Tanto por la panadería como por mi vinculación con el deporte local, siempre he conocido a todo los vecinos de Valdemoro y cada vez que salía a la calle saludaba a todo el que me encontraba.

También había una unión muy fuerte entre los vecinos. Cuando jugaba el Atlético de Valdemoro todo el mundo bajaba a ver el partido, e incluso íbamos a los pueblos a animarles. Yo recuerdo que bajábamos a jugar al tenis, y no solo íbamos a disputar un partido, era una reunión de amigos. El pueblo creció con la llegada de las fábricas, pero esas primeras personas que vinieron se integraron muy bien en la vida del pueblo. Yo ahora mantengo amistad con la gente que ha sido de toda la vida del pueblo y con los primeros que llegaron, pero Valdemoro ya no es pueblo, ha cambiado mucho y es una ciudad.

Mi deseo es el de que esta cercanía y unidad no se pierda, porque es lo que ha dotado de vida al pueblo durante todo este tiempo. Aunque lo cierto es que en la actualidad el número de personas que vive en Valdemoro es muy grande, y cada vez es más difícil que esa unión se mantenga. 

Carlos ha sido galardonado recientemente con el distintivo «Comercio de Valdemoro, tradición y servicio» por su larga trayectoria como comerciante local. Fruto del cariño que le tienen los vecinos, también ha recibido varios homenajes en vida, como nos asegura que le gusta que sean, entre los que se encuentran el Torneo de Fútbol 7 Carlos Mazarracin, la Carrera Entre Pinto y Valdemoro Carlos Mazarracin.

Sin duda alguna hablamos de un reconocimiento merecido a una figura local que ha vivido Valdemoro muy de cerca y que, además, ha participado intensamente, y nos consta que continúa siendo así, en la mejora de la actividad deportiva en Valdemoro.

 

Texto_Sergio García Otero

Fotografía_Ncuadres

 

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