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CD Cristo de la Salud Ajedrez, diez años creciendo dentro y fuera del tablero

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Hay algo que me resulta especialmente particular en el ajedrez: a pesar de parecer un deporte estático donde manda la quietud, lo cierto es que siempre está ocurriendo algo. Sobre el tablero apenas se desplazan unas piezas, a veces después de varios minutos de silencio, pero por debajo se acumulan decisiones, errores, cálculos y movimientos que solo cobran sentido unas jugadas más tarde. La historia del Club Deportivo Cristo de la Salud Ajedrez tiene algo de eso. Durante casi una década ha ido creciendo sin demasiado ruido, enlazando pequeñas decisiones hasta construir un proyecto que hoy reúne competición, formación y una vertiente social que sus propios fundadores ni siquiera habían imaginado cuando comenzaron.

Porque al principio no había escuela, cantera, tres equipos federados ni viajes al Campeonato de España. Tampoco una sede llena de tableros donde cada semana se cruzan jugadores que apenas levantan un palmo de la mesa con otros que llevan media vida jugando. Había algo bastante más sencillo: un grupo de aficionados que coincidía para echar unas partidas en el bar Tracy y la sensación de que a Valdemoro le faltaba algo. El antiguo club de ajedrez del municipio había desaparecido y quienes todavía jugaban tenían que mirar fuera si querían competir. «Creíamos que había que hacer un equipo que fuera de Valdemoro», recuerda Javier Carrillo, el presidente. La idea, en aquel momento, no iba mucho más allá.

Fue alrededor de aquellas mesas donde tres amigos comenzaron a darle forma. Se conocían precisamente por el ajedrez y, partida a partida, fueron reuniendo a otros jugadores hasta formar un primer grupo de diez o doce personas. En 2017 aquel encuentro informal terminó convertido en el CD Cristo de la Salud Ajedrez. Un año después ya estaban disputando la Liga Madrileña y comenzaban también las primeras clases para niños. Lo que había nacido para recuperar un equipo local empezaba, casi sin pretenderlo, a convertirse en otra cosa.

Desde entonces han vivido ascensos y descensos, cambios de sede, partidas jugadas en lugares poco apropiados, años de incertidumbre y otros de crecimiento inesperado. También una escuela por la que hoy pasan alrededor de 120 niños, talleres de ajedrez en el Centro Penitenciario Madrid III, trabajo específico con menores con trastorno del espectro autista y una cantera que empieza a sentarse frente al tablero junto a los jugadores más experimentados. Esta temporada, además, el primer equipo ha vuelto a proclamarse campeón de Segunda División y ha recuperado su plaza en Primera. En septiembre recibieron el trofeo e hicieron con él un último movimiento, uno que no figura en ningún manual de ajedrez: llevarlo hasta la ermita y ofrecerlo al Cristo de la Salud.

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Resulta curioso comprobar cómo cada pieza cumple su función dentro de esta entidad cuando la conversación abandona los resultados deportivos y se dirige hacia la escuela.

Hasta ese momento el presidente habla de ascensos, jugadores o competiciones con evidente satisfacción. Sin embargo, basta preguntarle por Brain On, el proyecto educativo, para que el tono se vuelva casi emocional. Da la sensación de que ahí reside el verdadero orgullo del club.

«La competición es un poco la diversión; la escuela es fundamental», resume en una frase que termina explicando buena parte de la filosofía de la entidad.

No lo dice únicamente porque sea la cantera de donde salen los futuros jugadores del primer equipo. Tampoco porque cada temporada pasen por ella alrededor de 120 niños entre la sede y las actividades extraescolares que desarrollan en varios colegios de Valdemoro. Lo afirma porque considera que ahí se cumple el objetivo con el que nació el club hace casi diez años: conseguir que cada vez más personas descubran el ajedrez. Mientras habla insiste varias veces en una idea. El ajedrez educativo y el ajedrez de competición son dos cosas muy distintas. En el primero, explica, no importa tanto aprender una apertura o memorizar un final de partida. Lo verdaderamente importante es enseñar a pensar. Habla de paciencia, de cálculo, de concentración, de capacidad de análisis o de toma de decisiones. Los niños aprenden jugando. Hay tableros, sí, pero también dinámicas, juegos adaptados, tableros convertidos en ocas o en retos donde las piezas son solo una herramienta para despertar la curiosidad. «Primero queremos que se diviertan», insiste. Ganar llegará después… o quizá nunca llegue. Tampoco es lo importante.

Un proyecto que asegura la continuidad de los jugadores y el club

Toda escuela sueña con ver crecer a sus alumnos, y es cierto que la del Club Cristo de la Salud ya empieza a recoger ese fruto.

Javier habla de Hu yongjie, conocido también como Álvaro, casi con el orgullo de quien observa la evolución de un hijo. Recuerda que fue uno de los primeros niños a los que dio clase personalmente cuando apenas conocía el movimiento de las piezas. Hoy, con solo catorce años, ya forma parte del primer equipo y está llamado, según él, a alcanzar algún día el título de gran maestro.

Pero Hu yongjie  no es una excepción aislada. Mientras conversa va enlazando nombres de jugadores veteranos con otros mucho más jóvenes. Explica que el ascenso conseguido esta temporada tiene precisamente ese valor: por primera vez se ha producido una mezcla casi perfecta entre quienes llevan años compitiendo, los jugadores de gran nivel que han decidido volver a representar a Valdemoro y una generación formada íntegramente en la escuela.

Reconoce que hicieron un esfuerzo económico para convencer a varios jugadores de gran nivel vinculados al municipio de que dejaran otros clubes y compitieran bajo el escudo del CD Cristo de la Salud Ajedrez. «Si sois de Valdemoro, qué mejor que jugar en Valdemoro», recuerda que les dijo. La apuesta salió bien. El equipo ha dominado la competición prácticamente desde la primera jornada y certificó el ascenso a Primera División cuando todavía restaban dos encuentros por disputarse. La clave del éxito no ha estado exclusivamente en lo deportivo, sino en el ambiente creado en el equipo. Javier cuenta que siempre han intentado cuidar la convivencia entre los jugadores porque ha visto demasiados equipos romperse por conflictos internos. Está convencido de que esa buena sintonía ha sido tan decisiva como cualquier fichaje.

Un deporte que también cambia vidas

Quizá el momento más revelador de toda la conversación llega cuando se habla de la dimensión social del club. No aparece como una estrategia ni como un proyecto diseñado desde el principio. De hecho, Javier reconoce que nunca estuvo en sus planes iniciales. Todo comenzó cuando la extinta asociación local DARSE les propuso impartir talleres de ajedrez en el Centro Penitenciario Madrid III. Aceptaron casi por intuición. «Fue una experiencia muy bonita», resume. Después explica cómo trabajaban con internos que estaban próximos a finalizar su proceso de reinserción y cómo el ajedrez se convertía en una herramienta para fomentar la reflexión, la paciencia o la toma de decisiones. La pandemia obligó a detener aquella iniciativa, aunque el objetivo es retomarla próximamente junto a la asociación Ramas del Arte.

Esa experiencia les hizo mirar el tablero de otra manera. Poco después empezaron a colaborar con ValdeTEA, Asociación de Familias de Personas con Autismo de Valdemoro, y a recibir cada vez más niños con trastorno del espectro autista. En lugar de limitarse a adaptar las clases, decidieron crear un espacio específico para ellos.

El presidente explica que cuentan con una monitora especializada y psicóloga infantil que trabaja siguiendo metodologías desarrolladas por la Federación Internacional de Ajedrez. Allí las partidas dejan de ser el objetivo principal. Lo importante es estimular capacidades cognitivas, facilitar la comunicación y ofrecer un entorno adaptado a las necesidades de cada niño.

Habla de ello con absoluta normalidad, como quien entiende que el ajedrez simplemente tiene que estar donde pueda ser útil. Esa misma filosofía explica que cada temporada concedan becas para que ningún niño deje de practicar este deporte por motivos económicos. «No queríamos que nadie se quedara sin jugar porque su familia no pudiera pagarlo», resume.

Valdemoro en el mapa nacional del ajedrez

El nombre del club también es una declaración de intenciones. Javier, su presidente, reconoce entre risas que él prefería otra denominación cuando comenzaron a debatirla. Sin embargo, su compañero y también fundador, Vicente Desantes, propuso incluir el nombre del patrón local y terminó imponiéndose la propuesta de denominarlo Club Deportivo Cristo de la Salud Ajedrez.

Lejos de quedarse en un simple nombre, aquella decisión terminó convirtiéndose en una tradición. Cada vez que el club consigue un éxito importante, el trofeo acaba pasando por la ermita del patrón. Así ocurrió el pasado mes de septiembre tras recibir oficialmente la copa de campeones. Antes de colocarla en las vitrinas del club, los jugadores y directiva se la ofrecieron al Cristo de la Salud en un acto de agradecimiento y simbolismo.

Mientras la entrevista se acerca al final, resulta inevitable preguntarle por el futuro. Habla de mantenerse en Primera División, de reforzar los equipos, de seguir creciendo en los colegios y de recuperar proyectos sociales que quedaron aparcados durante la pandemia. Pero enseguida aparece otra idea que lleva tiempo rondándoles la cabeza. Les gustaría organizar un gran torneo nacional para celebrar el décimo aniversario del club.

Tienen en mente ofrecer premios importantes, atraer a grandes maestros y llenar Valdemoro de jugadores llegados desde distintos puntos de España. Mientras lo explica menciona varias veces Linares. No porque aspire a compararse con la ciudad jienense, considerada una referencia mundial del ajedrez, sino porque le parece el mejor ejemplo de cómo un deporte puede proyectar el nombre de una ciudad mucho más allá de sus fronteras. «Me gustaría que Valdemoro también tuviera esa repercusión», confiesa.

Después de casi una hora de conversación queda la sensación de que el ascenso, los títulos o los fichajes son solo una consecuencia. La verdadera partida empezó hace mucho tiempo, cuando unos amigos decidieron que el ajedrez debía volver a tener un lugar en Valdemoro.

Casi diez años después, ese objetivo parece cumplido. Porque el Club Deportivo Cristo de la Salud Ajedrez ya no solo representa al municipio cuando compite por toda España. También lo hace cada tarde en la que un niño descubre que detrás de un tablero hay mucho más que un juego.

Texto: Sergio García Otero

Fotografía: NCuadreS

 

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