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Entrevista con Daniel Oriza

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Giuseppe Tornatore es el director de cine italiano que en 1988 dirigió Cinema Paradiso. Una de las claves del éxito de esta película fue conseguir que Ennio Morricone escribiera la partitura de su banda sonora. Desde entonces, se estableció una relación de amistad entre el músico y el director de cine. Una relación muy similar a la que se establece entre un maestro y su discípulo. En 2015, esa amistad permitió que Tornatore pudiera contar con Morricone para llevar a cabo uno de sus mejores proyectos: una película sobre el propio maestro. Ennio es un documental que fue presentado en el Festival de Cine de Venecia en 2021 y que ha sido estrenado en 2022.

Los amantes del cine y de la música disfrutarán con este homenaje a uno de los grandes maestros de la música del siglo XX, que nos regaló bandas sonoras como la de El bueno, el feo y el malo, La misión o Los intocables de Elliot Ness. Nadie como él supo unir música e imagen. Poder conocer la vida de este músico, escuchar sus recuerdos y las explicaciones sobre el origen de algunas de sus composiciones son algunas de las razones para ver la película.

Fue interesante la relación de Morricone con su profesor de música en el conservatorio superior. Tanto él como muchos otros profesores criticaban que un músico salido de tan alta institución se dedicara a componer música para el cine, algo que consideraban un arte menor. Sin embargo, cuando ellos lo intentaron —pronto vieron que el cine reportaba grandes beneficios económicos y el reconocimiento del gran público— no estuvieron a la altura de Ennio Morricone.

Estoy en casa de Daniel Oriza. Aquí se encuentra a gusto y comparte conmigo su aventura musical hasta llegar al día de hoy. Daniel terminó sus estudios de piano en el conservatorio en 2007 y, desde entonces, ha compuesto temas para algunos de los mejores intérpretes nacionales del momento.

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¿Cómo, cuándo y dónde se origina tu afición por la música?

Vine a Valdemoro, desde Madrid, cuando tenía siete años. La mudanza fue progresiva. Veníamos primero los fines de semana y en el breve trayecto de coche entre Madrid y Valdemoro, mi padre nos educó musicalmente con la música de los años ochenta. Creo que somos una generación afortunada por haber crecido con esa música. Crecí, entonces, rodeado de buena música, gracias a mi padre, y recuerdo bajar las escaleras de casa, vivíamos en un cuarto piso, tarareando melodías, tal vez inspiradas fuertemente en esa música, pero ya de mi propia cosecha. En mi cabeza ya había algo dispuesto a crear nuevas melodías.

¿Y recuerdas el momento preciso en el que nació tu pasión por el piano?

Yo tendría unos nueve años. Aquel día mi amigo José María Díaz se había llevado un teclado electrónico a la escuela y, antes de que tocara la sirena de entrada, me lo encontré con el teclado en el suelo, el típico Yamaha, rodeado de chavales y sacando melodías. De repente, le oí tocar Para Elisa, por primera vez en mi vida. No sé si la había escuchado antes. El caso es que fue la primera vez que fui consciente de que un chaval de mi edad era capaz de tocar esa pieza en un teclado. Desde ese momento, lo supiera o no, Daniel Oriza había decidido dedicarse al piano. Para mi cumpleaños, pedí que me compraran un tecladito. Y, a partir de ahí, José María, Alberto Peña y yo nos asociamos para tocar juntos. En el colegio Pedro López de Lerena caímos en gracia y nos invitaban para que tocáramos en los festivales de final de curso. Esos fueron mis inicios con la música.

¿Te apuntaste a clases de piano?

Sí. Mis padres me apuntaron en la Escuela Municipal de Música, que, entonces, estaba en el parque del Cristo. Fue Loli (María Dolores Martínez), de la Escuela de Música, la profesora que tuve el segundo año, la persona que, con una naturalidad pasmosa, me transmitió su amor por la música. Además, Loli pronto se acercó a mi madre para comentarle que la Escuela de Música de Valdemoro estaba bien, pero que, tal vez, con mis habilidades musicales, debían intentar animarme para entrar en el Conservatorio. Mi madre encontró a una profesora que daba clases particulares y parecía ideal. Ella podría prepararme para entrar al conservatorio. Pero yo no lo tenía tan claro. Con trece años, con mi timidez de esa época, mi madre tuvo que trabajar para convencerme. Y ahora se lo agradezco. Tras año y medio de preparación, me presenté a las pruebas de ingreso del conservatorio Ángel Arias, de Madrid, y allí comenzó mi carrera musical.

Eso puede cambiar tu vida drásticamente.

Cierto. Con quince años, dejas de hacer lo mismo que hacen tus amigos de siempre. Tienes que ir y volver a Madrid, tener una disciplina personal muy exigente. Fueron, sin embargo, ocho años muy buenos. Aprendí muchísimo. Debía practicar durante ocho-diez horas diarias. Eso sí, me gustaba tanto que jamás tuvieron que decirme que estudiara. Viví la adolescencia descubriendo lo que era la música clásica. La música pasó a formar una forma de vida. Todo altamente positivo. Había muy buen ambiente durante los recitales y las audiciones.

Y tras tantos años de estudio, ¿Quisiste pasar al conservatorio superior?

Creo que leí que, de todos los que terminan sus estudios de música en el conservatorio medio, solamente un cero coma tres por ciento continua en el superior. Para empezar, apenas hay plazas.

Tú no tuviste problemas. Conseguiste entrar como el número uno de tu promoción.

Trabajé duro y me preparé bien para la audición. Fue un logro personal que me hizo fuerte para siempre. El conservatorio superior eran cuatro años más. Fueron cuatro años duros. Aparte del piano, son un montón de asignaturas. A mí me sorprendió que hubiera demasiadas asignaturas teóricas que te robaban mucho tiempo de las horas que necesitas para practicar en el piano. Creo que muchas de esas partes teóricas nos las podían haber mandado para casa y que deberíamos haber tenido más tiempo para tocar el piano. Además, durante el conservatorio superior, me topé con mucha gente que parecía tener como meta quitarnos la ilusión, derribar la pasión que teníamos por la música. Con todos los años que llevaba estudiando, con todo el trabajo que traía a mis espaldas, me di cuenta de que me querían robar la magia. Me propuse acabar a pesar de que tenía ante mí una verdadera ola de energía insalubre. Había buenos profesores, pero eran los menos. Si en cualquier situación educativa nos encontramos con tres factores fundamentales (estudiantes, profesores y materia), me topé con muchos profesores que se colocaban bien arriba, ponían a los alumnos lo más abajo posible y dejaban la materia más o menos en el centro. Creo que ese desequilibrio solo lleva a desastres pedagógicos. Desafortunadamente, creo que esto es algo generalizado en los estadios superiores de formación musical de todo el mundo. El conservatorio superior de música, el lugar donde yo esperaba encontrarme con el ambiente más favorable para seguir desarrollándome como músico, se convirtió en todo lo contrario. Entre las excepciones, puedo hablar de una catedrática de harpa que me demostró que se puede ser exigente desde lo positivo, que se puede sacar lo mejor de una persona sin hacerle perder el equilibrio, sin recurrir al miedo. A mi madre le habría gustado que yo acabara siendo profesor del conservatorio. Acabé tan decepcionado del ambiente que imperaba allí que, a día de hoy, no me apetece en absoluto.

Sin embargo, te gusta enseñar.

He dado clases desde los dieciséis años. En la actualidad trabajo como profesor en la escuela Preludio, en la calle Juan Bravo, en Madrid, y en la Escuela Municipal de Música Maestro Vicente Rodríguez, en Fuensalida, en la provincia de Toledo. Disfruto mis clases de piano desde el primer día. Me encanta enseñarles cómo es un piano por dentro, para qué sirven los pedales… Me gusta enseñar. Y me he dado cuenta de que se puede ser un poco de todo: compositor, concertista de piano y profesor.

Háblanos, entonces, de tu faceta como compositor.

Cuando acabé la carrera en 2007, conocí a unos cuantos músicos en Valdemoro que me ayudaron a ir encontrando nuevos caminos. Comencé a explorar la composición de temas pop. El primer tema que compuse con David Santisteban fue seleccionado, de golpe y porrazo, para David Bisbal. Luego, no llegó a aparecer en el disco, pero, desde luego, para ser el primer tema, me provocó muy buenas sensaciones. El primer tema compuesto junto a David Santisteban que llegó a cristalizarse fue El fallo de tu piel para el álbum Vive, de Malú. La cosa funcionaba. Después, hemos compuesto para Aitana, Cepeda, Vanessa Martín, India Martínez, David DeMaría, Pastora Soler… con David Santisteban hemos conseguido trabajar muy a gusto y ha habido una química estupenda. Han salido temas mágicos. Tenemos una conexión musical muy importante, que nos ha permitido trabajar juntos con cantantes que también componen. Junto a David me di cuenta de que podía dedicarme de forma profesional a la composición. Escuchar tus temas en la televisión y en la radio produce un placer especial. Hubo un año en que, durante las galas televisivas de nochevieja, con audiencias vertiginosas, había dos temas nuestros sonando a la vez en dos de las cadenas más importantes de televisión. Es maravilloso ver cómo, de un trabajo que surge de la colaboración con un amigo, se materializa una canción que trasciende más allá de nuestras fronteras.

Y todo empezó cuando te encontraste a tu amigo José María tocando Para Elisa en un teclado Yamaha para niños.

Escuchar a mi amigo José María me ayudó a descubrir la música clásica, me permitió ver que yo era capaz de tocarla y me llevó a poder componer música pop para algunos de los mejores artistas del momento. Y me ha permitido también acompañar como pianista a cantantes como Lorena Gómez, de la que también he sido director musical, con el tema Indomable, que fue elegido para la sintonía oficial del Tour de Francia 2017. Es un tema muy especial porque lo compusimos Lorena, David y yo y, luego, Lorena y yo lo fuimos tocando en directo por distintos lugares de España.

Has sabido fusionar tus conocimientos de música clásica con tus composiciones de música pop.

Los seres humanos somos fusión. He tocado a Rachmaninoff, a Beethoven, a Liszt, a Chopin… y los he sabido compaginar con Yiruma y con Michael Nyman. Es imposible romper con todo. Por muy original que quieras ser, siempre vas a tener influencias, siempre te van a condicionar las composiciones que has escuchado anteriormente. En mi caso, tal vez por mi formación o por mi personalidad, o por las dos cosas, mi fusión no es sencilla. El espectáculo Grand Piano, que he preparado y cuya gira comencé el otro día, está lleno de temas con cierta complicación. No son temas que podrán ser tocados por estudiantes de piano que lleven poco tiempo con el instrumento (sonríe). En esos temas, se ven reflejados treinta años de carrera.

Eso nos lleva a hablar de ese espectáculo que has preparado y que presentaste el otro día en Fuensalida.

Es un espectáculo musical que he compuesto con el corazón y que debo a mi compañera Bibi Kleem. Yo estaba muy centrado en mis composiciones de música pop y Bibi me dijo: «¿Cómo es que no has compuesto para piano todavía?». Y tenía razón. Es verdad que ya había compuesto algunos fondos musicales para televisión junto a Marco Dettoni, pero había abandonado la composición de música clásica al piano. Bibi me lo hizo ver con claridad. En muchos momentos, ella había escuchado algunas de mis improvisaciones clásicas al piano y le extrañó que nunca les hubiera dado forma. Así nació el espectáculo Grand Piano, que significa «piano de cola». La idea no es solo hacer una gira, sino que, además, me gustaría grabarlo en un disco y que sea una realidad a finales de este año.

Es una apuesta valiente.

Le he dedicado un año y me he dejado llevar. Lo decía un profesor que tuve en el conservatorio. Si vas al Auditorio Nacional, te das cuenta de que la media de edad de los asistentes al concierto es muy alta. De repente, ves que la música clásica tiene vida en los conservatorios, un poquito en la radio y en la televisión… Cuando hacíamos conciertos en el conservatorio, te dabas cuenta de que iba poquita gente, casi siempre familia y amigos. Con este espectáculo, con mis composiciones, el apoyo audiovisual y los textos de Bibi, me gustaría acercar una música fusión, moderna, con toques de corte clásico, a todos los rincones de España. Ilusión no nos falta.

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Ennio Morricone murió en 2020. Fue uno de los compositores musicales que mejor supo unir la música con la imagen. Creo que es algo que nos caracteriza como humanos. En el mes de junio, entrevistamos a Carlos Carrión, fotógrafo, que necesitaba poner música a sus imágenes, que no las concebía de otra forma. Hoy hemos entrevistado a Daniel Oriza que, cuando imagina ciertas imágenes que van unidas a sus composiciones, las interpreta con más pasión. Somos música e imagen. Morricone, Carrión y Oriza nos lo recuerdan.

Texto_Fernando Martín Pescador

Fotografía_Ncuadres

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