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Entrevista con Javier García

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El día mundial de las enfermedades raras se celebra el último día de febrero. No es una casualidad, claro, pues el último día de febrero es el más raro del calendario. Tres años cae el 28 y un año el 29. Además, el pasado 28 de febrero, se celebró la ceremonia de los premios Goya. Había cinco largometrajes nominados a mejor película de 2025. Tres de esos largometrajes tenían como objetivo principal dar visibilidad a distintos colectivos: Sorda gira en torno a la integración de las personas no oyentes en nuestra sociedad; Maspalomas intenta dar visibilidad a las personas mayores que viven en residencias y a los homosexuales que viven en residencias; Los domingos, la película ganadora, intenta explicar las vocaciones, la llamada de Dios en el siglo XXI.

En ocasiones, no nos podemos resistir a la crítica de los días mundiales o no podemos evitar cierto rechazo soterrado a las obras de arte que intentan dar visibilidad a un colectivo o hurgar en la llaga de un problema social. Cuando, en navidades, nos imbuimos en el espíritu navideño, oímos voces que nos critican diciendo que deberíamos mantener esa actitud todo el año. No solamente en Navidad. Cuando llega el día de San Valentín, hay personas que dicen que el amor debería celebrarse todos los días y no el 14 de febrero. De alguna forma, nos quieren hacer pensar que la visibilidad está reñida con la ejemplaridad. Todo lo contrario: la visibilidad enriquece y complementa la ejemplaridad. Si no damos visibilidad a una gran variedad de ejemplares, al final, la ejemplaridad, por inercia, se limita a dar visibilidad siempre a los mismos temas, a las mismas personas, a las mismas caras, al mismo color de ojos, a las mismas razas, al mismo sexo, al mismo ombligo. Cualquier ser humano que se esfuerce por ser la mejor versión de sí mismo puede convertirse en ejemplar.

Por eso, es de alabar cada intento que hace el cine español —o cualquier obra de arte— para dar visibilidad a todo tipo de colectivos. Con los ingredientes adecuados, hasta se puede tener éxito en taquilla, como lo consiguió la película Campeones (2018), que dio incluso para una secuela (Campeonex, 2023). Si acudimos al cine internacional, hay tres películas que intentan dar visibilidad a la discapacidad intelectual: Forrest Gump (1994), Yo soy Sam (I am Sam, 2001) y Almas en pena de Inisherin (The Banshees of Inisherin, 2022). Cada una de estas películas aborda el tema de forma diferente. Las dos españolas tiran de mucho humor y enmarcan la acción en el mundo del deporte, Forrest Gump aprovecha para repasar la historia de Estados Unidos en la segunda mitad del siglo XX y las dos últimas incorporan tintes más dramáticos. La escritora valdemoreña Remedios Nieto Lorca tiene un libro magnífico (Has de saber, 2008) que no solo intenta dar visibilidad a las personas de este colectivo, sino que también habla de los obstáculos que deben superar también sus familiares.

Con esta entrevista, nos gustaría rendir homenaje a Javier García, un campeón paralímpico con discapacidad intelectual que ha llevado el nombre de Valdemoro con orgullo allá donde ha competido. Normalmente a Javier no se lo hemos puesto fácil. Ha trabajado duro para tener una vida «normal». Javier comenzó a trabajar para el Ayuntamiento de Valdemoro en 1998 y, desde hace unos años, cuida los jardines de nuestra villa trabajando para FCC, la empresa subrogada para estas labores por el ayuntamiento.

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Nos tomamos un café con Javier. Es generoso con su tiempo, se muestra muy agradecido con nosotros y, desde el primer momento, veo en él un gran corazón.

¿De dónde viene Javier García?

Nací en febrero de 1969. Como era habitual en esas fechas, nací en el hospital de La Paz y fui empadronado en Valdemoro, que es donde  vivían mis padres. Mi abuelo paterno era de Valdilecha, en Madrid. Fue comandante de la República a las órdenes de Enrique Líster.

Cuando terminó la guerra, tuvo que huir de su pueblo. Primero se llevó a su familia a San Martín de la Vega y, posteriormente, a Valdemoro. La familia de mi madre procedía de Almonacid del Marquesado (Cuenca). El nombre del pueblo suena muy rimbombante, pero mi familia era tan pobre que se vinieron a Valdemoro a pie (115 kilómetros).

Háblanos de tu infancia

En los años setenta, cuando yo era un niño, Valdemoro era un pueblo de unos siete mil habitantes. Y a mí me tocó ser el tonto del pueblo. Tuve que enfrentarme y superar barreras que no se ven, pero que existen. Mucha gente se reía de mí. Sufrí bullying. Temían que hiciera algo a las chicas. Fui al colegio Cristo de la Salud. Allí me di cuenta de que no era un niño normal. Repetí tercero de EGB tres veces. Me metieron en una clase especial en la que nos aparcaban y no se ocupaban de nosotros como merece cualquier niño. En cuanto pudieron, me derivaron a la ECAM. Me dijeron que solo quedaban plazas en Administrativo y allí me metieron. Durante el curso, por accidente, porque no lo vi, rompí un cristal con la cabeza. Utilizaron esa excusa para enviarme a una escuela de educación especial.

Tampoco en esa escuela te fueron bien las cosas.

Me enviaron a la escuela de educación especial María de Montesori, en Parla. Allí estuve dos años. Pero no fueron buenos años para mi familia. De alguna manera, todo el drama en mi familia comenzó con la muerte de mi tío Ángel. Murió de neumonía con 33 años. Yo quería mucho a mi tío Ángel. Cuando comencé la escuela en Parla, a mi padre le detectaron un cáncer. Fue un año aciago. La familia no iba bien. Murió mi abuela paterna. Tuve que aprender a cocinar, a cuidar de mí mismo, y me dio por el atletismo.

El atletismo cambió tu vida.

Cuando comencé, no sabía ni correr. La gente se reía cuando me veían. El club de atletismo tuvo su germen en el colegio San José. Carlos Estagüel, el entrenador, me enseñó a correr. Pronto se dieron cuenta de que apuntaba maneras. Me fichó el club Atlético de Getafe. Allí, pude participar en una categoría para discapacitados. Empecé con carrera de fondo, pero, de repente, batí el récord de España en los 200 y 400 metros. Mi distancia preferida eran los 800 metros y me fui adaptando. También se me daba bien la carrera de relevos. Y con el club Satafi de Getafe gané una carrera de campo a través (cross) en la categoría de promesas. A los 19 años, vinieron unos ojeadores de la federación y me llevaron a los campeonatos de España y, en 1991, en Barcelona, básicamente arrasé. El atletismo me formó como persona. Calló bocas en Valdemoro. Me levantaba todas las mañanas a las seis para mejorar como atleta.

También participaste en las Olimpiadas de Barcelona en 1992.

Sí, pero, en realidad, las Paralimpiadas de ese año se hicieron en Madrid, no en Barcelona. Se organizaron en el INEF. En los 800 metros me confié. Yo corría en la calle 8 y ganó el gaditano que corría en  la calle 7. Me confié. Cuando faltaba poco, me di cuenta que iba tercero y ya apenas quedaba distancia para alcanzar a los que iban delante de mí. Corrí la final con 39 de fiebre. Pero triunfé en la carrera de relevos de 4 × 400. Ahí viene mi éxito. En la final,  íbamos segundos y, cuando fue mi turno, puse a España primera y batimos el récord del mundo paralímpico, que estuvo en vigor durante seis años. A lo largo de mi carrera, conseguí varios campeonatos y subcampeonatos. Lo que mejor se me daba era el cross, el campo a través. En esta categoría, llegué a ganar carreras normales que no eran para discapacitados. Mucha gente me ha dicho que fui un adelantado a mi tiempo. Algunas de mis marcas aún no han sido superadas. Fui uno de los pioneros del deporte paralímpico intelectual en España.

Tras las paralimpiadas, empezó una nueva época en tu vida.

Después de las paralimpiadas, a los meses, me detectaron una arritmia. Eso me permitió conocer a mi mujer. Nos conocimos en la discoteca Big Bang de Villaverde. Fue un verdadero flechazo. Los comienzos fueron duros, pero el amor pudo con todo. El 28 de octubre nos dimos el sí quiero en la ermita del Cristo de la Salud. Tenemos tres hijas, una con 22 años y las mellizas tienen 20 años. Entiendo que vivir con un discapacitado intelectual no es fácil. Una de mis hijas también tiene una discapacidad del 78 %. Lo que le han podido hacer a mi hija por su discapacidad me ha dolido más que lo que me hicieron a mí cuando era niño. Además, los servicios sociales, el Servicio de Familias de Valdemoro no ha mostrado mucha empatía con nosotros. En muchas ocasiones, nos lo han puesto muy difícil en vez de ayudarnos. Yo tengo más defectos que virtudes. Pero ellos no han mostrado ninguna empatía. Intervinieron a mi familia. Se entrometieron de forma inapropiada.

Me consta que este año vas a cumplir uno de tus sueños

Este año voy a cumplir mi sueño. Soy cofrade del Cristo de la Agonía y este año salgo de penitente. Salgo por mi mujer, por el daño que le hice. Salgo por mi hija Naroa, porque han dado con la medicina que necesitaba. Tiene una enfermedad rara y lleva dos años sin brotes. Deberían investigar mucho más las enfermedades raras. Y salgo también para pedirle a mi Dios que la mujer con la que me casé se quede conmigo de por vida. Una vez conseguido este sueño, me encantaría dar el pregón en las fiestas de Valdemoro. Eso me haría mucha ilusión.

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Javier ha vuelto a correr. Va al gimnasio y hace pesas. Cuidando de nuestros jardines, piensa que trabaja para la ciudadanía. No guarda rencor a los valdemoreños que se rieron de él cuando era niño. Gracias a sus logros deportivos, Javier fue condecorado con el premio Siete Estrellas del Deporte de la Comunidad de Madrid. Ahí se reconoció su ejemplaridad en el deporte y se dio visibilidad al deporte paralímpico. Fue una pena que, tras todos sus logros, al Ayuntamiento de Valdemoro no se le ocurriera ningún tipo de reconocimiento público. Nos gustaría que esta entrevista fuera parte del homenaje que merecieron sus triunfos en el atletismo.

Logros deportivos de Javier García:

1988 –   Campeón de España campo a través

1989 –   Campeón de España en pista, 400 y 800 metros.

1990 –   Campeón de España en pista, 400 metros.

1991 –   Campeón de España en pista, 400 y 800 metros.

Récord de España y del mundo en 800 metros pista – 1m 57s’

1992 –   Campeón de España en pista, 400 y 800 metros.

Finalista en 800 metros y campeón paralímpico en relevos 4 × 400 metros con récord paralímpico y récord del mundo.

1994 –   Subcampeón de España en pista, 400 metros y 800 metros.

3.º en el Mundial de Berlín.

1995 –   Subcampeón de España en pista, 400 metros y 800 metros.

1996 –    Campeón de España campo a través y subcampeón de España en pista, 400 metros y 800 metros.

1997 –   Subcampeón de España en pista, 400 metros y 800 metros.

1998 –   Subcampeón de España en pista, 400 metros y 800 metros.

Récord de España en 1000 metros (2m 42s’), en Arganda.

2010-2011 –  Subcampeón de paratriatlón en la categoría T-7.

 

Texto: Fernando Martín Pescador

Fotografía: Ncuadres

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