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Asociación Vida y Corazón

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Cuando el infarto no es el final, sino una segunda oportunidad

Hay quien dice que la vida te cambia en un segundo. En el caso de quienes han pasado por un infarto, ese segundo a veces empieza con algo tan poco épico como un dolor de garganta, una molestia en la mandíbula o un cansancio raro que uno achaca al estrés. Y de pronto, urgencias. Protocolo activado. UCI. Miedo.

De ese miedo, precisamente, nace la Asociación Vida y Corazón de Valdemoro. Aunque hoy es un colectivo consolidado, con ochenta y siete socios, su recorrido no ha sido lineal. Martín de la Fuente, su presidente, recuerda que la asociación surge en 2010 impulsada por pacientes del Hospital Universitario Infanta Elena que habían completado su programa de rehabilitación cardíaca.

«En principio eran solo pacientes del hospital, explica». Durante un tiempo la actividad quedó algo parada, más por falta de relevo y de medios que por falta de ganas. Hasta que entró gente más joven, con algo más de disponibilidad, y decidieron darle un empujón. La necesidad estaba ahí desde el principio. Porque lo más difícil, coinciden, no es el infarto en sí. Es lo que viene después.

Martín habla con gratitud del equipo sanitario de Valdemoro. «Hay una profesionalidad enorme. Identifican un infarto aunque no tengas el típico dolor de pecho». Y eso, dice, es lo que salva vidas. Pero luego llega el alta hospitalaria. Tres días después, «con un stent recién puesto, uno vuelve a casa y no sabe qué hacer. Literalmente», afirma. «Estás jugando con tu hija y no sabes si puedes correr. No sabes qué comer. Tienes miedo a todo». La información es abundante, sí, pero también abrumadora. Y ahí es donde aparece el hueco que viene a cubrir la asociación.

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Vida y Corazón funciona como red de apoyo. Una red formada casi en su totalidad por pacientes. «El 99 % somos personas que hemos pasado por lo mismo», explica Martín. Esa condición de paciente experto no es un título médico, pero sí una experiencia compartida que ayuda mucho. Cuando un miembro de la asociación acude al hospital para visitar a alguien que acaba de salir de la UCI, no lo hace con bata blanca. Lo hace con una historia parecida.

En esa primera visita —siempre bajo coordinación con el equipo de rehabilitación— el objetivo es sencillo: tranquilizar. Contar que la rehabilitación cardíaca existe, que es fundamental y que la vida no termina ahí. Porque muchos no saben que hay un programa estructurado después del alta.

Las tres fases y el verdadero reto

La rehabilitación cardíaca se divide en tres fases. La primera es hospitalaria. La segunda, ambulatoria, dura aproximadamente dos o tres meses y está dirigida por un equipo multidisciplinar: rehabilitadores, cardiólogos, fisioterapeutas, nutricionistas, psicólogos. En Valdemoro, bajo la dirección del doctor Koldo Villelabeitia, jefe del Servicio de Rehabilitación, ese programa es uno de los pilares sobre los que se asienta la recuperación de un paciente que ha sufrido un infarto. La tercera fase, sin embargo, es la que marca la diferencia. Y también la más frágil. «Hay estadísticas que dicen que el 80 % de las personas que terminan la rehabilitación dejan de hacer ejercicio», apunta Martín. Y de ese grupo, un porcentaje nada desdeñable vuelve a recaer. Y una recaída, advierte, no es lo mismo que el primer episodio. Ahí es donde la asociación pone el foco. La llamada fase III es el mantenimiento comunitario: seguir haciendo ejercicio, mantener hábitos saludables, no volver al punto de partida. Parece sencillo, pero no lo es.

El ejercicio, repiten, es casi una pastilla mágica que permite bajar la tensión, controlar el colesterol, ganar capacidad pulmonar y recuperar seguridad. Pero también ayuda a combatir el estrés, ese factor de riesgo que, según su experiencia diaria, está detrás de muchísimos casos, incluso en personas jóvenes y deportistas aparentemente sanas.

Un reto: hacer de Valdemoro una ciudad cardiosaludable

Durante años intentaron organizar esa fase III en espacios municipales, como el Centro de Mayores del Duque de Ahumada. Llegó la pandemia y todo se detuvo. Reiniciar después no fue fácil. Buscar un local propio tampoco era viable: los recursos de la asociación son modestos. La cuota es simbólica —unos 15 euros anuales— y el resto de financiación proviene de la venta de lotería de Navidad. Fue entonces cuando decidieron cambiar el planteamiento. ¿Y si el gimnasio estuviera al aire libre? ¿Y si fuera gratuito para cualquiera? La idea de un Valdemoro cardiosaludable llevaba tiempo rondando, pero faltaba financiación. Y ahí, como ellos mismos dicen, se alinearon los planetas.

Tres alumnos del Colegio Lagomar eligieron a Vida y Corazón como destinataria de los fondos recaudados con su carrera solidaria anual. Darío, Irene y Aitor, estudiantes de Bachillerato, impulsaron la propuesta. La recaudación fue importante, pero más importante fue la visibilidad. A partir de ahí se sumaron empresas locales, Fundación “La Caixa” y el Ayuntamiento. El proyecto, que rondó los 15000 euros, pudo ejecutarse.

El resultado: diez máquinas de fuerza instaladas en el Parque Duque de Ahumada, donadas al Ayuntamiento. Un circuito cardio saludable preparado contra vandalismo, abierto a todos. No solo para pacientes cardíacos. «El trabajo aeróbico es venir andando hasta aquí», bromea Martín. Las máquinas son de fuerza, pensadas para trabajar de manera pausada y controlada. Y si alguien quiere orientación, la asociación se ofrece a enseñar cómo usarlas correctamente. Gratis.

Para ellos, el mensaje es claro: esto no es solo para quien ya ha pasado por un infarto. Es prevención. Es comunidad.

Una asociación para todos

La instalación del circuito supuso algo más que un equipamiento deportivo. Supuso visibilidad. Durante años, la asociación había trabajado casi en silencio. Ahora el Ayuntamiento cuenta con ellos para jornadas de salud, marchas organizadas por el hospital y actividades divulgativas. Tienen sede en el Centro Pedro Zerolo —cedida por el Ayuntamiento— pueden recibir a todos aquellos socios e interesados en la actividad de la asociación. Su principal atención suele ser personalizada y previa cita. También mantienen un grupo de WhatsApp activo, donde se comparten dudas y experiencias. En momentos críticos, como durante la pandemia, contar con la respuesta directa de un especialista del hospital fue clave para muchos socios.

La mayoría de los socios supera los 60 años. Hay hombres y mujeres, aunque tradicionalmente los infartos han sido más frecuentes en varones. Sin embargo, Martín señala que los casos en mujeres están aumentando, especialmente tras la menopausia, cuando desaparece la protección hormonal.

Los integrantes de la asociación reflejan fielmente la realidad de esta enfermedad. Cada paciente es un mundo. No hay un único perfil. Hay personas con factores clásicos de riesgo (tabaco, colesterol, hipertensión) y otras sin ellos. El estrés aparece una y otra vez en el relato. Lo que sí comparten todos es la sensación inicial de limitación. «Cuando te da un infarto, parece que se acaba todo», comenta un miembro de la asociación que también pasó por lo mismo. Sin embargo, tras la rehabilitación y el entrenamiento adecuado, muchos recuperan una vida prácticamente normal. Algunos incluso corren, con prudencia, pero corren.

El futuro de la asociación: nuevos retos

Ahora el objetivo a corto plazo es ampliar el número de instalaciones al aire libre en otros puntos de Valdemoro, especialmente en la zona del hospital. También ofrecer asesoramiento a otros municipios que quieran replicar el modelo. El principal reto sigue siendo la financiación. Sin aportaciones privadas o iniciativas solidarias es difícil crecer. La asociación no tiene ánimo de lucro ni grandes ingresos estructurales. Todo es voluntario y cualquier ayuda suma.

La asociación también quiere poner en valor el respaldo institucional que ha recibido en estos años. En el Ayuntamiento, y especialmente en el área de Salud, aseguran haber encontrado apoyo constante a los proyectos planteados. Ese acompañamiento se ha traducido en hechos concretos: la cesión de espacio en el Centro de Mayores para desarrollar la Fase III de la rehabilitación cardíaca y, sobre todo, la autorización para instalar las máquinas de fuerza en el Parque Duque de Ahumada, un enclave muy simbólico del municipio. Para Vida y Corazón, esa colaboración ha sido clave no solo para avanzar en su objetivo de impulsar un Valdemoro cardiosaludable, sino también para ganar visibilidad y seguir sumando iniciativas en beneficio de los vecinos.

Aun así, insisten en que con ayudar a una sola persona ya estaría justificado el esfuerzo.

Matín afirma: «Si alguien lee estas líneas tras haber sufrido un infarto —o acompañando a alguien que lo ha sufrido— el mensaje es directo: que no lo dude». En Valdemoro existe un programa de rehabilitación cardíaca y una asociación dispuesta a acompañar. No prometen milagros, pero sí apoyo. Información. Experiencia.

Porque cuando a alguien le da un infarto, dicen, no le da solo a esa persona. Le da a toda la familia. «Caminar por la calle, que una mujer se acerque y diga ”gracias”, y que a su lado haya niños… eso no hay dinero que lo pague», admite Martín.

Vida y Corazón late desde hace más de quince años en Valdemoro. Y si depende de ellos, seguirá latiendo —sin prisa, pero sin pausa— mucho tiempo más.

Texto: Sergio García Otero

Fotografía: Ncuadres

 

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