
Margarita Morada desarrolla programas de intervenciones asistidas con perro dirigidos a niños, jóvenes y adultos, combinando vínculo emocional, metodología estructurada y un enfoque profesional adaptado a cada caso.
Hay situaciones en las que la gestión emocional, la impulsividad o las dificultades en la comunicación interfieren en el día a día. En ese contexto, la presencia de un perro puede convertirse en un facilitador poderoso: ayuda a reducir tensiones, favorece la atención y genera un entorno de confianza que facilita el aprendizaje y el cambio.
Esa es la base del trabajo que impulsa Margarita Morada, bajo la dirección de Miriam Iglesias. Con formación específica y experiencia en el ámbito socioeducativo, Miriam diseña cada intervención de forma personalizada, definiendo objetivos concretos y evaluando los progresos de manera continuada.
«El perro actúa como mediador. Nos permite trabajar habilidades emocionales y sociales desde un lugar más natural y menos invasivo», explica.
Las sesiones pueden desarrollarse de forma individual o grupal, tanto en centros educativos y sociosanitarios como en un espacio propio. Están dirigidas a niños con diversas condiciones como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), así como a personas con dificultades emocionales o necesidades específicas que requieran reforzar la autoestima, la autorregulación o las habilidades sociales.
El enfoque combina planificación, seguimiento y cuidado del bienestar animal, garantizando intervenciones responsables y estructuradas.
«Diseñamos cada sesión con objetivos claros, donde los avances, aunque sean pequeños, tienen un impacto real en la vida cotidiana de la persona», concluye Miriam Iglesias.
Más información en margaritamorada.com
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