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Entrevista con Miriam Rodríguez Porres, Alejandro Bellanco Sánchez y Jorge Ochaita González

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Jorge Ochaita González nació en Talavera de la Reina (Toledo). A los 11 años se mudó a Valdemoro, donde reside desde entonces. Estudia quinto curso de Derecho y ADE en el campus de Aranjuez de la Universidad Rey Juan Carlos. Lleva debatiendo desde primero de bachillerato y es presidente y formador del Club de Debate de su universidad desde hace 3 años. Participa activamente en la vida universitaria y forma parte del Claustro estudiantil para defender los derechos de los alumnos.

Alejandro Bellanco Sánchez lleva toda su vida residiendo en Valdemoro. Es estudiante de quinto año del Doble Grado en Derecho y Criminología en la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), y trabajador en un despacho de abogados en nuestra localidad. Comenzó a debatir en el instituto y continuó haciéndolo durante su vida universitaria, llegando a ser formador de comunicación oratoria y debate en el Club de Debate de la URJC y en el Club de Debate de la Universidad Santa María la Antigua (Panamá). Fue subcampeón del mundo de debate en el Campeonato Mundial de Debate Universitario en Español de 2019.

Incentivar la educación utilizando la innovación como motor es el lema de nuestra siguiente valdemoreña. Miriam Rodríguez Porres tiene 20 años y estudia ADE con Publicidad y Relaciones Públicas en la Universidad Rey Juan Carlos, donde es miembro del club de debate. Llevando la importancia de la palabra por bandera, reivindica el papel de los jóvenes en la sociedad. Busca crear espacios multidisciplinares que den cabida al talento de las nuevas generaciones. Es una de las líderes impulsoras de Ohana, la comunidad de  mujeres emprendedoras menores de treinta años en España.

Sería maravilloso que todos nuestros ciudadanos, cuando terminaran su periplo escolar, supieran hablar bien (expresar correctamente sus sentimientos, sus ideas y sus inquietudes), escuchar bien (de forma activa, desarrollando estrategias para conseguir entender qué nos quieren decir las personas que nos rodean), leer bien (abordar un texto escrito, sea cual sea su extensión, a través del pensamiento crítico y con la empatía necesaria) y escribir bien (con la suficiente eficacia para ser capaces de deleitar, persuadir y conmover). Sería tan maravilloso que el resto de los contenidos y destrezas vendrían, prácticamente, dados.

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Nuestros sistemas educativos, sin embargo, a veces tan obsesionados con los contenidos (los árboles que no nos dejan ver el bosque) dejan a un lado las cuatro destrezas básicas de la comunicación humana y quedan especialmente marginadas la expresión y la comprensión orales. Jorge y Alejandro comprendieron la importancia de la oratoria no dentro de las clases regulares, sino gracias a una actividad extraescolar organizada en su colegio (Sámer Calasanz) por una profesora, Ana Ibáñez, a la que no quieren olvidar en esta entrevista. Miriam se les unió después, en la Universidad Rey Juan Carlos, cuando comenzó a formar parte de su club de debate.

Contadnos en qué consiste el Club de Debate de la Universidad Rey Juan Carlos.

[Jorge] El Club de Debate se fundó en el año 2014 como una manera de dar voz a los estudiantes. En un mundo donde estamos sobreexpuestos a información constante, a noticias manipuladas (las famosas fake news) y políticas vacías, en muchos casos, no podemos hacernos oír de la manera que nos gustaría. En el club tenemos un entorno donde poder expresar nuestros pensamientos, hablamos de muchísimas cosas, desde actualidad o moral hasta las relaciones internacionales, filosofía, cultura… En el clima universitario, debatimos en diversos formatos desde distintos puntos de España y, en inglés, con personas de todas partes del mundo. De este club formamos parte sesenta personas de la URJC. Para que todo el mundo tenga la oportunidad de debatir, independientemente de su capacidad económica, la Universidad Rey Juan Carlos apoya económicamente al club para que podamos debatir y participar en torneos como el Campeonato Mundial de Debate. Además, impartimos cursos de oratoria, comunicación y debate en la universidad a toda persona que esté interesada en ellos. En estos cursos no solo enseñamos a debatir, sino a cómo hablar en público manejando tu lenguaje corporal y tono de voz. Gracias a nuestro esfuerzo colectivo y al apoyo de la universidad, hemos conseguido que toda persona que forme parte del Club de Debate pueda debatir sin tener que pensar en si puede costearse una inscripción o un transporte. Tenemos un calendario que dura todo el curso académico con muchos torneos por toda España y Europa que se distribuyen entre los miembros en función de las formaciones a las que hayan asistido, el trabajo en los cursos, las jornadas de acogida, entre otras muchas actividades. En definitiva, seguimos criterios meritocráticos a la hora de asignar los torneos.

La meritocracia está en boca de muchos políticos hoy en día.

En la actualidad hace mucha falta. La sociedad actual está cansada de enchufismo, de leer noticias de que fulanito ha puesto a su primo a cargo de no sé qué puesto. Es todo muy cansino. En la vida hay que ser coherente y eso se aplica a muchos ámbitos. Cuando en cosas tan importantes como la política o el trabajo los líderes toman decisiones, es importante que las personas, más allá de que estén de acuerdo o no, puedan comprenderlas. Ahí es donde entra la meritocracia. Cuando tomas una decisión y la justificas diciendo «Esta persona ha trabajado más, estos son sus resultados o ha participado en x actividades», la gente puede no estar de acuerdo, pero saben que es un criterio justo. Una persona ha trabajado más, ergo merece una recompensa. Esto cobra mucho más sentido en la política, los ciudadanos necesitamos saber que las personas que nos representan, que toman las decisiones sobre nuestra educación o nuestro trabajo están ahí porque se lo merecen, que hay un criterio justo y no arbitrario que sustenta la decisión.

¿Cuál es el formato de un campeonato de debate?

[Alejandro] Un torneo de debate puede ser difícil de imaginar antes de conocerlo en persona, pero su estructura es muy similar a la de muchos otros deportes. Las competiciones tienen una primera fase previa o fase de grupos y los mejores avanzan a las rondas eliminatorias. Existen dos formatos: el Académico y el Parlamentario Británico (BP). En el primero de ellos, el tema es el mismo durante todos los debates del torneo, se publica con un mes de antelación y, antes de cada debate, se sortea la postura de cada uno de los equipos, ya que un equipo defenderá la postura a favor y otro la postura en contra. Se valora la investigación, pues es obligatorio llevar evidencias, argumentación y la oratoria. Por otro lado, en el BP los temas de debate son distintos en cada ronda y se emula el sistema de cámara alta y baja del Parlamento Británico. Debaten cuatro parejas por cada sala, dos hacen de gobierno y dos de oposición. Tanto el tema como la postura a defender se anuncian quince minutos antes de la ronda y está prohibido acceder a internet durante la preparación, así que, en alguna ocasión, nos hemos encontrado defendiendo algo de lo que no teníamos la más mínima idea y sobre temas tan distintos como la economía de cualquier país que no sabíamos que existía, métodos de modificación genética o películas de Disney como Buscando a Dory. También es llamativo que, en este formato, solo se valora la persuasión mediante la argumentación, por lo que puedes debatir de espaldas al jurado o con los ojos cerrados y no te perjudica en el resultado.

Tanto Jorge como tú pudisteis participar en el Campeonato Mundial de Debate Universitario en Español (CMUDE) de 2019 que tuvo lugar en Perú. Conseguiste llegar a la final y te convertiste en subcampeón del mundo. Háblanos de esa experiencia.

[Alejandro] Fue una experiencia complicada y en ocasiones surrealista, pero muy disfrutable. Era la primera vez que pisaba algún punto de otro continente; conseguimos un equilibrio entre turismo, diversión y competición, lo cual lo hizo espectacular, si bien el centro y el objetivo del viaje no era otro que competir en el CMUDE. Como he dicho antes, un torneo de debate no difiere en su forma de otro tipo de competiciones, y el sentimiento de participar en uno, tampoco. Imagino que es una sensación similar a la de los deportistas que van a representar a su selección en una competición internacional o la que hemos visto en multitud de películas y series como Gambito de dama de forma reciente, donde empiezas el torneo con todo el mundo participando en sus distintas salas y lo acabas en una final repleta de público y con los focos deslumbrándote. Siempre he sido una persona competitiva, y el entorno competitivo del debate lo potencia. Hay mucha gente que pasa el año entero entrenando con su pareja de debate (el mundial es en formato BP), por lo que se añade mucha carga de trabajo que quieren ver recompensada. En mi caso, conocí que iba a ir a CMUDE con Desireé (mi pareja durante el Mundial), con unos pocos meses de antelación, y nuestro primer torneo juntos fue tres semanas antes del CMUDE. Además, ambos llevábamos menos de dos años debatiendo en el circuito universitario, muy poco en comparación con la mayoría de parejas competitivas, y tampoco habíamos llegado a ser de los mejores en España. Pese a ello, nuestra mentalidad no podía ser otra que la de dar nuestro mejor nivel, por lo que la presión autoimpuesta fue alta, aunque nos beneficiaba no ser de los favoritos y estar por debajo del radar. Al comenzar el torneo, dimos una versión limitada de nosotros mismos, teniendo fallos básicos, no adaptándonos a las diferencias con el circuito latinoamericano. También influyó un mal estado físico debido a una intoxicación alimenticia. El último día de rondas, estábamos tan cerca de caer como de avanzar a las eliminatorias, por lo que sumado a la sensación de no haber llegado al nivel que queríamos los días anteriores tuvimos un día de nervios y tensión desde las seis de la mañana al salir del hotel hasta pasadas las doce de la noche, cuando anunciaron los resultados en una discoteca limeña abarrotada con todos los participantes del torneo, lo que hacía la espera aún más asfixiante. Al menos conseguimos pasar con los puntos justos a octavos de final. Habiendo llegado a las eliminatorias logramos quitarnos toda la presión de un plumazo y disfrutar las rondas por primera vez en el torneo, aumentando exponencialmente nuestro nivel, hasta llegar con paso firme a la final en la que, previo aviso por parte de la organización de lo sencillo que es violar la ley antiterrorista peruana, debatimos sobre el conflicto con la organización terrorista peruana Sendero Luminoso. No llegamos a ganarla, pero sí a pelearla; por lo que volvimos a casa con la cabeza alta y con un viaje precioso a nuestras espaldas.

Me consta que sois grandes defensores del asociacionismo. Miriam, de hecho, formas parte de varias asociaciones.

[Miriam] ¡Sí! La pandemia ha supuesto un antes y un después; por eso, los universitarios tenemos que estar unidos para frenar alguna de sus consecuencias, como el aumento del paro juvenil. A parte del club de debate, formo parte de asociaciones de representación estudiantil, emprendimiento femenino y defensa de la educación pública. Somos una generación muy diversa y preparada. Tener puntos de reunión donde acercar posturas y debatir es bueno. Las asociaciones unen a gente con mucho potencial. Por ejemplo, tengo compañeros que han montado una ONG para llevar la educación a colectivos vulnerables de España y parte de África; otros, como Talento para el Futuro, han llevado a grupos políticos un pacto intergeneracional para dar alcance a los objetivos sociales de la ONU. Tengo amigos que han creado sus propias revistas divulgativas, como Incógnita, para reivindicar el periodismo imparcial o compañeras que van a los hospitales a paliar el sufrimiento de los mayores a través del arte. Las asociaciones, más allá de lo que hagan, significan que la gente joven está despierta. Queremos construir un tejido civil fuerte y estar en las instituciones para que se nos escuche. ¡Tenemos curiosidad y ganas de trabajar! ¿Sabes lo que son los NFT? Es una palabra americana que hace referencia a los artistas digitales. ¿Te imaginas un cuadro que no puedas tocar u oler? Pues Jack Dorsey, el fundador de Twitter anunció que vendería al mejor postor el primer tuit de la historia. La subasta ya ha sobrepasado los dos millones de euros. ¡Más de dos millones por un tuit! Al margen de lo anecdótico, esto tiene una lectura clara: las cosas, como el arte, están cambiando y los jóvenes no podemos quedarnos atrás.

Me interesa lo que tengas que decir en defensa de la educación.

[Miriam] Hay que defender la educación pública, porque no podemos crear una sociedad de dos velocidades. Faltan recursos y coherencia. Hay cada vez más jóvenes en las colas del hambre, la tasa de abandono escolar ha aumentado y las reformas educativas cambian cada dos por tres. Por ejemplo, de nada sirve demandar ingenieros si en las carreras de ingeniería los alumnos no pueden pagar las tasas universitarias. La educación no es un reto, es la solución. Singapur era un país pesquero convertido en la potencia asiática en materia de innovación gracias, en parte, a su reforma educativa. Hay que seguir patrones de formación que lleven aparejado un pensamiento crítico. Hay que reivindicar las FP y desvincularse de tópicos como «las humanidades no sirven» o «letras y ciencia deben ir por separado». No somos tan diferentes y todos nos quejamos de lo mismo, por eso los problemas de polarización, insatisfacción política o información sesgada se arreglan con una educación de calidad.

¿Cuáles son vuestros planes para el futuro? ¿A qué os gustaría dedicaros en la vida?

[Miriam] No lo sé. Me ilusiona todo y, al mismo tiempo, nada. Me gusta la filosofía, la economía, el arte… Hay días en los que pienso ¡ya está, lo tengo! y al día siguiente se me pasa. Adoro defender la educación, me ayuda a construir una identidad propia con la que aportar valor, pero me cuesta verme en el futuro.  Aun así, tengo algo muy claro: quiero pasar por las universidades más prestigiosas del mundo. No me importa si como alumna o fregando el suelo. Quiero estar en la cuna del conocimiento universal, experimentar con él y mostrárselo al mundo.

[Alejandro]: Salvo sorpresa mayúscula, mi intención es dedicarme profesionalmente al derecho. El próximo curso comenzaré el máster de acceso a la abogacía con el fin de ejercer como abogado. La educación no es un sector del que me quiera alejar, sino que me encantaría poder continuar dando clases en el ámbito del derecho o incluso del debate y la oratoria.

[Jorge]: Quiero que mi futuro esté en la universidad. Dando clases de debate, me he dado cuenta de que me gusta mucho la docencia y quiero orientar mi carrera a trabajar como docente. Cuando acabe la carrera en junio quiero hacer el máster en Organización de Empresas y después doctorarme en la Universidad Rey Juan Carlos para poder seguir investigando y ser profesor.

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Escuchando a Jorge, a Miriam y a Alejandro, uno se da cuenta enseguida de todo lo que les ha dado pertenecer a un club de debate, de toda la seguridad adquirida, de la adecuación con la que responden, de la atención que ponen a nuestras preguntas y a nuestros comentarios. Todo esto nos recuerda lo importante que sería que, en la escuela, hiciéramos más hincapié en la expresión oral de nuestros alumnos. Todo esto nos recuerda la importancia de las actividades extraescolares, de esas actividades que, para muchos profesores, suponen un esfuerzo extra y que demuestran todo el amor que tienen a su trabajo.

Texto_Fernando Martín Pescador

Fotografía_Ncuadres

 

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