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Parajes de Valdemoro: El Espartal, un paisaje que debemos conservar

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 Fisioterápia Reyes Medina

El Espartal es un paraje natural situado al este de Valdemoro, con algo más de 1300 hectáreas de superficie y de gran valor paisajístico, que alberga en su interior una flora muy especializada por las características de su suelo y una fauna diversa. Una parte de su territorio, el 57 %, está incluido en el Parque Regional del Sureste. El término espartal alude al campo donde se cría el esparto, una planta de la familia de las gramíneas, con hojas de unos sesenta centímetros de longitud, tan arrolladas sobre sí y a lo largo que aparecen como filiformes, duras y tenacísimas. Las flores tienen aspecto de panoja espigada de treinta centímetros de largo, mientras que las semillas son muy menudas. Antiguamente se utilizaron sus hojas en la industria para hacer sogas, esteras, tripe, pasta para fabricar papel, etc. Como sinónimos encontramos espartizal, atochal y atochar.

Paisaje de El Espartal y el arroyo de La Cañada en primavera

Pero si queremos entender su naturaleza nos tenemos que remontar unos quince millones de años atrás, a su origen, periodo conocido como unidad inferior del Mioceno de la Cuenca de Madrid. Toda esta zona, que se correspondería en la actualidad con las localidades de Vallecas, Arganda, San Martín de la Vega, Ciempozuelos, Colmenar de Oreja y El Espartal de Valdemoro, estaba cubierta de lagos interiores. A lo largo de ese espacio de tiempo el clima experimentó un menor régimen pluviométrico, lo que facilitó su evaporación progresiva y, como consecuencia de ello, la formación de extensos depósitos de rocas evaporíticas por precipitación química, especialmente yesos y margas yesíferas. Posteriormente, los elementos del clima, sobre todo la lluvia como principal agente erosivo, se encargaron de modelar un paisaje original y singular caracterizado por cantiles, escarpes, cuestas y barrancos. Este accidentado relieve, que tiene pendientes superiores al 30 %, destaca sobre las llanuras circundantes y la vega del río Jarama.

El Espartal en invierno

Desde determinados lugares de Valdemoro, como por ejemplo el cerro del Telégrafo, Valderremata o el camino bajo de Ciempozuelos, que constituyen magníficos miradores del entorno, una gran parte del territorio de El Espartal puede ser observado como un espacio natural admirable por su aspecto paisajístico. Se trata de un buen ejemplo de paisaje no degradado y con un fondo escénico sin demasiados elementos que contribuyan a su contaminación visual, lo que le hace ser un referente de la identidad local. Este conjunto es el resultado de la utilización de los recursos naturales por parte de los valdemoreños de manera sostenible, mediante cultivos de cereales de secano con mosaicos de almendros y un pequeño rodal de olivos, hasta los años setenta del siglo pasado, y la ganadería extensiva, que todavía hoy se practica, ya que existe una pequeña cabaña de cabras y ovejas que se nutre de los escasos y ralos pastizales secos. Aún se conserva en su interior, en la zona no protegida por el parque, un antiguo refugio de pastores, construido con materiales de la zona; la bóveda es de medio punto, con la entrada orientada hacia el sur y está provisto de un ventanuco para la evacuación del humo de la hoguera.

El Espartal a principios de otoño. La vegetación, ya marchita, está esperando las primeras lluvias

Rodeando El Espartal por el noreste y el oeste transcurren dos pequeñas cuencas de drenaje, los arroyos de Espartinas, con afloramientos de agua intermitentes y temporales, y el de La Cañada, con algo más de agua, respectivamente. Este último forma algunos encharcamientos estacionales donde se asienta una interesante población de aves acuáticas en primavera. Atravesando de norte a sur pasa el arroyo de La Cárcava, que nunca lleva agua excepto tras producirse un chubasco tormentoso de cierta intensidad; de hecho, en los últimos veinte años solo ha corrido el agua por su cauce en contadas ocasiones.

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La Buha Valdemoro
Encharcamientos naturales del arroyo de La Cañada, con El Espartal al fondo. Hábitat para anfibios y varias especies de aves acuáticas

El clima semiárido reinante, con una sequía estival muy marcada, impone un déficit de agua tan acusado que la vegetación natural debe hacerle frente mediante diferentes estrategias adaptativas, como la capacidad de algunas especies para marchitar y desprenderse de las hojas en la estación seca, o reduciendo al mínimo la superficie de las hojas. Estos cerros están dominados por matorrales de bajo porte y retamares, siendo el jabunal y el albardinal las formaciones más características, junto a gamones, jarillas y tomillos, cuyo máximo representante es el tomillo de Aranjuez (Thymus lacaitae), pequeña mata de hasta quince centímetros de alto y endémico de la cuenca alta y media del Tajo. Tapizando el suelo aparece una importante comunidad liquénica, generalmente de especies de tipo costroso y que juega un papel decisivo en la protección del suelo, lo que contribuye a su formación. En las zonas más expuestas, de menor profundidad y desprovistas de humedad, se localizan las formaciones de esparto, que dan nombre al sitio, aunque también destacan otras especies por su excepcional valor botánico y biogeográfico, ya que proceden de regiones muy lejanas, como las estepas norteafricanas o asiáticas, con similares condiciones ambientales. Entre los años 2005 y 2007 la Dirección del Parque Regional del Sureste procedió a repoblar con especies arbóreas y arbustivas algunos enclaves, con el fin de mejorar el paisaje y, sobre todo, reforzar las poblaciones de sabina albar (Juniperus thurifera) y de pítano (Vella pseudocytisus). El sabinar, considerado por los botánicos como bosque relicto, formaba parte de los bosques esteparios preglaciares que tuvieron un esplendor en periodos más áridos que los actuales, gracias a la adaptación de sus hojas perennes de tipo escuamiforme que reducen al mínimo la pérdida de agua por transpiración. El pítano, un pequeño arbusto muy ramificado, es un endemismo ibérico que se encuentra protegido legalmente con la figura de interés general en la Comunidad de Madrid; puede alcanzar hasta 150 centímetros de altura y tiene hojas carnosas y flores con diferentes tonalidades de amarillo.

Esparto, planta de la familia de las gramíneas, abundante en la zona y que da nombre al lugar

Según las observaciones de campo en El Espartal en estos años, la fauna de vertebrados está compuesta por tres especies de anfibios, once de reptiles, cien de aves, más cuarenta y tres en la zona del arroyo de La Cañada, y catorce de mamíferos. Es curioso señalar que en los últimos veintiocho años de seguimiento de la reproducción de un anfibio, el sapo corredor, adaptado a sobrevivir en hábitats increíblemente desfavorables, tan solo lo ha hecho con éxito en seis temporadas en las que se formaron charcas temporales gracias al aporte de periodos lluviosos en primavera, siendo éste uno de los animales más amenazados por el cambio climático, pues en la zona de estudio se ha detectado un aumento de las temperaturas medias anuales de 0,9 ºC y una disminución de las precipitaciones de 78,7 mm de promedio anual, en el periodo de comprendido entre 1951 y 2010.

Sapo corredor, especie amenazada por el cambio climático

En el interior se reproducen especies como el ratonero común, el cernícalo vulgar, el alcaraván, el mochuelo común, la abubilla, la alondra totovía, la cogujada montesina y la curruca tomillera, entre otras aves. En los pequeños cantiles, alguno de ellos como el de la cueva del pastor provisto de oquedades, podemos encontrar especies como el búho real, la paloma zurita, el roquero solitario, la collalba negra, la chova piquirroja y la grajilla.

Ejemplar adulto de culebra de escalera. Las culebreras europeas acuden en primavera a El Espartal, donde son frecuentes, para capturarlas y alimentar a sus polluelos

De las especies desaparecidas recientemente destacan por su importancia la avutarda, cazada sistemáticamente hasta los años de la década de los setenta del siglo pasado, incluso desde avionetas tras ser perseguidas cuando levantaban el vuelo; el sisón común, que desapareció como reproductor en 2008, tras la entrada de maquinaria pesada como consecuencia del desarrollo urbano previsto en el convenio firmado en julio de 2006 por el Ayuntamiento de Valdemoro y la Consejería de Presidencia de la Comunidad de Madrid, y la ganga ortega, muy sensible a los cambios que se producen en su entorno, que fue vista por última vez a principios de siglo.

Ejemplar adulto de lagarto ocelado. Especie robusta y de gran tamaño, que en ocasiones llega a superar los 70 cm de longitud

La actividad cinegética la realiza un nutrido grupo de cazadores durante el otoño y el invierno, junto al guarda de la caza que controla que todo se haga correctamente. Las especies más apreciadas de cobrar siguen siendo la perdiz roja y la liebre, por su escasez y dificultad de captura, junto al conejo, la presa más abundante, y el zorro, que es el mamífero carnívoro de mayor tamaño. También, en los otoños lluviosos y de temperaturas suaves, cuando aún no ha helado, algunos aficionados a las setas salen con el buen tiempo a recoger las populares setas de cardo, una exquisitez culinaria muy estimada.

En el extremo más meridional de El Espartal se alza el cerro de El Castillejo, una elevación natural que constituye un referente importante en la zona, al tiempo que permite controlar visualmente gran parte de la vega. A sus pies, actualmente terreno de Valdemoro, supuestamente se encontraron las cerámicas de Ciempozuelos entre 1894 y 1895, tras la excavación de urgencia de la construcción de la carretera de la Cuesta de la Reina a San Martín de la Vega, tramo que hoy se encuentra en la intersección entre la M-404 y la M-307. Este conjunto de cerámicas campaniformes, en la que destaca un recipiente de cuerpo globular con forma de campana invertida, está datado entre 2700-1700 a. C., y perteneció a alguna sociedad tanto de la Edad del Cobre o Calcolítico (tercer milenio a. C.), como a la Edad del Bronce (segundo milenio a. C.). Toda la colección se conserva en el Museo Arqueológico Nacional.

Algunas cabras y ovejas pastan todavía en los pastizales secos de El Espartal

Recientemente se ha establecido en el interior de El Espartal la estación experimental de Valdemoro, una instalación científica donde investigadores del Área de Biodiversidad y Conservación de la Universidad Rey Juan Carlos están estudiando cómo el cambio climático afectará a ecosistemas semiáridos como este. En esta investigación, financiada por el programa Starting Grants de la Unión Europea, por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades de España y por la Sociedad Ecológica del Reino Unido, se simulan las condiciones climáticas que tendríamos durante la segunda mitad del siglo XXI, que estarían caracterizadas por un aumento de la temperatura y una disminución de las precipitaciones.

Pero sobre todo El Espartal destaca por gozar de un alto interés científico, ya sea por las condiciones geomorfológicas de su formación o por su papel de refugio para especies animales y vegetales. En este sentido, El Espartal, además de estar incluido en el Parque Regional del Sureste (solo una parte), es también Zona de Especial Protección para las Aves, se encuentra recogido en el Anexo I de la Directiva de Hábitats por albergar un tipo de hábitat natural de interés comunitario (estepas continentales halófilas y gipsófilas) y ha sido identificado por la Comunidad de Madrid como uno de los siete Lugares de Importancia Comunitaria (LIC, «Vegas, cuestas y páramos del sureste») incorporándose en la Red Natura 2000 como Zona Especial de Conservación (ZEC). Igualmente está declarado Bien de Interés Cultural, con la categoría de Zona Arqueológica, por la Dirección General de Patrimonio Histórico de la Consejería de Cultura, Turismo y Deportes de la Comunidad de Madrid.

Cartel que anuncia que usted se encuentra en el Parque Regional del Sureste

Para fomentar la conservación de El Espartal deberían desarrollarse únicamente actividades y usos tradicionales respetuosos con la flora y fauna, y poner en práctica acciones que le dieran valor en ese sentido, pues se trata de un espacio muy frágil. La educación ambiental, una buena herramienta para tomar conciencia, debe llegar a todos los sectores de la sociedad porque los adultos somos los responsables, por nuestras acciones u omisiones, de los daños ambientales y porque los niños aprenden de sus comportamientos y sus mensajes.

Sin embargo, todavía hoy, y ya han transcurrido más de cuarenta años, quedan las señales que hicieron los buldóceres tras un intento fallido de construir una urbanización en los años setenta del siglo pasado, trazado de calles que es visible incluso desde las imágenes que nos envían los satélites de órbita polar. Aún quedan los restos de la estructura del primer edificio de pisos que empezó a construirse, ahora dentro de los límites del Parque Regional del Sureste, y que ha quedado como mudo testigo de la codicia y el desenfreno de las malas prácticas de las políticas urbanísticas.

Catas de la primavera de 2006 en El Espartal, requisito previo para su urbanización. Testigos mudos de lo que pudo ser, la crisis y el escándalo político fueron los encargados de paralizar este proyecto

Por todo lo que acabamos de exponer, queremos transmitir un mensaje muy claro: la necesidad de conservar este paraje natural para las futuras generaciones, protegerlo frente a cualquier amenaza que lo pueda poner en peligro y darle el valor que le corresponde, no solo el económico. En la actualidad 572 hectáreas del territorio de El Espartal están catalogadas como suelo urbanizable sectorizado, con la calificación de terciario, según el Plan General de Valdemoro vigente, lo que significa que tiene el marco legal perfecto para poder ejecutarse cualquier desarrollo urbano en cualquier momento. Una actuación de esta índole sería una irresponsabilidad que lamentaríamos todos los ciudadanos. Esperemos que esto no suceda nunca.

Texto y fotografías_Javier Cano Sánchez

 

 

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