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Entrevista a Esther Navero

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«Todos los entrenamientos cuentan para poder llegar a la meta»

Dejamos atrás un año raro, de malas noticias y de cambios radicales en nuestra forma de vivir. Pero también un año de aprendizaje, de prioridades y de reafirmarse en las creencias que uno ya tenía. Y es que los malos tiempos son épocas de conocimiento y crecimiento personal si se saben aprovechar. Muchos de nosotros hemos visto como los propósitos del comienzo de año se vieron truncados. Quizás con este 2021 que recién estrenamos sea momento de reconstruirlos y ponernos a trabajar en ellos.

Algo similar es lo que le ocurrió a nuestra primera entrevistada del 2021 en La revista de Valdemoro. Esther Navero es una velocista valdemoreña que, como todos, vio interrumpida su rutina en marzo del año pasado. Con un tercer puesto en el Campeonato de España Absoluto, Esther ha sabido sobreponerse a las dificultades que la pandemia le puso en su camino y conseguir la victoria.

De padre andaluz y madre castellana, Esther ha crecido en Valdemoro tanto en lo personal como en lo deportivo. Su primera incursión en el deporte fue en la Carrera Popular de Valdemoro, donde saboreó la victoria con un segundo puesto y supo que quería seguir corriendo por mucho tiempo. Aquí también se ha construido como atleta gracias al Club Amigos del Atletismo, donde ha competido hasta su reciente marcha al Club Atletismo Playas de Castellón.

¿Qué lugares recuerdas con especial cariño de Valdemoro?

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El lugar de mis primeros juegos y carreras fue el parque Tierno Galván. Estudiaba en el colegio Marqués de Vallejo, comúnmente conocido como el Juncarejo, un colegio que se encuentra cerca de mi casa y también del parque en el que solía divertirme. En ambos lugares hice bastantes amistades. Mi grupo de amigos de ahora se ha forjado en el Club de Atletismo de Valdemoro, allí he crecido tanto en lo personal como en lo deportivo. Somos un grupo pequeño y solemos hacer planes por el pueblo.

¿Cómo ha sido tu paso por el Juncarejo?

En el Juncarejo he hecho toda mi vida académica. Ha sido una época muy importante y les guardo un gran aprecio a todos los profesores y personas con las que allí he convivido. Tuve la oportunidad de conocer a gente magnífica, como Elena, mi profesora de Matemáticas, quien me ayudó mucho porque era una asignatura muy complicada para mí. Me ayudó no solo siendo mi profesora de refuerzo, sino también con su implicación y seguimiento para llegar a conseguir aprobar. La graduación fue un momento muy emotivo porque suponía cerrar una etapa muy larga e importante de mi vida y en la que hay gente que ha supuesto mucho en lo que soy ahora.

Ahora estudias magisterio. ¿Cómo llegas a esta carrera?

Estando en el instituto mi primera opción era estudiar INEF, Ciencias de la Actividad Física y el Deporte. No conseguí la nota media porque era más alta que la que yo obtuve en selectividad. Me dio mucha rabia porque fue por muy poco. Aunque tengo que decir que las pruebas físicas las había superado sin problema. Mi segunda opción era hacer Magisterio porque siempre me han gustado los niños y había una posibilidad de orientarlo hacia la educación física. INEF me orientaba hacia la educación secundaria, pero he descubierto que los más pequeños son un mundo muy interesante por descubrir. Sea como fuere, mi objetivo nunca ha sido ser profesora, sino transmitir lo que más me gusta, el deporte. Soy consciente de que a todos los niños no les va a gustar el deporte, pero me ilusiona el reto de transmitir aquello que me gusta y los valores que engloban al deporte entre otras cosas.

¿Cómo descubres que es el deporte lo que realmente te apasiona?

Fue un cúmulo de circunstancias. Con el paso del tiempo se presentan dificultades en tu vida que te hacen tener que elegir. A pesar de todas ellas —la adolescencia, los estudios o cualquier situación personal— el deporte siempre me ha acompañado y no ha sido una opción a descartar. Para mí es una pasión real que siento desde dentro y sigue intacta desde los ocho años. Los sentimientos que despiertan en mí tanto sus aspectos negativos como los positivos, ya sea no conseguir un objetivo, hacer una salida nula, llegar a estar en un pódium o hacer una marca, son los que me mantienen enganchada a él. Psicológicamente, todo esto me refuerza mucho y me ha ayudado a construirme como atleta y como persona. Y me atrevería a decir que es uno de los motivos por el cual he querido orientar mi vida hacia el deporte.

¿Cuándo se produce tu primer contacto con el deporte?

Mi primera toma de contacto fue con el colegio. Ellos me inscribieron a la Carrera Popular de Valdemoro; para entonces yo desconocía cualquier tipo de competición. Pedro, mi profesor de Educación Física, me sugirió que me apuntara porque veía que en clase y en los recreos se me daba muy bien correr. Lo cierto es que estuve a punto de no participar en la carrera. No recuerdo por qué motivo llegué tarde a la competición, pero tuve la suerte de que se retrasó la salida. Corrí la carrera y quedé en segunda posición.

 ¿Cuál fue tu sensación al hacer tu primer pódium?

No había preparado la carrera de ninguna de las maneras, mi ilusión era correr con mis compañeras. Si lo pienso ahora, tenía una visión muy inocente, recuerdo que estaba muy nerviosa por haber llegado tarde. Cuando terminé de correr tuve muy claro que me había gustado la experiencia y mis padres buscaron un club de atletismo para apuntarme     . Recuerdo que me dieron una copa muy grande, mi abuelo me la llenó de zumo y brindé con ella. Siempre recordaré aquel trofeo, incluso mi familia y yo tenemos una foto de recuerdo del momento.

¿Cómo concebías el atletismo en tus comienzos?

Cuando empecé, para mí era todo un juego. El entrenamiento en el club se basaba básicamente en juegos para mejorar la psicomotricidad, la velocidad de reacción, la resistencia, etc. Y aquello que comienza siendo un juego, se va convirtiendo poco a poco en un propósito más firme y claro, y acaba siendo una prioridad en mi vida. Para mí ha sido un paso natural; querer alcanzar nuevos objetivos supone implicarse más en los      entrenamientos. Comencé participando en competiciones populares como la milla o carreras populares y lo cierto es que no me atraía mucho. Las largas distancias no eran para mí, llegaba a meta muy desgastada e incluso algunas veces vomitaba. Había una gran diferencia entre los juegos que entrenaba y las distancias que luego tenía que recorrer en las competiciones. Anímicamente no me encontraba bien.

Háblanos de tu relación con el Club Amigos del Atletismo de Valdemoro.

Siempre diré que han sido como mi segunda familia. Allí he forjado muchas relaciones con mis compañeros y entrenadores, y me han ayudado a asentar las bases de la atleta que soy ahora. El director del club, Víctor Rodríguez, sigue preguntándome periódicamente por mis progresos, y lo cierto es que, es muy gratificante saber que a pesar de que hace ya más de un año que me marché, la relación se mantiene. Les guardo un cariño muy especial como club porque se forjan vínculos personales donde los mayores cuidan de los pequeños y los valores del deporte siempre están presentes. Quizás ese espíritu de comunidad es algo que he sacrificado con mi marcha. En la actualidad entreno con unas ocho personas, mientras que en Valdemoro éramos dos grupos y entrenaba con unas veinte o treinta personas. La diferencia de edades entre todos es algo que me enriqueció mucho. Mi salida fue una decisión muy complicada porque tenía mucho apego, pero era el paso que debía dar para seguir evolucionando.

¿Cómo ha sido tu proceso de construcción como atleta?

En general, comencé entrenando fondo para ir poco a poco centrándome en la velocidad. Depende mucho del entrenador con el que estés. Al haber pasado por diferentes entrenadores he podido desarrollar muchas cualidades diferentes según la metodología de cada uno. En los doce años que llevo haciendo atletismo he tenido muchos entrenadores. Antes que nada, quiero pedir disculpas por dejarme en el tintero a muchos de ellos. José España fue uno de los primeros entrenadores que marcó mi carrera porque supo ver que mi potencial estaba en la velocidad y no en la resistencia. Estuve entrenando durante mucho con Salvador Serrano, él me ayudó a concebir este deporte como una actividad con la que divertirme y pasármelo siempre bien. Aunque hacíamos entrenamientos ordinarios, el grueso de la actividad se basaba en jugar y relacionarme con mis compañeros. Descubrí la cara más amable de este deporte. Cuando entré en la ESO empecé a entrenar con Eduardo Cuenca. Con él aprendí a ejercitar el cuerpo para ganar fuerza —hacía abdominales, flexiones, lumbares…— y la técnica. Con él hacíamos muchos saltos, pasadas de valla, longitud, triple…, prácticamente tocábamos todas las modalidades que existen dentro del atletismo. Aunque era velocista, con él aprendí que existen más pruebas dentro del atletismo y que todas tienen su dificultad. Mi primera medalla conseguida en un Campeonato de España fue de la mano de Antonio López, último entrenador que tuve en el club. En la actualidad entreno con José Luis Calvo en el CAR de Madrid y la verdad es que estoy encantada. Gracias a él he conseguido los mayores logros de mi carrera deportiva. Tiene una filosofía de vida y de trabajo radicalmente diferente a lo que había conocido. Es un entrenador nacional independiente al que le apasiona este deporte. Y una de sus máximas es que todos sus atletas se comprometan y esfuercen por lograr los objetivos que se marquen.

¿Cómo se produce tu salida del Club Amigos del Atletismo?

El Club Amigos del Atletismo es filial de la Agrupación Deportiva Marathon. Esto significa que cuando el Marathon necesita corredores para competir, consulta al club de Valdemoro, entre otros, para que vayan a competir atletas en su nombre. De esta forma pude correr varias veces con el Marathon y en una de ellas conocí a Sandra, una de mis actuales compañeras. Le comenté las condiciones en las que estaba entrenando en Valdemoro, con una pista de cemento en lugar de tartán, y así se ofreció a hablar y presentarme a su entrenador; de esta forma conocí a José Luis.

¿Qué ha supuesto tu llegada al CAR, un mundo con unas exigencias más elevadas?

Ha sido un año complicado porque tuve una lesión que me obligó a parar dos meses. El atletismo es un deporte que exige constancia y cualquier pausa se nota. Llegué al CAR del parón de la lesión, lo que supuso un esfuerzo muy grande para poder ponerme al nivel de mis compañeros. En lo psicológico también he tenido que aprender a gestionar mi posición en el grupo. En Valdemoro siempre era la primera en las series y ahora algunas de mis compañeras me tiran constantemente. Me siento afortunada de pertenecer a este grupo porque tiene un nivel muy alto. Entre mis compañeros hay una cuarta de Europa y primera de España en 100 metros lisos, que es Paula Sevilla; un segundo de España en 400 lisos, que es Gen Esteban San Millán; y el resto de compañeros, que también tienen grandes marcas y que me motivan a seguir esforzándome          .

¿Cómo es tu rutina de entrenamiento?

Entrenamos seis días a la semana. Los lunes para mí es el peor día de la semana porque hacemos series de láctico, y suelen ser muy duras. Los martes y los jueves son días de gimnasio. Estos son los días que más me gustan, porque tienen su propia técnica y me encanta trabajar el cuerpo. En cuanto a los miércoles y los viernes, trabajamos las series de velocidad tanto corta como larga, a ritmos alegres. Los sábados son días que considero que sirven para mejorar la técnica de carrera. En total hacemos entre dos y dos horas y media al día aproximadamente, depende del entrenamiento.

Durante toda la entrevista ha estado muy presente el factor psicológico. ¿Cómo trabajas este aspecto?

Es un entrenamiento muy personal porque no lo desarrollamos en ningún sitio. Intento trabajarlo mucho conmigo misma para poder afrontar las dificultades que van surgiendo en el día a día. A pesar de ello, tengo mucho trabajo por hacer. En el campeonato sub-23, que se celebró después del absoluto, partía como favorita y realmente pude hacer una muy buena marca. Pero ser el foco de atención puso mucha presión en mí y, lamentándolo mucho, hice salida nula y perdí esa oportunidad. Este tipo de cosas son las que me hacen ver lo importante que es la cabeza. Aprender a gestionar todas esas emociones y canalizarlas de una manera positiva es un trabajo necesario para mí.

 ¿Qué aficiones tienes fuera del deporte?

Me gusta mucho la música. Aunque no toco ningún instrumento, tengo muy buena coordinación y aprendo rápido a tocar tres acordes en cualquier instrumento. Mi padre toca el saxofón y algunas veces me ha enseñado a tocar. La música me ha acompañado durante toda mi formación y la conozco. El atletismo me quita mucho tiempo, pero me encantaría aprender a tocar la batería cuando me retire.

 Has conseguido marcas importantes, como un segundo puesto de España en la categoría sub-20. ¿Has sentido en algún momento vértigo?

El factor psicológico es algo que a veces funciona muy bien y otras muy mal. Cuando quedé segunda de España sub-20 estaba muy enchufada a la competición. En mi cabeza estaba el propósito de conseguir ganar, tanto es así que ni pensaba en la compañera que me ganó, que ha conseguido pódiums a nivel europeo. Cuando llegué a la meta en segunda posición no me lo podía creer. Porque tú te propones llegar entre las tres primeras e incluso te lo imaginas, pero la realidad es mucho más sorprendente. La llamada de la selección española también fue un momento increíble. En mi cabeza no podía entender cómo la selección nacional quería contar conmigo para encuentros y competiciones internacionales. Me sentía mucho más grande de lo que me creía. Estos dos hechos fueron los que hicieron que me lo creyera realmente y decidiera apostar por el atletismo como una prioridad en mi vida.

¿Cómo llegas al Club Atletismo Playas Castellón?

José Luis, mi entrenador, se puso en contacto con ellos porque necesitaban velocistas de mis características. Mi perfil de atleta encajaba con lo que buscaban y hace un año comencé a competir con ellos. Es cierto que al ser un año tan atípico ha sido muy complicado para mí poder demostrar mi valía en este nuevo club. A pesar de ello he conseguido un tercer puesto de España. Al haber pocas competiciones, mis marcas no han podido ser tan buenas, aunque he seguido haciendo marcas personales. Soy una deportista que mejora su marca en cada competición y cuando llego a los campeonatos de España siempre doy la mejor versión de mí. Creo que es esta mentalidad la que me ayuda a conseguirlo.

¿Cómo has vivido la pandemia mundial?

Supongo que como todos los atletas. Ha sido una época muy complicada para nosotros. Durante el confinamiento estricto he entrenado mucho con las cosas que había por casa: fregonas, garrafas, lo que fuera. Psicológicamente, ha supuesto un reto porque sientes que todo el esfuerzo que has estado depositando en tu condición de atleta se frena por completo y no puedes hacer nada por evitarlo. Las videollamadas con mis compañeros para entrenar y charlar me han ayudado mucho a tener una percepción real de cómo lo estaban viviendo ellos. Al final no sabes si la gente también está entrenando poco como tú o si tienen la posibilidad de hacer más cosas. Tengo la percepción de que he entrenado mucho. Mi propósito era mantener la rutina lo máximo que fuera posible. En la fase 1 ya pude empezar a salir a correr. Salía muy pronto, a las seis de la mañana, para no cruzarme con mucha gente. En julio ya pude acudir al CAR nuevamente gracias al certificado de alto rendimiento. Entrenábamos únicamente mi compañera Paula y yo allí, pero me vino bien de cara a la competición de septiembre.

¿En qué condiciones llegaste al Campeonato de España absoluto en septiembre?

Los dos meses de entrenamiento previo que pude tener sirvieron bastante, pero no fueron suficiente. Donde más lo noté fue en las series porque no podía hacerlas en casa. Antes, en las llegadas a meta no llegaba cansada, me podía recuperar. Después del confinamiento noté que cuando llegaba a meta estaba muy cansada. Nosotros entrenamos mucho la resistencia para poder terminar una competición y tener la capacidad suficiente para poder recuperarte. Viendo lo que me estaba pasando, reservé muchas fuerzas para la final. Debido a la covid-19 tan solo hubo semifinales y final, por lo que había que gestionar muy bien las energías.

¿Cómo recibiste ese tercer puesto?

Para mí ha sido una gran victoria después del año que hemos vivido y las circunstancias en las que he entrenado. Es cierto que cuando bajé del pódium empecé a pensar que mucha gente no había estado presente en la competición porque no habían llegado o porque durante la pandemia han abandonado el deporte. Mi compañera Paula, que quedó segunda, me hizo ver que la victoria tenía la misma valía, pues había que esforzarse para estar ahí y conseguirlo. Lo cierto es que si muchos de ellos no llegaron a la competición por algo sería. El hecho es que yo había conseguido estar y hacer la tercera mejor marca en la prueba de 200 metros lisos.

¿Qué objetivos tienes para el 2021?

El 2021 se presenta como un año de grandes retos. Mi entrenador pone muchas expectativas en mí y cree que podría llegar incluso a unas olimpiadas. Hasta entonces vamos a intentar llegar al Campeonato de Europa. Mi objetivo para este año es hacer la mínima para ir a Noruega, que es donde se celebra el campeonato, y poder disputar los 200 metros lisos de forma individual y, si es posible, en el relevo 4 × 100. También vienen los Juegos del Mediterráneo a España, que son otro de mis objetivos. Son dos retos muy ambiciosos y sé que no será fácil llegar, pero ya estamos trabajando muy duro para poder conseguirlo.

 

Esther desprende energía y amabilidad, cualidades que sin duda no solo la hacen ser una gran deportista, sino también una gran persona. Su constancia y pasión por el deporte han sido clave para trazar una trayectoria deportiva magnífica en la que todavía quedan muchos capítulos por escribir. Desde La revista de Valdemoro queremos mandarle todo nuestro apoyo para este 2021 de grandes retos en los que estamos seguros de que volverá a resonar su nombre.

Texto_Sergío García Otero

Fotografía_Ncuadres

 

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