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Entrevista a Miguel Ramalleira

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El año nuevo siempre es un momento idóneo para nuevos propósitos y marcar objetivos. Este es el caso de Miguel Ramalleira, gaitero madrileño que ha forjado un vínculo muy especial con Galicia por su ascendencia gallega. Este valdemoreño de adopción llegó a nuestro municipio gracias a la gaita. En el Centro Gallego de Madrid conoció a su mujer, Andrea, que ya vivía en Valdemoro. Ambos han decidido que Valdemoro es el mejor lugar para formar su familia. Desde aquí, Miguel continúa su carrera musical como gaiteiro con la producción de su primer disco. Entre sus grandes ilusiones como músico está la de participar en la feria barroca de Valdemoro con su grupo Upsala.

¿Cuáles son los orígenes de Miguel?

Mi padre nació en Madrid, aunque mis abuelos son de Lugo, y mi madre es manchega, de Puertollano. Mis padres se conocieron en el barrio de Atocha. Allí han vivido toda la vida y compartieron pandilla y vida desde la juventud. En el mismo barrio donde se asentaron mis abuelos también lo hicieron mis padres. Allí, en Madrid, es donde me he criado hasta los 26 años, momento en el que me vine a vivir a Valdemoro.

¿Cómo fue tu infancia?

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Siempre he sido un niño muy travieso al que le diagnosticaron hiperactividad. El colegio fue bien, aunque nunca me gustó estudiar. Cuando comencé a tocar la gaita, tenía dieciséis años, una edad complicada para un instrumento tan poco habitual como este. Durante toda la adolescencia tuve que aguantar muchos comentarios negativos por tocar la gaita. Hoy me siento orgulloso de no haberles hecho caso porque, aunque me especialicé en informática y diseño gráfico, todo lo que tengo a día de hoy se lo debo a la gaita.

¿Cómo estableces tu vínculo con Galicia?

Mis abuelos paternos son de la provincia de Lugo, en concreto de Foz, en la mariña lucense. Aunque mi padre nació en Madrid y yo me he criado aquí toda mi vida, lo cierto es que todos los veranos hemos ido a Galicia a pasar las vacaciones de verano. Desde muy pequeño, para mí era el mejor momento del año. Pasábamos el mes de agosto en una aldea muy pequeña que se encuentra en la costa. La libertad que tenía como niño me parecía increíble comparándola con mi vida en Madrid. Tales eran las ganas que cuando terminábamos el colegio hacíamos un calendario contando los días que quedaban para ir a Galicia.

¿Qué ha influido en ti para forjar este sentimiento de arraigo a Galicia viviendo en Madrid?

Mis padres nunca nos han inculcado la cultura gallega como tal. Mi padre ha ido mucho a Galicia, pero siempre lo hacía en los meses de verano para trabajar en el campo. No ha habido un agente externo que me haya ayudado a crear ese sentimiento de arraigo; creo que todo proviene de las buenas experiencias que he tenido desde muy pequeño en esa tierra. Galicia siempre ha significado para mí la libertad de poder jugar, de poder conocer de cerca de la gente de la aldea y de disfrutar con los bailes y fiestas que se celebran allí en verano. Creo que ese sentimiento era tan fuerte que me permitía seguir manteniendo el vínculo el resto del año a pesar de estar en Madrid.

¿Cuándo descubres el instrumento?

Durante unas vacaciones de verano en Galicia fuimos a la fiesta del inmigrante, que se celebra en San Miguel del Reinante. Allí se reúnen muchos grupos para tocar en una fiesta multitudinaria. Mis primos bailaban en esa fiesta y fue la primera vez que pude ver una actuación de gaita en directo. Tiempo después, paseando con mi padre por el centro de Madrid, pasamos por el Centro Gallego de Madrid. Fue entonces cuando él me sugirió que probara a aprender a tocar la gaita. Me pareció una buena idea porque ya había despertado mi curiosidad antes y, además, me permitía estar más cerca de Galicia durante todo el año.

¿Cómo ha sido el proceso de aprendizaje de un instrumento tan poco habitual aquí?

Por suerte tenía bastantes nociones básicas gracias a la flauta dulce que tocamos todos cuando vamos al colegio. La posición de los dedos es muy parecida, lo que te aporta soltura. En sí, el proceso es complicado porque incorpora más elementos como soplar y apretar, que son particulares de la gaita. Yo no había tenido ningún bagaje musical previo, lo que supuso empezar desde cero con dieciséis años. Los cuatro primeros años estuve aprendiendo de manera intensiva a dominar el instrumento. Con veinte años, desde el Centro Gallego me ofrecieron impartir las clases de gaita y hacerme cargo de su banda.

Musicalmente, ¿cómo se define Miguel Ramalleira?

Dentro del mundo musical y de la cultura gallega la gaita es el instrumento que me define porque todo el mundo me conoce como gaiteiro. Más allá del instrumento, creo que lo que más me distingue son mis temáticas y composiciones. Me gusta transmitir mi forma de ser a través de la gaita con temas muy alegres y de temáticas positivas. Tengo muchas influencias de las verbenas tradicionales del pueblo, en Galicia conocidas como foliadas o serán. Esa esencia de diversión creo que impregna todas mis composiciones. Además también me gusta fusionar la música tradicional con otras corrientes, como puede ser el flamenco.

En tu disco comentas que te gusta hacer adaptaciones de la música tradicional a los sonidos de hoy. ¿Cómo lo consigues?

Este propósito viene desde que comencé a ser profesor en el Centro Gallego de Madrid. Es importante conocer y saber tocar la música tradicional gallega, pero también hay que conseguir que esa música sea atractiva para las nuevas generaciones. Es por ello que me gusta salir de las típicas muñeiras para interpretar otros estilos como pueden ser el pop, el flamenco o el rock. Me gusta trabajar las versiones de canciones y las alteraciones de los ritmos sin perder la esencia de la melodía. Por ejemplo, en el disco hay una canción que se llama Aires de rumba que hibrida la clásica muñeira de Lugo con la rumba flamenca. La pista se apoya en instrumentos como el cajón o la guitarra española para dotarle de esos sonidos diferentes.

¿Cuáles son los elementos que para ti aportan personalidad a la música gallega?

Creo que los orígenes de la música gallega son los que imprimen toda la identidad a sus sonidos y temáticas. La muñeira es la danza popular por antonomasia y proviene del muiño, el molino. Sus sonidos y temas nacen de la labor en el campo, es por ello que incluyen muchos sonidos cuyos instrumentos principales son utensilios del campo, como la hoz. La música gallega también tiene mucha riqueza por la emigración que ha experimentado su pueblo. Los gallegos que emigraron a Cuba y volvieron trajeron sonidos como las habaneras, que ya están incorporadas a la cultura tradicional gallega.

¿Qué ha supuesto para ti dar el salto a la dirección de una banda?

Es probablemente uno de los mayores retos que he asumido en mi carrera profesional. Como te he comentado, yo no tenía estudios previos de música y han sido nueve los años de trabajo con Daniel Bellón, mi maestro. Dirigir una banda es un gran reto que conlleva otros más a su vez. El primero es ganarse la confianza de músicos que son mayores que tú. Me gusta que haya muy buen ambiente en la banda, y que todo el mundo se sienta cómodo es una de mis prioridades. En el aspecto musical el mayor reto es que todos los instrumentos suenen de manera compacta. Esta parte requiere de mucho trabajo sobre un repertorio, pero el resultado es muy satisfactorio.

Háblame de la banda.

La banda se llama Agrupación Rosalía de Castro y pertenece al Centro Gallego de Madrid. Está compuesta por aproximadamente treinta músicos que tocan diferentes instrumentos: gaita, tamboril, pandereta y bombo. Este año contamos con mucha gente nueva, lo que nos ha permitido crecer a nivel sonoro. Es la agrupación más antigua de Madrid, a partir de la que han crecido el resto de agrupaciones que hay en en la capital. En la actualidad hay mucha oferta de música gallega en Madrid y cada vez hay más gente que no es necesariamente de origen gallego, sino que tienen otros intereses que vienen de corrientes musicales como el folk.

¿Cuáles han sido tus grandes retos musicales?

Uno de mis primeros grandes proyectos fue el grupo Fol Turuxo, un grupo de música folk y celta. Más tarde cambié de estilo y pasé a formar parte de Ekyrian, un grupo de rock parecido al estilo de Mago de Oz. Era un grupo de nueve integrantes que me brindó la oportunidad de experimentar nuevos estilos y adentrarme en el mundo de la gaita electrónica. Mi última participación en una agrupación es con Upsala, un grupo de cuatro instrumentos que actúa en ferias medievales por toda España. Upsala es una oportunidad magnífica tanto a nivel musical como profesional. La pandemia paralizó la gira que teníamos programada y que estamos deseando retomar al cien por cien.

¿Cuáles son tus referentes musicales?

Tengo tres grandes referentes: Susana Seivane, Carlos Núñez y Daniel Bellón. Susana hizo durante el confinamiento una iniciativa similar a la mía: tocar una canción todos los días. Ha sacado un disco con esos temas que me recuerda a mis comienzos. Ella es mi vínculo con la tradición. Carlos Núñez me aporta la riqueza en instrumentos y sonidos más modernos como el folk. Daniel es la vanguardia y fusión porque mezcla el sonido de la gaita con jazz. Es una eminencia que ha recibido numerosos premios.

El mayor reto en el que estás involucrado ahora mismo es tu primer disco: Ramalleira. ¿Cómo surge la idea de tu primer álbum?

Hasta el confinamiento nunca me había planteado la idea de componer mis propias canciones. Durante la pandemia sufrí la pérdida de mi abuela por la covid-19, lo que me llevó a querer expresar todo aquello que estaba sintiendo a través de una canción. Conseguí crear una canción que me gustó mucho y despertó en mí la idea de un pequeño disco que reflejara las principales etapas de mi vida. Lo comenté con mi mujer, Andrea, y me animé a clanzar una campaña de crowdfunding para financiarlo. La campaña ha tenido muy buena acogida y superó el objetivo de financiación en menos de un mes.

¿Qué podemos encontrar en Ramalleira?

El disco está compuesto por cinco canciones propias que hablan sobre momentos representativos de mi vida, como son la pérdida de mi abuela o el nacimiento de mi hija Uxía. También hay cinco versiones de canciones revisadas desde un punto de vista más actual. En el disco hay muchas colaboraciones de artistas como Susana Seivane y Rulo, mítico cantante de la orquesta Panorama. La producción corre a cargo de Fernando Polaino, productor, compositor y músico. El disco se ha grabado en formato directo para captar la riqueza de la música en vivo.

 

Miguel ha tenido la oportunidad de colaborar con grandes figuras de la música nacional como Luisma Hernández (bajista de Obús), José Manuel Pizarro (vientos de Mago de Oz), La Mari (Chambao), Amaral, Andrés Suárez o Emilio Aragón, entre otros. Gracias a su iniciativa musical durante el confinamiento de publicar más de cincuenta vídeos ha podido colaborar con músicos de Japón, aparecer en la televisión italiana e incluso participar en un festival en la isla de Cerdeña. Su implicación en la difusión de la cultura gallega es su principal objetivo, un propósito que pretende visibilizar una cultura minoritaria pero de enorme riqueza.

Texto_Sergio García

Fotografía_Ncuadres