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Entrevista con Teresa Humanes Hernández

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El XXXV Festival de Teatro Villa de Valdemoro se desarrollará durante las tres últimas semanas de mayo, comenzando el día 8 y terminando el 30 de este mes.  Se trata del certamen de teatro aficionado más antiguo de la Comunidad de Madrid y, en esta edición, se pondrán en escena un total de 23 obras.

Cuando reflexiono sobre la supuesta crisis del teatro profesional en los inicios del siglo XXI, me viene a la mente un diálogo de Yo, Claudio, la novela Robert Graves que narraba las aventuras del célebre emperador romano. Uno de los protagonistas dice: «El teatro ya no es lo que era». A lo que su interlocutor responde: «El teatro nunca fue lo que era». En realidad, el teatro, con una naturaleza mestiza que integra varias disciplinas, siempre tuvo que competir para reivindicarse como arte. De hecho, las seis bellas artes clásicas eran la pintura, la escultura, la arquitectura, la música, la declamación y la danza. La declamación incluía la poesía y la música incluía el teatro.

Es posible que los teatros no muevan los presupuestos que se mueven en el cine, que, muy pronto, se convirtió en el séptimo arte. Pero también es cierto que el teatro es inherente a la condición humana, que está dentro de nosotros, que es una de las primeras técnicas pedagógicas (casi siempre inconsciente) que utilizan los padres para enseñar a vivir a sus hijos. Sí. El ser humano aprende gracias a las actuaciones de sus padres. El ser humano aprende, también desde sus primeros días de vida, a actuar. A fingir. A interpretar. A participar en cada una de las ceremonias e interacciones sociales que se nos presentan en nuestro día a día.

Tengo delante a Teresa Humanes Hernández. Como se suele decir en estas situaciones, valdemoreña de toda la vida. Si ahora tuviera 20 años, podría haber sido clasificada como activista social. Incluso como agitadora cultural. Pero ella pertenece, más bien, a la generación de «lo importante es participar». Lleva toda la vida participando de la vida social y cultural de Valdemoro. Veinte años participando con la Casa de Andalucía: adornando casetas en la feria, adornando la sede, participando en romerías. Dice que seguirá haciéndolo mientras pueda. Llegó a pertenecer al grupo de teatro Al-Mudena, de la propia Casa de Andalucía. Fue una de las fundadoras del grupo de teatro aficionado valdemoreño Tuccitania. En la actualidad, dirige el grupo de teatro Dulcinea, de la Casa de Castilla-La Mancha

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¿Cuándo nació tu vocación por el teatro?

Desde muy pequeña. Recuerdo que, viviendo en la calle Pozo Chico, las amigas nos juntábamos en las casas, lo que no pasa ahora, cuatro o cinco chicas en un patio, y jugábamos a representar nuestras propias obras de teatro. Yo tendría ocho o nueve años. Una de mis amigas, Fidela, todo el mundo la conoce en Valdemoro, era frutera. Se nos ocurría alguna idea y luego poníamos cajas de fruta en el patio, acomodándolo todo como si fuera un teatro de verdad. Luego recuerdo, ya en el colegio, a mi profesor de inglés, Antonio Pérez. Un día intentó montar un grupo de teatro y me llamó para decirme que contaba conmigo para el grupo. Para mí fue el mayor orgullo posible. Creo que la primera obra que representamos fue de García Lorca. Antonio, por su trabajo, tuvo que dejarlo, pero yo ya no podía parar. Así que formamos nuestro propio grupo, Tuccitania. Recuerdo el día que fuimos a Aranjuez a registrar el grupo con ese nombre. Yo entonces tendría veintiocho años y ya era madre. Íbamos a ensayar al colegio Cristo de la Salud y mi hija se aprendía las obras de memoria porque se venía conmigo a los ensayos. Creo que se llegó a saber de memoria La casa de Bernarda Alba.

Luego hicisteis una obra basada en Calígula, de Albert Camus.

Fue una adaptación del propio Antonio Pérez, con un ambiente de gánsteres en la época de la Ley Seca. Se titulaba Joe Stampanato y la dirigió Mariano Serrano. Con él, aprendí también muchísimo. Yo me iba fijando y aprendiendo con cada obra que llevábamos a escena. Con nuestro propio grupo, nos dedicamos, además, a hacer animaciones para fiestas infantiles. En la Casa de Andalucía nos llamaban muchas veces para hacer fiestas y actividades con los niños. Hemos hecho tantas cosas y con tanta ilusión. El grupo Tuccitania sigue estando ahí, aparcado, guardado en el baúl, esperando que aparezca un proyecto y podamos llevarlo a cabo.

Fuiste Margarita de Austria, la reina consorte de Felipe III, en una de las celebraciones anuales de la Feria Barroca en Valdemoro.

Uno de los años hice de reina. Otro año, de duquesa. Otro año, participé con un papel de monja. Cuando comenzaron a celebrar la Feria Barroca, traían a grupos de actores de fuera. Pronto se dieron cuenta de que tenía sentido que fuéramos los grupos de teatro locales los que lleváramos a cabo las representaciones teatrales de la feria. Desde ese momento, participé varios años. Recuerdo que fue Isabel Mesa la que nos congregó a varios grupos de teatro de Valdemoro para proponernos la participación. Ellos mismos preparaban el guion y repartían los papeles entre todos nosotros. Y nos tirábamos ensayando desde mayo hasta octubre. Me acuerdo de que llegábamos a ensayar en la calle y en la plaza. Disfrutábamos mucho. Recuerdo cuando llegaban y nos daban los trajes que teníamos que ponernos un par de días antes de la feria. Y el primer año que participamos nos pusieron los micrófonos inalámbricos en el balcón del Ayuntamiento. Mientras formaba parte de todo el montaje yo me sentía muy orgullosa de colaborar con la Feria Barroca de mi pueblo. Y eso que fue un momento muy difícil de mi vida. Acababan de morir mis padres y, por un lado, sentía alegría y, por otro, los echaba de menos y deseaba que me hubieran visto allí. Más tarde, como el Ayuntamiento tiene su grupo de teatro con la UPV, es lógico que sean ellos los que se encarguen de la representación. Pero disfruté mucho los tres años en que participé. Me acuerdo cuando nos sentaron en los tronos dentro de la iglesia… Era todo tan emocionante.

Habéis colaborado con el Ayuntamiento cuando estaba dirigido por alcaldes de diversos partidos políticos.

Para nosotros nunca ha sido un problema. Siempre hemos trabajado con Isabel Mesa y nos ha tratado muy bien. El domingo, cuando terminaba la Feria Barroca, nos invitaban a comer y nos juntábamos todos. Era una experiencia muy bonita porque, durante la comida, nos poníamos a recordar todo lo que habíamos hecho durante toda la feria. Por el Ayuntamiento, solo siento agradecimiento. Nunca he tenido ningún problema. Además de la Feria Barroca, nos llamaron para organizar el encierro infantil, con los toros hinchables. Fuimos todo el grupo Tuccitania con los niños, en la plaza. Hicimos juegos en el albero. Es muy bonito hacer actividades con los niños. Es importante hacerles ver que en los juegos nadie gana y nadie pierde. La Asociación Valdemoro Solidario (AVALSO) también nos invitó un par de veces para trabajar con niños. En una de ellas, organizamos diversas actividades en el centro comercial durante todo el día. Hicimos juegos para los chicos, hubo pintacaras… Otra la hicimos en el parque Duque de Ahumada. Me gusta mucho participar con ellos porque es una acción social para un comedor solidario.

También has sido paje real en la cabalgata de los Reyes Magos.

Hemos salido en las cabalgatas de los Reyes Magos de Valdemoro un par de años y, sí, he sido paje real (y, a veces, rey) durante muchos años en la Casa de Andalucía.

¿Cuál es el papel que más te ha gustado interpretar como actriz?

Estoy muy orgullosa de haber interpretado papeles en las obras de Lorca. La casa de Bernarda Alba. Hice de Bernarda Alba. Me encantó. Me metí tanto en el papel. También disfruté mucho con Bodas de sangre. Las obras de Lorca son muy intensas y hay que tomárselas muy en serio.

¿Qué papel te gustaría representar?

Me gusta mucho el drama. Pero mi mayor reto sería hacer reír a la gente. Me encantaría poder interpretar un papel que hiciera que la gente se partiera de risa. Es más difícil hacer reír. Aunque fuera un papel pequeño, me haría muy feliz…

¿Vas al teatro con frecuencia?

No voy todo lo que me gustaría. Vamos a Madrid, y aquí en Valdemoro, siempre que podemos. También me gusta ir a ver las obras de los otros grupos de aficionados de Valdemoro. Cuando voy a ver las obras amateur, sufro con ellos. Desde mi butaca, les mando todas mis energías para que les salga bien la obra y para que, si se equivocan, sepan salir al paso. También me planteo cómo lo habría hecho yo. Mi cabeza no para cuando estoy en el teatro.

¿Cómo te ayuda el teatro para la vida?

Me da muchísimas fuerzas. Ha sido así siempre, pero especialmente en estos momentos de mi vida. Disfruto cada día, pero llega el miércoles, que es el día que tenemos los ensayos, y se me enciende todo el cuerpo. Desde por la mañana me pongo a preparar lo que vamos a hacer, lo que les voy a decir. Me da mucha vitalidad. Es mi diversión. Mi trabajo. Un buen complemento a mi vida. El teatro crea amistades muy sólidas. Te ríes. Disfrutas. Alimenta tus inquietudes culturales. Te hace sentirte orgullosa de lo que haces. El teatro nos mantiene activos. El teatro nos mantiene jóvenes. En el grupo que dirijo actualmente tengo a Julián, con 80 años, y a Petri, con 78. Me hace tan feliz ver cómo disfrutan. No faltan un solo día.

Ahora estás con el grupo de teatro Dulcinea, que pertenece a la Casa de Castilla-La Mancha.

Hay que recordar que somos un grupo de aficionados. Por eso, cada uno de nuestros esfuerzos y de nuestros trabajos son grandes logros para nosotros. Somos unas quince personas y, además de haber hecho representaciones en Valdemoro, hemos estado en Ávila, en Madrid, en Cuenca…

Entiendo que eres autodidacta.

Me ha gustado siempre tanto. Me gusta pensar en el lugar en el que vamos a interpretar la obra y para qué público. Eso determinará si podemos elegir una comedia o un drama. También me gusta adaptar el papel a la persona a la que se lo doy. Al ser teatro aficionado, es más interesante llevar el papel elegido hacia la personalidad del actor que lo va a interpretar. Para que esa persona disfrute más del papel y con la intención de que sea más creíble para el público. Siempre reparto los papeles del guion de acuerdo a la personalidad de los actores de los que dispongo. También analizo mucho los guiones. Tal y como están ahora las cosas, es importante intentar no herir las sensibilidades del público y no causar polémica. Intento siempre adaptar el guion a lo que yo creo que no va a dañar los sentimientos de la gente.

¿Cuáles son las ventajas y desventajas de trabajar con aficionados?

Las ventajas son muchas. Disfruto un montón enseñándoles lo poco que yo sé, animándoles a participar. A veces, llevar un grupo de quince personas es muy difícil. Cada uno tiene su personalidad. En el teatro hay que tener muy buen rollo. Si yo estoy enfadada contigo y tengo que salir a escena a interpretar un papel de cordialidad, no lo voy a conseguir. La gente que lo está viendo lo no va a creer. Intento que el grupo se lleve muy bien. Gran parte de mi trabajo es crear un grupo cordial, en el que todos saquen provecho de la experiencia que estamos viviendo. El día del estreno es para todos los miembros del grupo uno de los acontecimientos más importantes de ese año. Les encanta. Se entregan al máximo. Una persona, por el mero hecho de subirse al escenario, merece un respeto. Además, todos están felices con el papel que les corresponde. En teatro, es tan importante la persona que tiene dos frases como la que tiene veinte. Terminamos una obra y ya están preguntando por la siguiente.

Háblanos de tu encuentro con Yolanda Iscar.

Nos conocimos a través de Isabel Mesa, directora del área de cultura. Como escritora local, Yolanda tenía un proyecto teatral y acudió primero al Ayuntamiento para llevarlo a cabo. Quería ponerse en contacto con algún grupo de teatro aficionado. Nos presentó Isabel Mesa y cuando me contó su proyecto, coincidió que yo no tenía nada entre manos, con lo que me pareció interesante. Preparamos el evento. Era algo similar a lo que se hacía en la Feria Barroca. Trabajamos las dos con mucha ilusión y creo que lo estrenamos en Fuenlabrada. Le encantó el resultado. Más tarde lo presentamos en el teatro de Valdemoro. Trabajamos mucho juntas. Ella tenía un buen guion, pero me dio permiso para adaptarlo a la realidad del teatro y a nuestras posibilidades. A partir de ahí, Yolanda nos propuso escribir una obra de teatro para nosotros. La experiencia fue muy gratificante porque ella ya conocía a la gente que iba a participar y escribió una obra en la que adaptó los papeles a cada uno de los actores. Por eso, la obra, Secretos del destino, tuvo tanto éxito. Dio un papel hasta a su hijo, que entonces era un niño. Nos llamaron para actuar en un teatro en Madrid. Luego estuvimos representando la obra en el auditorio de Ávila, que es precioso. Fue muy especial porque, cuando llegamos, nos dijeron que allí había cantado Plácido Domingo. Para mí era un sueño. No me lo creía. Uno de los días más felices de mi vida.

Como directora, te ocupas de todo.

Como puedes imaginar, el presupuesto con el que trabajamos es muy pequeño. Intento buscar soluciones a lo que se nos va presentando, adaptándome a ese presupuesto. Buscamos decorados económicos, pero que, a la vez, puedan transportarse fácilmente y puedan adaptarse a cada uno de nuestros posibles escenarios. Hemos sido capaces de organizarnos en el auditorio de Ávila y en escenarios minúsculos en los que hemos tenido que poner unas sábanas para crear un vestuario improvisado.

¿Qué proyecto tenéis entre manos?

Ahora estamos preparando una obra que me habría gustado representar en el Día de la Mujer. También me habría gustado poderla representar durante el festival de teatro de este año. Se trata de Hay motín, compañeras. La obra se desarrolla en una cárcel. Es un motín de mujeres y cada una de las protagonistas explica las razones de su encarcelamiento. Desafortunadamente, uno de los protagonistas principales ha sido destinado tres meses fuera y tendremos que esperar a que vuelva. Supongo que esas son las desventajas de trabajar con un grupo aficionado. Pero tenemos la obra preparada (solo quedan los últimos retoques) y la retomaremos en cuanto sea posible. Estuve ojeando varias obras y, en el momento que la leí, supe que era la adecuada. Creí que la mujer merece un reconocimiento. Eso sí, tuve que hacer muchos cambios. Hay partes y diálogos que veía muy crueles. Pero, conforme iba leyendo la obra, iba viendo que los papeles les iban bien a mis chicas. Estaba leyendo y me decía: «Este le pegaría a fulanita; este a menganita…». Hay que recordar que es más difícil encontrar hombres para los grupos de teatro aficionado. La mayoría somos mujeres. A los hombres que tenemos en el grupo los cuidamos como oro en paño para que no se vayan.

¿Cómo ves el panorama de teatro aficionado actual en Valdemoro?

Hay rachas. Creo que goza de buena salud. Puede verse este mayo, en el Festival de la Villa de Valdemoro. En la última reunión que tuvimos para los preparativos, me alegró mucho ver que ahora participan muchos colegios de la localidad. Es muy bonito que los niños vayan a desarrollar la cultura en el teatro. Dice muchas cosas buenas de sus maestros.

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Pedro Calderón de la Barca publicó en 1665 El gran teatro del mundo. En este auto sacramental, posiblemente el más famoso del autor, Calderón muestra la vida humana como un gran teatro en el que a cada uno de nosotros nos toca representar un papel. Teresa Humanes Hernández nos demuestra, con su ejemplo, que la vida puede ser un teatro, sí, pero que cada uno de nosotros tenemos no uno, sino múltiples papeles: algunos principales, otros secundarios. Todos importantes. Teresa es feliz como esposa. Como madre. Como abuela. El teatro, además, despierta sus sentidos, la ayuda a desarrollar una creatividad desbordante y le permite enriquecer el tejido social de Valdemoro.

El 20 de mayo, en el teatro Juan Prado, podremos ver una pequeña adaptación-resumen de La casa de Bernarda Alba, interpretada por el grupo de teatro Dulcinea, de la Casa de Castilla-La Mancha y dirigida por Teresa Humanes Hernández.

Texto_Fernando Martín Pescador

Fotografía_Ncuadres