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Entrevista con Ronnie Romero

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Imagínense el mundo como un enorme puzle de innumerables piezas dispuesto sobre una superficie casi infinita. En ese mundo que yo concibo, hay un sitio para cada uno de nosotros. Un sitio en el que cada uno de nosotros se siente bien, encuentra su lugar, encuentra su razón de ser y hasta de existir. Un sitio en el que brillamos más que en cualquier otro lugar. Un sitio en el que encajamos a la perfección con las otras piezas del puzle  que se colocan a nuestro alrededor. Un hermoso emplazamiento dentro de ese enorme rompecabezas donde nuestra única misión es insertarnos sin fricción y sin fisuras. Algunos pensarán que nos estamos adentrando en el mundo de la magia.

A la aldea global conectada a través de las nuevas tecnologías debemos agradecerle muchas ventajas. Gracias al campo virtual que proyecta sobre una pantalla, nos puede ayudar a encontrar, más fácilmente, las coordenadas de nuestro lugar en el puzzle. Este fue el caso de Ronnie Romero al que Facebook, Youtube y Twitter le han ayudado a encontrar su lugar en el mundo. Viviendo en su Chile natal, conoció a Emilia, una chica de Madrid, gracias a Facebook. Conectaron. Emi viajó a Santiago de Chile y, tras un tiempo, decidieron venir a España y vivir en Valdemoro. Ronnie Romero recuerda la fecha exacta de su llegada a nuestra localidad: 2 de mayo de 2009.

¿Qué te pareció Valdemoro a tu llegada?

Vivir en el centro de Madrid tiene sus ventajas, teniendo todo tan cerca, pero a mí me gustan las localidades tranquilas, como Valdemoro. Me recuerda a mi ciudad natal, Talagante, también al sur de la capital de Chile, a unos 35 kilómetros, y con una población similar a la de Valdemoro, unos 65 000 habitantes. Son dos ciudades, Valdemoro y Talagante, bien conectadas con la capital. Desde que llegué aquí me encontré supercómodo porque, físicamente, las dos ciudades se parecen mucho y porque la forma de comportarse de los españoles y de los chilenos es muy similar. En Valdemoro, me han tratado siempre muy bien desde mi llegada.

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¿Cuándo empiezas a cantar?

Yo empecé muy pequeñito, vengo de una familia con tradición musical. Mi abuelo tenía una big band, que ya no se ven mucho. Él era saxofonista. Bueno, más bien, era multiinstrumentista, pero en la orquesta tocaba el saxofón. Mi padre era el cantante. Por otro lado, mi madre cantaba y tocaba la guitarra también… Mi hermano mayor tocaba la batería. Crecí, pues, rodeado de todos esos instrumentos por casa, en mi habitación… Mis padres eran cristianos evangélicos y la música es importante en las ceremonias religiosas. Yo empecé a cantar en la iglesia, con 6 o 7 años.

¿Aprendiste a tocar alguno de esos instrumentos?

Los tocaba todos un poquito. A la hora de componer, siempre viene bien saber para apoyarte en un instrumento, pero nunca me especialicé en ninguno porque, desde el primer momento, me concentré en cantar. Recuerdo con cariño la flauta travesera que me regaló mi abuelo. Fue, tal vez, el instrumento que más trabajé.

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¿Cuándo formas tu primera banda?

Creo que tenía unos 14 años. A mi mejor amigo del colegio le dio por aprender a tocar la guitarra. Y resulta que su padre era un gran aficionado del rock clásico. Cada vez que íbamos a casa de mi amigo, su padre nos venía con una canción, con un álbum o con un grupo para que los escucháramos. «Escuchad esto», nos decía. Así conocimos Kansas, Pink Floyd, Toto, Journey… Deep Purple, por su puesto, Rainbow, las bandas clásicas de los setenta y de los ochenta. Recuerdo que escuchábamos mucho a Barón Rojo.

Cuando mi amigo comenzó a tocar la guitarra, nos pusimos a tocar canciones de esos grupos para probar. Comenzamos a hacer versiones de los Whitesnake, por ejemplo. Dio la casualidad de que su hermano tocaba la batería y su primo, el bajo. Así que nos pusimos a ensayar y tocar canciones de Jimi Hendrix, Led Zeppelin… Poco después, se unió otro compañero del cole, que también tocaba la guitarra y recuerdo que llegamos a tocar en un auditorio delante de más de quinientas personas. Creo que nos llamábamos Barracuda. Luego nos llegamos a llamar Bucéfalo. Nombres sonoros para una banda, pero que, con el tiempo y gracias a Internet, descubrimos que otros grupos habían elegido antes que nosotros.

Veo que la música siempre ha formado parte de tu vida.

Sí, pero, hasta que llegué a España, la música era algo secundario para mí, una buena excusa para juntarme con los amigos los fines de semana. A lo mejor conseguíamos un bolo para tocar toda la noche en un sitio y nos pagaban 20 o 30 euros, o nos pagaban las cervezas… Con 17, 18 y 19 años, nos creíamos verdaderas estrellas del rock: tocábamos en garitos de mala muerte y nos pagaban las cervezas por tocar. La gente aplaudía y estaba bien.

Pero la familia no te deja continuar. La familia no te dice: «Sí, sí, tú dedícate a la música rock y sigue haciendo conciertos como los que haces». No, la familia sabe que no vas a poder vivir de eso. Así que me puse a estudiar Ingeniería Forestal y luego me puse a trabajar. Hice de todo menos trabajos relacionados con mi ingeniería… Trabajé cortando el césped, trabajé en una carnicería, acarreando carretillas de arena en una obra, en lo que fuera… Tenía 22 años, tenía un hijo y había que buscarse la vida. Empiezas a abandonar el mundo de la música porque vas dejando de tener tiempo para ese hobby. Nos conformábamos con poder juntarnos en el local un fin de semana y ensayar un par de temas.

Cuando llegas a España, ¿tenías la intención de dedicarte a la música?

Para nada. Llegué aquí para buscarme la vida. En Chile, tenía un buen trabajo, pero me vine aquí para estar con Emi. Me traje unos ahorros, pero vine a trabajar de lo que saliera. Trabajé de comercial, pintando pisos y de un montón de cosas más.

Yo seguía haciendo algo de música los fines de semana pero nada serio. Gracias a los vídeos que colgaba en Youtube, empezaron a ponerse en contacto conmigo para cantar de forma más profesional. Aunque estuve poco tiempo trabajando con él, uno de los primeros que me llamó para trabajar fue Jero Ramiro, que ha tocado con Saratoga, Ñu y Santa.

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Y, de repente, te encuentras trabajando con Armando de Castro, el mítico guitarrista de Barón Rojo.

Se nos ocurrió formar una banda tributo al grupo Rainbow, hacer conciertos con sus canciones y ganarnos un dinero. Yo llamé al baterista de mi grupo, Lords of Black, y un día nos dicen: «Ya tenemos un guitarra». Recuerdo ese día perfectamente. Quedamos en el local de ensayo y cuando llegué me encontré allí con Armando de Castro. Cuando era niño yo solo escuchaba dos bandas en español: Barón Rojo, de España y Rata Blanca, un grupo de Argentina. A nosotros, de jóvenes, escuchar rock en español se nos hacía siempre muy raro, pero Barón Rojo era especial. Recuerdo que el primer disco que me compré con mi dinero fue el Volumen Brutal de Barón Rojo.

Así que llego al local de ensayo y me encuentro con uno de mis ídolos. Y tuve la suerte de trabajar con él en esta banda tributo a Rainbow durante dos años. Armando lo hacía genial porque tiene un sonido muy Ritchie Blackmore. Iniciamos este proyecto tributo, que se llamaba Rising, y tocamos en festivales importantes, en diversas salas en Madrid. A la gente le gustaba mucho. Decían que mi voz se parecía mucho a la de Ronnie James Dio. Creo que teníamos un sonido bastante fiel a los Rainbow de los primeros años. Hasta que me llamó Ritchie…

Tuve que decirles que ya no podía cantar con ellos en los próximos conciertos previstos con la banda, pero no podía decirles el porqué.

Cuéntanos cómo se puso en contacto contigo el mismísimo Ritchie Blackmore, legendario guitarrista de Deep Purple y el creador de la banda Rainbow.

Eran las ocho y media de la mañana y estaba haciendo unas prácticas en la Concejalía de Juventud, aquí en Valdemoro. Tenía mi teléfono móvil a un lado. De repente, me llega una notificación de Twitter. Dice: «Candice Knight te sigue en Twitter». A mí ya me sonaba el nombre. Miré su perfil y vi que, efectivamente, era la mujer de Ritchie Blackmore. Pensé que sería otra persona con una cuenta falsa o algo así. Y, a los cinco minutos, me llega un mensaje privado de ella. «Hola, soy Candice Knight, la mujer de Ritchie Blackmore. ¿Sabes quién es? Hemos estado viendo vídeos tuyos en YouTube interpretando canciones de Rainbow y estamos bastante impresionados. Ritchie se pondrá en contacto en un ratito. Le gustaría hablar contigo».

Recuerdo que lo primero que hice fue llamar a Emilia y miré a mi alrededor. Yo creía que todo era una broma y que me estaban filmando para un programa de televisión o algo así. Me puse a buscar para ver si veía alguna cámara escondida.

Esto fue en mayo de 2015.

Sí. Al rato, me escribió un mensaje Ritchie Blackmore. Candice me ha venido a contar que Ritchie ya casi había abandonado la idea de continuar el proyecto Rainbow pues no encontraban el cantante idóneo. Pero ella siguió buscando por ahí hasta que dio con los vídeos que yo tenía colgados en YouTube. Era un proyecto muy especial tanto para Ritchie como para Candice. Así que Ritchie se puso en contacto conmigo en mayo y me invitaron a cenar juntos en junio.

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¿Dónde queda a cenar Ritchie Blackmore para una situación como esta?

Fue gracioso. Me dijo que nos debíamos conocer en Munich, en Alemania. Yo no había estado nunca allí, con lo que miré en Internet lugares que visitar, ya que iba a estar allí unos días. Llegué al aeropuerto y me vinieron a recoger en una furgoneta. Nos alejamos de Munich, una hora y media o así. Todo esto con desconocidos, sin ningún rastro de Ritchie. Me llevaron a un sitio perdido entre las montañas hasta que llegamos a un castillo del siglo XV, reconvertido ahora en un hotel.

Yo me bajé de la furgoneta como un niño que va por primera vez al cole. Ilusionado. Nervioso. Hasta ese momento, todo podía ser todavía una broma. Y justo en ese momento, escucho un silbido. Miro arriba y, en la ventana de una de las torres, veo a Ritchie Blackmore. «Vale, es él», me dije, «de momento, vamos bien». Me llevaron a mi habitación y, enseguida, él tocó en la puerta y se presentó. Golpeó la puerta, yo la abrí y recuerdo que lo primero que me dijo fue «lo conseguiste». Me presentó a la mujer, a la suegra, a los hijos, a toda la familia que andaba por allí. A la media hora, quedamos abajo para cenar. Durante la cena me contó sus planes con respecto a Rainbow.

Nada más cenar, subimos a la habitación para tocar algunos temas. Eso fue bastante estresante para mí. Iba a cantar unas canciones compuestas por Ritchie Blackmore y tocadas a la guitarra por él mismo. No podía permitirme el lujo de equivocarme o de inventarme la letra. No podía equivocarme en la estructura de la canción porque él conoce sus canciones mejor que nadie. Y, de repente, comienza tocando el Perfect Strangers de Deep Purple. Y yo me quedo un poco confundido. Y, educadamente, le digo: «Creo que ese no es el tono de esa canción. En el disco está grabado en otra tonalidad». Y él se quedó también extrañado. Me miró y me dijo: «¿En qué tonalidad está grabada?». La comencé a cantar como yo creía y él enseguida se enganchó y ya quedó estupenda. Al final me dice: «Es que llevo mucho tiempo sin tocar esta canción…».

Tal vez te estaba probando…

Puede ser. Tocamos unas cinco canciones juntos. Hicimos The Man on the Silver Mountain, I Surrender y alguna más. Y luego hicimos un par de temas de Queen. Me dijo que le gustaba mucho Queen y que mi voz le recordaba mucho a Freddie Mercury. Recuerdo que tocamos Who Wants to Live Forever.

Hicimos las canciones sentados al lado de una mesa, él con la guitarra y yo cantando. Candice, su mujer, estaba sentada junto a la ventana, mirando al exterior, pero escuchando nuestras canciones. Ritchie me dio el OK. Se volvió hacia Candice y le preguntó su opinión. Ella sonrió y levantó el dedo pulgar. Ritchie se volvió hacia mí de nuevo y dijo: «Si ella sonríe, todo está correcto». Me dijo que su suegra, que es también su manager, se pondría en contacto conmigo y me mandaría el contrato para que lo firmara. Desde entonces, la comunicación con ellos ha sido fantástica. Son gente muy cariñosa, muy atenta y me han ido informando de todo constantemente.

Aún así, fueron unos meses difíciles. Desde junio hasta noviembre de 2015, tuve que aguantar sin decir nada hasta que se publicó oficialmente la noticia.

¿Cómo ensayasteis para los conciertos?

Hicimos dos rondas de ensayos en Nueva York, que es donde vive él. Una ronda en noviembre y otra en abril. No hizo falta ensayar mucho porque todos los músicos estaban muy bien preparados. Él iba pensando cambios y nosotros intentábamos seguirle. Incluso, durante los conciertos, proponía cambios en canciones.

¿Habrás aprendido mucho?

Muchísimo. He aprendido del mejor, para mí. No solamente en el apartado musical. También he aprendido cómo se lleva el negocio, cómo se puede trabajar a un alto nivel profesional. Yo he ido apuntando todo.

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Háblanos de los conciertos en los que has participado como nuevo cantante de Rainbow.

Han sido tres conciertos. Han sido dos en Alemania, como parte de dos festivales de rock en ese país. El tercer concierto ha sido en Birmingham, en Inglaterra. Este último éramos solo nosotros. Para este concierto, se agotaron las entradas a las dos o tres horas de haberse puesto a la venta. Habría unos 18 000 espectadores. Rainbow no tocaba en su tierra desde hacía veinticinco años. En los bises, Ritchie se puso a tocar un tema, Burn, de los Deep Purple, que no habíamos ensayado, que formaba del repertorio previsto pero que, por una razón o por otra, no habíamos ensayado. Salió todo muy bien.

Estoy seguro de que haber formado parte del grupo Rainbow ha sido un verdadero regalo, recompensa a todos tus años de trabajo. Sin embargo, tu actual carrera profesional está centrada en tu grupo Lords of Black.

Formamos el grupo en 2013. Me llamó Tony Hernando, que había salido de Saratoga y tenía un proyecto para una banda nueva. Conectamos muy bien desde el comienzo. Grabamos un disco y fue muy bien recibido. Por gente de fuera, sobre todo, porque hacemos heavy, power metal en inglés. Nos sigue mucha gente en Alemania, Rusia, Gran Bretaña. Y, desde ese momento, creí que nos podíamos dedicar a esto.

Además, cuando sale la noticia de que voy a cantar con Rainbow, todas las miradas se centran en mí y en la banda Lords of Black, de la que soy cantante. Eso nos ha dado mucha popularidad. El sello discográfico italiano Frontiers Records se puso en contacto con nosotros y nos ofreció grabar un disco. Nos empezaron a llamar para tocar en todos los sitios. Tocamos en varios festivales por Europa. En octubre nos vamos a Japón.

Ha sido todo tan rápido.

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La minigira con Rainbow por Europa fue muy bien y podría haber más conciertos en un futuro no muy lejano. Lords of Black y su cantante Ronnie Romero leerán esta entrevista desde Japón. Emilia, Ronnie y yo nos hemos conocido alrededor de una comida india cocinada en Valdemoro. Me da la sensación de que esta nueva aldea global va a permitir que muchos valdemoreños encuentren su lugar en el mundo en distintos rincones del planeta y me da la sensación, también, de que valdemoreños nacidos en otros lugares de esta pelota que gira alrededor del sol van a llegar a nuestra localidad buscando encajar en esta particular sección del puzle  humano.

 

Texto_Fernando Martín Pescador

Fotografía_Ncuadres

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