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Alfabeto desordenado del cerro de los Batallones – Capítulo 1

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Zaragoza – No es fácil excavar en el centro de la capital aragonesa. En el casco viejo, cada vez que se planea el derribo de un edificio y la construcción de uno nuevo, aparece un vestigio de la antigua Caesaraugusta. En 2001, se propuso la construcción de un aparcamiento subterráneo bajo el paseo de la Independencia, fuera ya de la antigua ciudad romana, y se descubrió el arrabal de Sinhaya, un barrio de las afueras de Saraqusta, la Zaragoza musulmana del siglo XI. Cualquier iniciativa privada de construcción debe coordinarse con las instituciones que se dedican a preservar y estudiar nuestro patrimonio histórico y natural. Esta coordinación no siempre es fácil. Puede suponer retrasos en las obras y, para una empresa, el tiempo es dinero. Se entiende, por lo tanto, que Tolsa, la compañía española dedicada a la extracción, tratamiento y comercialización de minerales se enfrentara a ciertos dilemas éticos cuando aparecieron una serie de fósiles mientras sus operarios extraían sepiolita en el cerro de los Batallones, en la vecina Torrejón de Velasco.

Sepiolita – Fueron los gatos los que nos ayudaron a encontrar a los gatos. Debido a su enorme porosidad, la sepiolita se utiliza habitualmente como absorbente industrial. El 80 % de la producción española de sepiolita acaba como arena para gatos. En 1991 la empresa Tolsa trabajaba en la extracción de sepiolita en el cerro de los Batallones para elaborar sus lechos higiénicos para gatos cuando se encontró con una serie de fósiles. Deberíamos ponernos a imaginar cómo fue ese primer encuentro: los operarios con las excavadoras, trabajadores en la cantera de sepiolita topándose con piedras que podrían tener o no un valor especial; para cuando uno se acerca al encargado y el encargado hace la llamada pertinente, se han podido destruir unos cuantos fósiles. Cuando los primeros paleontólogos pudieron acudir a la cantera de sepiolita y vieron, en primer lugar, esos fósiles despedazados y mezclados con restos de muchas otras piedras, se dispararon las alarmas. Era una pena. Sin embargo, pronto se dieron cuenta de que los destrozos suponían un pequeño porcentaje de lo que estaba por descubrirse. A partir de ese momento, Tolsa y los paleontólogos del Museo Nacional de Ciencias Naturales colaboraron coordinadamente para que la empresa privada pudiera extraer la sepiolita y los científicos del CSIC pudieran encontrar numerosos fósiles de una fauna que vivía en la actual Comunidad de Madrid hace nueve millones de años. En el yacimiento, se han encontrado un buen número de invertebrados y, al menos 62 especies de vertebrados, de las que 47 son mamíferos. Los dientes de sable son, posiblemente, los mamíferos que más interés despiertan entre la población general. Félidos de hace nueve millones de años. Encontrados gracias a la extracción de sepiolita para gatos. Fueron los gatos del siglo XXI los que nos ayudaron a encontrar a los gatos del Cenozoico.

(¡Arqueólogos, no!); Paleontólogos – Confundimos frecuentemente a los arqueólogos con los paleontólogos. Tal vez, porque parte de su trabajo consista en excavar  cosas enterradas. Tal vez, porque tanto Indiana Jones (arqueólogo) como  Sam Neill (paleontólogo en Parque Jurásico) llevan un sombrero fedora similar. Eso sí, Indiana Jones siempre luce el mismo sombrero, mientras que el paleontólogo que encarna Sam Neill despliega un mayor repertorio de sombreros a lo largo de la saga. El arqueólogo estudia las artes, los monumentos y los objetos de la antigüedad, especialmente a través de sus restos. Es decir, el arqueólogo se centra en la excavación de la actividad humana a lo largo de los siglos —puede que nuestros antecesores aparecieran hace unos cuatro millones de años, pero los primeros seres humanos reconocibles surgieron hace como mucho dos millones de años—. El paleontólogo estudia los organismos que han existido en el pasado de la Tierra a partir de sus restos fósiles —si los cuatro millones de años que abarca el estudio de la arqueología nos parecían muchos, el estudio de la paleontología se puede expandir a cuatro mil quinientos millones de años…—. La arqueología es una rama de los estudios de historia. La paleontología es una rama de los estudios de geología. Todos los años, millares de jóvenes españoles comienzan los estudios universitarios de derecho, economía, biología, ingeniería informática… Sin embargo, el número de estudiantes de arqueología y de paleontología es muy pequeño. Cuando un joven anuncia en casa que ha decidido estudiar paleontología, sus familiares suelen quedarse de piedra —es, posiblemente, el proceso de fosilización más acelerado que se conoce—.

Csic – El CSIC es el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Es una agencia estatal para la investigación científica y el desarrollo tecnológico. Como la investigación científica y el desarrollo tecnológico del siglo XXI tienen tantas ramificaciones, el CSIC tiene múltiples departamentos. La investigación en el CSIC se estructura en tres grandes áreas, SOCIEDAD, VIDA Y MATERIA, que cubren la mayor parte del conocimiento humano y en las que se encuadra la actividad de más de 1.500 grupos de investigación de sus 120 centros. El trabajo del CSIC no solo es encomiable. Es imprescindible. Si un país quiere conocer y celebrar su pasado, mejorar su presente y asegurarse un futuro debe dedicar lo máximo posible de sus presupuestos a una agencia estatal como el CSIC. El Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) es uno de los centros emblemáticos del CSIC. El MNCN es uno de los institutos de investigación científica más importantes del país en el ámbito de las ciencias naturales. Con una plantilla de más de 70 investigadores en áreas que van desde la paleobiología y la geología hasta la ecología y el cambio climático pasando por la biología ambiental y la biodiversidad. Cuando la empresa Tolsa encontró los fósiles mientras extraía sepiolita, fueron los investigadores del MNCN los que se acercaron al cerro de los Batallones para estudiar lo que había aparecido.

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Batallones – El yacimiento paleontológico del cerro de Batallones se ha convertido en un referente mundial (M-U-N-D-I-A-L) para el estudio de la fauna y la flora que estaban presentes en nuestro territorio hace nueve millones de años. Varias características convierten este yacimiento en una aventura única: en primer lugar, el alto porcentaje de animales carnívoros encontrados —normalmente, se encuentran más herbívoros puesto que el porcentaje de herbívoros en la naturaleza es mucho mayor que el de carnívoros—; en segundo lugar, muchas de las piezas encontradas aparecen prácticamente enteras (—con mucha frecuencia, se encuentran huesos aislados de un esqueleto— y eso facilita el estudio de esos animales; por último, el cerro es lo suficientemente grande como para haber facilitado el proceso de fosilización en varios lugares. Así, en Batallones, no hay un solo yacimiento. Hay, al menos, diez. Tal es la cantidad, variedad y calidad de las piezas encontradas en el cerro que las campañas anuales de excavaciones comenzaron en 1991 y continúan en el presente —hubo un parón entre 1993 y el año 2000—. Para que los yacimientos del cerro de los Batallones hayan llegado hasta nuestros días, debemos hablar de dos fenómenos fundamentales: la fosilización y la erosión.

Fosilización – El proceso de fosilización se inicia cuando el organismo (puede ser un ser vivo completo, parte del mismo, sus huellas o productos de su metabolismo) muere y termina cuando el fósil es finalmente hallado en una roca. Durante este largo proceso, algunos organismos se conservan casi sin modificaciones, y otros sufren complejas y lentas transformaciones. Normalmente, solo las partes más duras y resistentes de animales y plantas se convierten en fósiles. A veces, el medio ambiente logra preservar organismos completos de cuerpo blando, rara vez fosilizados en general, o incluso un ecosistema completo. El proceso de fosilización es muy largo, y el reemplazo de las moléculas orgánicas por otras inorgánicas dura millones de años. El contacto con el aire, la lluvia, el viento y los organismos descomponedores (como los hongos, las bacterias, las babosas, lombrices y algunos insectos) facilitan la degradación de los organismos muertos; así pues, cuanto más rápido se entierre a ese organismo, más posibilidades habrá de que se formen fósiles a partir del mismo. Al morir, muchos organismos van a parar al lecho de ríos y pantanos y van quedando sepultados por capas de sedimentos que, además, los ayudan a su conservación. En el caso del cerro de los Batallones, la teoría más aceptada es que se tratarían de cuevas o cavidades naturales que tendrían agua en su interior. Los herbívoros evitan este tipo de lugares —son más inseguros en sus movimientos y menos atrevidos si la vía de escape no es evidente—. Sin embargo, los carnívoros, gracias a sus garras y fisonomía, suelen tener más facilidad para moverse por lugares más adversos y confían en su habilidad para internarse en lugares menos accesibles. Puede ser esta una de las razones principales por las que el cerro de Batallones nos haya guardado tal porcentaje de mamíferos carnívoros.

Erosión – Las cordilleras montañosas más altas del mundo se forman cuando placas de la corteza terrestre chocan entre sí y se elevan como si fueran el capó de un coche en una colisión frontal. Los cerros podrían surgir de la misma manera. Los cerros pueden formarse también a partir de la acumulación de sedimentos. Es muy posible que el cerro de los Batallones se formara gracias a un proceso de erosión. En vez de un cerro, en su momento, estaríamos hablando de una meseta de mayores proporciones que se iría erosionando hasta quedar tan solo un cerro, que se conoce como cerro testigo —en este caso, testigo de lo que fue una meseta elevada y testigo de la presencia de una flora exuberante y una riqueza faunística propias de la selva africana—. El cerro de los Batallones tendría varios sustratos de materiales: unas capas de duras calizas en la parte superior que serían difíciles de erosionar y unas capas más arcillosas en partes inferiores. Esto facilitaría una erosión de las capas más blandas en forma de cuevas que se mantendrían techadas gracias a las capas calizas superiores. La erosión tal vez abriera varias entradas. Los animales entrarían por una de ellas en busca de agua o comida y quedarían atrapados al no poder salir. La fisonomía del cerro de los Batallones habría facilitado la creación progresiva de estas ratoneras naturales. No se formaron todas al mismo tiempo y esto ha permitido que cada una de esas cuevas sea una instantánea —los «instantes» en paleontología suelen durar miles o millones de años— de la época del Mioceno en la que estuvieron activas como cuevas trampa.

Mioceno – Siempre es más difícil imaginar medidas que nos sobrepasan como seres humanos. Aprendemos a calcular el peso de un kilo, pero nos cuesta mucho más concebir el peso de una tonelada o de un miligramo. Aunque nuestra concepción del tiempo varía a lo largo de nuestras vidas, no tardamos en aprender a calcular la duración de un segundo, de un minuto, una hora e, incluso, un año. Con la edad, nos cuesta menos concebir la duración de un siglo. Sin embargo, cuando estudiamos la Tierra, nos desborda imaginar un millón de años. Los paleontólogos han intentado dividir los 4500 millones de años de la tierra en varios periodos de tiempo para facilitarnos este estudio. Hollywood ha puesto su granito de arena con algunas de sus películas. Hace unos 540 millones de años, comienza un periodo (técnicamente, un eón) de la edad de la Tierra que se llama el Fanerozoico, literalmente el de los «animales visibles», el de los organismos multicelulares. Dentro del Fanerozoico —el eón en el que nos encontramos actualmente—, encontramos el Mesozoico y, dentro de este, tenemos el Jurásico, que conocemos por la archiconocida saga de películas. El Mesozoico es la era en la que reinaron los dinosaurios que vinieron a extinguirse hace unos 65 millones de años. En 2023, pudimos ver la película 65, protagonizada por Adam Driver, que nos mostraba cómo pudo ser la llegada del gran meteorito que dio fin a los dinosaurios. En ese momento, comienza el Cenozoico, era en la que nos encontraríamos en estos momentos —hay quienes hablan del Antropoceno, que sería la época de la Tierra en la que el ser humano se ha hecho dueño del planeta—. La mayoría de los fósiles encontrados en el cerro de los Batallones pertenecen a la época del Mioceno (dentro del Cenozoico) que se extendería entre hace 23 y 7 millones de años aproximadamente. La mayoría de estos fósiles datan de hace 9 millones de años.

Origen – En un momento de la historia en el que podemos encontrar rocambolescas convenciones de terraplanistas o distritos escolares en Estados Unidos en los que se ponen en jaque las teorías evolutivas, la fortuna nos sonríe en lugares como el cerro de los Batallones. Lugares que, estudiados con el debido rigor científico, nos ayudan a entender mejor la historia del planeta que nos acoge, alimenta y arropa. Yacimientos como el cerro de los Batallones nos permiten conocer el mundo que nos rodea y nos permiten entender mejor quiénes somos y cuáles son nuestros verdaderos orígenes. Tal vez (solo tal vez), los conocimientos adquiridos nos ayuden a darnos menos importancia como especie, nos permitan tomar las decisiones adecuadas de cara al cuidado de nuestro planeta y nos lleven a evolucionar hacia la mejor versión de nosotros mismos.

Texto_Fernando Martín Pescador

Fotografía_Ncuadres

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