Inicio Cultura y Ocio Los relatos breves aterrizan en Valdemoro con el I Certamen Literario Breverías

Los relatos breves aterrizan en Valdemoro con el I Certamen Literario Breverías

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Valdemoro albergó, el pasado 27 de abril, la entrega de premios del I Certamen Literario Breverías, una iniciativa que busca dinamizar la escritura en nuestra localidad. El certamen de relatos breves recibió más de treinta candidaturas, de las que se eligieron un total de cinco finalistas, los cuales acudieron al evento organizado por el equipo de Breverías.

Durante la jornada, que acogió a varias decenas de asistentes, se leyeron los relatos de los participantes, mientras que el grupo musical Futura Nebulosa amenizó la velada con el fluir de sus canciones. Además, se contó con la presencia de dos representantes del Ayuntamiento de Valdemoro: Elsa Fernández-Gil, del equipo de Gobierno, y Vicente López, portavoz del grupo socialista.

La ganadora, Elena Hernández Sabroso, fue reconocida por su relato Tú, mamá y la tía, que narra una emotiva historia sobre las relaciones con nuestros mayores. Al recoger el premio agradeció al equipo el fomentar la participación cultural de esta forma y el deseo de los jóvenes de quedarse a vivir en el municipio, por lo que, recalca, es necesario «que empecemos a mover el pueblo y a aportar nuestro granito de arena».

Junto a Elena Hernández Sabroso, hubo cuatro finalistas: Tina de Luis, con su relato El efecto avestruz; Fernando Pazos, con Inasequible al desaliento; Gloria Fernández, con La fuente sabia; y Pablo Moreno con El triunfo heleno.

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Tras la calurosa acogida del proyecto, la organización afirma que habrá una segunda edición del Certamen Literario Breverías, y espera que haya aún una mayor participación que la presente edición.

Tú, mamá y la tía

Texto_Elena Hernández Sabroso

Blanco perlado, estirado, brillante, suave y fino sobre tus huesos. Es flexible y te sigue allá donde vayas. Tus dedos agarrotados se mueven como si tocaras las teclas de un piano, la radio acompasa cada una de tus canciones. Uñas curvas, largas y cuidadas. Mamá decía: la abuela siempre se arreglaba mucho, la manicura siempre hecha.

Un corazón triste bordado con una sonrisa. Eso siempre que el umbral de tu puerta se iluminaba con la luz del pasillo. Damos un paso, dos. Cruzamos y entramos a tu piso. Un corazón triste, ojos llorosos de alegría. Ojalá haber coincidido mejor, ojalá yo fuese más mayor para entenderte, ojalá el mundo más cariñoso para haberte ayudado. El dolor se transmitió de tu generación a la siguiente, y a veces los monstruos que nos acechan acaban por cubrirnos.

Mamá dijo que la vida contigo fue complicada. Pero nunca lo repitió más de dos veces. Solo tuve que aprender a cazar con los oídos, coger las palabras al vuelo, mientras volaban por el cielo. Mamá decía que había cosas que no se podían hacer, que la tristeza y el miedo pesaban por encima de lo demás. Que el Barrio del Pilar era su hogar, pero no como nuestra casa. Tú, mamá y la tía. Tres mujeres fuertes y bondadosas lidiaron a su manera con las esquinas oscuras y polvorientas de su vida. Con miedo, tristeza y escudos.

Pero, abuela, sé que las tres erais y sois buenas. Ojalá un mundo más amable para haberos ayudado. Llanuras y valles quebrados se extienden por vuestro estómago, el blanco perlado nacarado perdiendo brillo, los ojos claros oscurecidos. Es lo que pasa cuando no estás preparada y abres tus párpados, cuando ves más de lo necesario, cuando sientes por multiplicado.

Estamos sentadas en tu sofá, y como siempre el televisor encendido nos mira de frente, aunque para nosotras siga de fondo. Mamá te pregunta, se preocupa, quiere que todo esté bien. ¿Has comido los tuppers que te dejé? ¿Qué es esa mancha en tu antebrazo? ¿Qué película han echado hoy en La Primera? Yo no sé cómo gestionar la tristeza, la impotencia de ser inservible. De mirarte con ternura y no saber cómo ayudarte. ¿Qué te digo? ¿Cómo sigo? ¿Cómo conecto contigo, abuela?

Pero sonríes y siento que estás bien. Que todos estamos bien. Así que me olvido, cogemos nuestros abrigos. Hasta el próximo domingo.

Hasta el próximo, este no podré: he quedado.

¿El sábado? Voy a ir a comer con mi novio, ¡un día se lo presentaremos a la abuela!

¿Has ido tú hoy, Malena? ¿Estaba bien la abuela?

La Navidad juntas. La diabetes, el colesterol y el gluten apartados por un trozo de turrón. Un pinchacito y sabemos que todo va bien. Unas galletas sin azúcar y un café. Así, para ayudarte a la digestión. Un regalo por debajo de la mesa, un beso de 10 que nos damos al año. Otro día, es que tengo que estudiar.

Me voy a casa de Aitor, luego me cuentas.

Y te olvidas. Me olvidé de ti, abuela. Te di por hecho. Tus dedos, tu piel cada día más fina. Tuve la osadía de darte por hecho.

Una llamada de mamá llorando. Hacía tanto que no lo hacía. El mundo sigue igual, pero las teclas del piano se paran. El campo está verde, el cielo es azul, pero, algo está mal. Hija, la abuela ha muerto. Ven cuando puedas, por favor.

Y a partir de ahí, todo lo que sé de ti lo conocí a través de las palabras de otros.

 

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