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Entrevista a Noelia de Luis

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Resulta muy interesante analizar cómo el mundo digital y la incursión de internet ha propiciado una conexión global. Esta afirmación parece evidente, pero solo escuchando testimonios individuales podemos llegar a ser conscientes de la importancia de esta revolución.

Uno de los testimonios que me ha hecho llegar a esta conclusión es el de Noelia de Luis, autora local de manga. Gracias a internet y todo lo que conlleva el mundo digital, una joven de una localidad de España mantiene un contacto directo con la cultura nipona, sus últimas tendencias artísticas dentro del manga y, sobre todo, puede convertirse en una artista con su propio estilo en un arte que nació a miles de kilómetros de su país.

Noelia es una joven de 26 años que comienza a dibujar a muy temprana edad. El descubrimiento del manga como un hobby ha desembocado en una propuesta formal como autora de obras visuales y novelas. Recientemente hacía sus primeras incursiones en el mundo del doblaje.

¿Qué preferencias académicas has tenido antes del dibujo?

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No tenía nada claro. Empecé el bachillerato de humanidades, pero tuve que interrumpirlo por una enfermedad. Cuando retomé los estudios, me decidí por el bachillerato de artes, sin saber muy bien qué hacer. La verdad es que la oferta pública del mundo académico nunca me ha atraído.

¿Ese parón en los estudios es lo que hace plantearte apostar por la opción que realmente te gusta?

Siempre me ha gustado el arte, es algo con lo que he convivido siempre, pero nunca lo había entendido como una posible salida profesional. Desde pequeña me gustaba dibujar y para mí era un hobby. Con el paso de los años, me adentré más en el mundo del dibujo y, al compartirlo con otras personas, pude observar que se había convertido en una salida profesional para algunos de ellos. Esto me abrió las puertas de un nuevo camino que sin duda es más complicado pero con el que realmente me siento realizada.

Estudias magisterio, pero continúas teniendo una relación muy estrecha con el dibujo.

Tomar conciencia de que lo que para mí era un hobby realmente podía ser un trabajo no ocurrió de la noche a la mañana. Tardé un tiempo en tomar la decisión y hasta entonces continué mi formación por aquello que siempre te dicen de que tienes que buscar un trabajo «real». Opté por comenzar magisterio, pero lo cierto es que no tenía ninguna motivación. Creo que mi paso por la universidad me ayudó a confirmar aún más que me quería dedicar al arte.

¿Cuál fue tu primera toma de contacto con el universo manga?

He dibujado y escrito desde que tengo memoria. En 1999 tuve la suerte de tener televisión por cable, con canales como Buzz o Club Super 3, donde siempre echaban dibujos. Por aquel entonces, además, siempre pasaba las tardes con mi prima, a quien rápido le enamoró el mundo del manga, el anime y los videojuegos, así que todo lo que ella descubría me lo enseñaba, metiéndome rápidamente en un mundo que poco a poco fue formando tanto mi estilo de dibujo como mis gustos personales. Ella compraba revistas de manga y anime, porque no había internet, y me enseñaba el contenido que traía: un CD con música y vídeos, un póster o artículos que hablaban de series nuevas. Mi primera reacción ante el contenido exclusivo en japonés de los CD fue de extrañeza porque el idioma era una barrera muy grande; no entendía nada, aunque poco a poco me fue seduciendo este universo hasta que un día me di cuenta de que estaba inmersa en él.

Dentro de esa primera extrañeza, ¿qué fue lo que te atrajo para no descartarlo?

Siempre he tenido especial inclinación por la animación. Las series en televisión estaban dobladas al español y eso hizo que la barrera del idioma desapareciera en ese terreno. Tanto las historias como las temáticas y la creación de los personajes me pareció muy interesante y eso hizo que continuara viendo otras series. Hasta entonces yo dibuja algunos monigotes, pero el manga me abrió una nueva modalidad de dibujo de la que aprender y en la que poder desarrollar mi propio estilo.

 Gran parte de tu aprendizaje ha sido autodidacta, ¿cómo ha sido tu proceso de creación de un estilo?

He aprendido principalmente de dos maneras. La primera de ellas ha sido siguiendo tutoriales que te enseñan técnicas. La segunda ha sido estudiar aquellas ilustraciones que me han gustado para descomponer cada elemento e intentar aprender cómo se han realizado. Han sido muchas las horas que he pasado delante de un folio aprendiendo a dibujar, y por eso, cuando salí de la universidad, y tras cursar un grado superior en Turismo, supe que lo siguiente que quería hacer tenía que estar relacionado con las artes. Decidí estudiar animación porque creí que iba a aprender más sobre el dibujo que en ilustración, básicamente porque al dotar de movimiento a un personaje tienes que tener unos conocimiento más amplios sobre dibujo. De mi formación en animación me quedo sobre todo con lo que aprendí de anatomía, algo que puede parecer accesorio, pero que es muy importante a la hora de crear cualquier personaje.

La decisión de hacer de tus creaciones una salida profesional no fue fácil, ¿qué motivó el cambio de percepción de lo que para ti era un hobby?

La etapa universitaria fue un punto de inflexión. Allí entendí que no estaba en mi sitio, que no era lo que quería hacer. Por el contrario, me podía sentar en una silla y tirarme doce horas dibujando. Siempre he tenido como objetivo el poder trabajar en algo en lo que me sienta realizada. En internet conocí casos de personas que habían empezado a ganarse la vida con el dibujo y me decidí a tomar este camino. No es un camino fácil, requiere de muchas horas de trabajo, de pensar mucho para que tus creaciones tengan algo original que pueda atraer al público y de tener una gran fuerza de voluntad para no desistir cuando rechazan alguno de tus trabajos.

¿Cómo definirías el manga?

La traducción de manga es ‘cómic’ en Japón, pero nosotros solemos definirlo como el cómic de origen japonés o como el estilo de dibujo característico de allí. Quizá una de las cosas que más me atraen del manga tiene que ver con su manera de contar historias y de generar sentimientos en el lector. Aun así, en Japón priman el éxito y las ventas y cuando hay una fórmula de historia que funciona la explotan al máximo, aunque con el paso del tiempo siempre surgen nuevas corrientes que van rompiendo con lo establecido hasta que se convierten en una nueva fórmula de éxito. Personalmente, me gusta cuando rompen con los clichés mostrándome una historia diferente. Ese elemento sorpresa es lo que más uso a mi favor en mis historias.

¿En qué punto se encuentra el mundo del manga en España?

Ahora mismo está creciendo exponencialmente respecto a épocas pasadas. Existen al menos siete u ocho editoriales que licencian manga en España y todos los meses tienen novedades de todo tipo. Hace quince años era impensable que ocurriera esta situación. En cuanto a los autores españoles, comienzan a abrirse paso en el mercado, gracias a iniciativas como la de Norma Editorial, que celebra todos los años un concurso donde el ganador siempre obtiene la publicación de su tomo en papel. Si hablamos de autores nacionales de manga, destacan Studio Kôsen o Xian Nu Studio, cuyo éxito está ayudando a perder un poco el estigma que se tiene ante el cómic nacional con estilo manga, aunque todavía perdura un poco ese recelo del consumidor ante este tipo de estilo. La producción mayoritaria proviene de Japón y es la más consumida, sin duda, pero, gracias a las ferias de manga, ahora tenemos una muy buena oportunidad para dar a conocer nuestras publicaciones. Allí la gente y en ocasiones las editoriales pueden conocerte y parece que poco a poco se están abriendo a nuevos creadores. Aun así, creo que todavía queda mucho camino por recorrer para el dibujante nacional de manga.

¿Qué temáticas son las más frecuentes?

Es por todos conocido que la mentalidad de Japón es menos abierta que en España. El manga se clasifica por categorías dependiendo de la revista en la que se publique y estas, grosso modo, están enfocadas a chicos, a chicas, a adultos… En el caso de los chicos (shonen) las historias suelen tener un protagonista que tiene un objetivo o un enemigo y debe aumentar su poder con la ayuda de sus amigos hasta alcanzar su objetivo. El manga de chicas (shoujo) suele ser de romance, presentándonos a una protagonista que se suele ver envuelta en un triángulo amoroso. Y aunque existen más modelos, en base a estas estructuras se tocan todos los géneros: comedia, drama, intriga, fantasía, realismo, etc. Realmente, todo el mundo puede encontrar una historia que se amolde a sus gustos.

¿Cuáles fueron tus primeras creaciones?

Lo primero que hice fue un cómic de manga. Me construí un cómic con papel y cartón y creé mi primer tomo. Siempre me ha gustado crear historias y ese cómic fue mi primer paso. En 2004-2005 me compré un ordenador y con él comencé a escribir pequeños fanfics, que son historias creadas a partir de los personajes y tramas de alguna serie o saga conocida. A través de los fanfics aumentó mi curiosidad por tener una historia y unos personajes propios y también creé alguna que otra historia original. Después, con mi primera tableta gráfica comencé a interesarme por la creación digital, dejando el papel como algo más secundario.

¿Cómo es tu proceso de creación?

La mayoría de las ideas surgen después de haber visto alguna serie, haber leído algún texto o libro o incluso de una frase que me inspira. Generalmente me viene una idea que escribo en papel y al cabo de un tiempo la reviso para ver si era buena o no. Con los personajes pasa un poco igual. Me gusta escuchar música antes de escribir porque me inspira mucho, me ayuda a crear imágenes mentales que luego traslado al papel. Escucho principalmente música japonesa y de los años ochenta americanos y europeos.

¿De dónde proviene tu seudónimo Gini-Gini?

El nombre de Gini-Gini me lo puse cuando tenía unos ocho años. Veía una serie que me gustaba mucho, Jester el aventurero, y en un capítulo se ponían motes para ser cantantes. Todos los motes eran la primera sílaba de sus nombres repetidos. Me gustaba mucho el nombre de un personaje de esa serie que se llamaba Jinn. Tras deformarlo un poco, y tras querer tener un pseudónimo como dibujante comencé a firmar con el nombre de Gini-Gini.

Tu obra se centra principalmente en la novela y el cómic, ¿qué temas son los que más te gusta tratar?

Lo que más me atrae a la hora de escribir es la fantasía medieval y la ciencia ficción. Me gusta mezclar elementos de fantasía justificados con elementos de ciencia. Esto no quiere decir que no trate otros temas, claro. Ahora mismo estoy trabajando en una novela visual (que fusiona dibujo, escritura y música) y su temática es más bien romántica. Esta novela tiene una construcción un tanto particular porque parte de la idea de una historia donde eliges a tu personaje, pero le he añadido un toque de complejidad que me gusta. En cuanto al formato de escritura tradicional, he escrito en total cinco novelas, aunque me gustaría publicar una de ellas antes de empezar a mover el resto. Para mí lo divertido de crear una historia es el juego que se crea con los personajes, quienes tienen que tener un balance y un desequilibrio a partes iguales para tener juego y no aburrir al lector. Dentro del manga existen muchos personajes basados en clichés, algo que no me gusta añadir en mis relatos, a menos que vengan unidos a una vuelta de tuerca. Además de esto, algo que me gusta mucho es añadir giros argumentales a las historias. Las historias gráficas no suelen tener muchos personajes principales, entre cuatro y seis; sin embargo, en las novelas el número de personajes y secundarios puede aumentar dependiendo de la complejidad de la historia.

Eres una artista que comparte gran parte de sus creaciones en la red, ¿qué ha supuesto para ti internet?

Internet fue dar un paso muy grande dentro de este mundo. Aunque el manga llegó hace décadas a España, lo cierto es que hasta hace relativamente poco era difícil encontrar material de este género fuera de las. Con la llegada de internet todo fue más fácil: se abrió una puerta a un mayor número de contenido, la gente comenzó a descubrir más obras y a interesarse por el manga y el anime y, sobre todo, fue más fácil tener acceso a las diferentes comunidades que se han creado alrededor de este arte. Me gusta compartir pequeñas historias, lo que se denominan como one shot, de unas diez páginas. Publicarlo en internet supone obtener feedback de la gente que se ha interesado por la pieza. Los comentarios te hacen ver tu pequeña obra desde otra perspectiva y te ayudan a crecer como autora. Internet también supuso poder seguir de cerca a mis autores favoritos gracias a Twitter o poder buscar imágenes concretas de elementos que quiero mejorar en mis dibujos.

Has publicado varias obras gráficas en internet y tu objetivo es crear una obra en papel, ¿qué exigencias tiene el formato físico?

Internet tiene una gran virtud, su enorme capacidad de difusión, pero también tiene una gran desventaja y es que la mayoría del público no está dispuesto a pagar por un contenido online. En ambos formatos necesitas atrapar al lector en pocas líneas, pero es mucho más fácil que alguien se atreva a leerlo estando gratis en internet que pagando por ello en físico. Recientemente realicé una publicación corta para un salón de manga y fue un ejercicio importante para mí porque hablas directamente con el lector y tienes que generar confianza y expectativas sobre tu historia para que la adquiera. El papel siempre supone una apuesta que nunca sabes cómo va a funcionar porque necesitas de mucha más difusión y que la gente se atreva a leer a un autor desconocido.

También has concursado con alguno de tus textos a nivel local.

Desde que era muy pequeña siempre quise participar en algún concurso, pero no podía porque todos estaban destinados a personas más mayores. Cuando llegué a la edad adulta tan solo pude participar en una edición del concurso de escritura que promovía el Ayuntamiento. Recuerdo que regalaban a todos los participantes el libro de El niño con el pijama de rayas; me hizo mucha ilusión. Me da mucha pena no poder participar en iniciativas como estas cuando las veo en la publicación del Ayuntamiento porque son para mayores de 65 años. Para mí participar en esa edición fue algo importante porque suponía un reto como autora y una motivación cuando recibes el veredicto de un jurado. Ojalá se volvieran a retomar estas iniciativas, que seguro ayudan a muchos jóvenes que se quieren animar a concursar con sus obras.

Además de la ilustración has hecho tu pequeña incursión en el mundo del doblaje.

Mi contacto con el doblaje fue algo casual. Cuando tuve internet en casa, descubrí que los animes que llegaban a España no eran toda la producción que se hacía en Japón. El resto de animes no estaban doblados al castellano y tenía que verlos en versión original con subtítulos. Comencé con Ouran High School Host Club y tuve la curiosidad de saber cómo sería esa serie en castellano. Hice algunos doblajes para mí, sin ninguna pretensión. Más tarde hice un doblaje de Death Note y me animé a subirlo a YouTube para compartirlo con más gente que había visto que subía sus propios doblajes. Gracias a ese vídeo se pusieron en contacto conmigo y me ofrecieron participar en un foro de doblaje. Me gustó mucho el ambiente colaborativo que había entre todos los foreros y así comencé a participar en mis primeros takes. Ahora tengo un personaje en una webserie del estudio Nimai que se titula Uncovered. Es una serie que poco a poco está ganando audiencia y estamos muy contentos con la aceptación que está teniendo.

Una figura muy importante para ti son los seiyuus.

Los seiyuus son los actores de doblaje japoneses. Son una figura muy desconocida en España, pero son mi inspiración para casi todo. Los seiyuus son auténticas estrellas en Japón y tienen una versatilidad artística enorme, no solo hacen doblaje, muchos de ellos también poseen programas de televisión y radio, realizan eventos y charlas, doblajes en directo e incluso algunos son cantantes, actores o modelos. La diferencia entre los actores de doblaje españoles y los japoneses es que la figura del actor de doblaje español está más escondida, se limita a poner una voz y una interpretación. En Japón gozan de popularidad entre sus seguidores, no son grandes estrellas nacionales, pero es cierto que dentro de sus seguidores poseen mucho reconocimiento. La pasión y esfuerzo que ponen al doblaje es lo que más me atrae de ellos y me sirve de inspiración para mi día a día.

Esta pasión tan grande por la cultura nipona te ha llevado a estudiar su idioma.

Tener una afición tan concreta en un mundo tan grande hace que la mayoría de los contenidos que consumo no estén doblados o incluso ni siquiera subtitulados en el caso de series antiguas, sin mucha fama o de eventos que involucran seiyuus. Por eso desde hace unos años comencé a dar clases de japonés. El primer contacto no fue complicado porque tenía bastante oído, llevo muchos años escuchando series en versión original, pero es un idioma muy complicado tanto gramaticalmente como en la escritura y lectura de kanji. Llevo tres años estudiando pero todavía me queda mucho camino por recorrer.

¿Qué propósitos tienes para este año?

Me gustaría finalizar mi novela visual, se titula La mujer de los favores imposibles, y la historia versa sobre el rumor de una mujer que mediante favores puede conseguir lo que quiera. La protagonista de la historia se topa con ella salvándola y esta a cambio le ofrece un favor. A medida que avanza la historia la protagonista se da cuenta de que el favor que le ofrece no es todo lo bueno que parece. Estoy muy contenta con el resultado hasta ahora y actualmente me encuentro trabajando sin descanso en el desarrollo de la parte artística de la obra. Este año seguiré muy vinculada al manga, y como proyecto más ambicioso me gustaría poder conseguir alguna editorial en la que publicar la primera de mis obras. En definitiva, mi objetivo es no parar de escribir ni dibujar, porque cuando paras dejas de aprender y de avanzar.

Texto_Sergio García Otero

Fotografía_Ncuadres