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Entrevista con Francis Paramio

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Bendigo mi capacidad para admirar a muchas personas. De algunas, solo puedo admirar sus obras: sus libros, sus cuadros, sus edificios, sus películas, sus canciones, sus logros deportivos… A otras las admiro desde la cercanía, desde el día a día, observando cómo se comportan ante las situaciones más sencillas y delante de las adversidades más complejas. Admirar me produce placer emocional, placer intelectual y, de alguna manera, placer físico (no se confundan: los admirones no somos advoyeurs).

Ese placer se intensifica cuando puedo admirar, al mismo tiempo, a una persona cercana y a su obra. Es el caso del valdemoreño Francis Paramio. Lo conocí hace tres años, gracias a una magnífica ilustración con la que colaboró para La Revista de Valdemoro. Desde entonces, nuestras colaboraciones se han intensificado y, con ellas, nuestra relación personal. En cuanto a su obra, he gozado un montón de su obra plástica y de sus ilustraciones (tal vez, en su humildad, no lo sepa, pero, en la actualidad, está en un momento creativo excelente: he disfrutado también esa evolución desde que lo conocí) y, en lo que se refiere a su persona, admiro su optimismo, su mirada positiva, su inquietud, su búsqueda de nuevos límites artísticos, siempre desde la generosidad y desde el trabajo en equipo.

Francis es ingeniero, tiene trabajo y familia y consigue encontrar tiempo y energía para explorar todo tipo de actividades que estimulen su capacidad creativa. Por poner algunos ejemplos, es profesor de máster en la Universidad Politécnica; ha impartido varios talleres de creatividad en su empresa para encontrar nuevos modelos de negocio o bajar los costes del sistema de propulsión del avión en el que trabajan; ha dado talleres de urban sketching para niños en la escuela Artecromática de Valdemoro; ha participado varios años en el maratón de ilustración y cuentacuentos organizado por el Ayuntamiento de Valdemoro…

Antes de empezar, sé que Francis me lo va a poner fácil con la entrevista. Y no me equivoco: nuestra conversación fluye fácil. Como la sangre por nuestras venas. Como el arroyo en la primavera. Como las horas de un día festivo.

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¿De dónde viene Francis Paramio?

Nací en Madrid hace ya 50 años. Llevo Madrid en mis venas aunque no puedo decir que sea gato de pura cepa, ya que la realidad es que soy la excepción matritense de mi familia, porque todos sus miembros incluidos mis padres, mi hermano, mis dos hijos y mi mujer, son de Guadalajara. Cuando nació mi hermano, mi madre tuvo un parto complicado en el pueblo, que era donde vivían por aquel entonces, y, para mitigar cualquier riesgo en el segundo parto, decidió que el mejor sitio para dar a luz era irse al mismo centro de Madrid (cuanto más céntrico, mejor), así que nací en la calle O’Donnell. Será por eso que soy urbanita y campestre a partes iguales. Justo después, nos fuimos a vivir a Valladolid, ya que mi padre comenzó a trabajar en Renault (o la FASA, según la llamaban los pucelanos). Allí pasé mis primeros 5 años, de los cuales guardo algunos recuerdos un poco difusos de mis vecinos y las clases de parvulitos. Cuando trasladaron a mi padre de nuevo a la central de Madrid, nos instalamos en Canillejas, donde he vivido toda mi infancia y juventud. Recuerdo que el barrio era aún muy pueblo en ciertos aspectos, y creo que eso hacía que se generase un mayor arraigo en la gente. De hecho, a día de hoy, sigo teniendo mucha relación con mis antiguos amigos del barrio. Estudié en un colegio muy pequeño enfrente de mi casa, donde encontré grandes maestros y buenos amigos que aún conservo. Estudié la carrera en Madrid, así que no fue casualidad que mi primer trabajo fuera también en Madrid, y, por una cuestión casi geográfica, terminé viviendo en Valdemoro, donde llevo ya 22 años.

En la universidad, estudiaste Ingeniería Industrial.

Sí, desde pequeño siempre me han gustado los artefactos mecánicos, entender cómo funcionan, cómo se fabrican, desmontarlos, montarlos, o construirlos yo mismo. Aun así, no soy un ingeniero al uso, ya que mi interés por el arte es algo que llevo muy dentro y forma parte de mi día a día. Recuerdo la cara de incredulidad del psicólogo de mi instituto al ver mis resultados de las pruebas de orientación universitaria, ya que mostraban un interés muy alto a partes iguales por la ingeniería y por las bellas artes. Creo que es un error pensar que las personas tenemos que especializarnos en una faceta exclusivamente. La diferenciación en perfiles de ciencias o letras me parece una aberración. Creo que hay un nexo muy fuerte entre la ingeniería y el arte, y es la creatividad. Siempre he intentado aplicar la creatividad a mi lado técnico y a mi lado artístico. Quiero pensar que conseguí derrotar el paradigma mental de aquel orientador de mi instituto. Es por eso que suelo decir de mí mismo que tengo cerebro de ingeniero y corazón de artista. En los últimos 25 años he trabajado como ingeniero en el sector de automoción, químico y aeroespacial. Soy experto en productividad de procesos industriales. A día de hoy trabajo en el desarrollo de proyectos tecnológicos y de innovación para el sector aeronáutico. Estoy certificado como experto en el mismo método de resolución de problemas que empleó la NASA para la misión del Apolo XIII, y puedo asegurar que en todo problema hay que poner siempre mucho ingenio y pensamiento lateral para encontrar la solución óptima. De hecho, creo que las universidades de ingeniería deberían incluir en sus programas asignaturas de pensamiento creativo y de creación artística.

Es hora, entonces, de que nos hables de tu expresión artística.

Practico tres tipos de actividades artísticas: la pintura en su modalidad más clásica, la ilustración y el urban sketching. Las tres son diferentes pero muy complementarias y me aportan mucho. En cuanto a pintura se refiere, he tocado todas las técnicas clásicas, aunque en los últimos años me he centrado en el uso del acrílico y la acuarela. Mi estilo es figurativo, aunque intento huir de la línea recta todo lo que puedo. Estuve dos años haciendo la formación de pintura en la UPV (Universidad Popular de Valdemoro) y recuerdo que mi profesora Mari Carmen me decía: «Los pinceles finos los puedes tirar, eso te hará perder el miedo a lo perfecto». He pintado muchas temáticas, desde el retrato al paisaje pasando por las escenas cotidianas, aunque me interesan especialmente las escenas con personas anónimas, casi secundarias, esas que llevan a cuestas sus pensamientos, una vida interior no visible, sus sueños y sus preocupaciones. Esto lo retrata muy bien Edward Hopper, que es uno de mis pintores predilectos. En cuanto a la ilustración, soy un fan del mundo del cómic, así que el interés me llegó por vía natural.

Me gusta el hecho de que una ilustración soporta normalmente a otro elemento, tiene un fin, y es muy divertido encontrar la conexión entre el mensaje que se quiere transmitir y la demostración gráfica. En este último año he estado cursando varias formaciones para profundizar más en las técnicas de ilustración y los procesos creativos. He creado ilustraciones para proyectos del sector aeronáutico, logotipos y diseños para camisetas. Recientemente además he tenido la gran oportunidad de ilustrar un número al completo de la revista cultural La torre del ojo, la cual fue una experiencia increíble. Respecto al urban sketching, es una actividad que me apasiona. El urban sketching consiste en hacer dibujos in situ de alguna parte de una ciudad, en un tiempo muy corto, unos 30 o 40 minutos aproximadamente. Esta técnica no busca la perfección en el trazo, sino capturar la esencia de la ciudad, el momento, su vitalidad, por eso se incluyen personas, coches, puestos callejeros o cualquier otro elemento, y todo ello salpicado con trazos muy dinámicos y colores en movimiento. Siempre llevo encima un cuaderno, una pluma y unas acuarelas, ya que no sabes en qué momento puede saltar la oportunidad de hacer un sketch. Dibujo todo lo que se pone a mi alcance: mi desayuno en la cafetería, una persona en frente de mí en el tren, o a mi peluquero mientras espero mi turno. Cuando viajo en vacaciones, mi familia ya sabe que de vez en cuando hay que hacer una pequeña parada para dibujar una catedral, un puente o un mercadillo. Pertenezco al grupo Urban Sketchers Madrid (@uskmadrid), y con ellos quedo muchos sábados para dibujar plazas y calles de Madrid. Eso me permite relacionarme con muchos artistas, aprender de ellos y exponer nuestras obras.

No es el único grupo artístico al que perteneces. ¿Por qué os asociáis los artistas?

Efectivamente pertenezco a varios colectivos artísticos. Por ejemplo, participo en las sesiones dominicales de El Retratista Nómada siempre que puedo, donde hacemos retratos de 15 minutos a transeúntes improvisados que posan para nosotros en Madrid. También formo parte del Círculo de Pintores Solidarios, con los que expongo a nivel nacional en colaboración con la Cruz Roja. En Valdemoro he sido miembro de Valdearte durante los últimos 16 años, con los que he podido exponer a nivel local, compartir muchos buenos momentos y encontrar buenos amigos. Formar parte de una asociación en mi caso es algo que me aporta mucho, ya que te aporta ese sentimiento de pertenencia a un grupo de personas con intereses artísticos similares a los tuyos, con los cuales puedes progresar, aprender y realizar proyectos juntos. Desde mi punto de vista, las exposiciones y proyectos colectivos aportan una visión más rica y potente que las iniciativas individuales. Por ello, me suelo sumar a casi cualquier proyecto que me proponen. Va en mi forma de ser: tengo un carácter muy colaborativo y eso me lo llevo a todos los ámbitos.

Te gusta también escribir.

Sí. Es muy raro que alguien tenga solo un único interés artístico, casi siempre va de la mano de otras vías de expresión. Aunque lo mío es la pintura y la ilustración, me gusta escribir, y lo hago siempre que tengo oportunidad, normalmente en forma de relatos breves, artículos o pequeños escritos que a menudo quedan solo para mí y que empleo como una forma más de dar luz a pensamientos o sentimientos. La creatividad tiende de nuevo un puente entre la escritura y la pintura, que frecuentemente siguen procesos mentales parecidos. Cuando leo un buen relato llego a entender una parte del camino que atravesó esa persona al crearlo. Recientemente he tenido oportunidad de escribir un par de cuentos de terror para la iniciativa «Tarde de Monstruos» organizada por el colectivo literario Luciérnagas, que, con suerte, quizás se vean pronto publicados junto con otros relatos de compañeros escritores mucho más experimentados que yo en el mundo literario.

¿Cuáles son tus planes de futuro? ¿Dónde te gustaría llevar tu expresión artística?

El año se presenta muy interesante con varios proyectos a la vista. Por citar alguno, estoy trabajando en un libro infantil ilustrado que espero poder publicar a lo largo de 2026. Por otro lado, colaboraré con una exposición colectiva junto con otros artistas de Valdemoro que tratará el tema de la inteligencia artificial y su relación con el arte. En el área del urban sketching estoy en conversaciones con la asociación El Rincón Lento para organizar unas jornadas que sirvan como piloto para lanzar la comunidad de Urban Sketchers Guadalajara. Mi evolución artística pasa por explorar nuevas formas de expresión dentro del postimpresionismo moderno, con temas actuales y sociales, y buscar nuevas formas de conectar con artistas y proyectos motivadores. Hace ya tiempo que me di cuenta de que el punto donde se juntan lo que me apasiona, mi vocación y mi profesión, o lo que es lo mismo, mi ikigai según la tradición japonesa, es el punto vital donde pueda llevar una vida lo más creativa posible, y es por ello que para alcanzarlo, me subo a muchos de los trenes que me pasan por delante y que me llevan a seguir buscando nuevas ideas.

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En este 2026, olvídense de las vidas postizas que nos venden en las redes sociales y atrévanse a admirar a las personas que les rodean en su día a día. Descubran qué mueve su corazón, fíjense en cómo sortean los obstáculos que nos pone la vida, en cómo resuelven esas pequeñas dificultades que, en ocasiones, alteran nuestro buen humor. Admiren. Admiren hasta convertirse en valientes admirantes de una pequeña goleta, que, llena de sueños, les lleve, serena, por los mares del sur.

Texto: Fernando Martín Pescador

Fotografía: NCuadreS

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