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Entrevista con Laura Torrico

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Sir Kenneth Robinson, Ken Robinson, murió el 21 de agosto de este aciago año 2020. En 2009, publicó The Element: How Finding Your Passion Changes Everything (El elemento: cómo el hecho de encontrar tu pasión lo cambia todo). Famoso filósofo de la educación, Ken Robinson nos invitaba a repensar el modelo educativo para que las escuelas sean los lugares donde los niños, las personas, puedan descubrir cuál es su elemento, aquello que les apasiona. Porque una vez encuentra su pasión, el ser humano se ha topado con el sentido de su vida (dejaremos hallar el sentido de la vida a los profesionales). Esa persona jamás volverá a aburrirse. Siempre tendrá proyectos creativos y productivos entre manos e, incluso, si tiene que trabajar en algo que no está relacionado con su elemento, procurará ser lo más eficiente posible para tener, luego, tiempo extra para dedicar a su elemento.

La valdemoreña Laura Torrico es afortunada porque encontró su elemento a muy temprana edad, tal vez porque su padre y ella comparten la misma pasión: la pintura. Laura ha vivido en Valdemoro prácticamente toda su vida. Hace dos años se mudó a Gijón. Laura se siente artista. Siente que el arte es su forma de expresarse y la manera que tiene de relacionarse con el mundo. Normalmente, cuando alguien necesita un perchero, va a la tienda y lo compra. Laura lo hace ella y lo hace único. Laura es una artista con conciencia social. El medio ambiente y la naturaleza están siempre presentes en su obra. Cree en el reciclaje de materiales y le preocupan todos los desperdicios que ocasiona la superproducción humana.

En los últimos meses Laura ha estado trabajando en un proyecto escultórico que la ha traído temporalmente a su Valdemoro natal. Hemos aprovechado su vuelta para entrevistarla y para que nos cuente sus últimos proyectos.

¿Recuerdas cuándo empezaste a pintar?

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Cuando somos pequeños, a todos nos gusta pintar y dibujar. Yo nunca he dejado de hacerlo. No me viene a la cabeza el día en el que empezó todo, el día en el que empezó a gustarme hacer dibujos y pintar. Supongo que hubo un primer día. Sin embargo, me viene a la cabeza el hecho de que nunca me ha dejado de gustar. Que desde ese primer día que no recuerdo, he disfrutado pintando y dibujando. No sé si se me daba bien, pero no dejaba de practicar. Mi padre estaba siempre pintando, así que yo me ponía a pintar también. Y no solo me ponía a hacer dibujos. Me ponía a pintar cuadros en lienzos, como mi padre. Recuerdo que, con diez años, participamos juntos, aquí en Valdemoro, en un concurso de pintura rápida. A él le dieron un premio y, a mí, otro a la mejor artista local infantil. Aún lo guardo en casa. Como parte del premio, me regalaron un caballete que es el que uso a día de hoy. Me lo llevé a Gijón y pinto con él todos los días.

¿Cuál fue tu formación académica?

Cuando estaba estudiando la ESO en el IES Villa de Valdemoro, teníamos una profesora de Plástica que me propuso estudiar el Bachillerato de Artes. Yo no sabía ni que existía esa opción. Me dijo que lo podía hacer en Aranjuez. Así que me animé y estudié Bachillerato en Aranjuez. Me encantó desde el primer momento. Allí encontré mucha gente con mis mismas inquietudes, no solo artísticas, sino también vitales. Había más gente que compartía mi forma de vestir y mis gustos musicales: punkis, heavies… Gente más alternativa, digamos. Conecté enseguida con muchos compañeros y estuve muy a gusto. Al lado del instituto, estaba la universidad, la Facultad de Bellas Artes, la del cuartel de Pavía. Cuando estábamos estudiando Bachillerato, nos llevaron por allí a dar una vuelta y ver cómo era. Desde el primer momento, tuve claro que quería estudiar allí. Me presenté al examen de admisión, pero no me cogieron. Decidí prepararme mejor para el examen y estuve todo el año yendo a una academia de arte en Aranjuez. Para no perder hábitos de estudio, iba a alguna clase, como la de Historia del Arte, aquí en Valdemoro. Todo salió bien: al siguiente año pasé el examen de admisión y entré en la universidad, en el CES Felipe II. Entonces, esa facultad formaba parte de la Universidad Complutense. Ahora creo que está adscrito a la Universidad Rey Juan Carlos. Era una licenciatura, con lo que estuve allí cinco años. Lo disfruté mucho. Una de mis asignaturas favoritas fue la de Fotografía. Hice tres años, el primero todo con fotografía analógica, que me encanta. En la Facultad de Comunicación Audiovisual, que estaba al lado de la nuestra, también hice alguna de las asignaturas optativas. Hice Cine, por ejemplo, que me gustaba mucho.

Anatomía comparada. Lobos

Desde el primer momento, tenías claro que querías ser artista.

Siempre. Artista o creativa. Por eso, cuando acabé la carrera, me puse a hacer un máster en Creatividad Publicitaria. Luego, hice otro de Diseño Web. De hecho, los trabajos que he tenido a parte de mi creación artística han estado relacionados con el diseño gráfico y la publicidad. He trabajado en varias agencias. Hasta hace poco, he estado trabajando para una agencia en Gijón.

Uno de tus constantes temas artísticos es la naturaleza.

Cuando era pequeña, mi abuelo tenía una parcela y, aquí en Valdemoro, estábamos muy cerca de la naturaleza. Prácticamente era todo campo: pasaba el pastor con las ovejas y el burro, el perro… En la parcela, mi abuelo tenía gallinas, conejos, palomas, y unos gallos pequeños con unos pollitos muy bonitos. También íbamos mucho al parque de San Martín de la Vega para ver los patos y las ocas. En un momento dado, hice unos cursos de ilustración científica. Empecé con un curso en el Museo de Ciencias Naturales y continué con otro curso que hice por internet con la Universidad de Newcastle, en Australia. Con estos cursos, conocí a más gente que estaba interesada en este tema.

Happy Meal

Haces mucho hincapié en que, como artista, te gusta mucho investigar antes de ponerte a trabajar en un proyecto.

La expresión artística que más me gusta es pintar. No solo óleo o acrílico, también acuarela y lápices de colores. Dibujar a grafito me llama menos la atención. Me encanta el color y pintar. Antes de ponerme a pintar cualquier cosa, tengo que comprenderla. Y, para comprenderla, tengo que estudiarla primero. Mucha gente coge una foto y la copia. Yo eso no sé hacerlo. Para mi exposición «Viaje al Ártico», antes de pintar, investigué cómo era el comportamiento de cada animal que vive en esa zona geográfica, cómo se relacionaban entre ellos, su dieta, cómo cuidaban de sus crías… Cuando tengo toda esa información, yo pinto una escena basada en todo lo que he aprendido, pero de la que puedo no tener una foto. Con el proyecto que ahora tengo entre manos de animales comiendo basura, he hecho exactamente lo mismo.

Osa y su presa. Cuadro

También tratas la opresión social sobre el ser humano.

Parece que el ser humano está en contra de toda naturaleza. Incluida la naturaleza humana. Parece que la sociedad se empeña en que no seamos como realmente somos los humanos. Por ejemplo, ¿tenemos que estar todo el día sentados? En la escuela, en el trabajo. Una cosa es pasar de ser nómada a ser sedentario. Otra cosa es dejar de caminar, de desplazarnos de un sitio a otro. Otro ejemplo: con la luz eléctrica estamos durmiendo menos y cambiando nuestros ciclos de sueño. Nos pasamos el día en frente de una pantalla. Nuestros ojos no están hechos para ver cosas de tan cerca. La moda nos impone unos zapatos de tacón alto que nos destroza los pies… Los trabajos no respetan los tiempos de crianza de los bebés, ni los tiempos de lactancia materna. No comprendo ese empeño en hacernos daño a nosotros mismos. El azúcar es tan barato que la industria alimentaria se empeña en meter azúcar en todos nuestros alimentos. Luego vienen los problemas de obesidad, los problemas de diabetes y la industria farmacéutica se lucra vendiéndonos remedios a los problemas causados por el azúcar; pero esas medicinas, a su vez, tienen otros efectos secundarios…

¿Ves solución a este problema?

Afortunadamente, hoy en día, la gente está más informada, pero, hasta hace poco, muchas personas no podían elegir porque no sabían. En la actualidad, puedes contrastar fuentes y tomar decisiones con más información. Tenemos la opción de comprar productos que sean menos nocivos para el medio ambiente; podemos elegir un calzado que no dañe nuestros pies; podemos reciclar… Debemos seguir a la ciencia. Creo en la ciencia y en la información que nos aporta sobre nosotros mismos y sobre el medio ambiente. No entiendo a los negacionistas.

El mundo del arte es uno de los grandes perjudicados por la crisis del coronavirus.

Tenemos que entender que la industria del arte mueve mucho dinero y da de comer a muchos artistas y a muchas otras personas que no son artistas. El cierre de los teatros y los cines, la limitación de sus aforos y la suspensión de conciertos han hecho mucho daño a la industria del arte. El mundo del arte se merece el apoyo de los gobiernos y del público porque son muchas las personas perjudicadas. Pero el arte en sí ha sabido adaptarse siempre a todas las circunstancias. Por ejemplo, el arte no ha tardado nada en adaptarse al mundo digital. Una persona confinada tiene la posibilidad de seguir desarrollando sus proyectos, de seguir estudiando y aprendiendo técnicas artísticas o a seguir disfrutando y cultivándose con el arte. Al final del confinamiento, desarrollé un curso en línea sobre ilustración científica dentro de una plataforma que se llama Udemy. Ahí puedes publicar tu curso y la gente te lo puede comprar. Ahora estoy preparando más cursos de este tipo. Estoy preparando uno sobre pintura con acuarela. Estoy disfrutando al explicar y enseñar lo que he ido aprendiendo a lo largo de mi carrera. Cuando decidí ser artista y estudiar Bellas Artes, nunca me planteé dedicarme a la educación. Haya o no haya pandemia, está claro que la comunicación a través de las nuevas tecnologías va a seguir ahí y convivirá con las relaciones en persona. Esa globalización digital en la que cualquier persona de cualquier país tiene acceso a la misma información me parece fenomenal.

Buffet libre

¿Esa globalización que ofrece internet te permite contactar y conocer a otros artistas?

Conocerlos o, si ya los conoces, mantenerte en contacto con ellos. Cuando me fui a Gijón hace dos años, me puse en contacto con un grupo de artistas asturianos, que ahora se han asociado como GAPAsturias (Grupo de Artistas del Principado de Asturias). Yo formo parte de la asociación. Estamos en contacto por Facebook, con WhatsApp y todo ello nos permite, por ejemplo, organizar exposiciones colectivas o apoyar la exposición de un compañero.

Tu obra, hasta el momento, es principalmente figurativa.

Mi arte se acerca al surrealismo. Hasta ahora, figurativo, sí. No hago arte abstracto. Cuando pienso en un concepto, me gusta darle un cuerpo, una forma que todos podamos reconocer. Me gusta el arte abstracto, me parece muy interesante, pero es muy difícil. Me parece súper complicado equilibrar los pesos y los colores.  Además, lo que yo quiero transmitir no sabría hacerlo a través de la abstracción. Yo quiero mostrar una mirada que no sea difícil de interpretar para el espectador. Prefiero que la gente comprenda lo que quiero transmitir antes de recibir miles de premios y ser considerada la mejor artista del mundo. Hasta ahora, mis cuadros han podido ser interpretados de varias formas, pero todas esas interpretaciones están relacionadas con lo que yo quiero transmitir.

¿Qué proyectos tienes entre manos?

Por un lado, estoy trabajando en una serie de cuadros que giran en torno a diferentes animales salvajes comiendo basura humana. Con un poco de suerte, podría tomar forma en una exposición individual. Intento despertar consciencias sobre el daño que causa la superproducción humana, puesto que una parte de esa superproducción acaba en los basureros. Ese malgasto lleva consigo, además, un gran desperdicio de agua y de recursos naturales que podríamos evitar. En la mayoría de los casos, los animales pagan un alto precio por ese malgasto humano porque, en la naturaleza no hay basura. En la naturaleza, todo es alimento. Todo es reutilizable.

Y, este verano, has venido a Valdemoro para trabajar sobre la escultura de una Menina.

Sí. Por otro lado, estoy participando en el proyecto escultórico de Meninas Madrid Gallery, en la que una selección de artistas trabaja sobre la estatua de una menina (con una altura de metro ochenta) para que, luego, sean colocadas sobre plataformas por las calles de Madrid. Primero, recibí una pequeña estatua de escayola para desarrollar mi proyecto. Una vez terminado, lo envié y fui seleccionada para participar en la muestra callejera. Decidí que la menina era el ser humano. Y quería representar a la humanidad en decadencia. Por eso, imaginé que la estatua se encontraba en el fondo del mar y, por esta razón, le he dado a la estatua unos tonos grises, mates, como los que toman las ánforas que llevan mucho tiempo sumergidas en el mar.  También decidí cortarle un trozo de base, para que aparezca inclinada. Pero, a la vez, quería representar cómo la vida, la naturaleza vuelve a resurgir tras la decadencia humana. Y, por eso, comencé a cubrirla de vida, de algas, de corales, de peces… Y todos esos elementos los pinté de colores con barniz brillante para conseguir ese contraste entre algo inerte y la vida salvaje. Ahora estoy terminando mi trabajo, aquí en Valdemoro, sobre la menina gigante de fibra de vidrio que me trajeron para que desarrollara el proyecto.

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Laura desprende mucha energía. A pesar de su juventud, dice que lleva pintando «toda la vida». Su pasión por la pintura, por el arte en general, su elemento, le ayuda a afrontar los días con una mirada amplia. No me cabe ninguna duda: de la cabeza y de las manos de Laura van a brotar muchos paisajes, muchos proyectos, muchos mensajes. Laura es un claro ejemplo que valida las teorías de Sir Kenneth Robinson y me sirve para rendirle mi pequeño homenaje en esta entrevista.

 

Texto_Fernando Martín Pescador

Fotografía_Ncuadres

 

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