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Cuarenta años de voces, pasión y música: la Coral Villa de Valdemoro celebra su 40.º aniversario

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El domingo 14 de junio de 2026, el Teatro Juan Prado de Valdemoro se llenó de algo más que público: se llenó de memoria. La Coral Villa de Valdemoro cumplía 40 años, y para celebrarlo no organizó simplemente un concierto, sino un viaje. Un viaje hacia atrás en el tiempo para entender de dónde venían, y hacia adelante, para recordar por qué siguen ahí, ensayando cada semana, prestando su voz a algo más grande que ellos mismos.

Cuarenta años no son una cifra cualquiera. Han sido muchas voces las que han pasado por la coral, voces que han llegado y voces que se han ido, pero que de alguna manera siguen presentes en cada acorde que suena hoy. Porque eso es lo que hace la música: no se olvida, se transmite. Y eso fue exactamente lo que se vivió en el Juan Prado: la emoción de los años vividos, el peso de las experiencias acumuladas y, sobre todo, los sentimientos compartidos que durante cuatro décadas han ido tejiendo, ensayo tras ensayo, concierto tras concierto, una familia. No ha sido un camino fácil. Ninguna coral que sobrevive cuarenta años lo ha tenido fácil.

Ha habido cambios de directores, de sedes, de generaciones, momentos de incertidumbre y, como todos recordamos, una pandemia que puso en pausa lo que más necesitan los coros: cantar juntos, en la misma sala, respirando el mismo aire. Pero ahí está la magia de este arte: la música consigue lo que pocas cosas logran, unir muchas voces distintas, muchos corazones distintos, en un solo latir. Y ese latido común fue precisamente lo que se escuchó el 14 de junio, bajo la batuta de Emilio J. Esteve y acompañados al piano por Manuel del Moral.

Un repertorio que es, en realidad, una memoria

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El programa del concierto no fue una simple selección de piezas bonitas. Fue una autobiografía cantada, organizada en seis bloques que recorrían la historia de la coral como quien pasa, una a una, las páginas de un álbum familiar.

Todo empezó volviendo al principio. El bloque histórico sonó como un regreso a los orígenes: El Juramento, Paloma mensajera y Cantares devolvieron a la sala ese primer repertorio con el que la coral dio sus primeros pasos hace cuatro décadas, cuando nadie podía imaginar todo lo que estaba por venir.

De ahí, el concierto saltó a una etapa dorada: la de los escenarios grandes. Los conciertos junto con la Guardia Civil, las actuaciones en el Auditorio Nacional y los numerosos conciertos solidarios cobraron vida en 1492. La Conquista del Paraíso, una pieza de aliento épico capaz de llenar el teatro de la misma grandeza con la que un día llenaron salas mucho más allá de Valdemoro.

El tercer bloque cambió por completo el aire de la sala. Llegó el turno de los musicales, y con ellos la risa, el guiño cómplice, el puro disfrute escénico: I Will Follow Him, Memory y Dormido está el León se encadenaron vivas, teatrales, recordando que esta coral también sabe jugar y emocionar desde la ligereza.

Después, un giro de tono que silenció el teatro por completo: el bloque dedicado a la pandemia. Una sola pieza, Hallelujah, sola en el escenario tal y como solos estuvieron tantos coros durante aquellos meses sin ensayos ni abrazos, bastó para condensar todo lo que se sintió entonces. No hizo falta nada más: el silencio que dejó al terminar dijo tanto como la propia música.

La actualidad coral llegó después, mostrando a la coral de hoy en su mejor versión: Dirait on, Adiemus y Oye se sucedieron variadas, exigentes, contemporáneas, hablando de una agrupación que no se conforma con mirar atrás, sino que sigue afinando, creciendo, atreviéndose con nuevos retos.

Y para el cierre, el bloque más grande de todos: ópera y zarzuela. Primero Ensalada madrileña, un guiño castizo y desenfadado, puro Madrid; después Vedi le fosche y Va,pensiero, la solemnidad y la fuerza coral en su estado más puro, hasta desembocar en Opera tutti, un mosaico final que entrelazó varias de las grandes páginas de la historia de la ópera en una sola voz colectiva. Un cierre a la altura de cuarenta años de historia.

El final del concierto tuvo un momento muy emotivo cuando acompañados al piano por su director Emilio J. Esteve, nos deleitaron con el Ave María de Caccini, una despedida mágica y emotiva.

La gran familia coral

Pero si hay algo que define realmente este aniversario no son las piezas, ni los arreglos, ni siquiera la dirección certera de Emilio J. Esteve o el acompañamiento sensible de Manuel del Moral al piano. Es la Coral. Son esas voces que llevan años, algunas décadas, prestando su tiempo libre a algo que no da dinero pero que da, a cambio, algo mucho más valioso: pertenencia.

Cuarenta años de una coral son cuarenta años de amistades nacidas entre ensayos, de bodas y bautizos celebrados a coro, de despedidas cantadas con un nudo en la garganta, de niños que crecieron viendo a sus padres cantar y que ahora cantan ellos mismos. Son cuarenta años de Valdemoro contado en clave musical.

El 14 de junio de 2026, en el Teatro Juan Prado, no terminó una etapa: se celebró todo lo recorrido y se abrió, con la misma ilusión del primer día, la puerta a lo que vendrá. Porque mientras haya quien quiera cantar, y quien quiera escuchar, la Coral Villa de Valdemoro seguirá siendo lo que ha sido siempre: muchas voces, un solo corazón.

Y ahora, te toca a ti

Cuarenta años no se celebran mirando solo hacia atrás: se celebran abriendo la puerta a quien quiera seguir escribiendo esta historia. Por eso, a partir de septiembre, la Coral Villa de Valdemoro busca nuevas voces que quieran sumarse a este proyecto tan grande como ilusionante. No importa si nunca has cantado en un coro: importan las ganas de formar parte de algo que, década tras década, sigue demostrando que la música es la mejor manera de unir corazones.

Si te apetece formar parte de esta gran familia coral, puedes informarte en coralvilladevaldemoro.com o en su email coral.villavaldemoro@gmail.com.

Porque cada voz que se une no solo forma un coro: se convierte en parte de su historia.

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