
En 1555 llegaban a la Villa, en misión evangélica, unos frailes pertenecientes al convento de Santo Domingo de Ocaña, fundado en 1542. Desde un principio habían contado con especial apoyo por parte de la corona, mediante el legado de los terrenos donde sería construido el edificio y holgada dotación económica para los monjes. Al poco tiempo de finalizar las obras y asentarse, la comunidad religiosa comenzó la labor de catequesis, dirigida, sobre todo, a los pueblos comarcanos y, entre ellos, Valdemoro. Como consecuencia de la visita de los predicadores y debido a la difusión del Rosario, que desde el último cuarto del siglo XV estaban efectuando los dominicos, se fundaba en 1575 en la parroquia valdemoreña una cofradía dedicada al culto mariano, instituto del que no ha persistido ningún testimonio escrito, salvo la fecha inicial.
Poco después surgía una nueva cofradía bajo la devoción mariana del Rosario; en este caso, constituida por medio de estatutos particulares bajo el título de Cofradía de la Expectación (1611), adoptando un mayor grado de espiritualidad en su comportamiento.
Los seguidores del Rosario, que desde las primeras constituciones de 1579 habían sufrido distintas divergencias y regulaciones dentro de la propia estructura organizativa, nuevamente se reunían para presentar unas ordenanzas, aprobadas en Madrid a principios de 1682. En ellas recogían el conjunto de privilegios e indulgencias concedidas por los pontífices hasta ese preciso momento.
En un principio conmemoraron la festividad del Santísimo Rosario, celebrada el primer domingo de octubre, como lo había determinado el papa Gregorio XIII, en memoria y acción de gracias por la victoria contra los turcos en Lepanto; pero, a partir de la nueva fundación creada en 1698, determinaron que la principal festividad se practicara el día de la Natividad de Nuestra Señora, es decir, el 8 de septiembre, que es cuando la imagen sale en procesión.
En 1721 un grupo de vecinos valdemoreños volvía a presentar nuevos estatutos, a sabiendas de la existencia de otra cofradía de igual título pero diferentes prácticas religiosas, como justificaban con exactitud en el articulado. Y para mayor claridad y evitar posibles confusiones entre sus seguidores adoptaban el título de Esclavos de la Soberana Reina de los Ángeles o Esclavos del Santísimo Rosario de la Virgen Santísima: «… se dirigen a separar esta esclavitud de otra cofradía antigua que esta fundada en esta iglesia con el mismo título del Rosario pero no tiene el cargo de salir públicamente por las calles todos los domingos y fiestas de guardar del año cantando esta devoción y porque se ofrecen algunos gastos en que hubiera dificultad si se sacara del caudal de la cofradía antigua por tanto han arbitrado dichos devotos caudal competente aparte del que tiene la cofradía primitiva y para mayor claridad y distinción de sus cargos se le da el nombre de esclavitud y los agregados se llamen esclavos del Santísimo Rosario».
A partir de entonces las fundaciones se suceden y la devoción no decae en ningún momento. Los documentos existentes son buena prueba de ello: en 1828 se crea una hermandad de socorro, para ayudar a los 51 miembros que formarían parte de la congregación; con la intención de consolar y aliviar a los hermanos enfermos y practicar la más excelente de las virtudes, es decir, la caridad, como manifestaban claramente en el
capítulo noveno de los estatutos fundacionales.
El 29 de abril de 1863 la reina Isabel II, en su residencia de Aranjuez, concede mediante Real Cédula nuevos reglamentos a la Asociación de la Natividad de Nuestra Señora del Rosario, para que pueda ejercer sus actividades devocionales y de auxilio benéfico en el municipio de Valdemoro; la lectura del articulado permite comprobar el interés constante que demostraron los devotos del Rosario por remediar las necesidades de los más desfavorecidos, ejerciendo una labor de auténtica asistencia social, bajo el patrocinio de la imagen del Rosario.
Imagen de la Virgen del Rosario
Don Lorenzo Pérez López, párroco de Valdemoro entre 1928 y 1958, trazó una semblanza histórica de la villa y sus tradiciones religiosas. En los papeles mecanografiados que dejó como testimonio de sus investigaciones en los archivos del Ayuntamiento y de la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción afirmaba que la imagen había sido comprada por el clérigo don Alejo Correa con la limosna recogida entre los vecinos del pueblo; los hechos milagrosos realizados por la Virgen habían aumentado la devoción y el número de los cofrades.
Según don Vicente López y López de Lerena, la imagen que se veneraba cuando escribió
su crónica (1875) era la copia fiel de una mucho más antigua, que había perecido en un incendio a mediados del siglo XVIII. La venerada en ese momento había sido costeada por don José Miranda, con restos de la anterior y se había restaurado en el último cuarto del XIX gracias a los donativos del Ilmo. Sr. D. Javier de Lara.
La que se venera actualmente es una reconstrucción de esta, puesto que desapareció durante la Guerra Civil, salvándose únicamente el Niño, que es el mismo que sostiene en sus brazos y es del siglo XVIII. El autor también relacionaba la devoción que había tenido el pueblo de Valdemoro hacia la Virgen del Rosario, a quien acudían siempre en las calamidades públicas y las necesidades particulares de las familias. En la mente de los más antiguos aún se conservaba el prodigio atribuido a la patrona de Valdemoro sucedido a principios del siglo XIX: siguiendo la tradición oral una mujer casi tullida había venido desde Madrid a presenciar la procesión y acompañarla trabajosamente durante su recorrido con una vela en la mano. Al finalizar el acto se pudo comprobar que la lisiada había recobrado la salud.
Pero los milagros atribuidos a la imagen que llegaría a ser patrona del municipio se remontaban siglos atrás, como pusiera de manifiesto Manuel Pantoja en la escritura de donación de varios objetos destinados a enaltecer el ceremonial. Al parecer, en torno a
1560 la imagen había realizado varios milagros con el vecino de Valdemoro Juan Moreno y con otras personas que sufrían algún impedimento físico. En total fueron siete los prodigios consumados por la Virgen que Pantoja mandó dar provisión para que pudiesen publicarse y encuadernarse y así servir como llamamiento a la devoción de los valdemoreños y de todos aquellos que visitaran la población, para honor y honra de la patrona.
Capilla de Nuestra Señora del Rosario
También fueron los devotos del Rosario los preocupados más intensamente por acrecentar los bienes culturales para honrar y festejar a su señora, patrimonio enmarcado, además,
en una de las mejores capillas de la parroquia, la primera en el lado del Evangelio. Su creciente preponderancia entre los fieles del municipio hizo posible que muy pronto estuvieran interesados en conseguir un lugar de culto apropiado para mayor grandeza de su devoción.
Ya en 1599 se recibieron las primeras contribuciones para costear la construcción. Juan Aguado de la Iglesia legaba 20 000 maravedíes por mediación de su testamento, otorgado
el 2 de junio de 1599, para ayuda de los gastos de la capilla que se pretendía construir. Pero hasta 1602 no pudieron hacer efectivo su deseo, pues fue entonces cuando el arzobispo de Toledo, don Bernardo de Sandoval y Rojas, concedió la licencia oportuna para llevar a cabo semejante empresa. El montante de las obras correría a cargo de los cofrades del Rosario y de todos aquellos vecinos que quisieran contribuir, sin suponer costo alguno para la fábrica parroquial. Los trabajos, dirigidos por el maestro de obras Pedro Correa, debieron comenzarse rápidamente gracias a las aportaciones de los fieles,
pues un año después de conseguida la licencia Alonso Romano, Juan Aguado Correa y Cristóbal del Barco, oficiales de la cofradía, manifestaban haber recibido los 20 000 maravedíes iniciales de la mano de Juan Aguado Correa, hijo del difunto donante. Aún sabiendo de la terminación de los trabajos, es imposible averiguar sus características o envergadura; por el contrario, de lo que sí hay constancia es de las diferentes remodelaciones a partir de la rehabilitación sufrida por la totalidad del templo en la segunda mitad del siglo XVII. En 1663, don José Pantoja, canónigo de la catedral de Toledo y patrono de la capilla donde estaban enterrados varios antecesores suyos, costeaba la reja, valorada en más de 1 000 ducados. José Pantoja aparece como uno de los principales oferentes de la imagen y su capilla en la primera mitad del siglo XVII. El esfuerzo de los fieles llegó a conseguir el propósito perseguido y la imagen se convirtió en la de mayor reverencia y veneración en la parroquia valdemoreña después del Santísimo Sacramento.
Carroza de Nuestra Señora del Rosario
«Riquísimo carro triunfal» encargado por la Compañía de Jesús en Toledo para conmemorar la canonización de San Francisco de Borja en 1671. Poco después, los cofrades del Rosario adquirieron esta joya y la adornaron con alegorías propias de la Santísima Virgen. La altura es de dos varas. Sobre esta altura va instalada la imagen de la Virgen bajo un arco, antiguamente de plata y hoy de metal blanco que con el trono se eleva a más de tres varas del pavimento de la carroza.
La sagrada imagen va colocada en el centro sobre un gran trono dorado. Alrededor forma una corona de ángeles que llevan el Santo Rosario en una mano y un farolito en la otra. El
rosario se compone de todos los misterios gozosos, dolorosos y gloriosos que se distinguen en el color de las cuentas y en las coronas y bandas de los ángeles. La forma de la carroza es oval. En el año 1777 se restauró con donativos de los valdemoreños.
En 1862 se restauró de nuevo, disponiendo en la parte anterior un medallón donde están talladas las armas del pueblo y en la posterior otro medallón con una gran María y adornándola con multitud de farolas y fanales. Entre los testeros y los lados laterales, cerca de la cornisa, tiene cuatro medallones en los que lleva escrito Regina Sacratissimi Rosarii. El interior de la carroza se conserva de la misma forma que se construyó. Actualmente, la carroza va portada por diez hombres en su interior.
Texto: María Jesús López Portero. Archivera Municipal de Valdemoro
Fotografías: Archivo Municipal de Valdemoro
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