
A lo largo de la historia uno de los pilares básicos de la economía valdemoreña ha sido la ganadería, cuyas cabezas circulaban por las cañadas y veredas que atravesaban de norte a sur el término municipal. El incremento de la cabaña pecuaria en el siglo XVI provocó un aumento del tránsito de rebaños por el municipio hasta tal punto que tuvieron que ser dictadas ordenanzas especiales en 1605 para controlar su camino por los lugares previstos y preservar las tierras cultivadas de los labradores.
El lugar ocupado por el sector ganadero en la economía de los valdemoreños fue similar al de la mayoría de las poblaciones rurales de la Meseta Sur, donde la trashumancia llegó a alcanzar una gran importancia económica y social. Prueba evidente es el apoyo prestado por los monarcas a esta actividad desde la Baja Edad Media, creando, fomentando o fortaleciendo a las nacientes agrupaciones pastoriles, que con el tiempo se erigieron
en poderosos gremios, como fue el Honrado Concejo de la Mesta. Bajo la protección mesteña los ganados aprovechaban pastizales complementarios merced a sus desplazamientos periódicos por cañadas reales y otras vías; circunstancias que hicieron posible el desarrollo de un potente mercado lanero en la Edad Moderna.

Archivo Municipal de Valdemoro
En su origen, la red de vías pecuarias (denominadas cañadas, cordeles y veredas) se complementaba con una serie de pequeñas construcciones utilizadas para favorecer el abastecimiento y descanso de ganados y pastores: abrevaderos (pilones, arroyos o
remansos de ríos donde el ganado podía saciar su sed), descansaderos (lugares destinados al descanso de animales y pastores) y majadas (espacios para pasar la noche, recoger el ganado y cobijarse los pastores).

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En Valdemoro han pervivido topónimos que continuamente recuerdan ese pasado ganadero del municipio: el descansadero de la Fuente Vieja, el abrevadero y descansadero de Santiago, el de los Pocillos o las diferentes veredas y cañadas
dibujadas en los mapas topográficos nominan unos parajes y lugares que marcan de modo indeleble la importancia que tuvo en el modo de vida valdemoreño.
Entre todas las vías de comunicación trazadas por el término la más significativa, sobre todo a partir del siglo XVII, fue la vereda de la Fuentevieja, que discurría paralela al cauce de la mina de agua de la Fuente de la Villa y seguía su camino en dirección al Prado o Dehesa Boyal, hoy parque Bolitas del Airón. Ese paso de rebaños se remonta a la Edad Moderna, donde ya aparece como vocablo integrado en la toponimia municipal, aunque alcanzó su época de esplendor a partir de la concesión del privilegio de feria por Felipe III en 1603, cuando las transacciones ganaderas ocuparon un lugar preferente en el encuentro mercantil anual.

Ya en el siglo XIX, la vereda de la Fuente Vieja arrancaba del lugar conocido con el nombre de Puente del Prado del ferrocarril de Madrid a Alicante, proseguía rumbo este-suroeste-oeste, subía unida con el paseo del Prado con dirección a la población hasta el
sitio denominado valle de San Sebastián, atravesando diferentes pagos, eras y otras fincas cultivables hasta llegar a la carretera de Andalucía, atravesándola en el punto kilométrico 27,8. Una vez en el casco urbano continuaba por las calles Bretón de los Herreros y Duque de Lerma hasta la plazuela de las Monjas, bajaba por la antigua cuesta de las Monjas hacia la Fuente de la Villa, quedando a la izquierda de la vereda el lavadero municipal. Desde ese punto transcurría por el camino de la Fuente Vieja, cruzando olivares y tierras de cereal y acercándose al límite con el pueblo vecino de Torrejón de Velasco, en el sitio de El Lumbero, correspondiente al punto kilométrico 33 de la carretera hacia Ciempozuelos. Medía una longitud aproximada de 4.500 m y su anchura legal era de
20,89 m, excepto en el tramo que discurría por el caserío, en el que ocupaba las orillas de las calles por donde pasaba.

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A mediados del siglo XX el desarrollo demográfico y la consiguiente transformación urbana dieron lugar a una ligera variación de su recorrido. En 1968 fue encargado un estudio a Eugenio Fernández Cabezón, perito agrícola del Estado, para la modificación
de la clasificación de vías pecuarias del término municipal de Valdemoro, porque las necesidades de crecimiento del pueblo habían hecho imprescindible proyectar un plan de urbanización de la zona urbana y de ensanche por parte del Ayuntamiento y con ello la alteración de la anchura de la vía pecuaria de la Fuentevieja, en su discurrir por el casco urbano, pero siempre garantizando el tránsito ganadero.
En una fotografía aérea de finales de la década de los años 60 del siglo XX podemos comprobar con precisión la creciente expansión del caserío y, en consecuencia, la imprescindible variación de la vereda de la Fuentevieja.

La Comunidad de Madrid promulgó la Ley 8/1998, de 15 de junio, de las Vías Pecuarias; donde se recoge la importancia de esta red de comunicaciones en nuestra región a lo largo de la historia y su permanencia en la actualidad.
El Plan General de Ordenación Urbana de Valdemoro, aprobado en 2004, contempla una sección especial dedicada a la conservación integral de las vías pecuarias que atraviesan el término municipal, dotándolas de un entorno de zonas verdes. Podrán ser utilizadas para el esparcimiento y recreo público y permitiéndose el paseo, el senderismo, la cabalgata o el cicloturismo, siempre respetando el tránsito ganadero.

Ayuntamiento de Valdemoro
Una de las vías pecuarias más apreciadas por los usuarios es la vereda de San Martín. Parte del casco urbano, del viario en torno al polideportivo municipal y, desde aquí, se dirige a San Martín de la Vega. Este camino, además de ser utilizado por los agricultores
que trabajan las tierras de labor al este del término municipal, la transitan ciclistas y senderistas ya que, además de unir a los municipios de Valdemoro y San Martín de la Vega, permite el acceso a un importante pinar de más de 400 000 m2 de extensión
(pinar del cerro del Portillo). El pasado mes de febrero se presentó el plan de acondicionamiento y la mejora de su firme, con el fin de facilitar el tránsito y disfrute de los viandantes.
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