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Entrevista con Javier García, piloto de motociclismo

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 Fisioterápia Reyes Medina

«La sensación al montarte en una moto es algo que no he experimentado en ninguna otra faceta de mi vida»

Javier García es un madrileño de nacimiento al que, como él mismo afirma, le corre el veneno del motociclismo por las venas. Los seis primeros años de su infancia se desarrollaron en la popular calle Alarcón de Valdemoro. Aunque interrumpió su estancia aquí durante unos años para mudarse a la localidad vecina de Aranjuez, ya de adulto regresó a nuestro municipio para asentarse definitivamente y formar una familia.

En la actualidad compagina su vida familiar y laboral con su mayor pasión, el motociclismo de competición. Su carrera como piloto se gestó en las calles de nuestro pueblo. Ahora, en los circuitos porta siempre que puede el número 34, el mismo que el de su ídolo Kevin Schwantz. Hemos querido conocer más de cerca a este joven valdemoreño que, gracias a su esfuerzo y talento, ha encontrado un hueco en un mundo tan apasionante pero difícil como es la competición sobre dos ruedas.

El motociclismo no es un deporte que destaque por ser el más elegido entre los niños, ¿cómo nace tu pasión por las motos?

Pues desde que tengo uso de razón me gustan. Desde muy pequeño recuerdo ver el motociclismo por la televisión con los mitos españoles de esa época como Aspar, Champi, Herri Torrontegui, Álex Crivillé en sus comienzos…

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La Buha Valdemoro

Con cuatro años me regaló mi tía Cristi una bicicleta pequeña con ruedines que se parecía a una moto. Le dije a mi abuelo que me quitara los ruedines y en el patio de casa aprendí a montar dando miles de vueltas por Mazarracín, el jardinillo… Recuerdo que le quitaba a mi tío Antonio el casco de su moto y salía a la calle a dar vueltas.

En la actualidad compites en el Regional de Castilla-La Mancha, y algunas carreras del Campeonato de Valencia y la Copa de España. ¿Cómo te fuiste introduciendo en el mundo del motociclismo?

De joven, con quince o dieciséis años, cogía las motos de mis amigos. No podía competir porque no tenía los medios económicos y mi padre tampoco me dejaba tener una moto. Ya un poco más mayor, con dieciocho años, salíamos de fiesta a una discoteca en Getafe. En la entrada de la discoteca había un circuito de minimotos que alquilaban.

Empecé a conducir estas minimotos y el dueño vio que se me daba bien y me propuso ser un reclamo para la gente que iba a la discoteca. Él me dejaba pilotar gratis, y como la gente me veía montar, pues se animaban a alquilar motos. Gracias a este chico, que conocía a gente del mundo del motociclismo, conocí a varias personas que estaban metidas en la competición.

 

¿Cuándo arrancas en el mundo de la competición?

A partir de este momento me compré con mi dinero una moto de carretera de segunda mano y empecé a hacer cursillos de conducción deportiva del RACE. Desde el primer cursillo entré en el nivel más alto.

Durante un tiempo estuve rodando en circuitos como lo puede hacer cualquier persona de la calle que tenga moto. Un día, uno de los organizadores de los cursillos y las tandas libres se acercó al box donde estaba descansado y se interesó por mi. Él y su equipo me animaron mucho a introducirme en la competición.

Estuve mucho tiempo pensando si debía meterme en este mundo o no, porque lo veía como un mundo excesivamente caro. Desde fuera esta perspectiva es más exagerada que cuando luego estás dentro, aunque sí es cierto que no es un deporte para todos los bolsillos. Además, yo veía que era un aficionado a las motos que iba de vez en cuando a los circuitos. Fue un miedo escénico que hizo que me costara un poco más dar el paso, pero al final lo di.

La primera competición que hice fue en el 2010 en el circuito de Albacete. La clasificación fue un auténtico desastre y me hizo plantearme dónde me había metido. Sin embargo, cuando salí a la carrera conseguí remontar diez u once puestos y fue lo que motivó para seguir adelante.

Poco a poco fui mejorando y conociendo el mundo de las carreras. No es lo mismo ir esporádicamente al Jarama con tu moto de calle y dar unas vueltas que competir. Las carreras son un ejercicio complejo donde hay que saber cuidar muchos detalles. Tener la moto a punto o estudiarte el circuito para conocer cuándo debes acelerar y cuándo frenar son aspectos muy importantes para obtener buenos resultados.

Según nos cuentas eres un piloto que ha ido aprendiendo carrera a carrera, ¿no?

Así es, he ido descubriendo este mundo con la práctica. No olvidaré una anécdota que me pasó en los comienzos: alguien se acercó al box donde estaba y me preguntó que quién me había hecho las horquillas (sistema de suspensión). Yo le contesté que las que venían de fábrica, como venía la moto de la calle. El chico me dijo que estaba loco porque en el circuito necesitas que la horquilla de suspensión tenga mayor recorrido del que tiene una moto de calle para que el neumático no se caliente en exceso y termines en el suelo.

Como esta anécdota tengo un montón. Pero esta fue especialmente  «gorda». Dentro del mundo de las carreras es algo fundamental que hay que saber. El caso es que yo empecé como un aficionado que se metió en el mundo de las carreras y he tenido que aprender así. Ahora los chavales montan desde muy pequeños y cuando son jóvenes ya te saben decir todo lo que tiene que tener la moto.

¿Cómo lleva tu familia la competición?

Pues depende de a quien le preguntes. (Se ríe). Mis padres no lo llevan muy bien. Mi madre, un poco mejor, y es la que anima a mi padre para ir a verme. Pero a mi padre le cuesta, a él le gusta ver las carreras en la televisión, pero no que yo corra. De joven, con catorce o quince años, ni por asomo quería ver las ruedas de una moto en casa.

A mi chica y a mi hijo les gusta mucho el mundo de las motos, y eso es una ventaja. Mi hijo es un enamorado de las motos y los dos siempre me acompañan a las carreras. Si no fuera por la ayuda de Ana y Álex, sería prácticamente imposible correr y el fin de semana se haría muy largo.

Fotografía: Fernando Sotoca

 

¿Durante este tiempo has tenido apoyos de patrocinadores?

He tenido apoyos, pero no ha sido fácil. En el motociclismo, al ser un deporte no tan visible como otros, es más difícil encontrar apoyos económicos. La gente piensa que es un mundo muy caro, creen que tienen que aportar una cantidad de dinero muy grande, y no es así. Al nivel que compito no se puede pedir un dineral, por eso se piden pequeñas ayudas como inscripciones a carreras, juegos de neumáticos… Las inscripciones por ejemplo suelen costar entre 150 y 200 euros.

Durante estos años he tenido varios patrocinadores que han hecho que no me costara correr o que me costara poco. Todos los patrocinadores me los busco yo, hay que ser muy insistente y muchas veces no se consigue nada.

¿Cómo preparas la temporada de competición?

Durante el invierno tengo una rutina de gimnasio para trabajar la fuerza, la resistencia y el cardio porque se necesita tener muy buen fondo físico para competir. Los primeros meses del invierno los destino más a ganar masa y fuerza, y a partir de febrero introduzco ejercicios de cardio de cara al mes de marzo, que es cuando arranca la competición.

Sobre la moto hay que intentar estar el máximo tiempo posible porque todo lo que puedas montar es poco. Dentro del entrenamiento en moto es importante no solo hacer circuito, sino también otras modalidades como enduro, que te da técnica en los derrapes, por ejemplo. Cuanta más técnica se adquiere es mejor porque te permite enfrentarte mejor a las situaciones que se dan en una carrera.

El motociclismo es un deporte de sensaciones. Todo el contacto que tienes con la moto lo siente a través del asiento. Esas percepciones y los pequeños detalles son los que te hacen ganar décimas de diferencia o llegar a perder hasta un segundo, que en competición es un mundo.

¿Existe mucha participación joven en tu categoría?

La edad mínima para competir en 600 centímetros cúbicos es de dieciséis años, y lo cierto es que sí que hay gente joven, pero están muy poco tiempo en categorías como la mía. Los jóvenes tienen muchas categorías diferentes y competiciones monomarca de diferentes marcas de motociclismo. Si destacan en estas competiciones inferiores, en las categorías de 600 centímetros cúbicos no suelen quedarse.

En las categorías grandes, de 600 y 1 000 centímetros cúbicos, los pilotos suelen ser ya adultos. Los chavales saltan desde los regionales al Campeonato de España, ellos siguen su evolución con motos pequeñas, pero están enfocados a dar el salto al Campeonato del Mundo o competiciones similares. Si son buenos, van cambiando de equipo a uno mejor hasta que dan el salto del Campeonato de España al Mundial, a Moto 3.

Ahora España tiene grandes referentes en el mundo del motociclismo, ¿cuánto cuesta llegar hasta lo más alto de este deporte?

Las figuras como Márquez, Rossi o Pedrosa han destacado desde pequeños, esto hace que desde muy temprano un manager apostara por ellos y potenciara su carrera. A pesar de ello, conseguir un manager no es nada fácil y hasta entonces son los padres los que aportan todo el dinero.

Para correr en el Mundial, hay muchos pilotos, entre un treinta y un cuarenta por ciento, que se tienen que costear ellos mismos la competición. Para entrar en un equipo tienen que presentar un aval de cientos de miles de euros que tienen que buscarse ellos mismos.

En definitiva, si eres excesivamente bueno y tienes la suerte de encontrar un manager que te potencie, llegarás lejos sin tener que pensar en el dinero. Si eres una persona normal, a la que se le da bien el mundo de las motos, necesitas tener recursos económicos que te apoyen para poder competir.

Fotografía: Pix Motorr

Esta temporada has tenido muchos problemas con la moto…

Esta temporada ha sido negra. Rompimos motor en los entrenamientos libres de la primera carrera, en Albacete. Para la siguiente carrera, en Valencia, llegamos con otro motor. Hice los entrenamientos y la clasificación, y ya en la carrera, en la quinta vuelta, aceleré en la recta y otra vez volvió a romperse.

Fue un momento muy difícil, tuve que parar porque solo tenía dos opciones: invertir en un nuevo motor —y no tenía dinero para pagar un motor en condiciones, por lo que era un riesgo— o parar. Ya había perdido dos carreras de seis, así que no tenía opción alguna de hacer buen resultado y decidí parar para ahorrar y comprar un motor que me ofrezca garantías y me permita optar al título esta temporada que viene.

En 2016 has tenido mala suerte, pero lo cierto es que a lo largo de tu carrera las lesiones te han respetado, ¿no es así?

He tenido dos caídas importantes. En una de ellas me rompí la clavícula y me pusieron una placa con ocho clavos en la mano. Fue un impacto muy fuerte porque salí despedido de la moto a unos 120 km/h, a pesar de ello he podido seguir corriendo. En la otra, me rompí el menisco.

Estas han sido las más aparatosas. Afortunadamente, he tenido caídas más rápidas en las que me he podido levantar y coger la moto para seguir. Es un poco contradictorio, porque en las caídas más aparatosas puede que no te hagas nada y, sin embargo, en la caída más tonta puedes hacerte mucho daño.

¿Qué es lo que te mueve a cada temporada hacer frente al reto económico, las caídas, las averías mecánicas, etc.?

La pasión por correr. Te pueden gustar las motos, pero para correr tiene que haber algo más. Sabes que vas en contra de los elementos, pero la sensación que tienes al montarte en una moto es algo que no he experimentado en ninguna otra faceta de mi vida.

Además, el día de la carrera yo me levanto ya con los nervios por salir a correr. Durante toda la mañana, hasta que llega la carrera, es una avalancha de sensaciones. Miedo por hacerte daño, incertidumbre y ansiedad por salir a correr. El domingo por la mañana es una vorágine de sensaciones.

Fotografía: Fernando Sotoca

¿Qué expectativas tienes para la temporada que viene?

Pues lo primero es poder empezarla. Normalmente, cuando empiezo una temporada no sé si voy a poder correr todas las carreras. Vamos carrera a carrera porque el dinero de los patrocinadores nunca da para todo, quizás te puedes asegurar tres o cuatro carreras y el resto tienes que buscarte la vida.

Vivimos muy al día y por eso no podemos ponernos unas expectativas muy altas. A pesar de ello, el objetivo principal es intentar ganar. Desde hace ya unos años he hecho podios. Y una vez que los pisas, ya no te sirve no ganar.

A pesar de la incertidumbre, has conseguido obtener buenos resultados a final de cada temporada…

Este año pasado no he podido obtener ningún resultado, pero el año 2015 quedé tercero en la Campeonato Máster 35 y quinto en la Copa FCMM regional. En 2014 quedé tercero tanto en el Máster como en el Copa; en esta última tuve posibilidades de ganar hasta la última carrera. En 2013 también quedé tercero en el Máster y cuarto en la Copa. En 2012 finalicé tercero en la Copa promoción FCMM.

¿Cuáles son tus planes de futuro en este deporte?

Aguantar todo lo que me permita el cuerpo y el bolsillo. Con mi edad sé que no voy a llegar a un mundial, pero puedo correr el Campeonato de España, y sobre todo disfrutar. Dentro de unos años lo mismo me toca correr en la categoría de clásicas. (Risas).

Y el pequeño, ¿va a seguir los pasos del padre?

Pues le gustan mucho las motos, sabe montar en moto desde los cinco años. Ahora con doce años, la verdad es que no tiene prisa. Se divierte montando en moto y dando unas vueltas, pero de momento no pide competir, por suerte. (Entre risas).

No tiene la presión del padre por lo que veo…

Para nada. Él se ha subido a la moto cuando ha querido y yo le he intentado enseñar poco a poco. A lo mejor, en un futuro, lo que yo le he enseñado le puede ayudar. Por lo menos tiene una base y, si quiere dedicarse a esto, va a correr menos riesgos de los que he tenido que correr yo. Eso es lo único que sé.

Igual que a tu hijo, ¿qué consejo le darías a un chaval que quiere empezar en el mundo del motociclismo?

Lo primero, que se divierta. Es muy importante cuando se empieza ser una esponja y estar atento a todo lo que ocurre a tu alrededor. Pero lo fundamental es divertirse, porque si no te divierte competir, corres el riesgo de hacerlo por obligación y es entonces cuando no se está al cien por cien, y puedes hacerte mucho daño.

Con mucha suerte podrás llegar a ser algo, pero hasta entonces, por si no llega ese momento, lo importante es disfrutar haciendo lo que más te gusta.

Hay algo que se desprende de esta conversación con Javier García; y es la idea de que si algo te apasiona, no debes dudar ni un segundo en apostar por ello. Él es el claro ejemplo de que, aunque los comienzos en un deporte tan complejo como este no son fáciles, el trabajo y el tesón son la clave para luchar de manera irracional contra los elementos. Y es que, como bien dijo una vez el poeta Pablo Neruda:  «Hay un cierto placer en la locura, que solo el loco conoce».

 

Texto_Sergio García Otero

Fotografía_Ncuadres

 

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