
2026 se perfila como el año en que la estación de ferrocarril de Valdemoro celebrará dos conmemoraciones diferentes. Por una parte, en febrero se cumple el 175.º aniversario del principal edificio ferroviario del municipio, que lleva siendo uno de los protagonistas indiscutibles del primitivo trazado férreo Madrid-Aranjuez desde entonces. Y, por otra, en el próximo mes de mayo recordaremos el violento incendio que la arrasó por completo y la convirtió en escombros. Este último acontecimiento propició que nada más ocurrir el trágico accidente se empezara a tramitar el oportuno expediente para erigir la construcción que ha llegado a nuestros días, obra del ingeniero ferroviario Francisco Barón Blanco.



Archivo Municipal de Valdemoro
Sin duda alguna, el edificio de pasajeros se convirtió en la construcción más destacada del complejo ferroviario. Su apertura oficial coincidió con la inauguración de la línea en 1851 y su disposición original tenía una sola planta cubierta a cuatro aguas y sala de espera con dos porches. En su interior se distribuían el despacho de billetes, de equipajes, almacenes, oficina del jefe de estación y habitación para los guardas y vigilantes. Sin embargo, no cumplió más de tres décadas en pie ya que fue destruido por un incendio en 1882 del que únicamente sobrevivió una tercera parte de la edificación a partir de la cual se llevó a cabo su reconstrucción.

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Pero el fuego hizo de nuevo acto de presencia en 1926, arrasándola definitivamente y haciendo necesario el levantamiento de un inmueble de nueva planta que fue inaugurado en 1928 y que es el que ha pervivido hasta la actualidad, no sin haber tenido que pasar por algunos trabajos de rehabilitación tras los destrozos sufridos durante la Guerra Civil. Constituye un interesante modelo de arquitectura ferroviaria que se repitió, al menos, en Pinto y en Ciempozuelos.

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De hecho, la superficie que ahora ocupa la estación es mucho mayor que el edificio de pasajeros proyectado en 1926, ya que el espacio que ocupan la sala de espera, la taquilla y la cantina albergó, hasta bien entrado el siglo XX las viviendas de los ferroviarios.

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Y es que los desencuentros y la disparidad de criterios respecto a las ventajas e inconvenientes de la línea férrea y al reparto de responsabilidades sobre los arreglos en la estación y aledaños han sido una constante desde su origen hasta bien avanzada la centuria pasada. Afortunadamente, ninguno de estos choques ha frenado la imparable mejora del servicio y las instalaciones ferroviarias de Valdemoro y hoy, después de 175 años de su puesta en marcha, para todos está claro que fue una buena idea.

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La mejor prueba de ello es que desde hace un tiempo el casco urbano del municipio está creciendo, por fin, hacia la estación. El tren es, ahora sí, una más que notable prestación y no el medio de transporte ruidoso y usurpador de terrenos que vieron en él los moradores del Valdemoro de mediados del siglo XIX.

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Entre 1995 y 2000 las posibilidades de locomoción ofrecidas por el ferrocarril, especialmente en los cinturones de cercanías de las grandes urbes, han propiciado una verdadera revolución urbanística en el entorno inmediato a la antigua carretera de la estación. Los desarrollos de Viva Verde en el margen derecho y Cerro del Castillo en el margen izquierdo han completado un núcleo poblacional iniciado tímidamente en la década de los años 70 del pasado siglo.

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El legendario edificio de viajeros ha sido objeto de varias obras de reforma en la primera década del siglo XXI para adaptar sus instalaciones a las nuevas tecnologías y a los diferentes usos sociales ligados al transporte.

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Desde 2004 forma parte del Catálogo de Bienes Protegidos del Plan General de Ordenación Urbana de Valdemoro.
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