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Coro del Colegio de Nuestra Señora de Valdemoro, 17 años de travesía musical

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Música en la infancia

Hace algunos números tuvimos la oportunidad de adentrarnos en la historia del coro Voces de Valdemoro y en el crecimiento de su actividad musical. En esta ocasión, la música vuelve a esta revista de la mano del coro del Colegio de Nuestra Señora de Valdemoro, cuyas voces resuenan desde hace casi dos décadas. Este coro, formado hoy por más de un centenar de alumnas y galardonado con numerosos premios, es resultado de un proyecto que se está viviendo con ilusión y que apuesta por combinar valores educativos y musicales.

Los inicios del coro se remontan a la fundación del centro escolar. El Colegio de Nuestra Señora de Valdemoro, inaugurado en el año 2003 por la Orden de Hijas de María Nuestra Señora, contaba por aquel entonces con once alumnas. Con ellas, las religiosas formaron una coral, pues ya desde el principio consideraron que la educación musical que se daría en el centro iba a constituir un pilar formativo de primer orden. La directora del colegio, la madre Ana María García Oliva, subraya que dentro de la Orden de Hijas de María Nuestra Señora, fundada en 1607, la música siempre ha desempeñado una función relevante y, en este sentido, la creación de un coro en el colegio iba también ligada a la preservación de una tradición secular de más de cuatro siglos de antigüedad.

2009 fue el año del cambio. De este pequeño coro original, que cantaba en fiestas y celebraciones de la vida escolar, se pasó a uno cada vez más interesado en dar a sus coristas una formación musical más seria. Irene Chillón Pérez, profesora de inglés y de música en inglés en el colegio de Nuestra Señora, tomó el relevo como directora del coro ese mismo año. «Al principio colaboré con el coro tal como estaba formado. Nos dimos cuenta de que nuestras alumnas podían dar mucho más y decidimos profesionalizar el coro con ensayos y clases de técnica vocal», explica.

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Hoy, sus integrantes no dejan de crecer. De las cuatrocientas alumnas que estudian en el colegio, distribuidas en clases desde Educación Infantil hasta Bachillerato, ciento veinte forman parte de su grupo coral que, por cuestiones técnicas y de edad, se encuentra subdividido en tres coros de menor tamaño. De esta forma, el llamado Chiquicoro lo forman alumnas desde tres años de Educación Infantil hasta primero de Primaria; el coro infantil Loyola lo integran alumnas desde segundo hasta sexto de Primaria; y el coro juvenil Lestonnac incluye entre sus voces a alumnas de Secundaria y Bachillerato, profesorado y a antiguas alumnas.

 En busca de una armonía

Parte de la profesionalización del coro ha consistido en profundizar en la educación musical de sus integrantes, por lo que los ensayos se constituyen como una parte esencial dentro de su dinámica. Pero un ensayo con las ciento veinte alumnas sería, confiesa la directora del coro, Irene Chillón, muy complicado, de manera que los coros ensayan de acuerdo con su división orgánica en Chiquicoro, coro infantil Loyola y coro juvenil Lestonnac. En todos los casos, se trata de ensayos semanales, que incluyen clases de técnica vocal y repaso del repertorio.

Un ahondamiento en la técnica vocal permite a las alumnas el cuidado del canto y la producción eficaz y sana del sonido, a la par que trabajan en aspectos clave como la dicción, la ejecución y la respiración. Para ayudar a la preparación en esta disciplina, una profesora especializada acude cada dos semanas al centro. Asimismo, dos pianistas acompañan con frecuencia a los coros durante este entrenamiento musical. Por su parte, los ensayos del Chiquicoro son algo diferentes. Las coristas más jóvenes hacen juegos musicales y utilizan recursos como gestos y movimientos para facilitar el aprendizaje y la memorización de las canciones. «Ellas van por libre, ensayamos otro día y en otro momento. ¡Lo pasamos genial!», cuenta Irene Chillón.

La directora del colegio explica que hacer estos ensayos sostenibles en el centro supone no solo habilitar espacios y horarios dentro de las jornadas lectivas de las alumnas, sino también facilitar que los profesores participantes tengan ese tiempo disponible en su horario personal; horarios que, en última instancia, han de combinarse con las agendas de los músicos que acuden de manera esporádica a los ensayos corales. Una obra casi de ingeniería de calendarios que, por el momento, les ha dado buenos resultados.

La conjunción de los coros, el momento mágico en el que se unen, sucede en algunas de sus múltiples actuaciones en público, pues según explica Irene Chillón: «Dependiendo del tipo de concierto actúa un coro u otro». Aunque, sin lugar a duda, a cada coro le llega su momento: «Lo que siempre intentamos es que todos los coros tengan su protagonismo a lo largo del curso», aclara la directora del coro.

 Immanuel y la importancia del cultivo de la música

Al embarcarse en esta aventura, Irene Chillón ha tenido siempre clara la importancia del repertorio, pero, a la par, ha considerado el peso de la estética en el ejercicio de la difusión musical. «Buscamos la belleza del canto, pues creemos que esa belleza toca el corazón de las personas que nos escuchan», argumenta. Y esta belleza artística, añade, «es tanto un bien útil para esta dinámica y cambiante sociedad, como un bien necesario para la misma».

Esta belleza se transmite con un repertorio variado, que recorre géneros diversos, y que incluye entre sus piezas desde cantos litúrgicos hasta música sacra, pasando por canciones actuales y música popular. La adaptación a diferentes registros y géneros les parece clave para una formación íntegra, aunque la directora del coro tampoco olvida que la selección musical implica la consideración de otros aspectos: «No elijo ninguna obra con la que no se pueda trabajar la letra, que tenga un mensaje claro que nos pueda ayudar a nosotras al cantarlo y al resto de personas al escucharlo», afirma.

La variedad estilística y musical del coro quedó reflejada en un proyecto clave en su historia: la grabación, en 2016, de su primer disco, titulado Immanuel. Este título hace referencia a la canción del mismo nombre escrita en 1987 por el cantautor estadounidense Michael Card, especializado en música contemporánea cristiana. En contra de lo cabría esperar, este proyecto de grabación surgió, según el Colegio de Nuestra Señora «sin pensarlo demasiado».

La motivación fue un componente esencial para que el disco saliera a la luz, como también lo fue la buena disposición de diversos músicos participantes. Así, durante dos meses, el equipo de grabación, los instrumentistas y las coristas se vieron envueltos en una continua actividad que, pese a haber sido algo «jaleosa», dicen, se recuerda con orgullo y alegría. Fruto de este trabajo, entre las canciones de Immanuel se encuentran clásicos de la música moderna, por ejemplo Stand by me o California Dreamin’, y composiciones musicales de carácter litúrgico, como es el caso de una versión a capela de Panis Angelicus.

Una joya coral sale a la luz

 Si bien Immanuel ha marcado un antes y un después para el coro, lo cierto es que sus actuaciones en público y su participación en diferentes certámenes y concursos ponen de manifiesto su creciente proyección. El coro del Colegio de Nuestra Señora de Valdemoro es impulsor del encuentro de coros «Ti seguirò. En busca de la Belleza», que reúne en cada edición a coros y escolanías para disfrutar de la música. El inspirador de estos encuentros musicales es monseñor Marco Frisina, compositor y director de orquesta en la basílica de San Pedro del Vaticano, en Roma, quien animó el desarrollo del proyecto después de que Irene Chillón se lo presentara personalmente.

Asimismo, el Coro del Colegio de Nuestra Señora participa en el Certamen de la Comunidad de Madrid, que busca la creación de coros y el ejercicio del canto en esta comunidad autónoma, así como en los conciertos de Agrupacoros, la Red de Coros Infantiles y Juveniles de la Comunidad de Madrid, que apuesta por una formación musical de calidad para alumnos y directores corales. En estos conciertos, como en los ensayos, el coro cuenta con la participación de músicos profesionales, como el flautista Ernesto López Talavera, el violinista Adriaan A. Rijnhout Díaz, y el pianista Julio Martín.

Irene Chillón consideró desde el principio que la intervención en este tipo de eventos estaba llamada a desempeñar una función motivadora entre sus alumnas. Desde su perspectiva, tener objetivos ayuda, precisamente, a mantener alta esa motivación. No obstante, bajo los focos y ante la atenta mirada de cientos de personas, es esencial tener claro por qué se canta y qué busca el coro con su labor. De este modo, y en recordatorio de la premisa de esta coral, la directora del coro considera que, por encima de hipotéticos galardones, lo esencial es la música, llegar al público y conectar con él, y despertar en él emociones como la alegría o el amor.

El coro del Colegio de Nuestra Señora ha recibido menciones de honor por sus participaciones en los certámenes de Madrid y, el pasado 2019, fue semifinalista con el Coro Juvenil Lestonnac en dicho certamen, y ganador del segundo premio de la final nacional de Agrupacoros con el coro infantil Loyola. «Ver a las alumnas en escenarios donde cantan otros coros de indiscutible nivel es una satisfacción. Recibir los premios que han ido alcanzando cuando representan el buen hacer del colegio refleja que las alumnas son capaces de mantener el esfuerzo y conseguir la belleza de una armonía musical», relata la directora del colegio.

El propio centro escolar es testigo frecuente de las actuaciones de sus tres coros. Es el caso de la celebración del 21 de noviembre, Día de la Niña María, en el que el coro canta en la misa de la fiesta grande que se oficia en el colegio, de otras festividades religiosas o de la fiesta de Navidad.

El coro del Colegio de Nuestra Señora en un concierto de Agrupacoros Madrid, en 2018. Fuente: Colegio de Nuestra Señora de Valdemoro.

Un horizonte de posibilidades

La peculiaridad de este coro radica no solo en haber puesto de manifiesto la importancia del aprendizaje y el disfrute de la música dentro del crecimiento personal de las alumnas, sino en haber abierto una vía de compañerismo, superación, y reivindicación del tradicional cuarto arte. La participación en una coral puede convertirse en una herramienta formativa basilar para los niños, y en el Colegio de Nuestra Señora reflexionan sobre cómo un coro permite trabajar destrezas como la memoria o el trabajo en equipo, a la par que la disciplina, la responsabilidad, el esfuerzo y la constancia. La música y el arte, señalan, se asocian también al ánimo, y citan a este respecto la Carta a los artistas, de san Juan Pablo II, emitida en 1999, en la que se afirma que el entusiasmo siempre será necesario para afrontar y superar los desafíos que aparezcan en el horizonte. Además, argumentan, una formación coral impulsa que los niños encuentren una forma de trasladar sus emociones, convirtiendo así a la música coral en una vía de comunicación interpersonal clave para reaccionar e interaccionar de manera afectiva con el mundo que les rodea.

«Toda la comunidad educativa se siente muy orgullosa del coro del colegio. Las alumnas que lo forman aprenden y disfrutan con el resultado. Y todos los demás agradecemos lo que aportan al poner su talento musical para cultivar la belleza», afirma la Madre Ana María García. La directora del centro considera, al mismo tiempo, que el futuro del coro no puede ser otro que continuar la senda caminada hasta ahora, que sintetiza en el esfuerzo, el trabajo y la búsqueda de la excelencia personal y musical.

El Coro de Nuestra Señora de Valdemoro tiene a sus espaldas diecisiete años de alegrías, pero ante sus coristas, su directora y demás profesionales envueltos en su dinámica diaria, se abre un mar de proyectos: el coro infantil Loyola y el coro juvenil Lestonnac se clasificaron, el pasado enero, para la final nacional de Agrupacoros 2020, pospuesta para el próximo curso. Al preguntarle por otros proyectos, como la grabación de otro disco, Irene Chillón no puede evitar sonreír: «Tal vez el próximo curso», dice, aunque el nombre ya lo tienen pensado. Llevará por título La Bellezza che il mondo salverà, una frase profundamente enraizada en su divisa coral, y que en italiano significa La belleza que al mundo salvará. Para Irene Chillón, la música es manifestación de esa belleza que salvará al mundo.

Texto_Sara Lázaro Lucena

Fotografía_Ncuadres

 

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