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Entrevista con Wojciech Siudmak

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Ponerle fecha y hora precisa al comienzo de la Segunda Guerra Mundial podría originar un acalorado debate entre historiadores. Si nos limitamos a la mera acción militar, un buen número de libros de historia indican que la guerra empezó el 1 de septiembre de 1939. Con puntualidad germana, aunque sin declaración de guerra hecha pública, a las ocho de la mañana, las tropas alemanas cruzaron la frontera de Polonia y comenzaron la invasión. Sin embargo, durante la noche del 1 de septiembre, tuvieron lugar, al menos, dos acontecimientos que debemos destacar. A las 4:45 de la mañana, un viejo acorazado escuela alemán que había partido de Danzig abrió fuego contra la pequeña guarnición polaca que defendía la península de Westerplatte. Parecía una misión sencilla, pero los 210 soldados polacos defendieron la plaza durante una semana y no se rindieron hasta el día 7 de septiembre, cuando su comandante fue informado de que no les quedaba munición.

La hora de comienzo de la batalla de Westerplatte ha sido considerada por muchos, incluso por los libros polacos de historia, como la hora de inicio de la Segunda Guerra Mundial. Pero, desafortunadamente, cinco minutos antes, a las 4:40 de la mañana, las fuerzas aéreas alemanas, la Luftwaffe, lanzaron un terrible ataque sobre la pequeña ciudad de Wieluń, en el centro de Polonia; un bombardeo que destrozó el 75 % de la ciudad y acabó con la vida de cerca de 1200 personas, en su mayoría civiles. Los bombarderos eran versiones mejoradas de los Junkers Ju 52 que atacaron Guernica el 26 de abril de 1937. Se trataba de los famosos Stuka, los Junkers Ju 87, que, según los supervivientes polacos del bombardeo, traían consigo unas sirenas ensordecedoras de las que tardaron en recuperarse.

Wojciech Siudmak nació en la ciudad de Wieluń tres años después del bombardeo, en plena Segunda Guerra Mundial. Uno de sus hermanos mayores, muerto hace unos años, fue uno de los supervivientes a ese bombardeo. No fue el único que, tras el bombardeo y durante toda su vida, sufrió desórdenes nerviosos, además de desarrollar numerosas pústulas por todo su cuerpo. Aunque nada ha sido probado, esto hizo pensar a muchos polacos que los alemanes utilizaron algún prototipo de armamento químico durante el bombardeo.

Fotografía_Andrzej Paterek

Ante el sufrimiento de su hermano, Wojciech Siudmak ha pasado toda una vida pensando qué podía hacer para ayudarlo. Finalmente, pensó que la mejor manera sería convertirse en emisario de la paz. De esta forma, se involucró de lleno en el Universal Peace Project (Proyecto de Paz Universal), una iniciativa que se desarrolla en varios frentes: por un lado, Siudmak elaboró una escultura de unos cuatro metros y medio de altura, titulada Eternal Love, que se ha convertido en uno de los monumentos de la ciudad de Wieluń; por otro, esta escultura ha sido convertida en una pequeña estatuilla a la manera de los óscar de Hollywood, que se entrega como un premio internacional de la paz. El galardón se ha entregado durante los últimos cinco años. La iniciativa trabaja, también, para crear un museo que pueda convertirse en un centro memorial y en una institución para educar en la paz.

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Del 29 de enero al 24 de febrero de este año, Wojciech Siudmak ha realizado la exposición de litografías «Don Quijote. Caballero del futuro» en el centro Juan Prado de Valdemoro. El artista se acercó a nuestra localidad para la inauguración y aprovechó, así, para conocer una parte de la Mancha, los paisajes de uno de sus héroes, don Quijote de la Mancha. La versión polaca del Quijote, con dibujos de Siudmak, publicada en 2014 ha sido considerada como una de las más bellas y originales. Wojciech Siudmak tuvo la generosidad de compartir conmigo buena parte de una de las tardes que pasó en Valdemoro. La entrevista fue posible gracias a la intérprete Lucyna López Sáez, que es, además, la presidenta de la Asociación Polaca Ámbar, con sede en Valdemoro, auspiciadora de la exposición del señor Siudmak en nuestra localidad. La exposición llegó a España gracias a la iniciativa de la presidenta de la asociación polaca Àguila Blanca de Alcalá de Henares, doña Małgorzata Kierzkowska.

Naciste en plena Segunda Guerra Mundial, en medio de un genocidio terrible. Y te criaste en una época casi tan terrible, que fue la posguerra europea. ¿Cuándo comenzaste a sentirte interesado por el arte? ¿A qué edad comienzas a dibujar?

Sí. Y no olvides que nos tuvimos que enfrentar a la posguerra dentro de un régimen político comunista. Me recuerdo dibujando desde que era bien pequeño. Nos criamos entre las ruinas de la ciudad. Todo era feo y desolador. Encontrabas restos de armamento y casquillos por toda la ciudad. Era fácil encontrarse partes de uniforme de soldado, cuerdas atadas a vigas donde se había ahorcado a gente. Las calles estaban llenas de inválidos, de gente mutilada por la guerra.

Yo era muy sensible y me dolía ver a tanta gente así. Fuimos una generación de niños que pasamos hambre. El único dulce con el que nos criamos era pan untado en azúcar. Los que sabían hacerlo, caramelizaban el azúcar en el pan. Eso era todo. Los niños mal alimentados siempre van a ser propensos a enfermedades, problemas de huesos, polio, reumatismos tempranos…

Una generación de niños así tuvo que aprender a abstraerse de ese mundo. Tuvo que aprender a buscar la belleza. Recuerdo que me concentraba en el brote de las flores en primavera, en el vuelo de las libélulas cerca del estanque… Veías a una persona con cara bonita y presentías que la belleza existía, a pesar de todo lo que nos rodeaba en nuestro día a día. Tal vez, por eso yo empecé siendo abstraccionista. Me dedicaba a buscar la belleza. Pero no la belleza superficial, sino la que emana de la profundidad de las cosas bellas. Cuando te concentras en estas cosas, te das cuenta de que el mundo, la galaxia, el universo están regidos por una serie de cánones equilibrados. Estoy hablando del número de oro o la divina proporción, que ya Da Vinci decía que podía encontrarse en las medidas del ser humano.

Fotografía_Andrzej Paterek

¿Cursaste los estudios de Bellas Artes?

Siempre dibujaba bien y mis padres se preocupaban porque no sabían qué hacer conmigo. Si iba a la secundaria artística y luego a Bellas Artes, ¿cuál iba a ser mi futuro? Luego, después de muchos años, comprendí la preocupación de mis padres. Al final, mi padre entendió que no solo se me daba bien. Comprendió que el arte era también mi pasión. Estudié un bachillerato artístico y, más tarde, estudié la carrera de Bellas Artes en Polonia. En aquellos años, gran parte de los estudios se concentraban en el abstraccionismo. En mi opinión, perdí diez años para estudiar algo que era pasajero, que, cuando yo comencé a trabajar, ya había perdido vigencia. Además, el abstraccionismo es una expresión artística que no es la mía.

Y en 1966 te fuiste a París a seguir estudiando. Te encontraste en medio del Mayo del 68 francés.

Me fui a París porque, en esos momentos, era el centro mundial del arte. Había que estar allí para imbuirte de las nuevas tendencias. Para aprender lo que no había podido aprender en la facultad en Polonia. Comencé a estudiar en la Escuela de Bellas Artes de París. Pero había tal libertad que no aprendíamos nada. No hay que olvidar que yo venía de un sistema más disciplinado. Mis compañeros de facultad, en vez de dibujar y pintar, pasaban la mayor parte de su tiempo aprendiendo a tocar instrumentos para hacer un desfile de fin de curso. Yo no tenía dinero y tenía que empezar a trabajar. Aguanté dos años en esa escuela, pero pronto comencé a visitar galerías y editoriales.

En las galerías, nadie mostraba interés. Les enseñaba ejemplos de mi trabajo, pero pronto me di cuenta de que llegaba tarde. Me di cuenta de que mi obra abstracta no ofrecía nada nuevo. Sin embargo, en las redacciones y en las editoriales, tuve mejor suerte. En esos momentos, estaba cobrando auge un nuevo realismo artístico. Eran también los comienzos de la literatura de ciencia ficción. Francia era el país europeo donde más se desarrolló este género. Gran parte de este género literario venía de Estados Unidos, pero fue en Francia donde se canalizó y distribuyó para toda Europa. Y encontré mi camino. Yo siempre había sido surrealista. Empecé a dibujar con el estilo que hoy en día me caracteriza sin conocer a Salvador Dalí ni a Magritte. Por supuesto, les tengo gran aprecio. Pero no considero que los haya imitado. Creo que llegué por mi cuenta a muchos de los lugares a los que ellos habían llegado antes.

Fotografía_Andrzej Paterek

¿Entonces comenzaste a trabajar como ilustrador para libros de ciencia ficción?

Nunca me consideré un ilustrador. Yo hacía dibujos que servían de portada para muchos de esos libros. Algunos de esos dibujos eran utilizados también en el interior de los libros, pero yo no los dibujaba como ilustraciones. Durante treinta años estuve trabajando para una gran editorial, Press Pocket, que publicaba libros de ciencia ficción.

En esa época, te propusieron hacer dibujos para la edición polaca de Dune, del autor Frank Herbert.

Sí, fue un trabajo muy laborioso. En polaco, decidieron hacer una edición de lujo, de varios volúmenes que contenían 120 de mis dibujos originales. Dentro de la ciencia ficción, sin embargo, mi autor favorito era Philip K. Dick. Era genial. Representaba a la ciencia ficción surrealista.

Uno de los aspectos que más llaman la atención en tus dibujos es la arquitectura de los edificios que, en muchas ocasiones, sirven de fondo al dibujo.

Disfrutaba mucho creando arquitecturas surrealistas. En mis dibujos hay muchos edificios en los que me dejé llevar por la imaginación. Muchos estudiantes de arquitectura se acercan a mí con admiración. Algunos se atreven a apuntar que las arquitecturas de mis dibujos deberían ser de estudio obligatorio en la carrera. Las encuentran muy inspiradoras. Hoy en día, todo está creado por los ordenadores. Gran parte del trabajo se limita a la función de copia-pega. Cuando hay estudiantes de arquitectura que se acercan a mí es una gran satisfacción. No solo me halaga. Me permite pensar que no es una generación perdida. Que hay esperanza. La creación artística es inesperada. Me gusta pensar que es imposible crear un programa informático capaz de crear artísticamente.

Has venido a Valdemoro para presentar tu exposición «Don Quijote. Caballero del futuro». Gran parte de las litografías que expones fueron incluidas en la versión del Quijote en polaco que fue publicada en 2014. Háblanos de la exposición.

Valdemoro es el cuarto lugar donde presentamos esta exposición. Antes de venir aquí, ha estado en el Ateneo de Madrid, en Alcalá de Henares y en Murcia. Se trata de treinta y seis litografías y una escultura de bronce. Es una figura de don Quijote inusual. Es la visión del Quijote de un hombre del tercer milenio. Surrealista. El surrealismo es poesía. Hemos titulado la exposición así porque los valores que defendía don Quijote son los valores del futuro. Cervantes nunca envejecerá. Es universal.

¿Qué te llevó a formar parte de la edición polaca del Quijote?

En primer lugar, siempre me he sentido muy atraído por la figura de don Quijote. El libro es un tratado filosófico sobre la condición humana. Parece increíble, pero el libro es tan bueno que Cervantes se puede permitir el lujo de hacer morir al protagonista. Es un libro lleno de sutilezas. Un libro que se permite criticar el vicio del poder. El vicio del dinero.

Una de las escenas que más me llaman la atención del libro es la de la quema de los libros. Refleja el miedo del poder al saber. Es una advertencia. En los libros hay algo peligroso. El que lee puede volverse loco. Saber demasiado es peligroso. En uno de mis dibujos, el cura protege la pureza del alma mientras la cocinera quema los libros. En otro, aparece la imagen del diablo jugando al tenis con los libros. Si lees vas al infierno.

Quise hacer unos dibujos que resultaran atractivos para las nuevas generaciones. Pensé que los niños querrían leer el Quijote si les atraían los dibujos. Después de todo, están más acostumbrados a la estética de la ciencia ficción porque se han criado con ella. Forman parte, también, de una generación muy visual.

Querría terminar la entrevista hablando del Proyecto de Paz Universal.

No deja de ser una contradicción que los Premios Nobel de la Paz se financien con el dinero que se consiguió vendiendo explosivos y armas. Nuestro proyecto no tiene su origen en el comercio de armas. Nuestro proyecto nace en una ciudad, Wieluń, en Polonia, que fue destruida por la guerra. Adquiere así más legitimidad. Nuestro proyecto intenta parar esta locura de la guerra que nos rodea en el día a día. Se debe hablar de la paz. Se debe trabajar por la paz. Poco a poco. Siguiendo nuestra intuición. Debemos hablar de la paz en voz alta. Si no hablamos de la paz, la gente hablará de la guerra. Debemos acaparar la atención de la gente a través del arte para hablar de la paz. Es una fuerza que la gente seguirá.

Debemos, también, identificar a las personas más destacadas que trabajan por la paz para que sirvan de ejemplo a los demás. Debemos reconocerles sus esfuerzos. El mensaje es claro. En la búsqueda de la paz está la propia búsqueda de la belleza. La belleza es más profunda. Desafortunadamente, los líderes mundiales no son ni artistas, ni poetas, ni filósofos. Los líderes mundiales son todo lo que no tiene que ver con la paz. Por eso, buscamos personalidades internacionales que trabajan por la paz. Hasta ahora, los galardonados vienen de diferentes entornos: escritores, filósofos, músicos. Son personas que, tal vez, pueden hacer más por la paz que un político. Por ejemplo, para futuros galardones, a mí me gusta el trabajo cinematográfico que han hecho tanto Angelina Jolie como Charlize Theron. Ambas han invertido su propio dinero y muchas horas de trabajo en proyectos cinematográficos a favor de la paz y en contra de la guerra. Las dos serían grandes candidatas al premio anual que otorgamos.

Hasta ahora, hemos otorgado cuatro galardones, en una ceremonia anual. En estos momentos, estamos preparando la quinta gala. Nos gustaría involucrar a diferentes ciudades en este proyecto, y Madrid sería un lugar ideal para una de las galas anuales. Sé que nuestros planes son muy ambiciosos. Pero creo que el proyecto merece la pena.

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Dejaremos que dos genios del cine terminen esta entrevista con las palabras que eligieron para hablar del trabajo de Wojciech Siudmak. George Lucas, creador de La guerra de las galaxias, dijo: «Su maravillosa destreza al dibujar y sus fantásticos juegos de luces y sombras dan a sus visiones una gran profundidad y una amplia gama de colores y texturas. En sus creaciones, hay una fuerza en calma y un espacio infinito donde poder explorar e inventar». El director Federico Fellini no se quedó atrás: «Qué ilimitada fantasía y qué prodigiosa habilidad para hacerla real. Un talento casi increíble, más diestro e infinito que aquel que nos guía, se expresa e inventa nuestros sueños más ricos».

 

Texto_Fernando Martín Pescador

 

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