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Asociación La Jaima, pequeño oasis para el pueblo saharaui

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Llegó el verano y con él parece que los tiempos en Valdemoro se ralentizan. El curso escolar sin duda marca los ritmos de nuestro municipio y los meses de julio y agosto son el periodo de descanso para muchas agrupaciones, clubes y asociaciones locales.

Aunque esta es la condición generalizada, lo cierto es que hay asociaciones que tienen su mayor actividad cuando otras descansan. Una de ellas es la Asociación La Jaima, una agrupación de familias valdemoreñas concienciadas con el conflicto en el que, durante décadas, se ve sumido el pueblo saharaui.

Como es históricamente conocido, un sector de la población saharaui lleva habitando un campo de refugiados en Argelia desde hace más de cuarenta años. Esta situación es resultado del conflicto que se desencadenó entre el pueblo saharaui y Marruecos tras la descolonización de España y la posterior invasión marroquí junto con Mauritania.

La Asociación La Jaima aporta su pequeño, pero muy valioso, granito de arena en pro de esta población reprimida mediante la recaudación de ayuda humanitaria y la participación en proyectos enfocados a mejorar el bienestar de los más pequeños. Nos reunimos con ellos en el Centro de Asociaciones Pedro Zerolo para que nos cuenten más sobre su historia y actividad.  

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¿Quiénes están detrás de la Asociación La Jaima?

En el año 2006 comienza esta iniciativa en Valdemoro y surge gracias a un grupo de familias y amigos que, conscientes de la situación que vive el pueblo saharaui desde hace décadas, quieren ayudar en lo que les sea posible. La Jaima es miembro de FEMAS (Federación Madrileña de Amistad con el Sáhara), a la que pertenecen más de una decena de asociaciones en toda la Comunidad de Madrid. La asociación nace a partir de uno de los proyectos de la Federación, Vacaciones en Paz. Estas familias ven la posibilidad de acoger a niños saharauis durante el verano, práctica que ya era habitual en otros municipios de Madrid.

¿En qué situación se encuentra el pueblo saharaui?

Su situación es muy delicada. Cada vez hay menos ayuda estatal a países del tercer mundo. Ellos, como se sabe, están viviendo en Argelia fruto de la inestabilidad política que se produjo tras la descolonización de España y la invasión por parte de Marruecos y Mauritania. Como consecuencia de este conflicto, hace más de cuarenta años se instalaron unos campamentos provisionales para refugiados en los que todavía hoy viven. El entorno en el que se encuentran es un desierto pedregoso que carece de cualquier recurso, por eso Argelia les permite estar ahí. Su subsistencia se basa en la ayuda humanitaria, ya que en la zona no existe posibilidad ninguna de cultivo, y la producción que obtienen proviene de las pocas cabras que posee cada familia.

Por su carácter provisional, se ha tardado mucho en desarrollar la mayoría de los servicios básicos e infraestructuras. En los comienzos no había alcantarillado ni red eléctrica, por ejemplo. Debido a que la situación está totalmente estancada y no hay previsiones de que mejore, los saharauis han ido creando su pequeña infraestructura que ponga solución a las necesidades básicas de cualquier persona, como son la gestión de las basuras, la escolarización de los niños, la creación de pequeños hospitales…

En la actualidad apenas encontramos noticias sobre este problema humanitario, ¿qué se está haciendo políticamente?

Políticamente la situación también está estancada. Los saharauis están esperando un referéndum que no se celebra y que cada día tienen más posibilidades de perder porque Marruecos está ejerciendo mucha presión sobre la población saharaui que sí se encuentra en el territorio. Su estrategia es la de repoblar la zona con gente marroquí de otras regiones para que los nativos se marchen y cuando se realice el referéndum la población que habite ese territorio sea marroquí. A pesar de esto el tiempo pasa y no hay expectativas de que el referéndum se vaya a celebrar porque Marruecos es un país con unas relaciones internacionales muy beneficiosas para su pueblo.

Dentro de toda esta maraña política y ajenos a lo que ocurre se encuentran los niños.

Así es. El propósito de nuestra asociación, a través del programa Vacaciones en Paz, es el de sacar a los niños de los campos durante el verano, porque las temperaturas que se alcanzan superan los 50 grados. En los dos meses que están en España tienen la posibilidad de que se les practiquen reconocimientos médicos, tener una alimentación equilibrada, aprender español, conocer otra cultura, acudir al dentista, etc.

Ellos vienen aquí como si fuera de campamento. La familia que los acoge costea todos los gatos durante su estancia. Solemos comprarles ropa, juguetes, les enseñamos a nadar, conocen la playa… Son vivencias que donde habitan nunca podrían disfrutar. El objetivo al final es enriquecer sus veranos porque, al igual que aquí, el colegio cierra y sus expectativas son las de estar encerrados en casa viendo la televisión… el que la tenga.

¿Cómo llegan los niños a España?

Desde España se organizan varios vuelos que salen desde Argelia hacia España. El vuelo de cada niño tiene un coste aproximado de unos 700 euros del que se hacen cargo las asociaciones. Durante el vuelo van acompañados por responsables y una vez están en España, viajan a diferentes puntos del país con las familias que han sido asignadas por el Frente Polisario. Los niños llegan sin nada. Suelen traer una mochila casi rota en la que tan solo entra un bocadillo y poco más. Aquí nos encargamos de dotarlos de todo lo necesario y cuando se van vuelven a su país lo hacen con un equipaje de 45 kilos. Las familias les llenamos el equipaje con todo lo que podemos: frutos secos, ropa, aceite, productos de higiene, material escolar, chucherías, juguetes, abrigos, calzado…

Cuando llegan lloran porque echan de menos a su gente, como cualquier hijo que se va de campamento. Las primeras semanas son de adaptación, aunque ahora con las nuevas tecnologías ese distanciamiento con la familia no es tan grande porque pueden hablar prácticamente todos los días.

¿Cuáles son los principales problemas que surgen durante la acogida?

Al principio el niño está aterrorizado porque está en una familia y una cultura distinta donde todo le sorprende. Poco a poco van viendo que somos personas normales y con el afecto siempre mejora. Por ejemplo, el idioma puede parecer una gran barrera, pero lo cierto es que en quince días ya se comunican sin problema. Allí ellos escuchan el español y en el colegio tienen clase también, aunque no parece que sean muy efectivas. Algo muy curioso que nos han contado es que los adolescentes hablan en español cuando quieren contarse algo sin que se enteren los hermanos pequeños.

Del lado de las familias, el problema surge con la conciliación. Los niños están durante dos meses y las personas que trabajan, en el mejor de los casos, tienen un mes de vacaciones. Todas las familias tienen que buscar soluciones como campamentos o los abuelos. Este es un factor que también genera rechazo en muchas familias. Si tienes hijos, la solución es fácil porque puedes apuntarlos a la misma actividad.

¿Qué beneficios tiene para el niño su paso por España?

Es algo que todas las familias nos preguntamos en algún momento. Para qué traer un niño a España y que ve lo ricos que somos y luego devolverle al campo de refugiados. Pero es que la realidad no es así. Allí los niños están pegados al smartphone y la televisión. Ellos saben perfectamente cómo vivimos en España, otra cosa es que no lo hayan experimentado. Desde allí ven todo lo bueno de aquí y cuando llegan, también ven la parte mala: los padres y madres tienen que trabajar ocho horas al día, hay problemas económicos, contaminación, muchos coches y no pueden ir por la calle solos… En definitiva, su viaje a España sirve para enriquecerlos en muchos aspectos. La alimentación y la salud son de los principales. Se realizan análisis médicos y se intenta que tengan una dieta variada y rica para ir nutridos y pasar mejor el invierno. También mejoran sus relaciones sociales con personas de otras culturas y viven experiencias que de otra forma sería imposible que vivieran.

¿Existe posibilidad de que el niño no quiera regresar al campo de refugiados después de su estancia en España?

Nunca ha ocurrido. Cuando terminan los dos meses de vacaciones todos los niños quieren volver con sus familias. Hablamos de niños queridos, que tienen sus amigos, su familia y su vida allí. Las familias que acogemos también somos muy conscientes de lo que hacemos. De los 10 a los 12 años acoges a un niño con el que compartes muchos momentos, pero tienes que ser consciente que pasada esta edad ese niño vuelve a su tierra y posiblemente no lo vuelvas a ver en la vida, aunque mantengas el contacto por teléfono. Todos los padres que hacemos esto lo que queremos es facilitar, en la medida que se puede, la vida de ese niño que acoges.

¿Quiénes pueden acceder a vuestros programas y qué necesitan para pasar a ser una familia de acogida?

Al programa puede acceder cualquier familia que esté interesada. Desde la Comunidad de Madrid y el Instituto del Menor se requiere el certificado de delitos penales y sexuales y el certificado médico de cada miembro de la familia. A partir de ahí cualquier persona puede participar, con indiferencia de ser una familia casada o no, monoparental, con hijos o no… Hay un pequeño proceso de entrevistas donde conocemos a las familias que quieren acoger. Esto sirve principalmente para ver si están preparados o no para la acogida. Intentamos conocer cómo va a ser su verano, cuál es situación laboral y personal… Siempre en pro del bienestar de ambas partes. En este sentido, FEMAS realiza la labor de facilitar todos los trámites administrativos que conlleva. Se articula como el canal que ayuda a que aquellas personas que tienen voluntad de ayudar, lo puedan hacer de la manera más cómoda y sencilla.

Además de Vacaciones en Paz estáis involucrados en el proyecto MADRASA, ¿en qué consiste?

MADRASA está pensada para reforzar y continuar la formación de los jóvenes, es una continuación de Vacaciones en Paz. Para ellos ya es complicado ofrecer una educación de calidad a los niños y esto va empeorando según avanza el nivel de estudio. Los alumnos que son buenos estudiantes no suelen tener problema porque Argelia les permite estudiar en algunas ciudades. En esos casos, el niño se tiene que marchar a un internado para poder continuar con una enseñanza de calidad. Este panorama solo lo disfrutan los buenos estudiantes. El resto de jóvenes que no tienen especial interés por los estudios tienen un riesgo elevado de caer en el abandono de su formación. MADRASA pretende brindarles la oportunidad de continuar sus estudios y así mejorar su formación facilitándoles pasar a formar parte del sistema educativo español. Al contrario que Vacaciones en Paz, estudian durante todo el año en España y se marchan cuando finaliza el curso escolar. El programa está financiado por la educación pública y no tiene límite de edad, depende del consentimiento de ambas familias y la voluntad del joven de continuar estudiando. En Madrid tenemos un total de veinte jóvenes en este programa, de los cuales dos están en Valdemoro.

¿Qué aportan estas experiencias a los padres?

Es algo muy personal, cada familia tiene sus experiencias. En términos generales creemos que es un enriquecimiento y una experiencia vital. En los comienzos es habitual vivirlo todo con mayor intensidad, pero poco a poco los padres aprendemos que, al igual que a nuestros hijos, hay que dejarles vivir su vida. La experiencia no tiene por qué ser gratificante desde el principio. Los comienzos son difíciles y complicados, pero la convivencia hace que al final el balance siempre sea positivo.

Como asociación, ¿qué iniciativas lleváis a cabo durante el año?

La asociación desarrolla los dos proyectos principales que hemos comentado, Vacaciones en Paz y MADRASA. No tenemos ninguna financiación por parte de entidades públicas, por lo que el viaje de los niños lo tenemos que costear con los actos de recaudación que realizamos a lo largo del año. Dentro de estas actividades celebramos un campeonato de mus, dos campeonatos de pádel, vendemos calendarios y estamos pensando este año hacer una sesión de zumba en la que el Ayuntamiento colaborará con la cesión de las instalaciones.

Normalmente son actividades recaudatorias para costear el viaje de los niños, aunque también realizamos puntualmente charlas de concienciación y eventos de difusión, como la exposición de fotos que realizamos el año pasado en la Biblioteca Ana María Matute. Estos eventos también sirven para contactar con familias y despertar su interés en la recepción de niños durante el verano.

Además, contamos con la colaboración altruista de la clínica Bahía Dental que lleva años atendiendo a los menores de manera gratuita. En ocasiones recibimos apoyos y donaciones de particulares y empresas. Por ejemplo, recientemente la zapatería Amiguitos ha donado calzado infantil y, tanto del CEIP Maestro Román Baíllo como del Club Deportivo Racing de Parla hemos recibido material deportivo.

¿Qué actividades tiene planteadas la asociación para lo que resta de año?

Tenemos pendiente la edición de verano del Campeonato de pádel y las masterclasses de zumba. Además, con los niños solemos realizar alguna actividad durante el verano, suelen ser reuniones de merienda o la visita a algún sitio de interés.

¿Qué proyectos futuros tiene la asociación?

Desde la asociación nos gustaría continuar creciendo para retomar los índices de acogida de antes de la crisis. La situación económica ha hecho que el número de niños acogidos descendiera considerablemente. Acoger a un niño no requiere de un gran desembolso, pero sí supone mantener a una persona más en tu familia. El año que más niños vinieron a Valdemoro llegamos a un total de once, este año recibimos a tres. En total, a España vienen aproximadamente cuatro mil niños. También queremos mantener todos los proyectos que ya tenemos activos y, si se puede, aumentar la captación de recursos para enviar. Esto es posible siempre con la colaboración de comercios locales, las pequeñas empresas y las ayudas de las instituciones públicas.

 

Si estás interesado en participar en la actividad de la Asociación La Jaima, puedes ponerte en contacto con ellos a través de su correo electrónico (lajaimavaldemoro@gmail.com), su página de Facebook (lajaimavaldemoro) o visitando su oficina en el Centro de Asociaciones Pedro Zerolo de la calle Río Manzanares 4, previa cita en el teléfono 605 387 976.

 

Para cualquier tipo de aportación económica puedes utilizar su número de cuenta:

ES66 2100 5662 1602 0009 0830.

 

Texto_Sergio García Otero

Fotografía_Ncuadres

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