
Hay proyectos que nacen como una idea sencilla y terminan convirtiéndose en una experiencia profundamente transformadora. Así ha sido, sin duda, nuestra iniciativa solidaria de este año, un camino recorrido con ilusión, esfuerzo y, sobre todo, con un inmenso amor hacia quienes más lo necesitan en Uganda, en el corazón del continente africano.
Desde nuestra querida Asociación Avalso, y como voluntarios comprometidos, mi marido, John Freddy, y yo hemos tenido el privilegio de formar parte de un proyecto que nos ha marcado para siempre. La recaudación de zapatillas Crocs, que en su inicio parecía un pequeño gesto, se convirtió en un rotundo éxito gracias a la generosidad de tantas personas que decidieron sumarse a esta causa. Hoy, esas zapatillas ya están en los pies de muchos niños y niñas, acompañando sus pasos, protegiéndolos y recordándoles que, al otro lado del mundo, hay corazones que piensan en ellos.
Volver a Uganda ha sido, una vez más, un regalo para el alma. Reencontrarnos con los niños en el colegio Cranel Ángel School ha sido uno de los momentos más emocionantes de este viaje. Sus sonrisas, su energía, su capacidad de amar sin medida nos enseñan lecciones que no se aprenden en ningún libro. Allí, entre juegos, bailes y abrazos, entendemos que la verdadera riqueza está en lo esencial: compartir, cuidar y estar presentes.
Pero nuestro compromiso va más allá. Durante nuestra estancia, también hemos tenido la oportunidad de seguir desarrollando otro de los pilares fundamentales de nuestra labor: la instalación de placas solares en comunidades con escasos recursos. Gracias a este proyecto, muchas familias han podido acceder por primera vez a la electricidad, transformando su día a día de una manera que a veces nos cuesta imaginar. La luz no solo ilumina sus hogares, sino también sus oportunidades, su educación y su futuro.
Cada visita a las comunidades ha sido un encuentro lleno de humanidad. Hemos compartido momentos con las familias, escuchado sus historias, jugado con los niños, repartido alimentos y, sobre todo, hemos construido lazos que trascienden cualquier frontera. No se trata solo de ayudar, sino de aprender, de crecer juntos y de entender que todos formamos parte de una misma humanidad.
Este proyecto no habría sido posible sin todas las personas que han aportado su granito de arena. Cada colaboración, cada gesto, cada palabra de apoyo ha sido clave para que hoy podamos contar esta historia. Una historia de solidaridad, de compromiso y de esperanza.
Desde estas líneas, queremos expresar nuestra más profunda gratitud. Gracias por creer, por confiar y por caminar a nuestro lado en este viaje tan especial. Seguiremos trabajando con la misma ilusión, convencidos de que cada pequeña acción puede cambiar el mundo de alguien.
Porque ayudar no es solo dar, es también recibir. Y nosotros, sin duda, hemos recibido mucho más de lo que jamás podríamos haber imaginado.
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