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Entrevista a Emilio Mauri, informador técnico del Atlético de Madrid

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Nos acercamos hasta el número 39 de la calle Estrella de Elola para reunirnos con Emilio Matías en el tradicional bar Quinito, sede de la Peña Atlética Mauri de Valdemoro. Emilio, más conocido como Mauri, ha heredado el nombre de su padre, Mauricio Matías, jugador del Atlético Aviación y fundador del primer Atlético de Valdemoro.

Mauricio se ha constituido como uno de los padres del fútbol en Valdemoro. Pese a ser un jugador de primer nivel que ocupaba un puesto en la defensa del Atlético Aviación a finales de los años cuarenta, tomó Valdemoro como su lugar de residencia y fomentó la práctica de este deporte entre los vecinos.

Aunque por derroteros diferentes, Mauri hijo ha mantenido el vínculo tan estrecho que tenía su padre con el fútbol y, en especial, con el Atlético de Madrid. Mauri ha desarrollado durante más de treinta años una carrera profesional que le ha llevado a ocupar el puesto de informador técnico en el club colchonero.

¿Por qué decide tu padre venir a vivir a un pueblo como era Valdemoro, siendo un jugador de primera división que podía residir en la capital?

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Mi padre jugó en el Espanyol y le traspasaron al Castellón, de ahí pasó a jugar al Atlético de Madrid. No le gustaba mucho la capital porque ya había vivido en una gran ciudad como Barcelona. Un amigo le comentó que Valdemoro era un pueblo tranquilo que estaba cerca de Madrid y decidió venirse a vivir aquí. Por aquel entonces, finales de los cuarenta, Valdemoro era un auténtico pueblo. Él entrenaba y jugaba en Madrid, pero después de los partidos se venía a Valdemoro.

¿Qué recuerdo tienes de tu padre?

Mi padre tenía una cosa muy buena. Recuerdo que los jugadores se juntaban en un bar de Sol y en muchas ocasiones venían a pedirle dinero para comprarse un traje o cualquier otra cosa, y él siempre se lo daba. Era una persona muy abierta, si estabas con él comiéndote un bocadillo de calamares nunca ibas a pagar. Cuando fichó por el Atlético Aviación le dieron 100 000 pesetas de ficha, que en aquel entonces era mucho dinero. Si hubiese querido, Valdemoro hubiese sido suyo, pero no tenía esa noción.

Fue fundador del primer Atlético de Valdemoro y el primer entrenador de un equipo en Valdemoro.

Exactamente. Una vez retirado, veía que muchos de sus amigos jugaban al fútbol, pero no había ningún equipo formal en el pueblo. Mi padre formó parte del primer Atlético de Valdemoro, junto con Millán, Hilario y algún vecino más. Se vestían en el bar Molina, aquí en el pueblo, porque no había vestuarios en el campo viejo y bajaban al campo andando.

En esa época se creó una gran afición al fútbol en Valdemoro porque mi padre trajo a buenos jugadores, como Enrique Collar y su hermano, gente que jugaba en el Atleti. Eso creó una afición muy grande, y esos años fueron gloriosos. Más tarde, junto con Aparicio, el central del Atleti, se dedicó a fichar jugadores, entre los que reclutó a Luis Aragonés. Luis iba a firmar el día anterior con el Betis, pero se lo comentó a mi padre y a Aparicio, y ellos movieron los contactos para que fichara por el Atlético de Madrid.

¿Cómo fue tu experiencia en el fútbol? ¿Empezaste a jugar en Valdemoro?

Yo jugaba al fútbol, pero era muy malo. Técnicamente era bueno, pero nada más. La cuestión es que a mi me ocurrió una cosa que por desgracia hoy en día no pasa con los chavales. Mi padre vino un día a verme jugar a las eras del sol, donde jugábamos los jóvenes de aquí. Cuando terminé se acercó a mí y me dijo que me dedicara a otra cosa porque el fútbol no me iba a dar de comer. A mi hermano se lo dijo también. Hoy en día eso no ocurre, todos los niños son unos cracks para sus padres, cuando en realidad no es así. Cuando mi padre me hizo ese comentario, no te voy a negar que fue una frustración muy grande para mí, pero al final me ha pasado un poco como a los hermanos Young de AC/DC. Y lo cierto es que me hubiese gustado que mi padre hubiese visto hasta dónde he llegado.

Parece que tu padre falló en el pronóstico y al final has acabado viviendo del fútbol, ¿cómo es hacerse un hueco en este mundo sin ser jugador?

Es muy complicado. El puesto que yo tengo, tradicionalmente lo han ocupado jugadores. Yo empecé en el Atlético de Valdemoro como secretario técnico con Justo Orihuela. Fue algo que no me esperaba; y de hecho empecé tarde, tenía veintitantos años.

Un día, Justo, presidente del Atlético Valdemoro, me pidió que le echara una mano porque sabía que yo conocía de fútbol. Acepté y empecé en este mundo, pero sin ninguna mentalidad de que fuera un trabajo. Ese año nos salieron muy bien las cosas y vino a buscarme el Aranjuez. Allí estuve dos temporadas en las que también ascendimos. En ese momento se puso en contacto conmigo el presidente del Tomelloso, que me ofreció iniciar el equipo, y me fui allí con Emilio Cruz. Lo cogimos en categoría preferente y yo me marché cuando el equipo estaba en Segunda B. Ahí es cuando me llamó el Atleti, porque yo colaboraba con Rodri, que vio mi trayectoria y me ofreció entrar en las categorías inferiores.

No me hacía mucha ilusión, porque era bajar de categoría, pero era el Atleti. Empecé a trabajar para el club en estas categorías hasta que llegó Luis Aragonés a entrenar el primer equipo. Yo le comenté quién era, porque no me relacionaba como el hijo de Mauri, y me ofreció trabajar con él. Tenía experiencia en categorías más bajas, pero el primer equipo me daba respeto. Le comenté mi experiencia y él me dijo que quería contar conmigo. En los comienzos me echó una mano Ovejero, enseñándome la manera de trabajar del míster. El propio Luis también me ayudó mucho y me decía qué trabajos tenía que hacer, eso me facilitó mucho las cosas.

A partir de ahí me saqué el título entrenador, hice los cursos con Camacho, Balbino, Valdano… Desde entonces he acumulado 32 años de experiencia en el Atleti. No sé si ha sido la suerte de coger jugadores lo que me ha acompañado, porque está claro que hay que saber, pero creo que hay un componente muy importante de suerte también.

Dices que en tu carrera la suerte ha tenido mucho que ver, pero tiene que haber algo que la promueva, ¿cómo has gestado tu carrera sin tener una formación previa en este ámbito?

Lo primero de todo es que te tiene que gustar mucho el fútbol. Además de eso, hay que tener ilusión y dedicación por tu trabajo. Cada día he intentado superarme un poco más y me he esforzado para que mis informes fueran un poco mejores. La dedicación y los errores son los que más te hacen aprender. Cuando pasé al primer equipo y realicé los cursos de entrenador también mejoré sustancialmente. He tenido la suerte de saber en cada momento qué entrenadores y jugadores eran los adecuados. Es una suerte porque primero hay que encontrarlos, que no es sencillo, pero también el club tiene que tener la capacidad de poder pagarlos. Fichar en Aranjuez y Tomelloso era fácil porque había dinero, en Valdemoro no lo fue tanto.

¿Dónde reside la dificultad de tu trabajo?

Mi trabajo consiste en analizar al equipo contrario y extraer la mayor cantidad de información posible para presentar un informe en el que se contemplen todos esos aspectos, por muy pequeños que sean. Analizo la posición de los jugadores en los córners, las estrategias, qué jugadores se incorporan más, por qué bandas lo hacen, quién es el mejor pasador, cuáles son sus puntos fuertes… Todos esos aspectos se concretan en un informe que el míster utiliza para preparar el partido. La dificultad está en saber obtener todos esos datos e interpretarlos de manera que le sean útiles a tu entrenador. En la actualidad, los ordenadores generan toda esta información de manera muy fácil, pero antes no había estas posibilidades, y yo hacía esa labor de análisis.

¿Cómo era tu dinámica de trabajo?

Con quince días de antelación tenía que ver al equipo contrario para realizar todo este trabajo. He viajado por toda España y Europa viendo a los rivales del Atleti, al menos una vez antes de enfrentarnos a ellos. Con la evolución de la tecnología, tenemos la posibilidad de ver más partidos sin tener que acudir a los encuentros físicamente, pero siempre hemos hecho al menos una visita al rival. Además de mi labor como analista, también era el primer ojeador del equipo. Si en cualquiera de los encuentros a los que acudía veía algún jugador que fuera interesante para el club, informaba sobre él para que el equipo de ojeadores se pusiera a trabajar en ello. Un ejemplo reciente es el caso de Gaitán, a quien vi jugar en el Benfica.

El trabajo que desempeñas suele estar muy vinculado a un solo entrenador; sin embargo, tú decidiste quedarte en el Atlético de Madrid y trabajar con diferentes entrenadores, ¿cuáles han sido los motivos?

Principalmente ha sido por agradecimiento al club y por la comodidad de no tener que desplazar a mi familia. Yo era jefe de servicio en Ford y tenía un buen sueldo. El dinero no era una preocupación y no tenía la necesidad de irme fuera. También porque no he querido arriesgar. Fuera te prometen el oro y el moro, y a la hora de la verdad la mayoría vuelven a España con problemas económicos porque no les han pagado. El Atleti, bien que mal, siempre me ha dado estabilidad. En los últimos años ha crecido mucho, pero durante mucho tiempo teníamos un ámbito muy familiar en el que éramos aproximadamente cien trabajadores. Ahora el club ha tomado una nueva dimensión y en el futuro se verá cuál va a ser su proyección.

Has dejado algo de lado tu faceta como analista para centrarte más en la labor de ojeador, ¿a qué se debe esta decisión?

Sí, tras superar la enfermedad que he pasado recientemente, me he querido centrar más en la labor como ojeador para el primer equipo. Digamos que soy la primera espada. Acudo a torneos y campeonatos para ver a jóvenes, aunque también sigo yendo a partidos. Un ejemplo es Griezmann, lo vi en Salamanca con 19 años.

También fuiste el culpable de que Raúl fichara por el Atlético.

Yo trabajaba entonces en las categorías inferiores, y el compañero que tenía de ojeador me insistió mucho en que fuera a ver a ese chaval. Un día que iba para Zaragoza decidí parar en San Cristóbal, solo con la intención de que dejara de insistirme. Cuando llegué al campo y empezó el partido, con solo medio tiempo tuve muy claro que ese niño tenía que ser del Atleti. En ese mismo partido moví todos los trámites para que fuera con sus padres a firmar esa misma semana, y así fue.

¿Qué nombres han pasado por tus ojos y han acabado jugando en el Atleti?

(Suspira) La verdad es que muchos, el problema es que se me olvidan. Yo vi a Kiko, Caminero, Geli, Santi Denia, Alfredo Santaelena, Quevedo… También he influido con mis informes en el fichaje de muchos de los que han estado y están en el club. Oblak, Juanfran o Filipe Luis son algunos. No los ficho yo personalmente, pero, al analizar su juego, tengo una visión bastante precisa de ellos.

Luis Aragonés fue el entrenador que te dio la oportunidad de llegar a la máxima categoría del fútbol en España, ¿qué ha supuesto para ti esta figura del fútbol internacional?

No he conocido un entrenador igual que Luis Aragonés. Él iba diez años por delante de todos. El respeto que imponía en el vestuario y su manera de llevar el equipo eran únicos. Tenía también la intuición. Cuando ganamos la Copa del Rey, el día anterior ya sabía que se traía la copa al Manzanares. Me dijo: «Mauri, mañana voy a hacer la doble v y el Madrid no sabe ni por donde le va a entrar la variante, nos traemos la copa». Yo no me lo creí, pero él tenía un don que le hacía estar por delante de todo el mundo.

Además, te ponía a prueba. Una vez, recuerdo que me mandó a Zaragoza a ver a Gay, que ya había sido jugador suyo en el Espanyol. Yo le vi y sí, era bueno, pero no le veía para el Atleti. Estuve varios días sin dormir pensando en por qué le quería en el Atleti. Cuando llegué a Madrid me preguntó qué tal había ido y yo le contesté que ya vería el informe completo. Me volvió a insistir y le contesté que no había visto mucho en el jugador. Me recordó que ya le había tenido como jugador, para meterme más presión. La presión fue tal que me fui a Burgos para volver a verle jugar porque tenía muchas dudas. Cuando le volví a ver no me gustó para el Atleti. Cuando se lo dije, me confesó que no le quería, que simplemente me estaba poniendo a prueba. Era muy peculiar, no he conocido un entrenador igual.

¿Por qué no le acompañaste en su etapa como seleccionador?

Ahí le fallé. Había pedido una excedencia en la Ford, donde era director de departamento, y tenía que volver al trabajo. En el Atleti ya había hablado sobre este tema y podía compaginar ambos trabajos. Hablando un día con Villar, me preguntó por Luis, porque tenía la fama que tenía… Yo le dije la verdad, es una persona muy peculiar, pero no había entrenador como él. Imponía un respeto que hacía que ningún jugador se levantara del banquillo. Yo se lo conté a Luis y él se negó a la idea de ser seleccionador. Villar le llamó y Luis fue a negociar su contrato. Cuando tomó la decisión, quedamos con Luis Paredes para tomar un café y me comentó que todos los trámites estaban listos para que me fuera con él. Yo me fui a casa muy contento, pero cuando se lo comenté a mi familia, vi que el dinero que me ofrecían no compensaba lo que ganaba entre la Ford y el Atleti. Eso me hizo pensar mucho, porque si no salía bien, me quedaba sin trabajo. Cuando le dije a Luis que no, se molestó y nunca me lo perdonó. A posteriori, me he arrepentido mucho. No por los éxitos, la copa me daba igual. A nivel personal él se sintió molesto, aunque nunca lo confesó y nunca me puso una mala cara, pero yo vi que el trato ya no fue el mismo.

Con todos los entrenadores que han pasado por el Atleti he tenido muy buena relación, pero ninguno ha sido como él. Luis era una persona que siempre iba de cara y cuando agachaba las gafas era mejor irse. Eso sí, la calidad humana que tenía era única.

¿Cómo has trasladado tu trabajo en Madrid a Valdemoro?

Ya estando en el Atlético de Madrid, Alfonso Guerrero, presidente de la Peña Atlética de Valdemoro, me invitó a formar parte y, al tratarse de una cosa para el pueblo, yo accedí encantado. Más tarde, en 2010, se creó la peña a la que pertenezco en la actualidad, y que lleva el nombre de mi padre. Yo participé en la creación poniendo en contacto al club con la peña. Ellos nos facilitaron todos los trámites. Empezamos unos 20 y en la actualidad somos 150 socios. Todas las semanas salen dos autocares desde Valdemoro que llevan a los socios a ver el partido al Wanda Metropolitano. Cada tres o cuatro meses también hacemos algún viaje fuera de Madrid. La peña, al final, es una reunión de amigos donde se debate sobre fútbol.

El Atlético de Valdemoro se ha refundando por tercera vez. ¿Por qué en los últimos años el fútbol no goza de la salud que tenía antes?

El problema es que a los políticos no les gusta el fútbol. Deportivamente no se puede hacer nada porque hace falta voluntad política. Las instalaciones están en muy malas condiciones.

¿Qué necesitaría Valdemoro para revitalizar este deporte?

El fútbol es muy sencillo. Tan solo hace falta un poco de dinero para traer gente con calidad, completarlo con la gente del pueblo y darle formación. Si además trabajas con la base y creas buenos jugadores, puedes conseguir una cantera muy interesante que algún día puede llegar a destacar.

Siempre he sido contrario a la competición para los niños. Me gusta que los niños aprendan, y que se intente mejorar en cada niño aquellos aspectos que son más flojos. Para eso hay que tener un número más reducido de jugadores. A mí me da pena que haya tantos jóvenes que quieran jugar al fútbol, puedan despuntar, y se tengan que marchar a otros municipios vecinos porque en Valdemoro no hay  equipos que los acojan y les puedan ofrecer una proyección en este deporte.

¿Cómo enfocas tu futuro profesional ahora?

Son 32 años los que he trabajado en el club y ya he hablado con Miguel Ángel para este año salir tranquilamente. A partir de ahora quiero tener libertad para poder pasar tiempo en la finca que tengo y disfrutar de mis amigos y familia.

Mauri derrocha humanidad por todos los costados. A lo largo de toda su carrera ha sabido llevar el legado que su padre dejó. Su talento innato para conocer y analizar los mecanismos que construyen el fútbol le ha permitido llegar a la máxima competición nacional e internacional. De nuevo, estamos frente a un vecino orgulloso de Valdemoro que enriquece la historia de la localidad.

 

Texto_Sergio García Otero

Fotografía: Ncuadres

 

 

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