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El Convento de la Encarnación: fundación ducal

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Vista aérea del convento de la Encarnación. h. 2010

El 8 de noviembre de 2016 el Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid aprobaba la declaración como Bien de Interés Cultural al Convento de la Encarnación de Valdemoro, conocido popularmente como el Convento de las Clarisas.

Ese relevante acuerdo institucional convertía al inmueble en el segundo edificio del municipio con categoría de monumento, según la Ley de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid (2023), detrás de la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción. Asimismo, representaba el perfecto colofón a un ambicioso programa de actos culturales elaborado por el Ayuntamiento para conmemorar el IV centenario de la inauguración
del cenobio por el todopoderoso duque de Lerma.

Espadaña. 2016

El origen del monasterio había tenido lugar en 1609, cuando Valdemoro llevaba siete años bajo el señorío jurisidiccional de Francisco de Sandoval y Rojas, valido de Felipe III. Lerma
había iniciado muy pronto los trámites necesarios para establecer una fundación eclesiástica en su villa recientemente adquirida y para ello contó con la aprobación y los oportunos permisos de su tío el cardenal Bernardo de Sandoval y Rojas, arzobispo de Toledo.

Fachada de la iglesia conventual. 2022.

Las primeras monjas, pertenecientes a notables familias de la corte, algunas emparentadas con Lerma y procedentes de las Descalzas Reales de Madrid, llegaron a Valdemoro el 25 de noviembre de 1609 y se instalaron en el hospital de San Andrés,
propiedad de la Cofradía de San Sebastián. Era una humilde edificación ubicada en la calle principal de la población (actual Centro Cultural Juan Prado en la calle Estrella de Elola).
En dicho inmueble permanecieron mientras se construía el edificio apropiado para acoger el Convento, cuya solemne inauguración tuvo lugar en mayo de 1616.

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Patio de entrada al recinto conventual. 2021

En las afueras del caserío, pero «cerca de la fuente de la villa», decidió el duque erigir el inmueble, situado en el sudeste del casco urbano entre las calles Duque de Lerma, Virgen de la Paloma, plaza de las Monjas y el paseo Párroco don Lorenzo. Y para su construcción contó con algunos de los mejores profesionales de la época: el aparejador Pedro de
Lizargárate y el carmelita fray Alberto de la Madre de Dios fueron los responsables directos del proyecto constructivo.

Claustro. 2016

El esquema de la construcción religiosa es el clásico de esta tipología edificatoria de principios del siglo XVII: iglesia de cruz latina en dirección esteoeste con acceso desde el exterior por el norte, y el claustro adosado al sur, rodeado de tres crujías con las dependencias del Convento y prácticamente encajado en la fábrica de la iglesia. Esta compacta traza original se disgregó por sucesivas ampliaciones levantadas a lo largo de los siglos.

Retablo del altar mayor. 2016

El elemento más interesante del conjunto arquitectónico es la iglesia, integrada en el ala norte del edificio. Su planta es de cruz latina, con una sola nave, dividida en tres tramos con bóveda de cañón y crucero, coro alto a los pies y reja de clausura. Está construida
con aparejo toledano y destaca sobremanera la portada de piedra de Colmenar, compuesta de un gran hueco adintelado con arquitrabe, friso y cornisa.

El altar mayor tras la reja de clausura. 2016

Un frontispicio remata dicho elemento y contiene una hornacina que alberga la escultura de Santa Clara de Asís, flanqueada por dos escudos, el de la izquierda perteneciente a la casa de Lerma y el de la derecha a la familia de su esposa Catalina de la Cerda, ambos fueron esculpidos por Antonio Riera (1615).

Portada de la iglesia. Escultura de Santa Clara de Asís y escudos nobiliarios de la familia del duque
de Lerma. 2016

Entre los retablos, sustituidos en gran parte tras la Guerra Civil, sobresale el barroco del altar mayor, dorado y ensamblado, con un gran lienzo de la Encarnación y otro menor de El Calvario en el ático, atribuidos a la escuela madrileña del primer tercio del siglo XVII. También es de destacar La transfiguración de San Antonio, del pintor de origen valdemoreño Juan Cano de Arévalo (n. 1656), única obra firmada, y una Virgen leyendo de autor desconocido.

Como la iglesia parroquial y la ermita del Santísimo Cristo de la Salud, el Convento de las
Clarisas muestra al exterior una sugerente volumetría proveniente de la traslación al exterior de los sencillos espacios interiores; destacan las perspectivas del volumen de la iglesia desde la calle del Párroco Don Lorenzo o del propio Convento desde el sur, de gran potencia visual.

Durante los siglos XIX y XX el conjunto monacal sufrió diversas ampliaciones y reparaciones que variaron su imagen externa. Durante la Guerra Civil fue saqueado y se convirtió en cuartel, destruyéndose los solados, la escalera principal y gran parte de la cubierta. Entre 1940 y 1942 fue reconstruido con fondos pertenecientes a la Dirección General de Regiones Devastadas.

Jardín y testero de la iglesia conventual. 2016

En 2001 comenzó el proyecto arquitectónico más ambicioso de remodelación del complejo monumental, bajo la dirección del arquitecto José Ramón Duralde Rodríguez. En una primera fase fueron restauradas las techumbres por su lamentable estado de conservación. A partir de entonces, en etapas sucesivas, se han acometido las reformas de la escalera principal, los claustros, fachadas, cerramiento perimetral, acondicionamiento de la huerta… para culminar en 2023 con la denominada Casa de Capellanes, en la esquina noreste del Convento.

Claustro. 2016

En definitiva, en el siglo XXI el Convento de las Clarisas de Valdemoro se encuentra más cerca del que proyectaron fray Alberto y Lizargárate que el que albergaba a las hermanas en el siglo XX.

Contenido creado por Ayuntamiento de Valdemoro.

Texto: María Jesús López Portero. Archivera Municipal de Valdemoro
Fotografías: Archivo Municipal de Valdemoro

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