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Entrevista Antonio Portero

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‘Valdemoro es el lugar al que siempre volver’

 El mes de marzo nos trae un encuentro con Antonio Portero, artista valdemoreño con una experiencia vital plena de contrastes que han tenido como resultado un estilo de vida muy diferente al convencional en la famosa isla de Ibiza. Aunque desde muy joven se vinculó con el deporte y la docencia, el hilo conductor de su trayectoria ha sido la pintura, dando como resultado la construcción de un artista diferente.

Antonio es un artista reflexivo, en cuya manera de concebir el arte ha imperado el pragmatismo. Esto le ha permitido establecer una relación muy clara con su obra y conseguir hitos como ser parte de uno de los mercados hippies más importantes del mundo, Las Dalias.

Sin miedo a los cambios y con una autoexgiencia férrea en su trabajo, Antonio ha regentado bares de copas, ha ejercido como monitor y formador en artes plásticas, ha sido atleta y entrenador de atletismo, legionario y maquillador, entre otras muchas cosas. Toda esta amalgama de experiencias conforma una persona con una gran empatía y una filosofía de vida sin ataduras, en la que Valdemoro es un espacio muy importante. 

De Valdemoro de los que quedan pocos, de toda la vida.

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Mi familia es de toda la vida de Valdemoro, mi abuelo y mi padre nacieron en una casa en las calles de este pueblo. Me crie en uno de los barrios que por aquella época estaba más apartado del pueblo, el barrio de Los Rosales. Era un barrio obrero donde todos nos conocíamos y se respiraba un ambiente familiar. Había niños de todas las edades, cada uno tenía su grupo, pero todos compartíamos los mismos espacios. Estudié en el Cristo de la Salud. Todos los niños de esa época tuvimos la gran suerte de ver cómo se construyó el pabellón de deportes que ahora se llama Juan Antonio Samaranch y el complejo deportivo de las piscinas un poco más abajo. Teníamos un barrio muy acogedor y además podíamos hacer deporte muy cerca.

Valdemoro ha cambiado mucho desde que era ese pueblo que conociste. ¿Qué recuerdos tienes de ese Valdemoro que ya no está?

Creo que fue la mejor versión de Valdemoro. Con el crecimiento que ha experimentado se ha perdido algo que a mí me gustaba mucho: tener la sensación de que conocías a todo el mundo con el que te cruzabas por la calle. Cuando éramos niños y hacíamos alguna gamberrada teníamos que ir huyendo porque te cruzabas con tu tío, el padre de fulanito y la hermana de menganito. Ahora me resulta muy extraño coger el tren de vuelta a casa y no conocer a nadie que se baja en la estación de Valdemoro. Quizás antes no había tantos servicios como hay ahora, pero sí que había un fuerte espíritu de comunidad en aquellos eventos que se celebraban, como eran las fiestas patronales, los carnavales o las navidades.

¿Qué vínculo has forjado con Valdemoro en todo este tiempo?

Este pueblo me acompaña en todas las etapas de mi vida. Mi infancia la disfruté en sus calles, aquí también he estudiado y he practicado deporte. Durante muchos años practiqué atletismo y llegué a participar en un campeonato de España. Ser de Valdemoro no era fácil, en la competición de atletismo nosotros no entrenábamos en las mejores condiciones. Cuando llegábamos a las competiciones competíamos contra atletas que llevaban las mejores equipaciones y estaban acostumbrados a entrenar en una pista de tartán. El deporte es una metáfora del Valdemoro de aquella época. Te ofrecía posibilidades, pero no tenía los medios para llevarte tan lejos. Aquí también he emprendido diferentes negocios de ocio nocturno. Hoy en día es mi residencia, en la que paso la mitad del año disfrutando de la tranquilidad de su vida y viendo a mi hijo crecer.

¿Cómo llegas al mundo de la pintura?

Mi padre también pintaba y yo aprendí de él. Recuerdo que en el colegio me suspendieron porque pensaban que el dibujo que presenté lo había hecho mi padre. En Valdemoro fui a todos los sitios donde se podía pintar, desde muy pequeño. El primero de ellos fue un taller con Pablo España y Justo Navas que montaron Javi Ventura y Jesús Portero en su casa. Justo hizo su primera exposición en la sala que había detrás del Caja Madrid, aunque ellos tenían unos dieciséis años y yo catorce. Uno de los puntos de inflexión de mi carrera como pintor ocurrió en la universidad, mientras estudiaba Magisterio en la escuela Pablo Montesinos de la Complutense de Madrid. Dentro de las asignaturas de plástica teníamos que hacer dibujos, pinturas, esculturas… y yo hacía obras algo más complejas que el resto, llegando a obtener matrículas de honor. Un profesor me dijo que tenía una alta capacidad para la escultura y la pintura. Los profesores eran muy potentes y me animaron a que me formara en una academia y estudiara Bellas Artes. Por aquella época yo ya regentaba el bar de copas y me había orientado al deporte. Me gustaba tanto la pintura que compaginé la academia con los estudios y el bar. La academia me salió gratis a cambio de hacer dibujos para el profesor todas las semanas.

Eres una persona a la que le gusta aventurarse en nuevos retos. ¿Cuál fue el primer cambio drástico en tu vida?

Valdemoro y el atletismo infundieron en mí un espíritu competitivo que me ha acompañado toda la vida. En una época de mi vida me vi socio de mi hermana Sonia en el bar de copas KAOS, Sonia tenía 18 años y yo 20, dos tipos de formación diferentes (Magisterio y la academia de arte) y siendo el cabeza de familia de mi casa porque mi padre había fallecido. En este contexto me replanteé todo y decidí hacer la mili en la Legión. Tomé esta decisión porque siempre he tenido una batalla personal con los miedos. La pérdida de mi padre me hizo cambiar de mentalidad y me dio las fuerzas para asumir un nuevo reto. Mi paso por la Legión fue una experiencia muy enriquecedora porque tuve la oportunidad de conocer a personas muy particulares en un ambiente que no he visto en ningún otro sitio. Los valores y amistades me han marcado toda la vida.

De un mundo tan particular como la Legión pasas a formar parte del Ayuntamiento de Valdemoro.

Entro en la Concejalía de Juventud porque ven que hago cosas interesantes desde el punto de vista plástico. Comencé como monitor hasta que decidieron contratarme y crear unos talleres entre los que impartía dibujo en carboncillo, máscaras fx, y grafiti. Es aquí cuando decido centrarme en el mundo plástico. Para mejorar la formación que impartía hice un curso de aerografía donde conocí el apasionante mundo de las máscaras fx y el maquillaje en cine. Con Rafael Sánchez como concejal y Tote como directora, creamos unos cursos muy interesantes que tuvieron muy buena aceptación. La Casa de la Juventud cobró mucha vida y era un hervidero de gente joven creando desde diferentes modalidades, como la pintura, la música, la interpretación, el baile, etc. A la gente le interesaba hacer cosas interesantes. Monitores como Kike Inchausti, Joaquín Martín, Taju y muchos otros marcaron un momento muy bueno en Juventud. 

¿Por qué decidiste marcharte disfrutando de un ambiente de trabajo tan enriquecedor?

Siempre he tenido la virtud o defecto de ser muy exigente con aquello que hago y siempre quiero que sea lo más enriquecedor tanto para mí como para las personas a las que afecta. Toda la propuesta formativa que construimos en la Casa de la Juventud desapareció fruto de un cambio en la Concejalía de Juventud. Este hecho supuso una desconexión para mí porque era lo único que yo sabía hacer. Paralelamente yo trabajaba diseñando motos custom y trabajando para festivales con mi mujer. Antes de marcharme estuve una época en participación ciudadana, donde dirigí grandes eventos del pueblo, como San Marcos, carnavales, navidades, etc. Decidí marcharme por baja voluntaria para dedicarme a otras cosas que me motivaban mucho más.

¿Por qué Ibiza?

Llegamos a Ibiza por casualidad. Decidimos pasar un mes de vacaciones con el equipo con el que trabajábamos en los festivales. Finalmente, no pudieron venir a las vacaciones, pero nosotros ya teníamos una habitación alquilada. Yo sabía que no podía estar un mes entero tumbado en la playa sin hacer nada y en aquella época mi hermano Dani ya trabajaba en un mercadillo en Lanzarote. Era una idea que me gustaba y encontré el mercadillo de Las Dalias en Ibiza. Pregunté a la organizadora por la posibilidad de montar un puesto y había doscientas personas en lista de espera. Era agosto, plena temporada alta, y la demanda era altísima. Aún así, me ofrecieron poner un puesto los domingos, que era cuando menos se vendía y había gente que no montaba puesto. Aprovechamos la oportunidad y nos fue muy bien. Al año siguiente nos ofrecieron participar toda la temporada de verano, algo que me cambió por completo. Igual que cuando decidí ser legionario, sabía que lo que quería en ese momento era estar ocho meses en chanclas viviendo la vida hippy.

¿Cómo es vuestra vida en Ibiza?

Nuestra forma de vivir Ibiza ha cambiado desde el comienzo. El primer año que hicimos la temporada completa alquilamos una habitación con mucha gente. Después alquilamos un garaje que solo tenía agua y luz. Nos hicimos un loft en el que vivíamos y pintábamos. Fue una experiencia muy divertida, eso sí, tienes que cambiar tu mentalidad de lo que esperas de la vida. Nosotros vivíamos un contraste entre los mejores hoteles o apartamentos de la época de festivales a un garaje en un pueblo de Ibiza. Era nuestro pequeño voto de pobreza, porque pintaba diez horas al día y lo vendíamos todo. Al año siguiente, cuando decidimos vivir ocho meses, encontramos un local en San Carlos, un lugar maravilloso, que alquilamos. Ahora convivimos con una familia en una casa de campo preciosa, en el mejor pueblo de Ibiza, San Carlos. 

Decidiste cambiar una vida estable por un nuevo mundo lleno de incertidumbres. ¿Cómo has sabido gestionar esa inestabilidad que es tan poco preciada en la sociedad?

A veces pienso que es mejor tener un trabajo fijo, estable y otras hacer lo que te apasiona. En este momento quiero vivir así. Si vives haciendo lo mismo toda tu vida y no sales de tu zona de confort, puedes ser feliz también. Lo importante es el aquí y ahora… carpe diem. En Valdemoro es una forma de vida que parece imposible, pero lo cierto es que en Ibiza es la realidad de todos los amigos que tenemos. Son personas que se dedican al mundo del arte y se mueven por todo el mundo con un estilo de vida diferente. La incertidumbre siempre está ahí y tienes que sacrificar cosas, pero todo eso se compensa con hacer lo que uno de verdad quiere hacer.

¿Crees que para afrontar un cambio de vida tan drástico es fundamental cambiar tu forma de concebir la vida, tus prioridades?

Estar en la vida es un privilegio, aunque a veces no lo sabemos ver. Si en vez de tanta televisión, miráramos más puestas de sol quizá seríamos más felices. A veces somos infelices porque no utilizamos el corazón para disfrutar de las cosas, sino que usamos las cosas para alegrar el corazón.

¿Cuál es la filosofía del mercado de Las Dalias y cómo se ha integrado tu obra en ella?

Es un rincón que enamora. Es un jardín mágico donde puedes encontrar tesoros y cosas únicas. Nosotros ponemos nuestro granito de arena con nuestro trabajo pintando imágenes que invitan a la relajación. La filosofía del mercadillo te trasporta a un lugar interior lleno de paz y alegría con su colorido, el blanco adlib, bolsos multicolores, el arco iris de las piedras naturales, tesoros de los anticuarios, música adornada con instrumentos étnicos como el sitar o el didyeridú. Todos juntos creamos una combinación perfecta. Es una gran familia de la que todos nos sentimos partícipes e intentamos mantener su prestigio con nuestro trabajo y su promoción.

¿Cuáles son las temáticas más recurrentes en tus obras y qué relación estableces con cada una de ellas?

Principalmente son imágenes que invitan a la relajación, como motivos budistas, étnicos, rincones especiales de Ibiza. También hacemos encargos personalizados, como retratos, mascotas o vehículos. Cuando no nos da tiempo hacerlo in situ, en el mercadillo, nos encargan por instagram en @antonioporteroar y enviamos a todas las partes del mundo.

¿Qué es lo que más valoras del estilo de vida que llevas ahora?

Compartir mi vida con Merche y nuestro pequeño, Toñito. Vivir en un sitio muy especial, San Carlos, con nuestra familia ibicenca durante toda la temporada de verano y volver a Valdemoro, disponiendo de seis meses para poder concentrarme en mi taller y en nuevos proyectos. Hay dos paseos que valoramos mucho: en verano, Pou des Lleó (Pozo del León) viendo Tagomago enfrente; y en invierno, mis Bolitas del Airón. Son lugares que adoro.

La filosofía hippy se ha popularizado tanto por sus partidarios como por sus detractores. ¿Cómo definirías tú este concepto tan amplio?

No sé si se puede ser hippy actualmente. Cambiar nuestra forma y filosofía de vida, ir en chanclas durante ocho meses al año, conducir lo justo hasta el mercadillo para montar nuestro puesto, compartir nuestra vida con gente de otros países y culturas, aprender a tocar instrumentos o tumbarnos en nuestra cala preferida desde abril a octubre ha sido durante una década lo que más nos ha acercado a este concepto.

¿Cómo ha afectado la pandemia a un estilo de vida tan alternativo como el tuyo?

Cuando ocurre algo así tienes que tomar decisiones rápidas y tener plan B. Hemos tenido que venir a Valdemoro hasta que podamos volver a Ibiza con seguridad.

Además de tu labor en Las Dalias, te has inmerso en otras actividades como la decoración de parques de atracciones, colegios, habitaciones infantiles, negocios o, incluso, retos como decorar orfanatos en Kenya ¿Crees que el arte impregna todos los ámbitos de tu vida? ¿De qué manera?

No solo pinto tela de saco. Me encanta absorber todo tipo de actividades y técnicas artísticas, como el maquillaje fx, el graffiti, el bodypaint, tatuajes o pintura a pastel, entre otros. Valoro muchísimo las redes sociales para poder aprender con tutoriales y podcast. 

Has participado en actividades locales, como los últimos carnavales que se celebraron, colaborando con la asociación Con Otra Mirada, y eres un defensor del ser de origen valdemoreño. ¿Qué relación mantienes con Valdemoro?

Me encanta participar en las carrozas o carnavales, siempre que puedo lo hago. He ayudado a muchas ampas a decorar su carroza de navidad. Nos encanta participar con Mariano, por la labor tan especial que desempeña. Creo que todos debemos aportar lo que podamos en estos momentos.

¿Qué planes de futuro tienes?

Desde que nació nuestro hijo, Toñito, tuvimos que tomar la decisión de dónde queríamos que creciera. Es por ello que hemos cambiado el paradigma y ahora pasamos ocho meses en Valdemoro y cuatro en Ibiza. Veo que aquí no hay muchas iniciativas artísticas y me gustaría empezar a mover un poco esta actividad. Voy a empezar a decorar colegios en Valdemoro. Tengo un proyecto a corto plazo con la asociación Ramas del Arte donde voy a pintar a quince artistas de flamenco y me hace mucha ilusión presentar mi primera exposición en Valdemoro. A largo plazo me gustaría poder movilizar un grupo de artistas que se reúna a pintar y enriquezca la actividad cultural del pueblo.

 

Antonio es ese tipo de perfil atractivo para nuestra revista. Y no solo por su trayectoria profesional, sino también por su compromiso con la localidad. Estamos frente a un vecino que conoce Valdemoro y quiere continuar enriqueciendo su actividad y propuesta cultural. Sin duda alguna, este es el mayor potencial de Valdemoro, la capacidad de albergar ciudadanos que desarrollan arraigo por el pueblo y que quieren contribuir a mejorar la vida aquí.

Texto_Sergio García Otero

Fotografía_Ncuadres

 

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