
El título que encabeza este reportaje hace referencia a un lema popularizado mediante pegatinas en los parabrisas de muchos vehículos valdemoreños y de sus alrededores durante la década de los años 70 del pasado siglo, donde se destacaba la importancia
histórica de la industria yesera en el municipio. Y es que la explotación del yeso en Valdemoro ha sido un importante recurso económico durante más de cuatrocientos años.

Las primeras noticias documentadas sobre la extracción de la piedra de las canteras y su transformación en polvo blanco corresponden al siglo XVI. Con el devenir del tiempo, los yesos locales llegaron a alcanzar una reconocida fama en la comarca; ya en el Catastro de Ensenada aparecen registradas una docena de yeserías y a finales del siglo XVIII los peritos encargados de responder al cuestionario estadístico encargado por el cardenal Lorenzana también se hacían eco de las excelentes propiedades del producto: «[…] sólo hay canteras muy abundantes de yeso negro y blanco y se fabrica también el yeso mate para los doradores, uno y otro de la mejor calidad que se conoce […]».

Igualmente son considerables las referencias documentales en el siglo XIX donde se pone de manifiesto la proliferación de las actividades vinculadas al yeso. En el último tercio hay
constancia de numerosas peticiones recibidas por el concejo para la instalación de hornos en distintos puntos del término municipal; muchas de ellas procedentes de particulares que veían así una oportunidad de hacer dinero al margen de las tareas agrícolas que constituían la base de la economía de la época. Asimismo, se conservan múltiples contratos de arrendamiento de terrenos de titularidad pública para la extracción de la piedra de yeso.

Ya en el siglo XX, en los años posteriores a la Guerra Civil, se produjo uno de los periodos álgidos en la producción yesífera, relacionado directamente con la necesidad de materiales de construcción para reparar los destrozos provocados por el conflicto bélico. Es en ese momento cuando se crea una de las primeras fábricas con las características y peculiaridades de una manufactura moderna: La Yesera Nacional (1941), entre las más emblemáticas de la localidad hasta su desaparición en 1963. El edificio que acogió las ilusiones empresariales de Marcos Medina y contribuyó a mejorar las condiciones de vida de tantos valdemoreños era una gran nave de planta rectangular y muy alargada que experimentó sucesivas ampliaciones a medida que se incrementaba el negocio.

La proliferación de compañías influyó de modo notable en la demografía local que aumentó considerablemente su población debido a las posibilidades de trabajo ofrecidas por las canteras y fábricas de yeso. En el padrón municipal de habitantes correspondiente a 1960 (4 411 personas) se contabilizan casi 100 trabajadores empleados en este sector: peones yeseros, canteros, chóferes de las fábricas y administrativos.

Pero la situación cambió a principios de la década de los años 70. La irrupción de nuevas factorías relacionadas con la fabricación de muebles, la alimentación infantil y los derivados del fibrocemento animó a muchos yeseros a cambiar de oficio, buscando mejores salarios y unas condiciones de trabajo más livianas. Evidentemente, también tuvo que ver el traslado de las principales firmas a San Martín de la Vega, no por agotamiento de la materia prima sino, quizá, por encontrar allí unas oportunidades de implantación más ventajosas.

En la actualidad, buena parte de la superficie ocupada por las canteras en la antigüedad ha sido sustituida por uno de los polígonos industriales con más solera de Valdemoro: el Valmor que, junto al de Las Canteras, de creación más reciente, conforman una de las áreas empresariales de mayor proyección económica a día de hoy.

En su viario se han mantenido los nombres relacionados con la fabricación del yeso: las avenidas de los Yeseros y de las Canteras configuran los ejes principales en torno a los que se asientan las distintas empresas; Los Carros (rememorando el primitivo medio de transporte desde las canteras a las fábricas), La Patrona, Aprisco y Cruz de Medallas (denominación de antiguas canteras) también recuerdan el vínculo con el mineral blanco.

En esa zona se concentraban la mayor parte de los yacimientos que abastecían a las yeserías locales del material necesario y aún se pueden contemplar las ruinas de una de las últimas fábricas en funcionamiento, Safrye, creada en 1965 gracias a la iniciativa de dos entidades de probada experiencia, Yesos Humanes y Yesera La Mundial, con el fin de obtener una elaboración del yeso más racional y económica con las características y exigencias técnicas que se requerían en el momento.

Una actividad de tan larga tradición en la economía valdemoreña como fue la producción del yeso marcó de manera indeleble la sociedad, el urbanismo y la demografía local. Un
negocio productivo durante siglos fue dejando paso a otros con tareas menos sacrificadas y mejor remunerados, protagonizando, en cierta manera, una especie de «segunda revolución industrial local». Pero, lo que es indudable, es el importante papel que desempeñaron canteros y yeseros en una época, la posguerra y, más adelante, en pleno desarrollismo, en las que, gracias a su ímprobo esfuerzo se revitalizaron los niveles económicos del municipio.

De todo aquello solo queda el recuerdo, la recuperación toponímica, algunos restos de arqueología industrial, un paisaje cada vez más mermado de cantiles y formaciones rocosas diseminados por la zona y muchos fragmentos de espejuelos (el sulfato calizo cristalizado que da origen al mineral de yeso) que afloran del terreno e indican su omnipresencia en el subsuelo.
Contenido creado por Ayuntamiento de Valdemoro
Texto: María Jesús López Portero. Archivera Municipal de Valdemoro
Fotografías: Archivo Municipal de Valdemoro
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