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Entrevista a Irene #5, piloto de minivelocidad

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 Fisioterápia Reyes Medina

Cuando Irene llegó a Valdemoro viajaba en el vientre de su madre. Sus padres, Ana y Jesús, son dos madrileños del barrio de Usera que decidieron hacer de Valdemoro su residencia hace ya diez años. Irene nació en el Hospital Universitario Infanta Elena de Valdemoro y aquí ha crecido y desarrollado su mayor afición, el motociclismo.

Esta joven de tan solo nueve años lleva inmersa en el mundo de la competición de motociclismo algo más de tres años. En este poco tiempo como piloto ha conseguido logros tan importantes en su categoría como ser la primera niña en hacer podio en la historia del Campeonato de Castilla y León de Minivelocidad. Cierra la temporada de 2019 con un más que destacable cuarto puesto en la clasificación general del Campeonato Zona Centro de Minivelocidad.

Irene es una piloto en constante crecimiento que afronta en la nueva temporada el cambio de cilindrada a 110 centímetros cúbicos, un nuevo reto que esperemos le lleve a obtener muchas victorias.

¿Cómo se introduce Irene en el mundo del motociclismo?

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La Buha Valdemoro

Jesús: Yo desde muy joven, con apenas once años, recuerdo montar en mi primera moto. Siempre ha habido motos en mi casa, todavía conservo mi antigua Vespino. Irene y yo veíamos las carreras cuando las echaban por la televisión gratuita. Ella siempre iba con Rossi porque pensaba que era una chica. Yo le intentaba explicar que era un chico, pero ella entendía que al llevar casco y llamarse Rossi tenía que ser una chica. Cuando tenía cuatro años, unos amigos nos dejaron una moto china muy pequeña, era prácticamente un juguete, que probó, y desde entonces no hemos podido bajarla de una moto.

Irene, ¿cómo recuerdas tu primera toma de contacto con las motos?

Cuando tenía cuatro años, los Reyes Magos me trajeron mi primera moto china. Me monté en la moto por primera vez y me choqué contra los neumáticos. Con cinco años empecé a dar clases en una escuela de motociclismo en la escuela Villarace. Lo primero que te enseñan es a poner la rodilla en las curvas. Cuando ya sabes, empiezas a entrenar con el resto de compañeros. Con siete años empecé a aburrirme porque llevaba dos años dando vueltas y quería competir. Me apunté a la última carrera del campeonato castellanoleonés, pero la suspendieron por lluvia. Tuve que esperar hasta la temporada siguiente para hacer mi primera carrera.

¿Cómo recuerdas esa primera carrera?

El sábado, en la jornada de entrenos, tuve una caída porque un bache me hizo saltar y, al caer, la moto se movió y me fui al suelo. Me hice un esguince en el pie. Mis padres me preguntaron si quería seguir corriendo después de lo que me había pasado y yo dije que sí. Arreglamos la moto para poder correr el domingo y conseguimos un cuarto puesto.

¿No tienes miedo a las caídas?

Las primeras veces que te caes sí que tienes un poco de miedo, pero poco a poco pierdes ese miedo. Al final en todos los deportes te puedes caer o hacerte daño practicándolos. Si tienes miedo a caerte, no puedes hacer nada. Incluso andando te puedes caer.

Como padres, ¿cómo es la experiencia de introducir a vuestra hija en un deporte que, a priori, es más peligroso de lo normal?

Jesús: Se pasan muchas angustias y miedos porque hay caídas. Es algo muy difícil de explicar a alguien no está dentro de este mundo, porque existe ese dilema entre querer ver ganar a tu hija, pero que tampoco le pase nada malo.

Irene: Sí, a veces pasan tanto miedo que en una carrera me caí en una curva y lo único que escuché desde el público era: «¡Irene, venga, levántate!».

Jesús: La competición tiene esa parte de adrenalina, cuando ves a dos niños en la recta dándolo todo por ver quién llega antes a la curva es muy emocionante. Además, en estas categorías los padres somos los que nos encargamos de la mecánica de las motos. Estamos pendientes de poner la moto a punto y arreglarla si se cae para que pueda correr. También tienes que luchar contra el presupuesto para que te alcance y puedas terminar la carrera. Si algún día llega a correr en un equipo, creo que incluso me voy a aburrir porque me limitaré a verla correr desde la grada. Hasta entonces nuestra implicación es tanta que lo vivimos con mucha pasión.

¿Cuántas motos has tenido hasta ahora?

Mi primera moto fue una moto china, una moto casi de juguete que se quedó pequeña muy pronto. Ahora tengo dos minimotos Polini de 40 centímetros cúbicos que son para la categoría de 4,2, en la que compito. También tengo una BMS de 6,2, aunque nunca he competido con ella. Este año me han dejado una 110 centímetros cúbicox con la que he empezado a entrenar para dar el salto de categoría la temporada que viene.

¿Tus compañeros saben que eres piloto?

Mis compañeros del colegio sí que saben que piloto motos, los compañeros de algunas extraescolares no lo saben. Todos mis profesores también lo saben. Mi profesor de judo, Críspulo, siempre se mete conmigo diciendo que soy motera y no piloto. Hay una gran diferencia, nueve años de diferencia.

Tu dorsal es el número 5.

Mi dorsal es el número cinco porque empecé con cinco años. Este año corro con el cincuenta y cinco porque cuando me inscribí ya estaba cogido ese dorsal. Es un número que me va a acompañar siempre, y aunque lo escogí siendo muy pequeña, le he cogido cariño y me quiero quedar con él todo el tiempo que compita.

¿Cómo viviste el paso a la competición?

Al principio, cuando solo entrenaba, me divertía porque aprendía mucho y mejoré mi pilotaje. Cuando ya has aprendido lo suficiente, tienes ganas de medirte con otros niños en una competición y todo cambia. Los entrenamientos tienen más tensión porque una rotura de la moto supone tener menos tiempo para la clasificación de la carrera. Si rompes algo de la moto, solo tienes tres minutos para salir al circuito, dar la vuelta de clasificación y entrar a boxes. Salir el último del pelotón es un lío porque los pilotos más lentos suelen ser más bruscos. En cronometraje suelo tener mucha tensión porque necesito quedar en puestos altos para no tener que adelantar al pelotón en carrera. Además, cuando solo entrenas, los padres no se ponen tan tensos como cuando hay una carrera.

Jesús: La competición ha sido una petición de Irene. Nosotros veíamos las competiciones por la televisión, pero yo nunca he pilotado en un circuito. En casa yo tengo carnet de moto y ella es la piloto que tiene licencia para correr en un circuito.

¿Cómo han ido evolucionando las exigencias de entrenamiento?

Cuando estaba en la escuela Villarace, entrenaba los sábados por la mañana. Empecé a entrenar más días cuando pasé a la escuela en la que entreno ahora, la 111 de Alcalá de Henares. Entreno los lunes y martes de seis a nueve de la noche y los viernes o sábados entrenamos en conos. Cuando no hay carreras regulares, hacemos sesiones de circuito de un día completo hasta que el sol se va. Si hay carrera, llegamos al circuito el viernes y entrenamos el sábado, y el domingo es la competición.

¿Qué balance hiciste de la primera temporada compitiendo?

El primer año corrí en el Campeonato de Castilla y León. Es una competición regional, es pequeña. En esa competición no hay banco de potencia, por lo que puedes configurar la moto para que tenga más rendimiento. Técnicamente no era muy buena, pero tenía una moto que corría bastante. Además, en esta competición éramos unos quince pilotos. En el campeonato nacional que corro ahora somos más de cuarenta para entrar en una curva. Ese primer año, los entrenamientos eran más para controlar la moto que para mejorar mi técnica. Este año, que compito a nivel nacional, las motos están limitadas para que sean todas iguales, por lo que he tenido que mejorar mucho mi técnica para poder destacar frente a otros pilotos.

¿Qué aspectos has mejorado en este tiempo?

A nivel de pilotaje he mejorado mucho. He mejorado mi paso por curva porque la moto no tiene tanta recuperación como antes. He aprendido a «tirarme a la curv» sin frenar para que la moto no pierda revoluciones y poder salir con potencia. También he aprendido a hacer contramanillar, que te permite mantener la moto recta cuando derrapas y pasas más rápido por las curvas.

Eres de las pocas chicas que corre en competición. ¿Cómo lo has vivido?

Ser la única chica lo he vivido un poco mal porque todos me trataban como si fuese peor. Al principio no me dejaban entrar en el círculo, no tenía casi amigos y los que tenía no me hacían caso. Ahora empieza a haber más chicas y me siento un poco mejor. Tengo más amigas de verdad, que no nos abandonan. También tengo más amigos porque cuando eres rápido todo el mundo quiere ser tu amigo, cuando eres lento no. Aun así somos muy pocas chicas. En el campeonato de España somos dos niñas y en el de la zona centro también somos dos. Me encuentro con más chicas ahora porque en otras categorías hay más niñas, pero no compiten conmigo. En total somos unas diez entre todas las categorías.

En el motociclismo hay un tiempo para la competición, pero también hay mucho tiempo de convivencia. Contadnos cómo es la comunidad que se genera alrededor de este deporte.

Ana: Es un deporte donde prácticamente todos nos conocemos. En competiciones más pequeñas como la castellanoleonesa somos una gran familia que se desplaza por los circuitos. Pasamos tres días en un mismo recinto y se comparten muchas experiencias. Los padres suelen estar los boxes arreglando las motos de sus hijos, pero también echando una mano a los otros padres, aunque sean sus rivales.

Jesús: En una carrera nosotros gripamos cuatro veces, rompimos todas las motos y los repuestos que teníamos. Un padre de otro niño nos dejó su segunda moto para que Irene pudiera correr. Al final, el objetivo de todos los padres es que los niños salgan a correr, y en muchas ocasiones no tienes corazón para dejar a un niño sin correr cuando tú puedes ayudarle.

¿Cuál es vuestra dinámica en el circuito durante los tres días de competición?

Jesús: Cuando llegamos al circuito cada uno tenemos nuestra función. En mi caso es la mecánica, que exige un trabajo enorme. Cada vez que Irene sale al circuito y vuelve tienes que limpiar, reajustar o reparar alguna cosa que lleva su tiempo de trabajo.

Ana: Yo me encargo de toda la logística y administración que conlleva competir. Desde 2017, cuando empezamos a competir, anoto diferentes datos y tiempos de cada salida para poder estudiarlos después y mejorar. Esto nos permite saber cuáles fueron sus mejores tiempos en cada circuito o qué aspectos pueden estar fallando en un momento determinado. Además, me encargo de las inscripciones, licencias, seguros, etc. Irene se encarga de pilotar y divertirse.

Irene forma parte del equipo XE Racing Academy

Jesús: Este año hemos contado con la ayuda del equipo de los dos José María. Ellos son los que se encargan de analizar el pilotaje con Irene mientras yo me dedico a la mecánica. Además, nos han prestado una moto de 110 centímetros cúbicos para que Irene empiece a tomar contacto con esta nueva moto, que es más grande, y pueda dar el salto de categoría la temporada que viene. Es una ayuda muy importante para nosotros porque nos permite que Irene pueda seguir mejorando como piloto y ascender de categoría igual que muchos de sus compañeros.

Dar el salto a la competición nacional os obliga a viajar por toda España, lo que encarece un deporte que ya es caro por naturaleza. ¿Cómo asumís todos estos gastos?

Participar en una competición nacional supone tener que viajar mucho. Nosotros tenemos una caravana y solemos vivir dentro del circuito todo el fin de semana. A pesar de ello, antes de bajarte de la caravana tienes que hacer un desembolso de entre 400 y 500 euros para cubrir los costes de inscripción y demás documentación necesaria. A eso hay que sumarle todos los gastos derivados de la competición: ruedas, gasolina, piezas de repuesto, etc. A medida que se aumente de categoría los presupuestos se multiplican por el doble. Es un deporte muy caro y por eso la perspectiva en casa es que Irene pueda correr el mayor tiempo posible. Irene está concienciada de que esta etapa se puede acabar en algún momento. Cualquier ayuda para nosotros es muy importante porque nos permite estar una vez más en los circuitos. En Valdemoro contamos con el apoyo de Jabe, una tienda de recambios que nos suministra el material necesario para las carreras. HJC también nos ha suministrado un casco para que Irene pueda seguir compitiendo, porque el anterior salió mal parado en una caída.

 ¿Qué balance hacéis de la temporada que acaba de finalizar?

Jesús: Ha sido una temporada un poco especial por ser la despedida de la categoría pequeña de las minimotos y el salto a moto de marchas. Por un lado, alegría; por otro, un poquito de vértigo, porque es empezar a aprender de nuevo. A nivel deportivo, en el Campeonato de España no hemos tenido demasiada suerte, con dos de las cuatro carreras con lluvia (cada carrera tiene dos mangas). La lluvia siempre es una lotería y a Irene no se le da demasiado bien por ahora. En el campeonato de la zona centro hemos tenido mejor suerte y hemos estado peleando por conservar la tercera plaza del campeonato hasta la última carrera. Al final, Irene quedó cuarta, pero dio el 100 %, así que nos vamos muy satisfechos. En la última carrera aprovechamos para correr también en la categoría de 110 centímetros cúbicos. Para Irene fue un esfuerzo estar todo el tiempo bajando de una moto para subirse a otra, pero estaba tan emocionada que, a pesar de haber perdido la tercera plaza, dice que ha sido el fin de semana que mejor se lo ha pasado. Ahora toca descansar un poco y, en seguida, ponernos a preparar la temporada que viene.

Irene tiene una personalidad muy fuerte. ¿Creéis que su forma de ser ayuda a que sea mejor en este deporte?

Jesús: Creo que la personalidad es lo que hace que pueda correr. Irene ha estado varios años siendo la única niña en la escuela y en las carreras. Recuerdo una vez que llegó con un ojo rojo porque le habían pegado un puñetazo. Si no tuviera una personalidad tan fuerte y ese desparpajo que le caracteriza, no seguiría corriendo. Javier Casares, del Campeonato de España, nos visitó en el box y nos comentó que había más niñas en las escuelas, pero que no querían correr carreras porque no se atreven a correr con niños. Irene lleva toda la vida peleando por ganar a los niños y se ha convertido en una piloto muy astuta. Ella sabe que físicamente los niños son más grandes y por eso es una piloto que pone nervioso a su rival y utiliza mucho la psicología.

Es un deporte donde es fundamental la estrategia. Irene, ¿cómo has aprendido a saber manejar las situaciones para ganar?

He aprendido mientras corría. Al principio no tenía nada de picardía y recuerdo que mi padre me decía: «Irene, ten un poco de picardía y no hagas de liebre». Tener a alguien de liebre es tener un objetivo al que alcanzar para mejorar tu crono. Como piloto tienes que conseguir coger a alguien que va rápido para igualar su trazada. En las carreras también es muy importante observar las trazadas de los rivales para poder cerrarles la trazada en la vuelta final y obtener ventaja.

¿Qué te gustaría ser de mayor?

¿Se pueden decir varias cosas? Me gustaría ser judoca profesional, piloto profesional, juez, médico, arquitecta, directora de una fábrica con la que se gane mucho dinero (si puede ser, de chuches), informática, etc. Me gustaría también estudiar Historia, como mi padre. Me gusta escuchar lo que me cuenta y saber tanto como él.

Jesús: En la competición premian con dos puntos si tienes buenas notas en el colegio y te restan dos puntos si las tienes malas. Por regla general nadie quiere que sus hijos abandonen los estudios para dedicarse solo a competir y esta es una manera de premiar los buenos resultados académicos. Si Irene empezara a sacar malas notas, nos replantearíamos las motos.

¿Qué objetivos te marcas para la temporada que viene?

Quiero subir de categoría y competir con una moto de 110 centímetros cúbicos. Es una moto más grande y tiene marchas. Si corro en el Campeonato de España, me gustaría entrar en los puntos, y en el campeonato madrileño me gustaría quedar primera. He entrenado varias veces con la moto de 110 y me he sentido muy cómoda en las curvas. Las minimotos son muy divertidas y sirven para aprender a pilotar y mejorar tu técnica, ahora quiero tener una moto más grande para poder competir mejor.

Toda la familia ha hecho del motociclismo un estilo de vida. En definitiva, un sacrificio que permite a Irene seguir desarrollando su potencial como piloto. Cualquier apoyo que recibe Irene es bien recibido, pues las aportaciones de material le permiten poder seguir saliendo al circuito a disfrutar. Si estás interesado en su trayectoria o quieres realizar algún tipo de aportación, puedes ponerte en contacto a través de su página de Facebook (Irene Sandin Blandez) o su Instagram (@irene_sandin5).

Texto_Sergio García Otero

Fotografía_Ncuadres