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Entrevista con Txetxu Rojo

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Tom Cruise despierta admiración como actor y por su afán en interpretar las escenas de acción en las películas en las que actúa. El actor, de sesenta años, rara vez ha utilizado un doble de riesgo. Aunque no muy habitual hoy en día, a lo largo de la historia del cine, han ido apareciendo una serie de actores que llegaron a ser estrellas de cine gracias a sus habilidades dentro de las escenas de acción. Durante la primera década del siglo XX, muchos vaqueros fueron contratados por Hollywood por su pericia montando a caballo. Tom Mix fue una de esas primeras estrellas del cine. Consiguió sus primeros contratos cinematográficos tras ganar un torneo nacional de rodeo (eso le garantizaba conocer técnicas para caerse del caballo y hacerse menos daño). También en los inicios del cine mudo, muchas de las rutinas de las comedias más populares provenían de números circenses. Esos fueron los orígenes de Chaplin o Buster Keaton. En la década de los años sesenta, muchos luchadores de artes marciales comenzaron como especialistas de escenas de acción y algunos, como Bruce Lee o, años más tarde, Jackie Chan, consiguieron fama mundial.

Sin embargo, raro es el reconocimiento personal que reciben estos artistas de la acción si no consiguen fama como actores. Ni los Óscar ni los Goya tienen un premio para la categoría del especialista. Encontramos muy pocas excepciones: en 1967 Yakima Canutt fue premiado con un Óscar honorario por su carrera como especialista de cine y director de acción; la Academia de Artes y Ciencias de la Televisión premia, en Estados Unidos, con un Emmy a los coordinadores de trucos escénicos. Los Taurus World Stunt Awards dan a los especialistas sus propios premios anuales y, además, a través de su fundación, ofrecen apoyo financiero para los especialistas accidentados mientras trabajaban.

Hoy tenemos con nosotros al valdemoreño Txetxu Rojo (se crio en nuestra localidad y, aunque se mudó hace unos años, ha vivido aquí gran parte de su vida). Txetxu  tiene una larga carrera como especialista en cine, televisión, vídeos musicales y publicidad. En la actualidad, sigue en activo, es formador de especialistas y su versatilidad le ha permitido trabajar en muchas otras facetas de la industria. Su especialidad le da su sobrenombre: la Antorcha Humana.

¿Cuándo y cómo comienza esa pasión tuya por incendiarte?

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Cuando tenía tres años, me cayó un producto de limpieza, no vamos a decir marcas, en las manos. Me dio por acercarme a la calefacción catalítica de gas para secarme y, de repente, las manos se me prendieron fuego. Aunque no te lo creas, a los tres años, ya tenemos más cabeza de la que imaginamos. No me quemé y, tras observar durante unos segundos, apagué el fuego. Desde ese momento, cada vez que se iba mi madre, repetía la jugada. Ya sabemos que la atracción por el fuego es atávica. Después de un tiempo, se me pasó. A los dieciséis años, por casualidades de la vida (ríe), me tiré de un tren en marcha. Y, a partir de ahí, fui enfocando estas ganas por la adrenalina. Busqué maneras de enmarcarlas dentro de un trabajo. Intento vivir haciendo lo que me gusta.

¿Qué es lo que te gusta?

Los deportes de riesgo. Estudié Imagen y Sonido, con lo que me gusta mucho la fotografía, el arte y todas las descargas de adrenalina posibles. Me encanta, por ejemplo, el tiro con arco. Así que me lo pienso y digo: «Si doy clases de tiro con arco, disfruto de mi afición y no gasto dinero haciéndolo». Y, así, estuve en el club de tiro con arco de Valdemoro. Me gusta la escalada y doy clases de escalada, hago trabajos verticales (básicamente, el trabajo con cuerdas, cables y otros tipos de dispositivos por medio de los cuales una persona puede estar suspendida en el aire para ejecutar ciertas tareas) para sacarle partido a mi gusto por la escalada. Estudié Imagen y Sonido y aquí, en Valdemoro monté un colectivo de fotografía que se llamaba Bohemia e, hicimos, entre otras cosas, maratones fotográficos.  No hay nada mejor que vivir de lo que te gusta. Nunca he dejado la fotografía: de hecho, soy director de acción de segunda unidad, pero prefiero prenderme fuego, tirarme por unas escaleras, por un barranco o estrellarme con un coche.

Háblanos de tu época como trabajador de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Valdemoro.

Fui técnico de sonido en el centro cultural (ahora Centro Cultural y Teatro Juan Prado). También nos encargábamos de construir todas las cosas que se necesitaban para el centro cultural, para la biblioteca… Teníamos la semana del cuento infantil o cualquier otra actividad y montábamos decorados. Recuerdo construir unas sardinas de nivel estratosférico, de más de ocho metros, para un carnaval, junto a mi amigo Jesús Quintanar, que era el otro técnico y era también monitor y programador cultural. También fui monitor de tiempo libre del Ayuntamiento y me encargaba de las fotos del centro cultural, de dejar registro de todo lo que pasaba por allí. También estuve un tiempo en Onda Valdemoro… Así que sí que he vivido bastante el mundo de la cultura en el municipio.

En estos momentos eres especialista de cine y, además, formas a nuevos especialistas.

Soy especialista en activo, soy jefe de especialistas o, así es como se denomina normalmente, coordinador de acción, que se encarga de la seguridad de los especialistas, es decir, de los dobles de riesgo de los actores y también de los actores, a los que, a veces, también hay que asesorar antes de la filmación de alguna escena. Pongamos que a Macarena Gómez, en una película de terror, el demonio la eleva por los aires. Yo me encargo de coordinar esa escena. Y, si en algún otro momento, el cámara debe asomarse desde un tejado para rodar un plano cenital, desde arriba, la responsabilidad de su seguridad corre de mi cuenta. Además, soy el presidente de la Asociación Nacional de Especialistas de España y, como tal, doy clases. Porque nos encargamos de formar profesionalmente a los futuros especialistas de cine. También doy clases en escuelas de actores para que los que están allí aprendan unas nociones básicas sobre peleas escénicas. Llevo ya más de veintidós años en una escuela de cine, colaboramos con muchas más, para ayudarles con sus cortos de fin de curso, para que los nuevos directores sepan lo que es enfrentarse al trabajo con un doble de riesgo. Porque les meten mucho miedo con nosotros. Yo entiendo que lo fácil es hacer películas como las de Almodóvar, plano contra plano. Pero un director que se precie debe saber trabajar con escenas de acción. Hay pocas películas de acción en España porque les dan muy poca formación.

¿Dónde tenéis la escuela de especialistas?

La escuela de la asociación está en Arganda del Rey. Tenemos alumnos que vienen de todo el mundo: Latinoamérica, Suecia, Dinamarca… Solo cogemos quince alumnos al año y es la mejor formación que hay para ser especialista profesional. Y, como es una ONG, podemos decir que es también la más barata. Realmente, se saca el dinero para pagar los materiales y a los profesores. Entre los fijos y colaboradores, a veces, tenemos más profesores que alumnos. Tenemos claro que, si no se da y recibe esa formación, lo que hay son accidentes. La asociación despegó a partir de un accidente que sufrió Álvaro Burgos en el viaducto en Madrid. Tras el accidente, nos reunimos unos cuantos especialistas y decidimos que la cosa no podía seguir así: no debíamos seguir tolerando la existencia de empresas pirata a las que no les importaba la vida de los especialistas, empresas que metían a cualquiera a trabajar como especialista sin formación alguna. Nuestro objetivo es tecnificar nuestro trabajo. Crear una serie de técnicas para diferentes tipos de escenas de riesgo.

Queríais también limpiar la reputación que tenían los especialistas.

En la década de 1960, muchos no gozaban de la reputación que merecían. Se decía: «Huele a alcohol. Ya vienen los especialistas». Se tenían que tirar por un barranco, pues se tomaban un lingotazo y se tiraban. Un especialista ganaba, en un día, el equivalente al sueldo semanal, porque antes se pagaba por semanas, de un banquero. Se metía gente del circo como el hombre bala… De hecho, en los años sesenta, en las películas que producía Samuel Bronston en España, contrataban a un montón de especialistas e iban tirando de ellos conforme unos y otros iban lesionándose durante el rodaje. Al final, repartían el dinero entre todos, y cobraban más que nosotros ahora, lesionados o no. Pero contaban con que muchos se lesionaran porque no tenían una formación. Nosotros trabajamos para que todo eso no siga ocurriendo. En vez de saltar a cajas de cartón de cualquier manera, podemos llegar a saltar desde una altura de quince metros a un truco de gomaespuma de unos cincuenta centímetros. Desarrollamos y practicamos técnicas para hacer esos saltos. Al director le viene muy bien porque saltamos siempre igual, con lo que los planos son siempre iguales y respetan el racord, y todo eso sin accidentes.

¿Se hace algo similar en las escuelas de arte dramático para los nuevos actores?

Normalmente se les enseña esgrima, pero se les podría dar, también, lucha escénica, peleas y caídas. Yo solo conozco una escuela de arte dramático que da algo de esto, porque soy yo el que imparte la asignatura, pero se limita a un solo trimestre. Deberían ser varios años. Así, ahora, cuando un actor tiene que formar parte de una pelea en una película, se le entrena para actuar solamente en esa escena. No sería capaz de replicar otra pelea diferente si se le diera la coreografía de la misma.

Fotografías_Txetxu Rojo y Laura Racero

¿Hay especialistas en el teatro?

Donde hay muchos especialistas es en la ópera. Yo les digo a mis alumnos que intenten conseguir un trabajo como especialistas en la ópera, que es donde mejor se reconoce nuestro trabajo. El año pasado, unos productores estaban preparando una ópera, que llegó a ensayarse en el Teatro Real, en la que se homenajeaba a los especialistas de cine. Tiene gracia que no sea la tele ni el cine los que hayan hecho esto.

En la escuela en la que trabajas, ¿formáis a los especialistas en todo tipo de escenas de riesgo?

En España no hay tanto trabajo como para poder ser especialista de una sola cosa. Si yo me fuera a Estados Unidos, nosotros tenemos un representante en Miami de la Asociación Nacional, podría vivir solamente de prenderme fuego dos veces al mes. Pero aquí no hay tantas películas como para vivir solo de una cosa. A nuestros alumnos les damos la base de todo y, luego, con el tiempo, cada uno puede especializarse en un tipo de escena de riesgo. En mi caso, como doble de Paco León en Aida, un día me atropellaban, otro día saltaba por un balcón, otro me caía por una escalera. En España, quieren a un especialista que pueda doblar a ese mismo actor en todas las situaciones de riesgo posibles. Ya tienen la peluca y la máscara preparadas y no les merece la pena ir cambiando de especialista. Además de enseñarles las técnicas que deben usar en cada escena y las prevenciones de riesgo que deben tener en cuenta, aprenden algo de anatomía, aprenden a hacer estiramientos antes de una escena… cuando tienen un dolor, les enseñamos a reconocer el tipo de lesión que pueden tener. Si te duele de una manera, eso es una contusión. Como los futbolistas, te echas esta pomada o esta otra y puedes seguir trabajando. Si tienes un dolor muy agudo, es que se te ha roto algo y debes ir al hospital.

Fotografías_Txetxu Rojo y Laura Racero

¿Los especialistas tienen personal de apoyo durante la filmación de una escena de riesgo?

Deben tenerlo en muchas ocasiones. Si yo me voy a prender fuego en un rodaje, exijo que haya una UVI móvil con médico. Protagonicé un anuncio publicitario en el que la propia marca me contrató para hacerme un bonzo (no me contrataron a través de la productora del anuncio). En los créditos, aparecí como José Antonio Rojo, Txetxu Rojo, la Antorcha Humana. Para la filmación de ese anuncio de veinte segundos, en un mismo día tuve que prenderme fuego diez veces. A cara descubierta, el gel de protección que yo utilizo, que es invención mía, está a veinte grados bajo cero. Cuando nos prendemos fuego, en realidad pasamos mucho frío. Cada tres o cuatro bonzos, tenía que quitarme la ropa, el ATS y el médico me revisaban para ver cómo tenía la piel… Por experiencia, yo ya sé cuándo debo parar, pero, además, tengo un equipo médico que va revisándome. Acabo de enviar un presupuesto para una grabación en la nieve, en la que los especialistas debemos tirarnos a un lago de agua helada. Dentro del presupuesto, hemos incluido un equipo de rescate, la presencia de una ambulancia… En una serie, tuve que saltar a un pantano y, durante la grabación, tuve el apoyo de un buzo para que viera qué había donde yo debía saltar. Y, salté con la tranquilidad de que, si me pasaba algo, allí había una persona que podía rescatarme.

Entendemos que la mayoría de los especialistas que se prenden fuego lo hacen vestidos, pero tú lo haces también desnudo.

Fui el primer especialista español en incendiarme sin ropa y, en estos momentos, soy el que lo hace durante más tiempo. Mi equipo tarda unos cuarenta minutos en cubrirme completamente de un gel pegajoso, que está a veinte grados bajo cero. Debo concentrarme para no perder el conocimiento por el frío. He llegado a estar ardiendo durante dieciocho segundos. El gel se va cayendo y pronto te quedas desprotegido, con lo que el fuego da directamente en la piel. Vestido, una vez doblando a Loquillo para un vídeo, estuve dos minutos y treinta y nueve segundos. Todo esto se hace sin ver y sin respirar, y llevando una máscara de látex, de silicona ignífuga, con el gel por toda la cabeza… Después de ese rodaje, sí que acabé mal. Tuvimos que hacer tantas tomas que, al final, no me quitaba la máscara para ahorrar tiempos. Acabé con cuarenta de fiebre en la cama. Tal vez, yo podría haber aguantado más de esos dos minutos treinta y nueve, pero la ropa que llevaba ya no aguantaba más y se iba cayendo a trozos. En la escuela, enseñamos a hacer bonzos, pero es de lo último que les enseñamos.

Fotografías_Txetxu Rojo y Laura Racero

Quentin Tarantino, en Érase una vez en Hollywood, optó por poner a Brad Pitt como doble especialista de Leonardo DiCaprio. ¿Qué mejor homenaje a los especialistas que contemplar que el doble sea más guapo que la estrella de cine?

En España, pasa lo mismo (sonríe). Yo soy más guapo que los actores a los que he doblado en escenas de riesgo: Paco León, Gabino Diego, Federico Luppi, Andrés Buenfuente, Fele Martínez… A la única que doblo y que es más guapa que yo es Emma Suárez…

Luego están las películas de Jackass

No me entusiasman. De alguna forma, continúan transmitiendo la imagen del especialista antes de que tuviera formación. En el pasado, se hacía ver que estábamos zumbados. Una cosa es que te guste la adrenalina y los deportes de riesgo y otra es pensar que lo hacemos porque estamos locos. Tarantino hizo otra película antes que Érase una vez en Hollywood, hablo de Death Proof, que me parece un mejor ejemplo de homenaje a los especialistas. Kurt Russell interpreta al especialista de acción Mike, que utiliza su coche, especialmente preparado para las escenas de acción, para cometer sus fechorías. Por otro lado, hay otro coche con chicas y una de ellas, la especialista y doble  Zoë Bell, que, en Kill Bill, dobla las escenas de riesgo de Uma Thurman aparece en Death Proof como actriz protagonista.

Sin embargo, no hay un Óscar o un Goya al mejor especialista.

A las academias no les interesa, porque, si lo hubiera, tendrían que valorarnos más y el siguiente paso sería tener que pagarnos mejor. Parte del trabajo de un productor es ir llorando y pedir que participes en un trabajo sin cobrar o cobrando menos de lo que deberías. Es mucho más interesante el trabajo de los técnicos de iluminación y de sonido, de peluquería y maquillaje. Hay veces que los directores y los productores no se dan cuenta de que una película no les pertenece solo a ellos, que es el trabajo de muchos profesionales. De un equipo. Cuando les dan premios, se creen que el premio solo es de ellos. A veces en los Goya, sí que dan gracias al equipo. Pero, luego, se apropian el premio de forma individual. Muchos proyectos en España se hacen con muy poco dinero gracias a que los profesionales no cobran lo que deberían. Si hay un Óscar a los efectos especiales, o a peluquería y maquillaje, debería haber un Óscar al mejor especialista.

Háblanos de alguna de las escenas de riesgo que han marcado tu carrera.

La primera, sin lugar a dudas, fue en el primer capítulo de la serie Policías, en el corazón de la calle. Fue allí cuando comencé a trabajar de forma profesional en todo esto. Tuve que fabricar una especie de grúa para descolgar desde sesenta metros a dos actores. Antes de llevarlo a cabo, yo lo pruebo todo conmigo mismo. En esta ocasión, en las pruebas, estábamos en lo alto de un puente, se partió un cable y me quedé a diez centímetros del suelo. Afortunadamente, luego lo hicimos con dos actores y funcionó perfectamente. En otra película, dentro de un coche, tuve que estamparme contra un muro a setenta por hora. Desafortunadamente, luego la escena no se montó bien y parece que voy a diez por hora.

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«Al  diablo con los diálogos. Es hora de las tortas.» Así reza, en letras grandes, la parte trasera de la sudadera que ha traído Txetxu a la entrevista. Pero Txetxu es mucho más que un artista de la acción. Acaba de terminar un cortometraje en el que ha desempeñado las tareas de director de producción, foto fija, making of, dirección de arte y coordinador de acción. Se trata del corto dirigido por Aran Gaspar Cuando nadie vigila. Trata el tema del bullying en la escuela y está protagonizado, entre otros, por Elena Furiase, Luisa Gavasa y Alberto Tiérrez.

Texto: Fernando Martín Pescador

Fotografías: Ncuadres

 

Audio Entrevista con Txetxu Rojo, especialista de cine:

https://mediateca.educa.madrid.org/audio/28tcn2cwievzvijr

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