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Elegir el colegio de nuestros hijos

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Entrevistamos a Joaquín Ansaldo, psicólogo clínico del colegio Hélicon

Nos encontramos en un periodo clave para muchos padres que afrontan en estas semanas una de las decisiones más importantes de su vida: elegir colegio para sus hijos.

¿Cómo afrontan los padres la elección de colegio para sus hijos?

Los padres tienen la responsabilidad de ofrecer a sus hijos las experiencias adecuadas para crecer y desarrollar su personalidad de una manera sana. Esa necesidad de facilitar los mejores referentes para que, también, acompañen a nuestros peques es crucial cuando hablamos de los colegios y, sobre todo, de las personas que lo forman.

¿Y cómo elegimos bien?

Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que no existe el centro educativo perfecto y que, por lo tanto, la decisión es complicada y al final hay que tomarla buscando la mejor posibilidad entre las opciones que tenemos, equilibrando todos las variables importantes: los valores personales y educativos, las posibilidades de socialización, el planteamiento con el aprendizaje, la atención individual y grupal, la apertura a las familias, etc.  Además de, por supuesto, esa decisión está condicionada desde la consciencia de que cada niño es único y necesita un contexto escolar que se ajuste bien a sus necesidades.

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¿Qué tenemos que tener en cuenta al elegir?

En primer lugar hay que ser conscientes de los condicionantes logísticos que nos puedan limitar. Después, hay que considerar por una parte los valores: el ambiente social, el cuidado personal y grupal, la coherencia y afinidad con la misión educativa; y por otra, la propuesta educativa: los medios, el planteamiento, la manera de enseñar y aprender, las oportunidades de enriquecimiento curricular, como el proyecto Entusiasmar de nuestro centro, y los apoyos individualizados.

¿Y cómo podemos valorar todo esto?

Entre las principales cosas en las que poner la mirada, ya sea en las puertas abiertas, en las entrevistas individuales o en encuentros informales, debemos fijarnos primero en las personas, que realmente son la esencia de los centros educativos: cómo se relacionan conmigo y entre sí, desde la administración del centro, los profesores, los coordinadores, el equipo directivo, etc., qué grado de implicación hay en lo que me cuentan, cómo hablan del centro y, sobre todo, cómo se refieren a los niños y niñas y a su aprendizaje.

Y debemos preguntar cómo están los niños y niñas del cole: qué medios hay a su disposición para relacionarse, (planes de patio, espacios de encuentro, programas de mediación de conflictos, etc.), cómo es su participación en el colegio, qué atención reciben en lo físico y en lo emocional y qué vínculos crean con sus iguales y con los adultos, cómo es presentado y vivido el proyecto educativo: cuál es la misión, qué oportunidades de diversificación (ofrecer distintas posibilidades a niños distintos) presenta, cómo se evalúa y califica, cómo se adapta al ritmo individual, cómo potencia lo emocional del aprendizaje, etc.

Y, más allá (más al fondo) del proyecto educativo, qué otras cosas se ofrecen para experimentar y vivir en torno al desarrollo social y cultural: asociaciones de alumnos, proyectos de aprendizaje y servicio, grupos musicales y artísticos, salidas, la relación con la naturaleza, el contacto con la tecnología, el disfrute de la lectura y la escritura, etc. Estas experiencias son a veces más importantes que muchos aprendizajes de contenidos curriculares.

En el plano de la comunidad debemos saber qué posibilidad de colaboración y participación se ofrece a las familias, cuánto nos dejan implicarnos, cuánto nos cuentan y cuánto cuentan con nosotros. Qué cuidados se ofrecen en los distintos ámbitos del colegio: enfermería, comedor, patios, actividades deportivas, espacios de integración, cómo es el departamento de orientación, qué peso tiene en las decisiones educativas, que acompañamiento realiza con los niños, profesores y familias.

También es importante el proyecto que tengan en cuanto a la enseñanza de los idiomas: las experiencias de interacción con nativos, la manera en la que se relaciona con las demás materias escolares y los proyectos que propongan.

El contexto es algo esencial, por eso también es necesario fijarse en las instalaciones: qué oportunidades ofrecen para que todo lo demás se viva a gusto y de manera acogedora, qué espacios y cómo se plantean para cada edad dice mucho del fondo educativo que se busca, si disponen de espacios polideportivos donde desarrollar actividades como las natación con la que los niños aprenden a socializarse desde muy pequeños y adquieren autonomía y confianza en sus capacidades.

¿Y se puede cambiar de colegio?

No solo se puede, sino que en algunas ocasiones es una obligación que tenemos para educar de manera adecuada y acompañar bien a nuestros hijos. Como padre no puedes evitar algunas situaciones que no funcionan, pero tienes la responsabilidad de no seguir manteniendo ciertas situaciones y eso es crucial en cuanto al colegio porque supone uno de los contextos educativos más importantes después del familiar. Está claro el cambio cuando los valores o actuaciones del centro no son de nuestro agrado, pero también cuando nuestro hijo no consigue socializarse bien, no recibe la atención adecuada, cuando se le etiqueta o desmotiva, en general cuando somos conscientes de que podría estar mejor tratado personal o educativamente que lo que está en la actualidad.

¿Pero no lo pasarán mal con el cambio y sería peor?

Si el cambio es necesario para que nuestro hijo esté mejor, es nuestra responsabilidad tomar la decisión que va a ser buena a medio y largo plazo aunque a corto suponga un esfuerzo. Además, los niños son mucho más flexibles de lo que creemos y aprenden algo muy importante en nuestro mundo actual, el de ser capaz de adaptarse y encontrarse bien en distintos contextos y relaciones.

¿A qué edades está recomendado el cambio de centro?

La decisión del cambio no se toma por la edad, sino porque sea necesario un cambio en aspectos más importantes. Si el cambio va a mejorar de algún modo el bienestar emocional, la socialización o el aprendizaje, cualquier edad es buena para afrontarlo.

¿Y qué se puede hacer para ayudarles?

Como padres es muy importante estar convencidos de que es la mejor opción para nuestros hijos y proyectarlo con normalidad y naturalidad, cuidando las emociones con las que no comunicamos con ellos incluso más que lo que decimos. Si nosotros tenemos claro que el cambio es para mejor, los niños acabarán estándolo después de un proceso normal de adaptación.

Y para ello es importante que los colegios estén preparados y tengan la intención clara de acoger a los niños llegados de otros centros. En nuestro colegio, después de un tiempo en el que acogemos a muchos chicos y chicas en las etapas de primaria y secundaria hemos acordado algunas actuaciones, como tutorías prioritarias, tutelaje por otros chicos, planes de patios para incluirlos socialmente, actuaciones dentro de nuestro proyecto único Vida de centro y una atención muy cuidada e implicada del departamento de orientación, entre otras medidas que continuamente vamos revisando y ampliando.

Y es que todo niño se merece un espacio seguro donde aprender a ser con otros, donde disfrutar mientras se aprende, se descubren las vocaciones y se sientan parte de algo que realmente merezca la pena.

 

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