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Entrevista a Andrea Miguélez, campeona del mundo de paratriatlón

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Cuán importante es el factor psicológico en todos los ámbitos de nuestra vida. Un componente históricamente muy olvidado y que encierra gran parte del potencial que tenemos como seres humanos. En este número de abril conocemos a Andrea Miguélez, una joven paratriatleta que ha sabido afrontar los grandes retos que le puso la vida desde muy pequeña. Hoy, con tan solo dieciocho años, es campeona del mundo de paratriatlón en la categoría PTS3.

La historia de Andrea comienza con tan solo tres años, momento en el que sus padres se dieron cuenta durante una siesta de que Andrea respiraba y se quedaba doce segundos en apnea. Sufría 360 apneas en una sola noche. Tras años de pruebas diagnósticas le detectaron la malformación de Arnold Chiari, una afección en la que el tejido cerebral se extiende hacia el canal espinal. Andrea tenía el bulbo raquídeo descolgado y eso le provocó una malformación del cerebelo, presionando el cerebro y forzándolo hacia abajo. Tras una operación muy invasiva que la dejó postrada en una cama tuvo que volver a aprender a gatear, gesticular o sonreír. Su fortaleza y tesón durante la rehabilitación le permitieron volver a andar. Tras la intervención tiene afectadas la segunda y tercera vértebra, con una movilidad del 50 % y 25 % respectivamente, y ha perdido la sensibilidad en su mano izquierda.

Esta parleña vecina de Valdemoro se ha sobrepuesto a la discapacidad gracias al deporte. Con once años comenzó su andadura en el triatlón, sin ninguna aspiración más que satisfacer su proactividad. La natación la ayudó a mejorar su espalda y la bicicleta la unió aún más a su padre, también deportista. Tras siete años de entrenamiento, Andrea se aventuró en la competición como paratriatleta y cosechó un 2021 impecable a nivel deportivo, conquistando las competiciones nacionales, europeas y mundiales de la categoría PTS3 de paratriatlón. Once años después de su intervención, forma parte del Club Triatlón 401, donde también compite la valdemoreña Eva Moral, y ha sido reclutada por Kini Carrasco para el equipo Promesas Paralímpicas de Triatlón de España.

¿Cómo surge tu vínculo con el deporte?

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Desde muy pequeña he sido una niña muy activa. Como extraescolar practicaba baile, pero siempre tuve la necesidad de hacer algo más. Mi padre monta mucho en bicicleta y comencé a salir a hacer rutas con él. Me encantaba la bicicleta, salíamos por los caminos que unen Parla con Valdemoro. La última salida antes de la intervención hicimos 35 kilómetros, tenía seis años.

Tras una operación que redujo tu movilidad al mínimo decides practicar un deporte de enorme complejidad física como es el triatlón.

Me considero una chica muy inquieta que siempre ha necesitado estar muy activa. Mi hermano comenzó a practicar triatlón y eso hizo que empezara a vivir el ambiente de amistad que hay entre la gente que practicamos este deporte. Al principio tenía cierta reticencia a practicarlo porque no me gustaba nada correr, pero la natación me ayudaba a fortalecer mi espalda y la bicicleta era uno de mis deportes favoritos. Finalmente, me animé y empecé a practicar triatlón en un club de Parla con once años.

¿Cómo te ha influido pasar por una experiencia como la que has vivido?

Tuve la suerte de que me intervinieron cuando era muy pequeña. Tengo algún recuerdo de las pruebas que me hacían con cientos de cables y alguna imagen jugando con una Nintendo que me regalaron cuando estuve en la UCI. Lo que más recuerdo fue el proceso de volver a aprender a andar. La intervención fue muy severa y lo olvidé. Fue muy complejo porque de pronto pierdes una habilidad que tienes muy interiorizada. Mi abuelo me ponía metas en la recuperación y si las conseguía me daba jamón. Mi paso por el Hospital Niño Jesús fue muy agradable porque todo el centro se vuelca en que los niños tengan la mejor experiencia durante su hospitalización. Mi incorporación a la vida normal tras la operación fue muy paulatina. Cuando volví a casa empecé a dar clases con una profesora particular y acudí al colegio en un par de ocasiones porque era peligroso sufrir algún tipo de golpe. En todo ese tiempo siempre tuve el apoyo de mi familia y amigos, principal motor de mi recuperación.

En alguna ocasión has manifestado que tu hospitalización no supuso un trauma de pequeña, pero ya de adulta sí que has tenido que trabajar este aspecto de tu pasado.

Se dice que los niños son muy crueles. Yo pude haber tenido una infancia complicada por las limitaciones que tuve tras la operación, pero lo cierto es que cuando volví al colegio todos los compañeros me trataron genial y nunca sufrí discriminación de ningún tipo. Paradójicamente, ha sido de adulta cuando he vivido situaciones muy desagradables y procedentes de personas de las que se supone deben ser ejemplares. En el instituto tuve muchos problemas con la asignatura de música y la flauta dulce. Le expliqué al profesor el motivo por el que no podía tocar la flauta y el profesor me llamó inútil. Ahora estudio un grado de auxiliar de enfermería y en una práctica hay que hacer un traspaso de material con la mano izquierda que yo no puedo hacer. Cada día me enfrento a limitaciones y creo nuevas formas para que no se conviertan en impedimentos. La profesora de la asignatura entendió que estaba haciendo lo que me daba la gana y me sugirió que me replanteara mi futuro. Este tipo de comentarios son muy dolorosos y difíciles de encajar porque el gran motor para seguir adelante es la confianza en ti misma. Cualquier situación que te cuestiona te afecta indudablemente a la autoestima. Siempre he vivido mi discapacidad como algo que te toca en la vida y con lo que tienes que convivir, nunca supuso una limitación para mis objetivos y siempre voy a trabajar para que siga siendo así.

La concepción que tenemos de la discapacidad es una persona ciega o que va en silla de ruedas. ¿Cómo afrontas la vida adulta teniendo una discapacidad invisible?

Llevo más de doce años sobreponiéndome a los obstáculos que se me presentan día a día. Soy muy consciente de mis capacidades y limitaciones. Por eso siempre busco nuevas formas de hacer aquellas tareas que no puedo con mi mano. No me apuro si tardo cinco minutos en hacer algo que se suele hacer en dos. Los problemas vienen al estar en sociedad. En los estudios, como supongo que será en el mundo profesional, hay que dar muchas explicaciones sobre la limitación que tengo en mi mano porque la gente me ve y soy una chica completamente normal. En algunos casos incluso he tenido que presentar informes médicos que justifiquen mi situación. Tengo muy naturalizado explicar mi discapacidad y, de hecho, me gusta que el entorno que me rodea lo conozca para que comprenda mi forma de enfrentarme al día a día.

¿Cómo te definirías?

Me considero una persona con muchas ganas de afrontar todos los retos que tengo por delante. Ahora que entro en la vida adulta quiero enfocar mi futuro profesional hacia la sanidad. En lo deportivo, estoy recogiendo frutos increíbles en el triatlón. Soy de las atletas más jóvenes a nivel mundial y tengo mucho camino por delante que, además, me apetece mucho recorrer.

En tu primer año de competición lo has conseguido todo, pero no ha sido fruto de la casualidad. Detrás de las victorias hay muchos años de trabajo.

Estuve entrenando y compitiendo durante siete años como deportista convencional hasta que me adentré en el mundo del paratriatlón. Practicaba triatlón porque me gusta hacer deporte, pero nunca había imaginado que yo podría ser clasificada como paratriatleta. Fue Ángel, mi entrenador, quien consultó a los técnicos y me llevaron a una concentración en Cáceres. En abril obtuve la clasificación PTS3. Hasta entonces no me había marcado grandes retos.

¿Cómo fue tu proceso de orientación a la competición una vez que te ofrecen ser paratriatleta?

Ángel me ha acompañado muy bien en todo mi proceso y el nivel de los entrenamientos ha ido aumentando poco a poco. Al principio entraba lo mismo, pero era más exigente. Cuando gané el Campeonato de España de Duatlón fue el primer momento en el que tomé conciencia de que esto iba en serio. Ya en el Campeonato de Europa en Valencia, Ángel me planteó la idea de que, si quería conseguir nuevas metas, tenía que aumentar el nivel de mis entrenamientos. Desde entonces hago más entrenamientos con más sesiones de gimnasio, más metros de agua y a un ritmo más alto.

¿El aumento de las exigencias te ha supuesto un conflicto contigo misma o tus objetivos?

Tengo tantas ganas de entrenar y competir en triatlón que entrenar mucho más no está suponiendo un esfuerzo para mí. Hace dos años eran impensables cuatro sesiones de entrenamiento en un día, y ayer mismo hice sesión de gimnasio, bicicleta, carrera y natación. Mi motivación es muy alta porque estoy haciendo lo que me gusta, lo que quiero.

El 9 de abril no es tu cumpleaños, pero tiene un significado muy importante para ti.

El 9 de abril de 2010 tuve la intervención que cambió mi vida por completo y once años más tarde, el 9 de abril de 2021, disputé mi primer campeonato como paratriatleta. Las casualidades de la vida hacen que eches la vista atrás y veas todo el camino que has recorrido en ese tiempo. En once años he pasado un mes atada a miles de cables y vías de pies a cabeza, he aprendido a andar, a adaptarme a muchas cosas y he vuelto a retomar la proactividad que siempre me había caracterizado. Once años después de estar postrada en una cama he disputado un mundial. Sin duda ha sido un viaje muy duro de recorrer pero muy bonito.

¿Cómo crees que te ha influido este viaje de once años en tu forma de ser?

Afrontar una enfermedad tan poco común y la discapacidad que ha sobrevenido de ella te obligan a asumir responsabilidad desde muy pequeña. Enfrentarme a todo esto me ha hecho madurar a pasos agigantados y eso hace que hoy, siendo una chica de dieciocho años, tenga muy claro cuáles son mis prioridades y motivaciones.

¿Qué te ha supuesto pasar a formar parte del Club Triatlón 401?

Llegué con doce años al equipo y tuve la oportunidad de conocer a mucha gente nueva, algo que me gusta mucho. Todos estos años han sido un proceso de crecimiento constante en el que mejorar un par de segundos en carrera ha sido toda una satisfacción. La gente del 401 es una pequeña gran familia en la que todos nos apoyamos. Mis amigos son también triatletas y mi familia también está en el equipo. El deporte es mi forma de vida y el club y su gente me han ayudado a conseguir nuevos retos y pensar en muchos otros más.

En 2021 llegaste a competir en Abu Dabi y te hiciste con el campeonato del mundo en PTS3. ¿Qué balance haces del que ha sido deportivamente tu año?

Ha sido un despegue muy fuerte. En abril de 2021 no sabía si me iba a clasificar para el Campeonato de España de Avilés, donde no tenía ni categoría de paratriatleta. Unos meses más tarde estaba corriendo en el circuito de Yas Marina de Abu Dabi. Personalmente, ha sido una de las mejores experiencias de mi vida. Yo seguía a Eva Moral antes de que comenzara a competir. Siempre ha sido un referente para mí, y pasar a formar parte de la selección y ser su compañera ha sido algo muy gratificante. Soy la pequeña y todo el equipo me ha animado a seguir entrenando. También me han concienciado de que es un camino largo en el que no todo son éxitos. Creo que todavía sigo asimilando haber ganado un europeo y un mundial en tan solo un año.

¿Cómo afrontaste el mundial?

En lo deportivo, me fue relativamente fácil preparar el mundial porque continué con mis entrenamientos y el aumento de las exigencias fue progresivo. Psicológicamente fue todo un reto. Los miedos aparecen cuando piensas en la envergadura de la competición a la que vas y que, aunque viajas con el equipo, tu familia está lejos. La semana previa a la competición fue complicada mentalmente porque tenía miedo de defraudar a todo mi entorno. Ángel me transmitió mucha seguridad para afrontar la competición y me dio el mejor consejo: disfrutar de la experiencia. Veinte minutos antes de la competición mi compañero Héctor me tranquilizó mucho con sus palabras, y logré ganar.

El nivel de competición que has alcanzado exige una dedicación al deporte casi plena. ¿Te planteas dedicarte profesionalmente al triatlón?

Por el momento quiero terminar mis estudios como técnico auxiliar de enfermería. Hacer un grado superior y la carrera de enfermería porque me gustaría ser parte de la sanidad de nuestro país. Ahora dedico mucho tiempo al deporte, como si fuera un trabajo, y  es cierto que muchos compañeros de selección se dedican exclusivamente a ello. Pero soy consciente de que el deporte se acaba. Me gustaría ser sanitaria porque me gustaría ayudar a otras personas como lo hicieron conmigo.

Eva es una de las atletas referentes de Valdemoro. ¿Cómo es tu relación con ella?

Siempre he admirado a Eva por sus valores como deportista y todo lo que ha conseguido. Cuando pasó a formar parte del Triatlón 401 tuve la oportunidad de conocerla mucho mejor. El año pasado entrenábamos mucho juntas porque coincidíamos en las sesiones de las mañanas. Ha sido otra de las figuras que me ha ayudado a asumir el crecimiento tan rápido que he experimentado en tan poco tiempo. Poder tener cerca su madurez y experiencia como atleta ha sido todo un privilegio.

¿Qué le dirías a esos profesores que te cuestionaron?

Mi profesora de enfermería me llegó a sugerir que dejara el deporte porque entrenaba mucho. A todos ellos les enseñaría los resultados y les pediría que no se comporten así porque pueden hacer mucho daño a otras personas. Tuve la suerte de contar con todo el apoyo de mis compañeros y me propuse no venirme abajo por ningún comentario. Yo he podido afrontarlo para que no me afectaran a mis objetivos, pero hay personas que no. A todos ellos les diría que cualquier comentario que te desmotiva no merece ni un segundo de tus pensamientos.

¿Qué retos quieres asumir como atleta en el futuro?

Este año tengo Campeonato de Europa en Polonia y disputaré varias carreras por España. También volveré al Campeonato del Mundo en Abu Dabi. 2022 no es un año definitivo para los Juegos Olímpicos. A largo plazo mi gran objetivo es poder participar en los Juegos Olímpicos de París 2024. Mi categoría no está en los juegos por la falta de licencias y me tendría que clasificar en la categoría superior a la mía. Es un reto que quiero asumir porque me motiva competir con gente que tiene menos discapacidad que yo. Ya estoy trabajando para mejorar mis tiempos y poder enfrentarme a esa categoría superior.

 

Andrea se define como una atleta con mucha fuerza de voluntad y competitividad, dos características muy difíciles de entrenar en la pista y que caracterizan a los mejores atletas. Esta promesa del paratriatlón mundial tiene un camino muy largo por recorrer que, como nos muestra con su entusiasmo, está ilusionada de afrontar. En La revista de Valdemoro le deseamos lo mejor y estamos seguros de que dentro de poco podremos contar orgullosos que otra valdemoreña participa en unos Juegos Olímpicos.

Texto_Sergio García Otero

Fotografía_Ncuadres

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