
El nuevo recinto se proyectó sobre una superficie total de 78.000 metros cuadrados, de los que en esta primera fase se urbanizaron cerca de 20.000 metros cuadrados. Las obras incluyeron el cerramiento perimetral, la apertura de accesos, la instalación de alumbrado y la creación de zonas ajardinadas.
Cementerio jardín
En cuanto a capacidad, se habilitaron 78 tumbas —de tres y cuatro cuerpos—, 144 nichos y 70 columbarios, construidos con prefabricados de hormigón y rematados con granito en el caso de los nichos.
Uno de los elementos distintivos del proyecto fue su integración en el entorno natural. El diseño respetó el olivar existente y adoptó un modelo próximo al de los denominados cementerios jardín, más ordenado y amable, en línea con las recomendaciones urbanísticas y sanitarias que aconsejan ubicar estos espacios fuera de los núcleos urbanos.
Servicio funerario integral
La puesta en marcha del nuevo cementerio municipal permitió garantizar el servicio funerario a medio y largo plazo, sin renunciar al mantenimiento del camposanto histórico, cuyo entorno comenzó a ser mejorado de forma paralela.
El proyecto se completó en los meses siguientes con la construcción de un tanatorio anexo y, más adelante, el servicio de crematorio, dotando al municipio de un servicio funerario integral.
A lo largo de sus tres décadas, el cementerio ha experimentado diversas ampliaciones para adaptarse a las necesidades del municipio. Estas actuaciones han permitido alcanzar las 1.064 unidades de nichos, las 234 sepulturas y los 273 columbarios. Su capacidad aumentará con un nuevo pabellón con 152 nichos y 77 columbarios, cuya finalización está prevista antes de que concluya el año.
Aquel recinto iniciado en 1986 se ha consolidado como un modelo de planificación sostenido en el tiempo, adaptado al crecimiento de la ciudad y orientado a garantizar un servicio digno que la ciudadanía siente como un lugar que custodia la memoria de sus seres queridos.







