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Entrevista con Javier Mateo

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Supongo que, desde el principio, la mayoría de los seres humanos han disfrutado tanto de historias susurradas al oído como de ficciones dirigidas a un grupo numeroso de personas. Los chismes, las intimidades, los secretos y los cuentos de buenas noches suelen tener un solo receptor, mientras que los juglares, los oradores y los actores de teatro se han dirigido, por lo general, a audiencias más numerosas. Cuando, a finales del siglo XIX, Edison competía por las patentes del cine con los hermanos Lumière, se adelantó el estadounidense con el quinetoscopio, un artilugio con un pequeño visor por el que un solo espectador (normalmente, tras echar una moneda en la ranura correspondiente) podía ver un pequeño cortometraje. Sin embargo, los Lumière apostaron por un proyector, el cinematógrafo, gracias al cual, muchas más personas podían ver, a la vez, la película sobre una pantalla más grande. Triunfaron los franceses con su invento; y el cine, imitando al teatro, eligió ser un medio dirigido a muchas personas a la vez.

Tras el cine, vinieron la radio y la televisión. La palabra en inglés que estos dos medios de comunicación tienen en común es broadcast (es decir, emitir a una audiencia amplia), ya que, desde sus orígenes, se concibieron para dirigirse a una masa de la población. Sin embargo, las nuevas tecnologías y la popularización de los teléfonos móviles, junto con los auriculares inalámbricos, han facilitado el retorno de la idea de Edison: ahora cada uno, de forma individual, ve los vídeos y escucha las historias ( , en inglés, emisión en pequeñas capsulitas) cuando y donde quiere. Se ha reducido enormemente el número de personas que ve cine, televisión o escucha radio en grupo. Y no es solo una cuestión de número de personas, es también la distancia con la que escuchamos todas esas historias: a través de nuestros auriculares, como si todo entrara a nuestros oídos como entra el susurro de una confidencia. Me pregunto si eso nos hace menos críticos con lo que escuchamos. Más vulnerables.

Hoy tengo a mi lado a Javier Mateo, periodista radiofónico de Castilla-La Mancha Media, la radio televisión pública de nuestros vecinos manchegos. Conocí a Javier hace más de veinte años, pero no nos hemos visto todo lo que hubiéramos querido. Apenas ha cambiado. Sigue tan optimista, receptivo y locuaz como la última vez que lo vi. Junto a un café, nos habla de su carrera radiofónica y charlamos sobre el presente y el futuro de los medios de comunicación.

¿Te acuerdas de cuando te mudaste definitivamente a vivir a Valdemoro?

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Recuerdo que mis padres andaban preocupados porque tuvimos que mudarnos casi a final de curso. Yo estaba terminando séptimo de EGB, con lo que creo que tenía doce años. Me incorporé a la escuela del Cristo de la Salud el día 25 de abril de 1987. Entonces, íbamos a clase por la mañana, volvíamos a casa para comer y luego retornábamos a la escuela por la tarde. Como era mi primer día, nadie reparó en avisarme de que era el día de San Marcos. Tuvimos clase por la mañana, fui a comer a casa y, cuando volví a la escuela por la tarde, solo estaba yo. Todos mis compañeros se habían ido al parque de las Bolitas a celebrarlo con una tortilla de patatas. Yo había estado viviendo en Fuenlabrada unos cuatros años y recuerdo que, en la escuela, tuteábamos a todos los profesores. Aquí, en Valdemoro, era diferente: tratábamos a todos los profesores de usted y, cuando nos dirigíamos a ellos, había que poner el don o la doña delante de sus nombres. Recuerdo que el nivel académico era más alto en el Cristo de la Salud que en la escuela donde había ido en Fuenlabrada. Me acuerdo también de que, en Valdemoro, había más unión entre los compañeros de clase. Cuando acabé la EGB, fui al instituto Villa de Valdemoro, que había abierto recientemente.

¿Recuerdas cuándo nace tu vocación periodística?

La vocación la he tenido clara toda la vida. Desde los cuatro años. Veía los telediarios y les decía a mis padres que yo iba a dar las noticias. Al principio, creían que se me pasaría, pero no se me pasó. Y era muy consciente de los medios de comunicación, aunque no entendiera la mayoría de las cosas: por la mañana me despertaba con La Saga de los Porretas y con Iñaki Gabilondo y por la noche veía las noticias con Manuel Campo Vidal. Toda profesión es una serie de trucos aprendidos y, una vez que los naturalizas, es muy fácil ponerlos en práctica. Todos los informativos que vi de pequeño me han ayudado mucho en mi carrera.

Comenzaste a trabajar en la radio a los 18 años.

Comencé a trabajar para Radio Alda, una radio privada que se abrió aquí en Valdemoro. Teníamos la oficina en la calle de las Vacas, aunque luego nos trasladamos a la calle Real. Allí montaron un pequeño estudio. Me presenté una mañana y les dije que estaba interesado en trabajar para ellos e, inmediatamente, me dijeron cuándo podía empezar y los días y horarios en los que debía ir. Fue un momento muy bonito porque esa radio fue un lugar de encuentro de muchas personas. A algunas ya las conocía por el instituto. A otras, las conocí porque sus programas se emitían justo antes o justo después del mío. Empecé poniendo música, que es lo que se hacía entonces, pero nosotros teníamos ganas de contar cosas. Como había bastante libertad, pronto junté mi franja horaria con Natalia, una amiga que tenía un programa antes que yo el viernes, y con María Ángeles, con la que coincidía los domingos. Y convertimos nuestras franjas en programas de ocio. Todo eso fue evolucionando: acabamos teniendo un programa los domingos por la tarde de cuatro o cinco horas. Y todo eso nos llevó a conseguir hacer cosas tan curiosas como un debate entre los candidatos a la alcaldía del Ayuntamiento de Valdemoro: allí estuvieron Pepe Huete, que entonces era el alcalde del PSOE; Felipe Rodríguez, el líder de Izquierda Unida, y dos nombres que más tarde se han hecho muy famosos, Paco Granados y David Marjaliza. No sé si ahora se podría volver a repetir un debate así. Yo era muy joven y la villa de Valdemoro iba a decidir quién pilotaría el paso de pueblo a ciudad. Recuerdo que hicimos un programa en la calle el día de las elecciones, en la plaza de la Piña, e íbamos sondeando los resultados a partir de las ocho de la tarde… Imagínate hacer todo eso con 19-20 años. El aprendizaje es enorme. A mediados de los noventa, Pedro Aparicio, que ya tenía un periódico en la zona sur, compró Radio Alda y se la llevó a Ciempozuelos. La llamó Onda Cuatro y yo continué trabajando para él. Mientras estaba en la radio, continuaba mis estudios universitarios en la Complutense, estudiaba inglés y formaba parte de un grupo de teatro. Por eso, cuando la aventura de Onda Cuatro se terminó, un año después de su comienzo, me vino bien para organizarme y centrarme en terminar mis estudios.

Conociéndote, seguro que buscaste cómo seguir haciendo cosas.

Una compañera me habló de unos cursos de especialización que estaba dando el Ayuntamiento de Madrid. Me inscribí y me encontré con un proyecto de radio muy interesante que se llamaba Onda IMEFE (siglas del Instituto Municipal de Empleo). Era la radio que se realizaba con la gente que hacía cursos para promoción del empleo del Ayuntamiento de Madrid. Me hicieron responsable de los informativos matinales de la emisora con Marta Gómez. Fue una sorpresa porque nosotros estábamos como redactores y, de repente, decidieron ampliar la programación y nos eligieron a nosotros. De allí salieron Mónica Carrillo, de Antena 3, o Alfonso Pérez Medina, de la Sexta. Desgraciadamente, fue un proyecto de radio que no prosperó.

¿Cómo acabas trabajando en Castilla-La Mancha Media?

Mi familia es de Socuéllamos y siempre hemos mantenido muchos vínculos con el pueblo. Por eso, nací en Ciudad Real. Cuando tenía cuatro años, nos fuimos a vivir un año a Barcelona, donde teníamos familia, y luego nos vinimos a Madrid: primero a Valdemoro, donde también teníamos familia, luego a Fuenlabrada y, finalmente, nos volvimos a Valdemoro. En mi opinión, Valdemoro sigue siendo muy manchego. De hecho, creo que todo el sur de Madrid es manchego, por paisaje y porque fueron muchos los manchegos que emigraron a toda esta zona. Como digo, hemos mantenido muchos vínculos con Socuéllamos y hemos ido mucho al pueblo. En una de estas bajadas al pueblo, mi hermano se enteró de que se estaba creando la Radio Televisión de Castilla-La Mancha. Así que eché una solicitud para ver si, al menos, podía entrar en la bolsa de trabajo. Era un proceso muy largo y, yo mientras tanto pasé de IMEFE a un proyecto de radio del grupo ZETA, Zeta Radio. Fue una experiencia diferente. Era una emisora muy enfocada al mundo del corazón. Tenía una parte seria y otra no tan seria. Fue un proyecto que duró muy poco, tres meses aproximadamente. Al mismo tiempo, me llaman de Castilla-La Mancha y me invitan a formar parte de esta nueva iniciativa.

Y, desde entonces, has estado trabajando para la radio de Castilla-La Mancha.

Eso es. Desde mayo de 2001. Fue muy bonito porque suponía empezar una radio, una radio grande, desde cero, con todo lo que eso supone. Poco antes de empezar a emitir, me informan de que seré el presentador del informativo de las dos de la tarde. Entonces, solo teníamos informativo a las dos y a las ocho. El informativo más importante es el matinal, pero el que rige las noticias del día es el de las dos. Es el informativo en el que hay que ordenar todo lo que ha ido ocurriendo a lo largo de toda la mañana. El que me encargaran hacer ese informativo me dio un poco de vértigo. Era mucha responsabilidad y quería que saliera todo bien. Fueron unos años muy bonitos. Teníamos una redacción pequeña que funcionaba como un reloj. Había que echarle muchas horas, algo que todos hacíamos encantados. El director de la Radio Televisión de Castilla-La Mancha era entonces Jordi García Candau, ex director general de Radio Televisión Española, y el director de la radio era Alfonso García, que luego pasó a dirigir los informativos de Telemadrid. De repente, nos tocó gestionar el 11S, el 11M, que ya me pilló editando el informativo matinal… Narrar ciertas noticias marca. Recuerdo toda la adrenalina del 11M en 2004. Nos pilló con el informativo matinal y no paramos hasta que me cogieron el relevo los compañeros del informativo de las dos. La adrenalina te impide vivir la tragedia, estás trabajando, y es después, cuando llegas a casa, cuando te percatas de la tragedia como ser humano y no como periodista. El mal día no lo tuve el 11 de marzo. Lo tuve el día 12 de marzo, cuando empecé el programa informativo con un buenos días, cuando ya conocía el balance del atentado, con cerca de doscientos muertos.

También te tocó gestionar la pandemia del coronavirus como periodista.

Una pequeña parte de la redacción seguimos yendo a trabajar todos los días. Éramos servicios básicos. Durante el confinamiento, en el camino al trabajo, me impresionó ver Valdemoro vacío, la carretera hasta Toledo vacía, nadie en las calles. Un silencio sobrecogedor. Viví el mes del confinamiento duro trabajando y yendo a Toledo. Paradójicamente, tuve un accidente de coche en el último día del confinamiento y fue entonces cuando comencé mi confinamiento obligado. En una retención de tráfico para controlar a los que estábamos en la carretera en esos días, mientras yo aguardaba parado para enseñar mi documentación, una furgoneta que llegó después me golpeó por detrás y me dejó el coche en siniestro total. Afortunadamente, a mí no me fue tan mal. Pero, debido a la pandemia, tardé más en recuperarme porque era muy difícil ser atendido por los médicos y llevar a cabo la rehabilitación.

Con muchísima menos población, Valdemoro ha tenido varias radios. ¿Crees que ahora sería posible montar una emisora en nuestra localidad?

Ahora sería más difícil. La propia estructura empresarial de las radios hace muy difícil que surja una radio por sí sola. Además, es cierto que Valdemoro ha crecido mucho, pero, a la vez, ha perdido esa sensación de pueblo que lo hacía comunidad. Por último, los costes hoy en día son mucho más elevados. Yo lo veo más difícil, pero creo que surgirá.

¿Por qué te decantaste por la radio?

La radio es muy inmediata. Te pongo como ejemplo la retransmisión del 11M. En esos momentos, estaba haciendo el informativo matinal en directo. Nos enteramos de que había habido un atentado y, en aquella época, todo el mundo pensó que había sido ETA. Primero nos enteramos de que había explotado un tren en Atocha. Luego que habían sido dos. Nosotros teníamos un compañero que vivía en la misma plaza de Atocha. En cuanto se enteró, nos llamó por teléfono y se ofreció a ayudarnos para retransmitir en directo. Eso es la radio. La radio es uno de los pocos medios que permiten esa magia, esa inmediatez. La transmisión de una serie de emociones a través de la voz es automática y rápida. Eso solo lo da la radio. Es como la compañía.

La televisión es ahora también mucho más cercana.

Es cierto. Con las mochilas 4G, es mucho más inmediata. Bastan dos personas para estar en la calle, en cualquier parte, y se puede transmitir lo que está ocurriendo al instante. Un buen ejemplo son los altercados de Barcelona hace cuatro años. Se cubrieron perfectamente con estos miniequipos. El 5G, el siguiente paso evolutivo de estos equipos, va a permitir que todo esto sea de mayor calidad y más rápido. La televisión va a ser pronto tan inmediata como la radio, añadiendo además la imagen. Sin embargo, siempre he pensado que el que sabe hacer radio cuenta mejor las cosas.

¿Crees que los podcast no consiguen el mismo efecto?

Los podcast son radio, pero durante un periodo de tiempo muy concreto: una hora, dos horas, una vez a la semana… La radio es continuidad. Una emisora de radio es constante: todos los días a todas las horas. Los podcast son una evolución de la radio, pero son dos cosas diferentes.

¿En qué momento crees que se encuentra la profesión periodística?

Creo que se están haciendo cosas muy buenas. Creo que hay gente que no hace periodismo, que hace otra cosa y la disfraza de periodismo. Y creo que el público no es tonta, que no se le engaña tan fácilmente. Sí que echo en falta que las empresas se vuelquen más en hacer periodismo. A día de hoy, las empresas se preocupan más del dinero que ganan con campañas institucionales, se preocupan más de la reducción de costes y de amortizar una serie de costos, y todo eso es un problema para la profesión. Como decía Kapuscinski, el periodista debe ser periodista y una empresa de comunicación no puede gestionarse como si fuera una panadería. El empresario que decide embarcarse en una empresa periodística debe entender que hay unas responsabilidades que van por delante de los beneficios. Esto es algo que siempre se ejemplifica con la dueña del Washington Post y el Watergate. Es un problema hoy en día porque las empresas periodísticas se han hecho muy grandes y están demasiado preocupadas por el equilibrio entre los costes y los beneficios. Creo que los podcast y los medios de comunicación en internet acabarán mejorando esta situación. Las empresas de comunicación grandes deben encontrar cómo ser rentables y los medios pequeños pueden moverse con mucha más agilidad gracias a las nuevas tecnologías.

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Damos tanto por sentado. Lo vemos todo con tanta naturalidad. Y sigo pensando que la radio y los teléfonos son magia. Brujería, si me apuran. Le das a un botón y escuchas la voz de alguien que puede estar en cualquier lugar del mundo, en Australia o a un metro de tus espaldas. En el caso de la radio, escuchas la voz de un profesional contador de historias (reales o ficticias). Javier Mateo es uno de los profesionales radiofónicos que creen en el poder de la oralidad, en la firmeza de ese susurro infinito de la radio.

Texto_Fernando Martín Pescador

Fotografía_Ncuadres

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