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Proyecto HumanCoop: tres sanitarios de Valdemoro nos acercan al Sáhara Occidental

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Javier, María y Gabriela forman parte del equipo de Policlínica Valdemoro Plaza

En numerosas entrevistas y reportajes de La revista de Valdemoro hemos podido comprobar la riqueza cultural de la que goza nuestro municipio por ser un pueblo que aúna a personas de todos los rincones de España y lugares del mundo. Indudablemente este es uno de sus rasgos más característicos de nuestro municipio. Desde las primeras olas de inmigración provocadas por el éxodo rural de los años sesenta y setenta, Valdemoro se ha copado de vecinos que conviven en un mismo lugar y traen consigo un bagaje cultural de su lugar de origen.

Nuestra localidad sirve como punto de encuentro para personas muy diferentes pero que de alguna forma tienen rasgos o intereses en común. En esta ocasión nos damos cita con un cántabro, una salmantina y una rumana. Todos ellos tienen un vínculo con Valdemoro, pero también les une la salud y la voluntad de querer ayudar. Los tres son compañeros de la Policlínica Valdemoro Plaza y forman parte de HumanCoop, una asociación de profesionales sanitarios voluntarios creada en 2019 para la cooperación y el desarrollo en países y zonas del mundo en las que su intervención y colaboración pueda resultar de utilidad social. Los tres han viajado varias veces al Sáhara Occidental y al norte de Mauritania para poner sus conocimientos sobre sanidad y ciencia al servicio de las comunidades locales.

¿Cuáles son vuestros orígenes?

Javier: Yo vengo de Cantabria, aunque mis padres son de origen burgalés y asturiano. Con veintidós años llegué a Madrid para estudiar enfermería y desarrollar mi carrera profesional.

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María: Soy de Salamanca como mi padre. Mi madre, aun teniendo orígenes españoles, nació en Bélgica, ya que mis abuelos tuvieron que emigrar cuando eran jóvenes. A pesar de haber venido a vivir a Valdemoro tengo mucho vínculo con mi tierra. Exceptuando algunos tíos y primas, la mayor parte de mi familia sigue viviendo en tierras charras.

Gabriela: Yo soy de Rumanía y el destino hizo que llegara a España hace 21 años.

¿Cómo surge vuestra vinculación con la sanidad?

Javier: Mi abuelo era el practicante de mi pueblo, Santillana del Mar. Ejercióó durante más de veinticinco años, por lo que tuve la suerte de verle desempeñar su profesión en nuestra casa. Mi abuelo es una persona honorable para mí, y fue la principal motivación para dedicarme a esta profesión. Tras estudiar la carrera y varios máster, he trabajado en muchas áreas, tales como la docencia, la investigación y algunas especialidades de la enfermería que quería descubrir cómo maternidad y cuidados intensivos. También mi tesis versa sobre los aspectos éticos de la sedación en los cuidados paliativos. Destaco mi máster en Urgencias y Emergencias, así ́ como mi experiencia de diez años en psiquiatría. Posteriormente cursé un MBA para gestionar empresas relacionadas con la salud.

María: La verdad es que, en mi caso, la relación con la sanidad no es mucha. Mi madre es celadora en el Hospital Clínico de Salamanca y una de mis tías trabajó allí durante muchos años como técnico de laboratorio, pero nada más. Yo me licencié como bióloga y bioquímica en la Universidad de Salamanca. En 2010 aprobé el examen BIR, que es como el MIR de los médicos pero para biólogos. Con él conseguí plaza en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz de Madrid. Allí me especialicé en Inmunología Clínica. Tras ese periodo, he estado centrada en el campo de la citometría de flujo, concretamente en el diagnóstico de linfomas, leucemias e inmunodeficiencias, entre otras patologías.

Gabriela: Realmente fue una coincidencia. Quería estudiar odontología e intenté dos veces entrar en la universidad, pero sin éxito. Siempre supe que quería algo relacionado con la salud, y para no perder tiempo me matriculé en la escuela de enfermería.  Estaba muy preparada y seguía con la idea de seguir estudiando para odontología. Cursando enfermería, pronto me di cuenta de que es lo que más me gustaba. Me atraía el trato con la gente. El cariño incondicional que te brinda un paciente cuando sale por la puerta de tu consulta sabiendo que has puesto tu granito en su recuperación es algo que no se puede ni siquiera explicar en palabras. Así ́ acabe Enfermería la tercera de mi promoción.

¿Cómo concebís la salud?

La salud es lo primero, no hay nada antes. Nuestra clínica es un centro sanitario, pero también una empresa y siempre hemos tenido claro que la asistencia a alguien que lo necesita está por delante de cualquier beneficio. Recientemente hemos recibido una felicitación del Ayuntamiento porque asistimos a un chico que se estaba desangrando en la plaza de la Constitución. El dinero no está en nuestra cabeza cuando nos enfrentamos a una situación de urgencia o necesidad.

Valdemoro ha sido el punto de encuentro de los tres. ¿Cómo llegáis hasta aquí?

Javier: Me di cuenta de que las urgencias y emergencias no era lo que más me gustaba de esta profesión. Empecé a dedicarme a medicina de familia en la clínica de Ciempozuelos. Ahí conocí a un enfermero que trabajaba aquí y tuve la oportunidad de trabajar en la policlínica Valdemoro Plaza. Me gustó el ambiente y el desarrollo profesional que he tenido aquí ha hecho que finalmente sea mi lugar de trabajo.

María: En realidad yo llegué de casualidad. Ni lo ubicaba en el mapa, pero la pandemia me hizo querer salir de Madrid. Quería un lugar más tranquilo y con más espacio en casa. Buscando y buscando, encontré Valdemoro. Estuve un año de alquiler y rápidamente me decidí a comprar una casa aquí. Ya soy vecina oficial de Valdemoro y espero que por mucho tiempo.

Gabriela: Cuando llegué a España tuve que convalidar mi título, mientras tanto desempeñé varios trabajos muy diferentes. Mi vocación siempre fue la enfermería y por eso luché hasta conseguir varios puestos en los que he desarrollado mi labor profesional. Siempre dentro de la medicina de familia, he tenido la oportunidad de trabajar en áreas muy interesantes para mí como son la enfermería escolar, la discapacidad y los cuidados paliativos. Conocí ́ a Javier en el Centro de Día de Personas con Discapacidad haciendo suplencia, él era voluntario. Conocer a Javier fue lo que ha hecho que cumpla cinco años trabajando en el Centro Médico Valdemoro Plaza.

¿Qué es lo que más os seduce de Valdemoro?

Javier: Valdemoro sigue siendo un pueblo para mí. Me gusta su aire manchego, sobre todo la plaza. Es un sitio donde me he sentido muy querido porque desde el comienzo me han ayudado mucho tanto compañeros como vecinos. Tuve la oportunidad de hacer muchos domicilios por un tiempo, así que de alguna manera también he ejercido de practicante y he conocido a mucha gente. Sin duda, la calidad humana de los vecinos de Valdemoro es el mayor reclamo para seguir quedándome aquí.

María: Yo vivo en el barrio de la Estación. Me gusta escuchar los trenes cuando pasan, porque en Salamanca vivía también muy cerca de ellos. Creo que eso es lo que me gusta, que me recuerda un poco a ella. Valdemoro es tranquila, no muy grande y tiene de todo. Además, en frente tengo los pinares y eso me hace sentir que estoy muy cerca de la naturaleza. No me gusta verme rodeada de edificios por todas partes, como sucede en Madrid. Espero, eso sí, que cuidemos las zonas verdes de Valdemoro y que el pueblo no se vaya acercando a lo que sucede en el centro de la capital.

Gabriela: Para mí es el pueblo donde he vuelto a nacer. Es donde he crecido como persona y madurado. He tenido la suerte de conocer muchas personas maravillosas que me han acogido como una más de este pueblo. Tengo que reconocer que también he tropezado con gente que solo por el mero hecho de ser extranjera me ha rechazado. Pero para mí todo ha sido una lección, me han hecho más fuerte y más segura de mí misma.

¿Cuál es la filosofía de trabajo del equipo de la policlínica Valdemoro Plaza?

Nuestra prioridad ante todo es la asistencia a los pacientes, sean cuales sean sus circunstancias. El paciente de este tipo de clínicas suele tener dudas sobre si le van a atender porque es privado o igual viene sin cita. Para nosotros es una prioridad atender a sus necesidades por encima de cualquier beneficio empresarial, lo que puede suponer en ocasiones pérdidas. Todo el equipo trabaja sobre esta base y eso nos permite mejorar nuestra asistencia, siendo cercanos con el paciente y manteniendo un seguimiento. Estamos trabajando mucho para reducir los tiempos de espera, aunque cada vez tenemos más afluencia de pacientes. Valdemoro está creciendo mucho y la demanda de sanidad privada también.

¿Cómo surge la voluntad de querer ir más allá en la asistencia sanitaria y pasáis a formar parte de una ONG?

Javier: Había hecho algunos voluntariados en Fátima y Lourdes porque estaban relativamente cerca y me los podía permitir. Tuve opción de ir a India, pero tuve que rechazarlo porque era muy costoso. En 2017 conocí a una serie de dentistas que se realizaban acciones en Guinea, Grecia y en Sáhara Occidental bajo la ONG DentalCoop. Empecé a colaborar con ellos como auxiliar de dentista y a partir de nuestras en campo vimos que había necesidades de otras muchas especialidades médicas. En 2019 decidimos crear HumanCoop, que sigue trabajando de la mano de DentalCoop en las mismas zonas. Fui uno de los fundadores de esta ONG y desde entonces llevamos casi veinte comisiones en zonas de mucha necesidad de Mauritania, Argelia, Sáhara Occidental y Marruecos ocupado.

María: Siempre me había llamado la atención saber de primera mano qué sucede en otros países para encontrar una forma de colaborar con ellos. Sin embargo, nunca había dado el paso porque siempre hay ciertas dudas acerca de las ONG: qué harán con el dinero, llegará verdaderamente la ayuda a quien la necesita. Estoy segura de que mucha gente se plantea lo mismo. Pero con DentalCoop no sucedió así, porque desde el minuto uno me dieron la oportunidad de ir allí, al Sáhara Occidental, para colaborar mano a mano con la población local. Mi primera experiencia fue en 2019 y me gustó tanto que ya he ido varias veces más. La última ha sido una comisión en Mauritania el pasado mes de mayo.

Gabriela: Siempre me ha llamado la atención el hecho de ayudar a la gente, sobre todo cuando se trata de salud. Para mí es algo fundamental en primer lugar ofrecer mis conocimientos para ayudar a quien sea y donde sea. Tenía ganas de experimentar y tuve la suerte, una vez más, de encontrarme con Javier. Él me abrió esa puerta cerrada y me brindó la oportunidad de tener la experiencia que tanto esperaba: ayudar a los más desfavorecidos y a la vez crecer como ser humano. Recuerdo que cuando me lo ofrecieron estábamos con el director de la ONG. Ambos me dijeron que muchos profesionales quieren, pero pocos se atreven. Yo les contesté que no es que quisiera hacerlo, es que lo iba a hacer. Es algo que, en primer lugar, hago por y para mí.

¿Quién está detrás de HumanCoop?

HumanCoop está compuesto por unos 400 voluntarios de toda España. Todos ellos son sanitarios o están relacionados con el mundo de la salud y abarcan especialidades tan diversas como odontología, ginecología, oftalmología, inmunología, psiquiatría, etc. Esta diversidad de disciplinas nos permite ser muy versátiles en las comisiones que llevamos a cabo. Acudimos a territorios donde hay necesidades de todo tipo y poder contar con profesionales que abarcan un abanico tan amplio de disciplinas nos permite poder ayudar más aún a la gente local.

¿En qué consiste vuestra acción?

Trabajamos por comisiones, o misiones. Intentamos hacer cuatro comisiones por año. Esto nos permite tener una presencia casi constante en el territorio y ofrecer una continuidad a la gente que tratamos. En cada comisión seleccionamos a veinticinco profesionales entre los centenares de solicitudes que recibimos. Esta selección suele atender a las necesidades a las que se van a dar preferencia en cada comisión. Además de labores de asistencia también enviamos material fungible para los centros de asistencia locales, contamos con una farmacia inventariada muy bien dotada y enviamos equipamiento de diagnóstico como pueden ser ecógrafos, sillones dentales o vehículos. Además, formamos a los lugareños para que adquieran autonomía en cuanto a asistencia se refiere. Esto nos permite también garantizar una continuidad en el territorio sin que sea obligatoria nuestra presencia.

Trabajáis en lugares muy remotos donde las poblaciones apenas tienen relación con el exterior. ¿Cómo es vuestra labor para llegar a un territorio y prestar ayuda?

Antes de llegar a un lugar nuevo tenemos que ganarnos la confianza de la gente e instituciones que están allí. En HumanCoop hemos tenido mucha suerte porque DentalCoop ya había hecho una labor previa muy importante, por ejemplo, en el Sáhara Occidental. Recientemente hemos tenido que movernos al norte de Mauritania por la crisis humanitaria del Sáhara y estamos trabajando para ganarnos la confianza del pueblo y las autoridades. Viajamos a zonas donde no hay recursos, donde la calidad del agua es muy mala y las condiciones sanitarias son muy deficientes. Gran parte de la confianza la conseguimos cuando se benefician de nuestra presencia allí.

Vuestra principal zona de acción es el Sáhara Occidental, foco muy reciente de conflictos y de una importante crisis humanitaria. ¿Cómo es la situación allí?

Los últimos tres años han sido muy complicados en esta zona, aunque el conflicto del Sáhara Occidental es una problemática que viene desde muy atrás y que muchos españoles conocerán por el vínculo histórico que tenemos con este territorio. Como a nosotros, la crisis sanitaria por la covid-19 afectó mucho en una zona donde no hay recursos. Para añadir más problemas, el 13 de noviembre de 2020 el gobierno de Marruecos rompió el alto fuego en el estrecho de Guerguerat. Esto ha sumido la zona en una guerra de guerrillas silenciada por los medios y que ha obligado al ejército del Frente Polisario a desplazar a miles de familias de los territorios liberados del Sáhara. Esta población nómada se ha refugiado en el norte de Mauritania y en el sur de Argelia. Son poblaciones nómadas y pasan años, incluso décadas, desde la última vez que fueron al médico. Los problemas que hay en esta zona son la diabetes y la hipertensión por el tipo de alimentación que llevan basada en té y carne de cabra o camello. Además, hay lesiones derivadas de la guerra como heridas por metralla o minas –hay más de diez millones de minas ocultas–. También hay leucemia y meningitis, pero no las podemos diagnosticar con certeza porque no hay medios. Muchas personas conviven con bultos que no saben qué son y hay pacientes psiquiátricos que indudablemente no reciben la asistencia que necesitan. Es un territorio complicado en el que nuestra labor es llevar un poco de esperanza y recordar un pueblo que está muy olvidado y que en algún momento también fue español.

¿Puede haber un futuro mejor sin vuestra presencia?

Trabajamos para la formación y concienciación de las poblaciones locales y queremos pensar que un futuro mejor es posible. Pero también es cierto que son territorios donde no solo hay falta de recursos sino también una mentalidad muy regia. Mauritania fue el último país en abolir la esclavitud en 1981, pero hasta el 2007 no se crearon leyes que lo condenaran; y sus primeras elecciones democráticas habían sido en 1998. Nuestra presencia allí es para ayudar en lo que nos dejen y ellos mismos crean que es necesario. Cuando piensen que no nos necesitan nos marcharemos a otro lugar. Mientras tanto trabajamos aportándoles información y beneficios que les permitan vivir mejor. Hemos evaluado la calidad de los pozos, a nivel veterinario hemos visitado mataderos para ver la higiene en el proceso de sacrificio y si se vacuna a los animales.

Como profesionales, ¿qué os lleváis de vuestra experiencia en las comisiones?

Siempre decimos que es un poco egoísta porque yo voy allí a recargar las pilas. Viajar a África me permite relativizar el ritmo de vida que llevamos aquí. Allí no hay emergencias, todo es vital. Cuando llegas aquí ves problemillas y al compararlo no puedes hacer otra cosa que relativizar y no perder la calma. Físicamente es muy cansado y a la vuelta siempre pasas tres días devastado. Pero es un baño de realidad enorme que te enseña que allí luchan cada día por sobrevivir y aquí por tener datos en el móvil y dinero para comprar más cosas.

¿En qué proyectos estáis inmersos ahora?

Nuestro traslado a Mauritania ha sido un cambio muy importante. Nuestra labor en las últimas comisiones nos ha servido para forjar lazos con una asociación local, reconocer los principales problemas de la zona y asentarnos entre la población local. Para nosotros es muy importante escuchar las necesidades del pueblo. No imponemos nada porque creemos que estamos para servir y atender sus necesidades. En la última comisión hemos realizado una campaña de prótesis dentales que ha sido todo un éxito y una campaña oftalmológica que nos ha permitido operar cataratas en medio del desierto.

¿Qué objetivos tenéis para 2023?

El próximo año seguiremos trabajando en generar más confianza en la población local. Es una zona que no está acostumbrada a nuestra presencia y tampoco a acudir al médico. Nuestro objetivo es seguir trabajando en ganarnos su confianza para que las comisiones nos permitan crear el hábito de acudir al médico en el territorio. Somos conscientes de que estamos trabajando en una zona donde hay personas que no han visto a un médico en cincuenta años. Estamos invirtiendo en personal local y formándolo para generar ese hábito. Es una labor lenta, pero en la que tenemos depositada toda nuestra confianza.

No podemos más que elogiar la actividad que estos tres valdemoreños desempeñan en África. Acciones que luchan por conseguir un propósito mayor como es acabar con la falta de recursos y oportunidades en el mundo, pero que tienen una acción inmediata en el día a día de cientos de personas. Se trata de pequeñas grandes victorias que mejoran la calidad de vida de personas concretas. Acciones que alteran ligeramente el devenir de la sociedad y que a su vez construyen muchas oportunidades y dotan de esperanza de vida a aquellas personas que las reciben.

Texto_Sergio García Otero

Fotografía_Ncuadres

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