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Entrevista Exprés a Manuel Nector Yáñez

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Se define como un contador de historias que primero se atrevió con el teatro y ahora se ha atrevido con el cine. En 2022 dirigió su primer largometraje, A Dios pongo por testigo. Es académico de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España y de la reciente Academia del Cine de Andalucía.

Cuando un contador de historias dirige una película, ¿acaba siendo más cuentista o más contable?

Más contestador sobre todo. Un contestador a miles de cuestiones que surgen durante el rodaje, y debes dar una respuesta a todas ellas. Como director-guionista, tienes una parcela de creatividad que llevas ya de casa, pero que tienes que sumar a la creatividad del director de fotografía, del montador, del director de arte, de los actores, de los maquilladores, estilistas, músicos… muchísima gente que aporta su talento y a la que tienes que saber integrar. Es un trabajo de equipo de cuentistas, contables, creativos y, sobre todo, compañeros.

A la madre del protagonista le encanta Lo que el viento se llevó (tanto el libro como la película). ¿Qué representa este hecho en tu largometraje?

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Funciona como un símbolo, un símbolo de otra época, lógicamente: la épica de la madre. Representa el esfuerzo, la lucha, saber sobreponerte ante la adversidad aunque nadie te haya preparado para ello. Representa trabajar y salir adelante. Escarlata es la imagen de la valentía, del coraje de todas aquellas mujeres, nuestras madres, nuestras abuelas, que, con muchas menos herramientas que nosotros, fueron capaces de salir adelante, de sacarnos adelante. Esta película es, sobre todo, un homenaje a todas las mujeres fuertes.

¿Crees que si Escarlata O’Hara hubiera vuelto a pasar hambre, Dios se habría presentado en la causa?

Aquí Dios no tiene nada que ver. Nuestra fortaleza, la de Escarlata y la de todos nosotros, está en nuestras manos. Y tanto si pasamos hambre como si no es, como mucho, responsabilidad de algún político que no está haciendo bien su trabajo.

¿Qué alicientes tiene A Dios pongo por testigo para que vaya a verla Alicia? ¿Qué regusto, para que acuda a verla Augusto? ¿Qué barbaridades, para que quiera verla mi hijo Conan?

Para Alicia, malicia, diversión: es una comedia que, aunque tenga un trasfondo generacional y tenga, más o menos, un mensaje, quiere divertir. Alicia se va a reír mucho. Augusto se quedará a gusto porque, aunque es una película muy pequeña, funciona como un tiro. Son ochenta minutos que parecen treinta y no se va a aburrir. Barbaridades hay pocas, es una película bastante blanca, limpia, a veces ingenua; una película donde se celebra la amistad por encima de cualquier cosa y donde, al final, todo se cierra, se perdona y se celebra con un baile. Y, ante un baile, no hay Conan que se resista.

Texto_Fernando Martín Pescador

Fotografía_Ncuadres

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