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Ecosistemas en transformación: una amenaza para nuestro patrimonio natural

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El humedal de “Las Canteras” en primavera tras su restauración, llevada a cabo por la propiedad y con la participación desinteresada de alumnos de Bachillerato Internacional del IES Maestro Matías Bravo. Fotografía: Javier Cano.
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El desarrollo urbanístico e industrial de Valdemoro y la construcción de nuevas infraestructuras y vías de comunicación no únicamente han transformado el paisaje y provocado un crecimiento exponencial de la población en las últimas décadas, sino que han generado cambios en la fauna y la flora de su entorno natural. Y aunque podamos pensar que en Valdemoro no hay espacios con un alto valor ecológico, lo cierto es que en nuestro término municipal podemos encontrar numerosas especies y hábitats de gran interés.

De la avutarda a la cotorra argentina

El paisaje de Valdemoro se ha caracterizado siempre por sus cerros de yeso salpicados de esparto, por sus cultivos de olivo y sus campos de cereal. En estos hábitats han encontrado refugio y prosperado durante milenios, por ejemplo, especies de plantas muy especializadas a las formaciones yesíferas (plantas gipsícolas) capaces de soportar condiciones extremas de sequía y estrés térmico. Algunas de estas especies son verdaderas rarezas y se pueden ver únicamente en lugares muy concretos del centro y sureste peninsular, estando incluso en peligro de extinción a día de hoy por las actividades humanas y la transformación de su hábitat. Este es el caso del pítano, un endemismo ibérico cuyos individuos se reparten en dos núcleos reducidos: uno en el límite Madrid-Toledo (que incluye la población del Parque Regional del Sureste en Valdemoro) y otro en Granada.

Ejemplar de pítano en el Parque Regional del Sureste (Valdemoro), población que ha visto aumentar sus efectivos gracias a la plantación que llevó a cabo la Comunidad de Madrid en 2008. Fotografía: Javier Cano.

Un caso similar es el que sufren dos aves emblemáticas de Valdemoro, la avutarda común y el sisón común. Estas aves esteparias, abundantes en su día en los cultivos de cereal de los alrededores de Valdemoro, son cada vez más difíciles de ver. Sus poblaciones han caído en picado en los últimos años, especialmente tras la construcción de la radial R-4 y de la línea de tren de alta velocidad Madrid-Levante. En el año 2000, el número de machos de avutarda que se censaron en Valdemoro era de cuarenta y uno, mientras que en 2024 se han contado tan sólo nueve. Lo mismo ha ocurrido con el sisón común; en 2005 se contabilizaban hasta veintiocho machos y en el último censo se han visto menos de media docena.

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Sin embargo, en Valdemoro, al igual que en muchas otras ciudades españolas, están prosperando nuevas especies de animales y plantas llegadas de otras partes del planeta que están ocupando nuestros ecosistemas. La expansión de estas especies invasoras está generando impactos muy nocivos para la biodiversidad autóctona e incluso graves pérdidas económicas y problemas para la salud humana, al ser vectores de diversas enfermedades y patógenos.

Con un pequeño paseo por los parques o entornos naturales de Valdemoro podemos observar un importante número de especies invasoras. Una de las más llamativas, por sus vivos colores y por su estridente canto, es la cotorra argentina. Estos pequeños loros de color verde son originarios de América del Sur y fueron introducidos en España como ave ornamental. En la década de los 70 se observaron las primeras aves en libertad y en la actualidad su población en España se ha disparado, estando establecida en todos los grandes núcleos urbanos y zonas metropolitanas. La cotorra argentina supone una importante amenaza para otras especies de aves autóctonas, al competir directamente con ellas, así como para ciertos cultivos y árboles frutales, ya que consumen gran cantidad de brotes tiernos, tanto de hojas como de flores. Además, los enormes nidos que construyen en las copas de los árboles pueden provocar desprendimientos de ramas con el riesgo que eso supone para los viandantes.

En los estanques de los parques de Valdemoro, podemos observar también un gran número de especies invasoras, como los galápagos de Florida o diversas especies de peces introducidos entre los que se encuentran la carpa, el pez gato, la perca sol o la gambusia. De hecho, algunas de estas especies están incluidas en el listado de las cien especies invasoras más dañinas según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN).

Cotorra argentina posada en un cedro, uno de sus árboles predilectos sobre los que construir el nido. Fotografía: Carlos Cano-Barbacil.

Un rayo de esperanza

En 2021 publicamos en el número 63 de esta revista un reportaje denunciando el lamentable estado de conservación en el que se encontraba el humedal de Las Canteras, un refugio fundamental para diversas especies autóctonas de anfibios en Valdemoro que se había convertido en un vertedero ilegal. Sin embargo, a día de hoy, los escombros y basura acumulada durante años se ha retirado, y este paraje poco a poco va recuperando su aspecto de antaño. Las larvas de anfibios como el sapo corredor o el sapillo moteado han teñido esta primavera las limpias aguas de las charcas que se forman en la hondonada de la cantera abandonada.

Acciones de conservación y restauración de los hábitats naturales de Valdemoro como esta pueden jugar un papel importante en la protección de nuestro valioso patrimonio natural. Sin embargo, este tipo de actuaciones locales deben ir coordinadas con planes de gestión a escalas regional y nacional para que especies como la avutarda común o el sisón común, entre otras, puedan seguir ocupando cada invierno nuestras llanuras cerealistas y su historia no quede como un mero recuerdo en una rotonda.

Texto: Carlos Cano-Barbacil, Javier Cano

 

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